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¡Ah, el amor!

Jueves, 22 de Octubre 2015 - 16:30

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Corría el año de 1945 cuando apareció por primera vez en televisión un curioso personaje de nombre Pepé Le Pew (Creado por Chuck Jones), el cual posteriormente se convirtió en parte del elenco de los Looney Tunes (seria animada estadounidense). El personaje es representado por un zorrillo mal oliente que camina por la calles de París con elegancia, siempre seguro de sí mismo, habla con galanura y acento francés marcado, se asume a sí mismo como un irresistible amante a la antigua y jamás acepta un “no” por respuesta. Su célebre frase: ¡Vive l'amour! evoca antiguas imágenes de galanes con ramos de flores en las manos, serenatas nocturnas, cartas con olor a perfume, intercambio de miradas de coquetería, rubor en las mejillas y poemas de amor; las cuales eran entre otras, tan sólo algunas de las estrategias que todo hombre aplicaba cuando quería conseguir el amor de la mujer elegida en el siglo pasado; es decir, andaba de conquista y le costaba un buen tiempo antes de recibir el anhelado “sí”.

Lejos muy lejos estamos de aquélla época en la que los emoticones, el Whatsapp, el Skype, el Facebook, el Twitter o el Instagram, (todas herramientas tecnológicas para comunicarse a través de la red virtual llamadas redes sociales) no existían; de tal suerte, que la emoción ante las muestras de galantería era innegable y lo que es más, significaba una especie de adrenalina para los enamorados (o también llamados tórtolos). Cierto es que la etapa del romanticismo en una relación, tanto en el pasado como en el presente no es garantía de una relación amorosa estable y comprometida o la construcción de un vínculo sano fincado en el amor; sin embargo, tanto conquistadores como conquistadas sabían que el cortejo era la antesala para la privacidad y la intimidad en pareja, algo así como una serie de pasos que había que seguir y que dotaban de ilusión a la relación. Y así lo cantaba Emmanuel en su canción el Rey Azul (1983): “Me hice una promesa hace unos días, para tocar tu mano y no me atrevo todavía” porque en verdad, apenas un roce de manos ponía el corazón a latir a mil por segundo.

Para las nuevas generaciones todo es más sencillo porque basta con navegar por la red (Internet) para conocer chicos y chicas de todas partes del mundo y hacer una cita o intercambiar toda clase de información. No entraré en el debate de si las relaciones surgidas en la red virtual son duraderas o no pero hoy son una opción. En el siglo XIX, los caballeros de la clase alta no se tomaban la libertad de dirigirle la palabra a alguna dama pero los que pertenecían a un estrato menos elevado y cuya formalidad no era obligatoria, recurrían a ingeniosas formas de acercarse a las féminas mediante unas tarjetas llamadas de acompañamiento o tarjeta invitación, que no eran otra cosa sino la forma en que se le cortejaba a una dama y se iniciaba la relación (véase la imagen abajo).

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Y es que paradójicamente, aunque hoy existen diferentes alternativas para el coqueteo o flirteo entre los jóvenes o los no tan jóvenes, resulta más difícil para ellos establecer vínculos, expresar emociones, conocerse y conectarse. Algo como lo que cantaba Miguel Ríos a principios de los años 80: “El teléfono es muy frío, tus llamadas son muy pocas, yo sí quiero conocerte y tú no a mí, por favor dame una cita, vamos al parque, entra en mi vida sin anunciarte” (Santa Lucía de Roque Narvaja, Argentino). Será también que la época de la inmediatez y de tantos estímulos visuales y auditivos en la que vivimos ha cerrado el paso a la sensibilidad y a esa espera que provoca ansiedad y ganas de querer ver, escuchar y estar de cerca con el ser amado en una relación cara a cara, sin mensajes de texto de por medio ni emoticones que limitan el cúmulo de emociones que se desatan cuando las hormonas se alborotan y que nada tiene que ver con sólo tener sexo una noche y al otro día olvidar el suceso y a la persona.

Cierto es que el pasado nos habla de un momento en la historia en que existían muchos tabúes en torno a las relaciones de pareja y el sexo, por lo que el tema es por demás interesante y tiene mucha tela de dónde cortar; sin embargo, en el caso del romance, la conquista y la galantería a pesar de que los tiempos han cambiado y de tener mayor libertad de expresión e información al alcance de la mano, nada como lo que cantaba Roberto Carlos: “Yo soy de esos amantes a la antigua que suelen todavía mandar flores, aunque yo sigo este mundo con sus modas y modismos, el amor es para mí siempre lo mismo” y podría ser que si exploramos ese mundo misterioso que no nos tocó vivir, recibamos gratas sorpresas y nos embriaguemos de ese amor meloso, romántico y emocionante del ayer que daba lugar a hermosas historias de amor que contar.      

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Fuentes e Imágenes

http://algarabia.com/118/pepe-le-pew/

http://www.upsocl.com/creatividad/las-inusuales-invitaciones-que-enviaba...


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Número 35 - Noviembre 2019
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