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cultura

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Presenta el Dr. Rigoberto Pupo Pupo su libro: “La cultura y su aprehensión ecosófica”

Es evidente que la cultura humaniza al individuo y permite que sea un ciudadano de bondad, empático y con un propósito de vida. El Dr. Rigoberto  Pupo Pupo, presenta a la comunidad intelectual, investigadores, alumnos y estudiosos del tema, su libro titulado   “La cultura y su aprehensión ecosófica”, Hacia una visión ecosófica de la cultura.

Semblanza

El Dr. Pupo es Doctor en Filosofía, Doctor en Ciencias, Pedagogo destacado S. XX. Cubano. Profesor Emérito de la Universidad José Martí de Latinoamérica. Premio Internacional por su obra SHGE, NL. México, 2013. Prof. Multiversidad Mundo Real Edgar Morin.

El Dr. Pupo es autor de una vasta producción literaria en: artículos, libros y ensayos así como varios premios por sus resultados científicos.

Contenido del libro

El Dr. Pupo presenta de manera integral el tema de la cultura y sus mediaciones complejas, teniendo como eje rector la actividad sustantiva del ser humano. Así mismo  aborda su concepción sobre la hermenéutica ecosófica con fundamento en la formación axiológica del ser humano como el bien común, la justicia, la libertad y la virtud.

Contenido temático

El Dr. Pupo aborda en su libro los siguientes temas:

  1.  La cultura en su devenir histórico conceptual
  2. La actividad humana como base generatriz de la cultura
  3. El hombre, la actividad humana y la cultura
  4. Sentido cultural de la Cosmovisión martiana
  5. Cultura, identidad y razón utópica de Nuestra América
  6. Aprehensión cultural de la educación y la literatura en M. Vitier
  7. El hombre y la cultura en Alejo Carpentier
  8. Lo real maravilloso como aprehensión cultural
  9. Sentido cultural y utópico de una obra creadora
  10. La cultura en Juan Marinello
  11. La relación ética- política y su mediación cultural en Juan Marinello
  12. Tradición, Historia y Cultura
  13. Cultura, ecosofía, responsabilidad en las decisiones y saberes necesarios
  14. El ensayo y su elan filosófico- cultural y complejo
  15. La identidad como totalidad cultural compleja
  16. Cultura y transdisciplinariedad. Carta sobre transdisciplinariedad
  17. Filosofía del lenguaje, pluralidad discursiva y cultura
  18. Imagen, metáfora, verdad y su mediación cultural
  19. Globalización de la cultura, equidad y justicia social
  20. La utopía y su numen histórico – cultural

 

“En su estudio de la cultura Rigoberto Pupo nos conduce, desde la filosofía y conceptos generales como historia, actividad humana y utopías, a la compresión que de la cultura tuvieron titanes del pensamiento y la creación cubana como José Martí, Medardo Vitier, Juan Marinello y Alejo Carpentier”.

 

Para contactar al Dr. Pupo

E – mail: rigobertopp3@yahoo.com.mx

Skype: rigobertopp3@yahoo.com.mx

https://www.eae-publishing.com/site/la-editorial/27

 

Contacto

dra.elizabeth.cruzg@gmail.com

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Miércoles, 16 de Octubre 2019 - 12:00
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Miércoles, 16 de Octubre 2019 - 14:15
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Jueves, 17 de Octubre 2019 - 03:15
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Adiós a Los Pinos

“A government of laws, not of men”, John Adams

Andrés Manuel López Obrador ha hecho cuatro propuestas interesantes: a) que seguirá viviendo en su domicilio particular; b) que Los Pinos será un espacio público para la cultura y las artes; c) que percibirá la mitad del sueldo del actual presidente; d) que prescindirá de la seguridad del Estado Mayor Presidencial. No son propuestas nuevas, pero es la primera vez que las pronuncia en calidad de candidato a la presidencia en el actual proceso electoral.

No sé cuáles sean las razones de AMLO para hacer tales proposiciones. Quizá sea porque las considera música-para-los-oídos de un pueblo que está ya cansado de ver el lujo y la ostentación de los gobernantes. Si ese es el caso, las propuestas serían populistas. Pero tal vez la razón de fondo es que AMLO es verdaderamente austero y en serio quiere cambiar la forma de ejercer el poder ejecutivo en este país. De ser así, la propuesta es buena, pero también un poco ingenua. Un cambio sustancial en el ejercicio del poder no se hace realidad trasladando la sede presidencial de un inmueble a otro. Pero por algo se comienza.

De cualquier forma, las propuestas me parecen loables y las suscribo. He sido siempre muy crítico del populismo –lo pueden ver en mis artículos, que, por cierto, me han ganado la enemistad de muchos AMLOvers–, pero debo reconocer que estas cuatro propuestas deberían ser adoptadas por los demás candidatos. Voy a explicar por qué.

México arrastra un severo problema desde épocas precolombinas. Yo llamo a esto el Complejo del Tlatoani. Desde los indígenas antes de Colón hasta el día de hoy, la gran mayoría de los mexicanos espera que alguien resuelva los problemas del país: y no sólo los del país, sino también los problemas personales. Somos una nación que siempre está en busca de un caudillo. Esto se refleja en nuestro sistema presidencial, que en su origen fue una copia del sistema estadounidense. Pero fue una copia imperfecta. Los redactores de la constitución de los Estados Unidos establecieron la división de poderes y nunca fue su intención que el poder ejecutivo prevaleciera sobre los otros dos. Al contrario, la gran idea que movió a los creadores de la Constitución americana fue el llamado Rule of Law, que nosotros conocemos como el Estado de Derecho: no el gobierno de los hombres, sino el imperio de la ley. Así lo propuso el insigne John Adams en 1780: “a government of laws, not of men”. El poder ejecutivo sería uno de los tres poderes de la Unión, y su titular, el presidente, sería un funcionario, muy importante, pero nunca un rey ni un dios.

En México la figura del presidente se ha amplificado y ha adquirido un dominio peligroso sobre los demás poderes, lo cual ha provocado crisis económicas y sociales a todo lo largo y ancho de nuestra historia –aunque hay que decir que de Fox a la fecha, el presidente enfrenta mayores pesos y contrapesos–. Siempre que la voluntad del presidente ha sido La Voluntad, México ha tenido sus peores tropiezos.

Cada seis años se renuevan las ilusiones de un México mejor, y todos esperamos que el siguiente presidente sea el bueno, o al menos que salga bueno, o ya de perdida que no salga tan malo como el anterior. La mayoría de los mexicanos espera que, ahora sí, las cosas marchen bien. Y si no marcharon bien, pues ya sabemos a quién culpar. El devenir de nuestra historia no ha dependido del Derecho, sino de las pasiones. Por eso los estadounidenses desearon un gobierno de leyes, no de hombres, porque las personas son volubles, están sujetas a vicios y pasiones, más que a virtudes, cambian de parecer y son susceptibles de corrupción. El desiderátum estadounidense podría resultar ingenuo para nosotros, y eso es terrible: si nos resulta ingenuo es porque nosotros mismos estamos ya irremediablemente corrompidos.

Los Pinos es el símbolo del presidencialismo mexicano: un presidencialismo que se siente omnipotente e infalible. AMLO, emulando a Lázaro Cárdenas –que dejó el Castillo de Chapultepec, por considerarlo ostentoso, y se estableció en el rancho “La Hormiga”, hoy Los Pinos, unos Pinos entonces austeros y casi rurales que nada tienen que ver con la suntuosidad y el fasto de hoy–, propone que la residencia oficial se establezca en otro sitio, y que Los Pinos se convierta en un espacio público para la cultura y las artes. Yo acojo esta moción. No por razones populistas, sino porque al desaparecer Los Pinos y el Estado Mayor Presidencial –AMLO ha dicho que prescindirá de sus servicios–, el poder ejecutivo será despojado de ese ropaje omnipotente, de ese hálito de grandeza que no merece, de esa pompa fastuosa que tanto choca con la austeridad y sobriedad que necesariamente debe distinguir a todo régimen republicano. Quizá AMLO no quiera desaparecer Los Pinos para aterrizar y humanizar, por decirlo así, al poder ejecutivo, menos aún si, como pienso, AMLO promueve el culto a su persona; pero, independientemente de los motivos, creo que el resultado sería conveniente.

La idea de Los Pinos al principio no fue mala. Fue una sede digna, austera y sobria, por lo menos bajo los gobiernos de Lázaro Cárdenas y Ávila Camacho. Pero luego llegó Miguel Alemán, que encabezó una verdadera cleptocracia, y esa modesta casa le pareció insuficiente. Los Pinos empezó a convertirse en La Ciudad Prohibida que es hoy. Ha albergado a algunos de los personajes más vilipendiados de nuestra historia, y a sus familias: Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas… y hoy alberga al titular del ejecutivo con el más bajo nivel de aprobación de la historia reciente: Enrique Peña Nieto. En sus estancias, salas y salones se han tomado algunas de las peores decisiones políticas y económicas. En las entrañas de Los Pinos se tomó la decisión de asesinar a los estudiantes en Tlatelolco y de llevar a cabo la Masacre de Corpus Christi; en las entrañas de Los Pinos se decidió nacionalizar la banca y defender al peso como un perro; en las entrañas de Los Pinos un presidente se quedó pasmado mientras la Ciudad de México y sus habitantes se mantuvieron en pie durante el más devastador terremoto; en las entrañas de Los Pinos se tomó la decisión de tirar el sistema para que no venciera un candidato opositor; en las entrañas de Los Pinos –sí, en las entrañas de Los Pinos– alguien no sintió simpatía por un candidato oficial a la presidencia; en las entrañas de Los Pinos el hermano de un presidente realizó toda clase de tropelías y planeó toda clase de maldades; en las entrañas de Los Pinos, siempre en las entrañas, siempre en Los Pinos. Ahí surgió la idea de que una mujer saliera molesta a reconvenir a los mexicanos porque éstos se habían cuestionado el origen de una casa color blanco en el barrio de Las Lomas, tan cerca de Los Pinos. Ahí se decidió una guerra que ha costado ya cientos de miles de vidas y un número desconocido de desaparecidos; ahí se bebió alcohol, y quizá alguna sustancia dura; ahí hubo sexo, amor y decepción; ahí muchos lloraron y otros más rieron. Si las paredes de Los Pinos hablaran…

Un país no es su presidente. El presidente no es la esperanza de un bien anhelado, ni la causa única de todos los males. El presidente es un funcionario, importante, sí; pero no es el único funcionario importante… ni siquiera es el funcionario más importante. Si los mexicanos esperan un mesías, les va a salir el tiro por la culata. Un verdadero mesías no quiere ser presidente, su reino no está en este mundo, sino en el espíritu. En la medida en que muchos mexicanos endiosan al presidente y esperan que él solucione todos los problemas y traiga justicia, libertad y bienestar; en la medida en que muchos mexicanos lo satanizan y vilipendian cuando ven sus expectativas defraudadas; en esa medida los mexicanos se comportan como macehualtin y tlamemes –que es la otra cara del Complejo del Caudillo–. Dicho sea con todo respeto a los antiguos mexicas, pero así era su jerarquía: el Tlatoani era el Tlatoani, el macehual el macehual, el tlameme el tlameme, per secula seculorum.

Que el presidente salga de Los Pinos, que se desprenda del Estado Mayor Presidencial –que la gente común y humilde percibe como la Guardia Pretoriana de Calígula, Cómodo o Heliogábalo (aunque no sepan quienes fueron estos emperadores romanos, lo cierto es que perciben al Estado Mayor como algo siniestro y malvado)–, que viaje en aviones comerciales y que esté más cerca de los mexicanos –si uno da un pasito de más hacia Los Pinos salen los soldados con armas largas, repito, como si fuera La Ciudad Prohibida hace seiscientos años–; todo ello privará al ejecutivo federal de esa parafernalia ostentosa y chocante, tan fastidiosa y molesta para millones de mexicanos, y tan contraria a lo que debe ser una verdadera república.

AMLO es muy hábil y hace que sus seguidores perciban a los presidentes del PriAnato como personas frívolas, indolentes y malvadas que viven en medio del lujo y la opulencia, como grandes pachás, mientras el pueblo mexicano, bueno y noble (ni bueno ni noble, diría yo, con todo respeto al pueblo), se desangra y padece la pobreza más inmoral. Que Los Pinos se convierta en un gran espacio público para la cultura y las artes y que haya en sus jardines una placa que revele al paseante el oscuro pasado de ese lugar… no es una mala idea.

Muchos dirán que trasladar la sede del ejecutivo federal a Palacio Nacional es inviable, porque está en pleno zócalo, y que sería muy problemático, por el tráfico y las manifestaciones. No lo creo. La Casa Blanca está en el centro de Washington, la Casa Rosada en el centro de Buenos Aires, 10 Downing Street en el centro de Londres, el Palais de l’Elysee está en el centro de París y el Palazzo Chigi en pleno centro de Roma. Ninguna de estas residencias oficiales –no solo residencias, sino sedes de gobierno– tiene las 60 hectáreas de Los Pinos. Otros dirán que lo único que quiere AMLO es dormir en la mismísima habitación que en su momento ocupó Benito Juárez. Seamos serios. Otros más dirán que acondicionar Palacio Nacional es incosteable… Pero para que Los Pinos y el Estado Mayor desaparezcan, primero Andrés Manuel López Obrador debe ganar la elección. ¿Qué tal que otro de los candidatos gane y entonces Los Pinos siga siendo la fortaleza-búnker-Ciudad-Prohibida que casi siempre ha sido?

Gane quien gane, yo creo que esta propuesta relativa a Los Pinos debería ser tomada seriamente en cuenta. No importa quién sea el presidente ni quiénes sean los altos funcionarios de la Unión, el ejercicio del poder no consiste en ejercer la voluntad personal ni en estar por encima de todos los demás; no consiste en usar helicópteros de la nación para ir a un campo de golf ni en tener guardaespaldas que protejan a los hijos de los funcionarios aún fuera del país, aún si van de weekend a Las Vegas; tampoco consiste en beneficiar a empresarios a cambio de dineros o inmuebles en Las Lomas, las colinas de los perros o Miami; no consiste en enriquecerse ni en ser reverenciado por el inferior jerárquico; no consiste en que la mano sea besada. El ejercicio del poder público es algo totalmente distinto: consiste en aplicar la ley. El ejercicio del poder público es la facultad de los funcionarios para aplicar la normatividad, abstracta e impersonal, a situaciones concretas, sea en el ámbito jurisdiccional, legislativo o administrativo. El poder público no es esa fuerza burda y chabacana que muchos creen, ni un poder de facto que permite a quienes lo ejercen comportarse como si fuesen Les Rois du Monde. Es un poder de iure, acotado, limitado, orientado al bien común. Ejercerlo de otro modo es tergiversarlo y actuar como el más ruin esbirro.

Sacar al presidente de Los Pinos y desmantelar al Estado Mayor no es la panacea de los graves problemas de nuestra nación; sí creo que tales medidas inhibirían la peligrosa tentación de los presidentes de sentirse todopoderosos. Ciertamente, estas medidas ayudarían a los presidentes a entender que el poder ejecutivo es solo uno más de los poderes de la Unión. Decir Adiós a Los Pinos significa decir adiós a ese presidencialismo que tanto daño ha causado.

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Fecha: 
Martes, 03 de Abril 2018 - 15:00
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Fecha B: 
Martes, 03 de Abril 2018 - 17:15
Fecha C: 
Miércoles, 04 de Abril 2018 - 06:15
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Divagaciones sobre la lluvia

Ayer, envuelto en una bruma blanca y ligera, bajo una lluvia muy fina y pertinaz, caminaba por las calles e intentaba calcular desde hace cuántos días que había comenzado a llover. Sin paraguas, con los calcetines húmedos y los pies mojados, había terminado por arrepentirme de haber comprado esos zapatos de gamuza. La lluvia es una bendición; la lluvia es una catástrofe, me dije. Al final de la tarde, terminé refugiado en el café de un hospital, donde busqué la mesa más cerca de una ventana desde donde podía ver a la gente ir y venir bajo el aguacero, y donde podía escuchar el tamborileo de las gotas pegando contra el cristal. Uno se aferra a sus hábitos y a sus placeres cotidianos porque no quiere que la normalidad se altere. Pero la lluvia siempre altera esa normalidad.

El café, como era de esperarse, en días como ayer, se encontraba repleto de gente. La lluvia me llevaba a otro lugar. A mi alrededor todo respiraba calma. Es interesante ver que todas las cosas cambian cuando llueve. A pesar de ser temprano todavía, había muchas luces iluminando la ciudad. Quienes no llevaban paraguas, caminaban muy deprisa, con la cabeza baja. Otros corrían, sin darse cuenta de que no por mucho correr se mojarían menos, y de que tan sólo permanecerían menos tiempo bajo el agua. Una pareja se besaba debajo de un paraguas. Los besos, bajo la lluvia, aparecen revestidos de un romanticismo más puro. Había también quienes pasaban resguardados bajos sus chubasqueros rojos y amarillos y quienes caminaban bajo esos curiosos techos móviles: los paraguas, o los que habían tenido la astucia de inventarse un paraguas con un portafolios, un libro, un periódico o, simplemente, levantando la gabardina y escondiendo la cabeza entre las solapas.

En un mundo cada vez más deshumanizado, la realidad es que la lluvia no parece una amenaza, sino un refugio. ¿Se ha fijado alguna vez cuántos paraguas pintaron los surrealistas? Y qué otra cosa es el arte, además de un refugio de la realidad. Yo casi nunca uso paraguas: los olvido en todas partes, los regalo o los extravío. Y cuando uso alguno lo prefiero macizo; uno de esos que no se pliegan; macizo y grande; invulnerable, para usarlo también de bastón. Soy cuidadoso con todas las supersticiones, razón por la cual nunca camino debajo de una escalera y tampoco abro un paraguas en el interior de un inmueble. Me gusta estar con mi mujer y con mis hijos mientras llueve. Me gusta mirar una película mientras llueve. Me gusta leer. Supongo, que esto es un lugar común. Ya lo dijo el brillante escritor mexicano Juan Villoro, en su monólogo teatral, Conferencia sobre la lluvia: «la literatura es un lugar en el que llueve […] yo me he dedicado toda una vida a coleccionar chubascos literarios». Recuerdo días felices en los que salía por las tardes, me internaba en el Parque del Reloj y leía poemas del genial poeta argentino Oliverio Girondo. También recuerdo días menos felices en los que iba al Parque México y leía poemas del poeta chileno, Vicente Huidobro, o del peruano, César Vallejo. De Vallejo, ese es uno de los mejores versos que conozco: «Moriré en París con aguacero». Y, dicho sea de paso, poco tiempo después de haber terminado su libro: Poemas humanos, César Vallejo murió en París, un día, con aguacero, como predijo en su poema.  

La lluvia me recuerda algunas de las sonatas en tres movimientos que se componían en la primera mitad del siglo XVIII. Antes de la lluvia, los pájaros, nerviosos, vuelan más bajo, los mosquitos se alborotan y la intensidad de la luz y los colores del día cambian, creando una hermosa y sombría atmósfera. Durante la lluvia, tras un estrepitoso caos, el agua empieza a crear un concierto que, mediante el ruido del agua al caer, el viento golpeando las hojas de los árboles (dicen que, desde el tiempo del Diluvio Universal, los árboles son los que cuentan la historia de la lluvia) va, lentamente, creando su propia armonía. Después de la lluvia, como si el día se hubiera partido en dos, un antes y un después, vuelve la luminosidad a las calles y se respira el olor tan ansiado que queda después de la lluvia, en medio de una atmósfera maravillosa.

Pero, como en todas las cosas, lo importante no es lo que ocurre fuera, sino lo que ocurre dentro, en el interior del que vive la experiencia de la lluvia.

La lluvia dispara procesos internos.

Borges decía que «la lluvia es una cosa que sucede en el pasado». Tal vez porque los días de lluvia son nostálgicos y melancólicos. Sentimos nostalgia por la imposibilidad que tenemos de volver al pasado (nostos: pasado; algia: dolor), para volver a vivir situaciones que ya no existen, con personas que ya no están (o que han cambiado y no están de la misma manera que antes). La melancolía, por su parte, surge del dolor de haber sido habitado por algo que percibíamos como bueno y que después, por alguna causa, nos abandonó. Sigmund Freud decía que «el objeto del deseo perdido arroja una sombra sobre el yo». El escritor argentino, Leopoldo Lugones, lo ponía en términos más poéticos: «Lo que tiene de lágrima toda gota al caer».

Me descubrí, in promptu, a través de esa ventana atiborrada de agua, preguntándome por ese ser melancólico, viviendo su experiencia de vacío, en duelo permanente. Ajeno a sí mismo y observándose siempre desde fuera. Angustiado, exiliado, solitario. Sin una clara consciencia de sus pérdidas y con la convicción de que, en algún momento, algo dentro de él se murió. ¿No sucede eso con todo el mundo? Una llama que se apaga y algunas luces nuevas que se encienden. Pero quedan la nostalgia, y la melancolía.  

Era yo ese: «sobreviviente diario de la nada», que se aliviaba en las tardes lluviosas dentro del café de un hospital, rodeado de los familiares, de los dulces, los chocolates y los peluches que vendían para los enfermos.

Hasta que, repentinamente, caí en la cuenta de que, a pesar de esa tristeza, una tristeza neutra y blanca; sin sufrir, sin dolor, una parte de mí era inmensamente feliz. Entonces, recordé el final de un texto del escritor argentino, Julio Cortázar:

«Pero las hay (gotas en las ventanas) que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas, inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós».

Dejemos, pues, que sean ellas las que se suiciden. Poco tiempo después, dejó de llover y me fui a casa.  

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Fecha: 
Lunes, 08 de Febrero 2016 - 16:00
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Beatles online

Desde hace un par de semanas, los usuarios de servicios de música vía streaming tienen la fortuna de contar entre las bibliotecas con el material de los Beatles, cosa que no es poca y evidentemente nos llena de gusto.

Tal vez muchos no lo sepan, pero hasta antes del 24 de diciembre del 2015 sólo se podía encontrar la música del Cuarteto de Liverpool de manera tradicional y, por supuesto, los videos en plataformas como Youtube, pero si queríamos escucharlo desde alguno de nuestros dispositivos móviles de manera legal no era posible debido a que la disquera Universal Music y la compañía Apple Corps, fundada por el cuarteto, no habían otorgado los permisos para la reproducción de la música, hasta hace cinco años cuando vendieron los derechos de transmisión a Itunes Music cerrando los derechos a esta empresa. Las razones: no consideraban al streaming como un servicio serio apto para el catálogo del grupo (…).

Anteriormente si uno intentaba escuchar a la banda en servicios como, por ejemplo Spotify, tenía que soportar muchos malos covers, pero esto nunca más volverá a ser así. A mi juicio probablemente se habían tardado en soltar los derechos, pero afortunadamente y como gran regalo navideño dieron a los fans trece discos remasterizados, además de cuatro recopilatorios de la mejor banda del mundo. Un total de doscientas veinticuatro canciones originales que se pueden escuchar online sin la necesidad de cargarla en la memoria del dispositivo. Esto por supuesto ha sido un fenómeno interesante. Muchos pensaban que tal vez no podrían medir fuerzas con “cantantes” actuales enormemente posicionados como Justin Bieber, sin embargo, la inclusión del grupo en servicios como Google Play o Deezer ha logrado resultados por encima de los esperados arrasando con las listas de reproducción a lo largo y ancho del mundo y posicionándose como los más escuchados en los últimos quince días.

Incluso hay usuarios que por esta sola acción han decidido darle una oportunidad a alguno de los servicios online (fui uno de ellos, pero me arrepentí al segundo día). Sin embargo para los grandes fanáticos que siempre buscan algo más, cabe mencionar algunos detalles: Si lo que buscan es material especial, por ejemplo, el streaming no es la opción, debido a que discos como Live at the BBC (1994 con canciones nunca antes editadas) o la trilogía de Anthology (1995-1996, que abarca toda la historia y versiones no grabadas e inéditas) no fueron incluidos en esta sesión de derechos, así como tampoco lo fueron las versiones mono de ninguno de los álbumes.

Por otro lado hay quienes aseguran que es parte de una estrategia de empresas como Spotify para seguir teniendo beneficios con el tráfico de datos ¿será?

En fin, que mientras artistas como Adele o Taylor Swift se bajan del barco, the Beatles se sube y con gran éxito.

En mi opinión, para los que no son grandes fanáticos y que no cuentan con la discografía en sus haberes, escuchar a The Fab Four vía streaming es una gran opción para acercarse al material de los londinenses, pero para quienes si lo somos, estoy seguro, lo mejor seguirá siendo siempre nuestra colección personal.

55 años y sigue la mata dando.

Voy vengo.

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Viernes, 08 de Enero 2016 - 17:30
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Nostalgia del pasado

Suelo titular mi columna Nostalgia del Porvenir pero he decidido dirigir mi nostalgia al pasado hoy, que comienza un nuevo año bajo los auspicios de la última triada de la mercadotecnia invernal: Malhechor, Gastar y Vaasaltar a 18 meses sin intereses.

Cuando comienza el porvenir rememoro un gran pasado que viví, al que en retrospectiva se me ha ocurrido llamar (por darle un nombre) mi Decena Fantástica, aprox. 1965-1975.

En ese tiempo cercanísimo y muy lejano despertaba yo a la vida adulta junto con millones y millones más. Comenzó el año de mi nacimiento (1946) el famoso baby boom en Estados Unidos y en los países victoriosos de la II Guerra. Nacimos a partir de ese año millones de baby boomers, uno de los fenómenos más interesantes de la historia poblacional. En la agotada Europa, ayudaron al fenómeno millones y millones de desplazados de países satélites, sobrevivientes judíos, y alemanes de raza o recientemente desinstalados de tierras liberadas de los nazis. Cuando estalló la paz, empezaron a reproducirse como conejos.

Ese baby boom marcó un peculiar capítulo demográfico cuando millones de niños pasamos al mismo tiempo a la adolescencia y la juventud. (Luego a la madurez y ser más o menos productivos y reproductivos, formar familias, para después esperar la pensión por retiro; eventualmente algunos formarán cola para tratarse el Alzheimer, y finalmente, a los panteones. Demasiados compañeros míos han pasado a ellos.)

Para nada pensábamos en eso cuando lo vigente era una explosión juvenil como nunca se había dado. Si bien los vecinos del norte tuvieron enorme importancia y la mejor música se cantaba en inglés, el Reino Unido marcaba el compás: Hail Britannia! Britannia rules the sound waves! Por primera vez en la historia Inglaterra no sólo fue central en música sino que tomó la vanguardia en composición. Viví a tope una época en que mi vida recibió la bendición que hace poco recibí de André Rieu: que tu vida esté rodeada de música.

Fueron años estupendos que no rememoro por los dudosos estudios en la universidad a la que entré en el 65 sino por lo aprendido fuera de las aulas, los amigos que hice allí, y la música. Al comenzar 1965 ya se habían ido mis abuelos, a uno de los cuales quise con tanta entraña como se puede querer a alguien; y comenzó la fase gruesa de los que desde entonces llamé alegres sesentas, prolongados hasta media década siguiente. Época de envidiable estabilidad económica, con moneda aún ligada al oro; apertura artística y musical, esotérica y floral, psicodélica y espiritual. Tiempos post Concilio Ecuménico con su explosión de renovación litúrgica, y un aggiornamento de las prácticas religiosas, que por circunstancias particulares, viví a tope.

En el 1967 hizo época Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, epítome de novedad e innovación, talento y variedad en un solo disco. Ringo con With a Little Help from My Friends y las mafufadas de John. Lucy in the Sky with Diamonds, con una guitarra estupenda y ecos que alguien asoció con el entonces popular alucinógeno LSD. Ecos de Schubert en She's Leaving Home, y el místico George, manifestando cuánto había aprendido de su amigo y maestro Ravi Shankar en Within You Without You. Y entre las juguetonas del ligerito Paul, When I’m sixty-four, que canté nostálgico hace 5 años ya.

El 2000 parecía imposible, inconmensurablemente lejano, inalcanzable. Todo mi tiempo era futuro, cuando hoy una parte grande de mi vida es pasado. Es irremediable mirar para atrás, a pesar de que yo siempre estoy empezando. Y sigo mirando p’atrás.

En la cumbre de esa década, 1968, tuve el privilegio de vivir solo en Roma dos meses; viajé a Suiza, Francia, Bélgica y al swinging London donde compré recién fresquito de las prensas de acetato el disco blanco de los Beatles. En ese año toda ciudad que se respetara estaba decorada con la bandera indispensable de la capital de esos años: Gran Bretaña. Y no se diga aquél inolvidable Londres donde, aún sin terrorismo ni demasiados árabes, las mujeres no se cubrían la cabeza sino que enseñaban generosamente las piernas en un despliegue de alegría y juventud inconcebible para quien visite hoy cualquier ciudad europea y las vea vistiendo el uniforme de la mediocridad, los asquerosos jeans.

Una querida amiga gringa muy querida me regaló en 1967 The sound of silence de sus compatriotas Simon & Garfunkel, indispensable hasta hoy. Al año siguiente apareció otro cuyo tema me hacía soñar: Are you going to Scarborough Fair? / Parsley, sage, rosemary and thyme / Remember me to one you lives there / She once was a true love of mine.

La navidad de 1968 llegó con un disco insólito que compré en la benemérita, hoy desaparecida Sala Margolín: Switched-on Bach, donde Walter Carlos recreó brillantemente en sintetizador Moog piezas de Juan Sebastián. (En 1972 traté en un barco a Wendy Carlos sin saber que ella había sido él, recientemente operada/o de cambio de sexo. Me enteré años después, pero al atracar el barco en NY, lo primero que hice fue ver A clockwork orange, de Stanley Kubrick, con música de ella/él.) Por aquél entonces empezaba Elton John con una canción espléndida, Rocket man. Y claro que era indispensable Serrat, compositor de lo bueno suyo en esos tiempos, sin nada recordable desde entonces.

Y hablando de Kubrick, en 1968 salió 2001. A space odyssey, película germinal evocadora de que todo era posible. Nació allí mi gusto por la ficción científica y por las grandiosas obras de Arthur C. Clarke e Isaac Asimov.

En cuanto a literatura, por esas épocas me aficioné también a las grandes obras de Teilhard de Chardin, autor estupendo para una época de avanzadas intelectuales, con su místico evolucionismo católico (recogido en una notable serie católica reciente, producida por el Opus Dei, donde demuestra la razonabilidad científica del evolucionismo a la luz de la fe católica y de su doctrina; nada que ver con los delirios creacionistas del Bible belt gringo y su visión literal de la Biblia). También me aficioné a la excelente literatura francesa (comencé por Saint-Exupéry, seguí con Camus) y la canción francesa con el grandioso belga Jacques Brel, Jean Ferrat, Edith Piaf, Juliette Gréco, el irreverente Georges Brassens, el excelente Charles Aznavour. Y qué decir del jazzista bachiano Jacques Loussier. Ah, y en esos años me aficioné por primera vez a lo que más hago hoy: escribir.

Seguí poco a los Rolling Stones, Jefferson Airplane, The Mamas and the Papas o los Bee Gees, aunque tuve motivos para rememorar su bellísima Massachusetts. Aún no había conocido al gran Jaime Almeida, con quien pude haber vivido mucho más de nuestra afición principal, la música. Y me quedé pendiente con Bob Dylan, pero recordaba A hard rain’s gonna fall y Something’s happening here but you don’t know what it is… do you Mr Jones?

Y es que eran épocas insólitas, en que todo (lo bueno) podía pasar. Había una consciencia social de causas mayores que nosotros, que no veo por ninguna parte en nuestro devastado y degenerado ambiente político. Se respiraba en Europa, EEUU y México una generosidad histórica que ya no existe. No había la angustia de pensar en un futuro terrible, y casi todos creíamos en ideales, aunque fueran tan espurios como el socialista, expresados en el espejismo hueco de la criminal dictadura cubana. El guapo y fotogénico Ché (psicópata, asesino, secuestrador) fue producto 100% de los 60, cuya foto de Alberto Korda en 1960 ha pervivido como nostalgia de épocas en que había más de esa consciencia hoy perdida en el estercolero de la peor política.

Aquella contracultura daba espacio a las drogas (que nunca probé) y a la cultura oriental, al Zen y a la meditación trascendental, que sí me interesaron vivamente; aprendí ésta años después y nunca he dudado de su eficacia. Homenajeo aquí a mi amigo y socio, el finado Agustín Lira, con quien hice genialidades audiovisuales con poquísimos recursos.

Los años cumbre de esta mi nostalgia fueron 1968, 1970, 1972, y desde luego 1975, año de la fundación de mi familia (hoy somos 21) con una notable mujer que había conocido desde 1969 en mi universidad, la célebre Totina, quien llegó a ser madrina de la estudiantina en la que hice música durante todos esos años.

Eran tiempos de flores y perfume, sueños realizables y visión hacia delante, de poco resentimiento y mucha echarse p’adelante. Nostalgia quiere decir dolor por la casa (nostos casa, algos dolor). Lo que yo empecé a ser se fundó en esos años estupendos. Ya no regresarán porque lo pasado ya pasó pero parte de ese algos es saber que las generaciones contemporáneas —mis hijos— no habrán conocido lo que se vivía entonces, con ese empuje tremendo hacia el futuro, con ese apetito por cosas mayores que nosotros y que inspiró desde entonces mi interés por la cosa pública. Carole King cantaba por el 72 you know wherever I am, I'll come running, to see you again… Aparece la carne femenina de la nostalgia: to see you again…

Soy hechura de esa época, pero no dejé de aprender entonces. Nunca he dejado de aprender, sobre todo en mi estilo preferido: el autodidáctico. Y como he decidido no morirme todavía, lo diré de nuevo en el idioma de esos años musicales: I’m beginning.

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Jueves, 07 de Enero 2016 - 16:00
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Arte en el centro de la Ciudad de México

Ciudad de México, domingo por la mañana y con un clima agradable, decidí ir al encuentro con el arte: Los Modernos y Javier Marín, Terra, la materia como idea.

Debo decir que para mí el mar es un paisaje artístico que con su dinamismo no solo equilibra sino que entre las olas el pensamiento se deja hasta que de pronto desaparece en su propia infinitud. Después, hay algo que petrifica, que deja quieto, que absorbe, entonces la experiencia de la eterna quietud.

Para estas fechas, se me negó ese mar que algunos dicen “es para los que están lejos”, pero aun así, tenía la espinita del asombro. Así, me fui al MUNAL y al Palacio de Cultura Banamex (Palacio de Iturbide).

Antes, se me atravesó el Museo Nacional de San Carlos en el que se presentaba la exposición De Rubens a Van Dyck, la pintura flamenca en la colección de Gerstenmaier. Eran las once de la mañana, y de la exposición, sólo rescaté un par de naturalezas muertas de un autor de apellido perdido en mi memoria.

De Rubens a Van Dyck, era más humo que Rubens, más conocidos, alumnos y amigos de Rubens que Rubens.

Al salir, me compré unos roles de canela y una botella de agua, debía comer algo antes de doparme, porque tomar tantas pastillas de jalón y sin comer, dicen que hace daño. El caso es que estuve a nada de librarme de enfermedades respiratorias que siempre sufro cada diciembre, pero no lo logré.

Caminé con la seguridad de saber que Los modernos (Museo Nacional de Arte, del 11 de noviembre al 3 de abril de 2016) no me fallarían —exposición que ofrece al público “un panorama general sobre el desarrollo del arte moderno durante el siglo XX, a partir de una selección de más de 140 obras provenientes tanto del acervo del Museo de Bellas Artes de Lyon, Francia, como del Museo Nacional de Arte”.

Dicha puesta expone obras de George Braque, Pablo Picasso, Henri Matisse, Fernand Lèger, Pierre Soulages, Francis Bacon, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Germán Cueto, Remedios Varo, entre muchos otros.

Domingo a medio día y sí, había gente, pero no al grado de no poder ver las obras, a excepción de una pequeña sala que está justo al entrar, el preámbulo, donde si parecíamos animales en matadero, ni siquiera pude ver qué obras estaban allí porque era imposible.

Después de hacer el recorrido por algunas salas como la Surrealista o la Abstracta, salí con un buen sabor de boca, más por el hecho de haberse expuesto obras cubistas de Diego Rivera.

Salí y sí, debía comer otra cosa, para poder tomarme la siguiente pastilla: torta y refresco: olor a cebolla y mis ojos lloraron porque la vida es así.

Caminé por la calle Madero hasta encontrarme con Javier Marín. Terra, la materia como idea (Palacio de Cultura Banamex. Cierra el próximo 17 de enero) y sus magníficas obras, su manera de hacer arte con la técnica de modelado en barro.

Las obras en barro de Marín (más de noventa en la exposición) encuentran el arte tridimensional, ocupando “un espacio que es su contenido más obvio y expresivo. De ahí la monumentalidad de las piezas, la textura de los cuerpos fragmentados, los rasgos exagerados de las cabezas”.

Las piezas de este gran escultor mexicano nacido en Uruapan, Michoacán, invitan al espectador a quedarse, como bien lo dice Marín, en “el gesto expresivo (…) el desmantelamiento de la forma, de su desconstrucción” a descubrir el accidente que el propio autor encontraba al trabajar “con el color y con el dibujo desde los primeros momentos del modelado, sobreponiendo capas”, al final esto “garantizaba una especie de aportación inesperada al salir del horno”.

Aquélla deconstrucción, ése accidente al que invita el autor, se encuentra en cada una de sus obras, perfectamente bien colocadas para una mayor contemplación.

La visión artística de este escultor mexicano, lo hacen imperdible.

Salí del recinto con un buen sabor de boca. En una de las calles contiguas a Madero, encontré a unos músicos haciendo calle, tocando un cierre fantástico para esa tarde, donde con poco, ellos, conseguían unas moneda, y yo, un poco de tranquilidad, de mar.

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Viernes, 08 de Enero 2016 - 16:00
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La “Reina del Atlántico”

¿Ha oído usted hablar de “la reina del Pacifico”?

Sepa usted que ha habido hasta hoy, DOS REINAS OCEÁNICAS, dedicadas las dos al mismo giro: AL NARCOTRÁFICO.

Nuestra legendaria Sandra Ávila Beltrán, (La reina del Pacífico) fue precedida más de un siglo antes, por una verdadera narcotraficante de talla mundial, que además ostentaba el pomposo título de Reina de las Islas Británicas e Irlanda y emperatriz de la India: la criminal REINA VICTORIA cuya imagen “adorna” estas líneas.

De manera que Doña Vicky de Inglaterra fue la cabeza del primer cartel de narcotráfico, cuyo elegante nombre no puede ocultar la naturaleza infame y criminal de su giro: “THE EAST INDIA COMPANY”.

¡Resulta que los ingleses son los que introdujeron por la fuerza el consumo del opio a China!

Hagamos un breve recorrido hacia el pasado, para descubrir “el esqueleto oculto en el elegante closet de la aristocracia inglesa”.

En 1773, Inglaterra presentaba un déficit comercial a favor del régimen de la Dinastía Qing en China.

“Para nivelar la balanza” su distinguida majestad británica (“LA REINA DEL ATLÁNTICO”), decidió pasarse “por el arco del triunfo” la prohibición vigente en China contra el consumo de opio.

Aunque el emperador Chino Jiaqing  en 1799 confirmó la prohibición del opio en China, la droga era contrabandeada bajo la protección de “LA REINA DEL ATLÁNTICO” a traves de cárteles de nombres elegantísimos, tales como  Jardine, Matheson & Co and Dent & Co que introducían el opio a China alcanzando 900 toneladas por año.

¿Cuál era la justificación británica para constituir, impulsar y aprovecharse del primer cartel internacional de narcotráfico?

Resulta que “el destino manifiesto” de Inglaterra, era someter a los chinos (como “seres inferiores de raza amarilla”, a los que despectivamente se referían como coolies) al vicio del opio PARA FINANCIAR DE ESA FORMA EL CONSUMO DEL TÉ EN GRAN BRETAÑA…

Sería impensable que por la oposición del emperador chino contra la drogadicción en su país,  la alta sociedad inglesa prescindiera de su ritual diario del té a las cinco en punto de la tarde…

De esta manera, la “HONOURABLE EAST INDIA COMPANY” estableció varios  puntos de narcotráfico en los Estrechos de Malaca, conocidos como Strait Settlements en 1826, para proteger su comercio y combatir a los piratas (sus colegas) de la zona.

Los ingleses habilitaron aquellos “Settlements” como campos de concentración a los que enviaban a los reacios de la India tanto civiles como militares.

Hacia el año 1838, el tráfico de opio realizado por los ingleses bajo el mando de “LA REINA DEL ATLÁNTICO” alcanzó la cifra de 1,400 toneladas anuales hacia China, a pesar de que el emperador Qing había impuesto la pena de muerte a los narcotraficantes, sin importar si eran ingleses o marcianos.

Esta medida anti-drogas de parte del emperador de China, era “ofensiva e inadmisible” para su majestad británica, con lo cual, los ingleses desataron sobre China la PRIMERA GUERRA para defender LA NOBLE CAUSA DEL CONSUMO DE DROGAS POR LA FUERZA entre el pueblo de China.

(So much for British hypocrisy) 1

La guerra “santa” para implantar el consumo de opio y heroína de ingleses contra chinos duro de 1839 a 1842.

No por nada Inglaterra es conocida como “La pérfida Albión”…

Los ingleses no iban a derramar su sangre “azul” de gratis.

Al final de la Primera Guerra del Opio, Inglaterra le arrebató a China el enclave de Hong Kong, formalizando su atraco mediante el Tratado de Nanking, gracias a lo cual, el MERCADO CHINO SE ABRIO AL NARCOTRAFICO IMPUESTO POR “LA REINA DEL ATLANTICO”.

(¡Y pensar que la graciosa e inofensiva Princesa Diana era la nietecita de estos narcotraficantes!).

Una vez abierta China a las maravillas de la globalización comercial que hoy nos alcanza a todos, las competidoras de la HONOURABLE EAST INDIA COMPANY, otras compañías inglesas reclamaron su tajada en el negocio de las drogas; estas fueron  Apcar and Company y P & O.

Pero como los europeos no estaban satisfechos todavía, sobrevino una Segunda Guerra del Opio en la que Francia se unió con Inglaterra hasta concluirla con el tratado de Tientsin después de una lucha que se prolongó entre 1856 y 1860.

Una de las consecuencias del Tratado de Tientsin, fue que China se vio obligada a legalizar no solamente el consumo del opio, sino la producción en su propio territorio, bajo dominio de los ingleses, que sin embargo, cultivaban sus amapolitas también en Persia (hoy Irán) así como en Turquía y Afganistán.

Una de las consecuencias de las “heroicas epopeyas militares” de Inglaterra por la noble causa de obligar a los chinos a drogarse con opio inglés, fue que el imperio chino Qing, fue obligado a pagarle a “LA REINA DEL ATLÁNTICO” SEIS MILLONES DE DOLARES DE PLATA como compensación por el opio que había sido confiscado a los traficantes ingleses por el Ministro Lin Zexu en 1839.

¿Cómo le hicieron los ingleses para quitarse de encima el estigma de ser los primeros, más grandes y sanguinarios narcotraficantes de la historia contemporánea?

La respuesta es muy sencilla: “con glamour y más glamour”; con mentiras y más mentiras.

Viendo desde este ángulo a la “rancia aristocracia británica” no queda sino decir: “LÁSTIMA DE ROPITA”.

Hay que agregar que Inglaterra  siguió aprovechando los beneficios ilícitos de sus guerras del opio hasta 1997, en que China, haciendo gala de una inexplicable cortesía, le concedió a los ingleses una gran ceremonia de despedida a la que tuve la oportunidad de asistir como enviado especial de Eduardo Ruiz–Healy, por Grupo Radio Fórmula.

Durante mis gestiones de acreditación ante la Embajada de China en Mexico, fui atendido por el señor Huan Huei Hua, agregado de prensa.

Con toda franqueza le dije entonces al funcionario mencionado, que me sorprendía inmensamente que China le dispensara una ceremonia de despedida a los ingleses, cuando desde mucho tiempo antes deberían haberlos echado de China sin ninguna consideración, y, aprovechando la capacidad política, económica y militar de su país, exigir a Inglaterra la indemnización correspondiente por haber atropellado al pueblo chino y su soberanía como consecuencia de la imposición ilícita del tráfico de drogas bajo los auspicios de “LA REINA DEL ATLANTICO”.

Huan Huei Hua se limitó a sonreírme y decir que comprendía mi indignación y la agradecía; pero que China veía las cosas y actuaba en términos de siglos y hasta de milenios, y que la violencia no era la via idónea para lo que China consideraba propicio a su futuro.

Vistos los antecedentes profesionales de “LA REINA DEL ATLÁNTICO”, Don Joaquín Guzmán Loera podría no solamente pedir asilo en Inglaterra, sino solicitar la ciudadanía inglesa y relanzar THE HONOURABLE EAST INDIA COMPANY, para “lavar” sus actividades empresariales bajo el elegante manto corporativo que Buckingham domina tan hábilmente.

Guzmán Loera podría con todo derecho, invocar los antecedentes históricos y jurídicos del Real Narcotráfico Ingles (British Royal Drug Trade), para lograr cuando menos el asilo político, si no es que retomar las labores de LA REINA DEL ATLANTICO, y optar por ser elevado a Caballero del Imperio Británico.

Si los piratas Drake y Morgan figuran entre los aristócratas ingleses mas connotados, nuestro democrático Chapo Guzmán, ¿Por qué no habría de gozar la misma consideración?; cuanto y más que su habilidad empresarial podría significar ingresos sobrados para que los ingleses sigan tomando su tecito a las cinco de la tarde todos los dias.

Esto podría conseguirlo pidiendo a la actual Reina Isabel, que le expida una PATENTE DE CORSO 2 para traficar legítimamente, como su ancestral Vicky “LA REINA DEL ATLANTICO”.

Inglaterra tiene en su historia a Victoria, “LA REINA DEL ATLÁNTICO”, mientras México cuenta con Sandra Ávila Beltrán, “NUESTRA REINA DEL PACIFICO” y digna colega de la soberana europea, emperatriz de la India y de los dominios de Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Gibraltar y Las Malvinas… 3

¿Cuál es la diferencia entre Victoria, monarca del Reino Unido de Gran Bretaña, Irlanda y Emperatriz de la India, y nuestra cachanilla Sandra Ávila Beltrán?

La diferencia es que, a pesar de ser colegas narcotraficantes, LA REINA DEL PACIFICO es una dama muchísimo más hermosa que la rechoncha y pedante Vicky la sanguinaria, y además la nuestra, non se hacía “de la boca chiquita” como su colega DEL ATLÁNTICO.

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La hipocresía británica ha permitido a los ingleses asumir el papel del “inocente” Canario Piolín, evadiendo ser señalados como los criminales, genocidas, racistas y narcotraficantes que han sido y siguen siendo, y darse el lujo adicional de tirar la primera piedra contra cualquiera que les convenga, sin estar, ni mucho menos, limpios de pecado…

PATENTE DE CORSO. Gracias a esta investidura emitida por los estados soberanos, los piratas se convertían en CORSARIOS, y en consecuencia, ladrones con licencia, como han sido históricamente los ingleses desde tiempo inmemorial.

Gibraltar es parte de España, y la ONU resolvió en 1969 que Inglaterra abandonara el peñón y lo restituyera a los iberos; sin embargo, Inglaterra hizo caso omiso y España no insistió.

Por su parte, las Islas Malvinas, QUE SON ARGENTINAS, han sido usurpadas por Inglaterra a pesar de los probadísimos  derechos de Argentina. ¿Por qué?

Porque Inglaterra tiene mayor capacidad militar y porque Estados Unidos bajo la amistad de la Thatcher y de Reagan, puso de manifiesto que la famosa Doctrina Monroe es más elástica que un chicle bomba.

La presencia inglesa en las Malvinas, tiene como único propósito, la explotación de los recursos naturales del Polo Sur, sin importar que esa explotación acerque al planeta entero, cada vez más, a su destrucción.

 

 

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Viernes, 08 de Enero 2016 - 18:00
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En la cárcel

No resulta sencillo escribir qué se siente vivir atado de pies, manos y voz. De pies porque no se puede correr, de manos porque no se puede abrazar, de voz porque no se puede decir todo lo que quiero; y como aquí no hay una pluma debo resguardarlo en la memoria para escribirlo después. Estoy en la cárcel y las emociones revueltas, los deseos, planes y metas desaparecen cuando decido vivir en una celda fría compartiendo una cobija y una almohada que han soportado noches enteras de desconcierto, incertidumbre, lágrimas, ruidos desconocidos y silencios que murmuran. La noche en una prisión es para mí, un espacio de observación, en donde las inocentes terminan creyéndose culpables, las culpables sanan despacio sus remordimientos y todas se arropan para corresponder a los lamentos y dulzuras. Una sola noche puede convertirse en una larga y penosa vida así como una vida entera se puede reducir a una sola oscura noche en prisión.

Vivir en una prisión por la sola curiosidad de saber qué es el insomnio obligado sin importar quiénes son las delincuentes y quiénes las confundidas entre la realidad y las aseveraciones ajenas, fue una parte que, vivida con toda conciencia, me provoca aprender que en todas partes hay rejas y cadenas; la vida diaria es una cárcel en la que la fianza es más difícil de detectar que la sola cantidad monetaria o el largo proceso penal. Cada uno en su cárcel mundana y todos en una celda llamada mundo sin querer compartir nada.

La vida, que se parece a una larga condena y que por querer compartir tiempos y realidades con las internas de la penitenciaría, me enseña más allá de lo que puede ser la desaprobación social para convertirse en un flagelo personal.  En el tiempo en que decido adentrarme en el pensamiento y el aire denso de una celda quise también saber y ser parte de un mundo tan imaginario como irreal, a la vez tan parecido al diario vivir en la ciudad. La capacidad de adaptación del ser humano a cualquier situación es increíble, así como la absurda capacidad de creerse en peligro solo porque el anuncio de la gravedad mundial acecha. En prisión, saber que el invierno se acerca, que congelará hasta el último hueso y que el agua helada de la regadera espera puntual cada mañana a las 6 y que aun así se tiene la disposición de obedecer. Sentir que se acerca la temporada de afectos y nostálgicos recuerdos, saber que no se podrá abrazar al ser más querido y aun así se inventan que existe cerca y se abrazan a escondidas entre ellas.

La celda de afuera, se reduce ante todo lo que sucede alrededor de cada ser humano, los límites de comprensión y compasión dejan de existir dando paso a la frustración y a la depresión, es muy fácil caer en los pensamientos negativos, en las necedades personales y en la nulidad del criterio. La celda real y una prisión de altas paredes no es, en nada, peor que a la que existe en la “libertad” rodeada de cosas innecesarias que solo distraen el pensamiento.  

Es contradictorio estar en encierro añorando la libertad que se vive afuera y aun así el encierro es de todos los días, es conflictivo saberse culpable o reprimido y no querer entenderlo y mucho menos remediarlo. Las rejas que cubren el entorno, la necesidad del ser humano por depender y la pasividad con la que se funciona día a día se convierten pues en la verdadera prisión. Con la enseñanza puesta como el mejor vestido, decido que ninguna reja, ninguna prisión emocional y ninguna atadura física pueden encerrar del todo el poder del pensamiento y la decisión de creerme capaz de pagar mi fianza  con el aliento que me regala ser simplemente libre en mi misma

Y reitero, no es sencillo escribir lo que se siente estar en una celda de concreto, fierro y candados.  Es necesario acercarnos a los barrotes personales, tocar el frio suelo de nuestro tiempo y hacer conciencia del tamaño de la fianza que debemos pagar. Debo una entrega no tan emocional y quizá un poco más coloquial de lo que sucede cuando se sabe preso, la puerta abierta está justo enfrente y se tiene miedo de salir. He pagado mi fianza, ahora estoy en vuelo, recuperada, sana y con la firme intención de solo estar en la cárcel para apoyar a quienes, con justa razón, se han convertido en importantes maestros de vida.

En la cárcel, cualquiera que esta sea, el ser humano puede perder absolutamente todo, menos la libertad de pensamiento y el poder de decisión y como presunto responsable, es tarea de cada uno liberar la fianza y abrir los candados, adelante, el camino está libre.

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Martes, 08 de Diciembre 2015 - 16:00
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¡Esto es puro teatro!

Le doy la bienvenida a mi columna y usted disculpe el título tan aparatoso. Y no, no me refiero a nuestra hermosa y benemérita Cámara de Diputados al decir que es puro teatro, aunque también aplica.

En esta ocasión le quiero hacer un resumen de las grandes obras que tuvimos la oportunidad de tener en México gracias a productores independientes y corporativos. Principalmente musicales.

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Seguramente estará pensando: ¡qué flojera, teatro! Y tiene razón. Gracias a nuestro sistema de “educación pública” que data del Paleolítico, cuando éramos niños nos mandaron a ver obras aburridas y sin chiste. Dele las gracias a los Secretarios de Educación y a finísimas personas como Elba Esther, siempre preocupadas por la calidad en las escuelas.

Tampoco piense que el teatro musical es para “afeminados”, de hecho ese es un término muy ofensivo. Mejor relacione a las asociaciones de ultra derecha con ese concepto. Bien, aclarado el tema, le invito a comenzar.

Desde el 2014 y a inicios de 2015 tuvimos el goce de tener en la oferta teatral un musical que es glorioso en sí mismo y lleva más de 10 años en Broadway. Se trata de Wicked, una creación de Stephen Schwartz y que es la precuela de la historia que conocemos de El Mago de Oz. Esta obra es brillante ya que muestra que la bruja mala, no es mala y todo fue un invento precisamente de El Mago porque le resultaba incómoda al saber que de mago no tenía nada. Tiene una connotación social impresionante además de que mueve las fibras sentimentales con su música.

En México, la producción corrió a cargo de Morris Gilbert, quien se caracteriza por traer los grandes montajes y hacer obras de altísima calidad.

Mención aparte merece la protagonista de este musical, Danna Paola. Ella venía de hacer telenovelas y varios discos con un éxito de figura televisiva. Nadie daba un peso por ella para lograr el personaje de Elphaba (la bruja mala) en Wicked… Pero no solo lo logró, sino que superó las expectativas y se posicionó en el tercer lugar mundial como la mejor intérprete de dicho personaje. Nos calló la boca a todos. Wicked contó con un gran elenco: Ceci de la Cueva (chica súper talentosa de teatro musical y televisión), Jorge Lau, Anahí Allué, Paco Morales, Estíbalitz Ruíz, Marisol Meneses, Adam Sadwing, Beto Torres, entre otros.

Está bien, sí, ya le hice una apología a Wicked. Vamos con otra obra que me encantó y fue un éxito…

Rock of Ages es una producción muy difícil de realizar ya que se basa en éxitos del Rock estadounidense y la adaptación en español era casi misión imposible. Bien, Gerardo Quiroz y todo su equipo lo logró haciendo una puesta en escena brillante, espectacular y bien hecha. Mucho mejor que en Estados Unidos y mire que eso, sí está difícil.

Se notaba la gran producción desde que uno entraba al teatro. En el recibidor, había una banda de rock tocando en vivo y poniendo el ambiente. En la tercera llamada, la guitarra eléctrica vibraba y el narrador nos contaba la historia de una chica pueblerina que busca conquistar a Los Ángeles. Me refiero a la Ciudad de Los Ángeles, no a los Ángeles Azules o ese tipo de bandas.

Primero, el papel estelar fue interpretado por Dulce María, quien lo hizo muy bien y posteriormente tomó el papel Lorena Vignau, una chica muy talentosa. La sorpresa fue Vadhir Derbez, quien evitó parecerse al Lonje Moco de su papá (Eugenio Derbez) e hizo una gran interpretación del estelar masculino y demostró que sabe cantar ¡y bien!

Aplausos para Gerardo Quiroz, quien de forma independiente y con su empresa Quiroz Producciones ha logrado muchos éxitos como Cats y la anteriormente mencionada Rock of Ages… Además, cuidado: ahí viene en 2016 con el éxito español “Marta Tiene un Marcapasos” que es un musical basado en las canciones de la banda Hombres G y que tendrá a quien fuese la protagonista de esta obra en España: Gloria Aura, talento mexicano y será la Directora Residente.

Otro musical que fue un éxito se llama “Hoy No Me Puedo Levantar”, producido por Alejandro Gou. Aunque se trata de la versión deslactosada, descafeinada y light de lo que vimos en 2006, logró unir a grandes talentos como Alan Estrada, Melissa Barrera, Juan Solo y Danna Paola (no es que sea mi favorita, pero sí). También, mención aparte a Regina Blandón, ya que se llevó las risas de todos al igual que Rogelio Suárez. Ambos, brillantes y grandes actores con un carisma que va de aquí a China y de regreso.

Las canciones de Mecano vuelven loco al público y aunque esta versión es un robo a mano armada de parte del productor español Ángel Suárez al creador de la obra: Nacho Cano, sin duda que aportó mucho al teatro musical y es valioso que haya un escaparate para los talentos jóvenes, tal y como lo hace Gou Producciones.

En cuanto a teatro de género (dije: “de-ESPACIO-género” y con acento en la “e”), encontramos formatos geniales que nos atraen sí o sí: Microteatro y Teatro en Corto. Ambos conceptos son muy simples pero admirables. Se trata de una casa grande, hay 8 salas, uno elige a cual quiere entrar y ve una obra de 15 minutos. Esto da oportunidad de ver mucho teatro en un solo día con grandes actores de calidad que si me pongo a mencionar a cada uno, seguramente se me olvidará alguna persona y luego ahí le encargo los recordatorios que me mandan sobre mi madre.

Lo que sí le recomiendo es que se dé una vuelta en ambos sitios porque disfrutará de obras de gran calidad y tendrá a los actores frente a sus narices (literal).

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La Fierecilla Tomada fue una obra divertidísima donde vimos una sátira de “clase alta” producida por Guillermo Wiechers y Juan Torres con un reparto de lujo (así les debió de salir la nómina). Fue un éxito total y cerró telón con los aplausos a Héctor Bonilla, Chantal y Jaqueline Andere, Roberto Blandón, Moisés Suárez entre otras grandes figuras. Es de elogiar también que a dichos productores, no les ha importado mucho el arriesgarse y hacer producciones independientes ya que cada obra que hacen, funciona con éxito.

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No puedo dejar de mencionar la obra más cara en la historia de México pero que curiosamente siempre está a reventar de público: El Rey León. Otro gol de Morris Gilbert y un éxito probado porque viene, ahí nomás, desde Disney. Si la película fue padrísima y la música de Elton John le pone los pelos de punta, ahora esta obra lo dejará con la boca abierta. Buen momento para tomarse una selfie: con los pelos de punta y la boca abierta. Súbala a Facebook y no le ponga filtros, le suplico.

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El Rey León es una obra ganadora de todo lo ganable y realmente lo merece. El vestuario es espectacular, la escenografía, las voces, las actuaciones… ¡Todo! Lo único malo es el estacionamiento del teatro porque es muy confuso y uno da muchas vueltas. Le recomiendo que cuando esté perdido en dicho estacionamiento, se ponga a cantar “Hakuna Matata”.

Recién se estrenó una obra que bien podría representar una reunión con todos los gobernadores del país: La Jaula de las Locas. Producida por Juan Torres y presentando a Roberto Blandón al lado de Mario Iván Martínez, se conjugan grandes talentos para contarnos una historia que fue totalmente revolucionaria en su tiempo y nos hace entender el por qué no debemos poner etiquetas ya que las personas valemos lo mismo (a salvedad de Nicolás Maduro y Hugo Chávez, ambos semi-dioses). Actualmente sigue en cartelera y le recomiendo que vaya. Si es usted miembro de la Vela Perpetua, le recomiendo intensamente que asista; porque hay de dos: entiende el mensaje de la obra y se vuelve de mente abierta o le da un infarto. En ambos casos, la sociedad sale ganando.

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Una buena opción para reírse, no es el informe de gobierno de Miguel A. Mancera, sino “Los Locos Suárez”.

Por primera vez Don Héctor Suárez y Héctor Suárez Gomiz se juntan para hacer un stand up muy divertido y que estará de gira por varios estados. Si su estado es etílico, le recomiendo no asistir hasta que se le baje.

En fin, siempre nos quejamos de que el teatro es caro, pero algo que no entiendo es ¿por qué diablos siempre hay dinero para la cerveza, la copita, los cigarros, la ida al antro… pero no para el teatro?

Le invito a que no se deje llevar por la impresión que nos dieron de niños llevándonos a ver Edipo Rey en su versión más aburrida que se usaba como somnífero y se anime a ir a cualquier opción que usted elija.

Este tipo de teatro es mucho mejor que el que le hace su mujer cuando usted se acaba la quincena o cuando su marido llega borracho diciendo cualquier cantidad de perjurios.

¿O no?

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Lunes, 07 de Diciembre 2015 - 18:00
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El Rey Lagarto

Esta semana me adelanto un poco, pero bien vale la pena ¿Por qué? Porque pocas veces se juntan dos acontecimientos dignos de recordar como el próximo 8 de diciembre. Por un lado se cumplen treinta y cinco años del asesinato del más grande, John Lennon, que será conmemorado por Yoko Ono de manera especial en la Torre Imagine, junto a los acostumbrados homenajes en Central Park y Abbey Road.

Pero apenas hace dos meses le dediqué una columna en su cumpleaños. No es que no quiera volver a escribir sobre él, pero a pesar de mi enfermo fanatismo por los Beatles, como dije antes, hay otro acontecimiento que se celebra en esa fecha y debo mencionarlo porque suele pasar desapercibido ante la muerte de Lennon, el cumpleaños 72 de Jim Morrison, El Rey Lagarto.

Jim nació en Estados Unidos  en 1943 y desde muy joven se convirtió en un símbolo de la cultura popular y en una de las figuras más emblemáticas del rock.

Pero su acercamiento a la música y convertirse en el vocalista de una de las más grandes agrupaciones de la historia fue mera casualidad. Estudió en la Universidad Estatal de Florida y en la UCLA junto al cineasta Francis Ford Coppola y sus verdaderas pasiones eran la poesía y la literatura, de hecho para 1969 ya había publicado dos libros que años más tarde se reeditaron como uno solo en los que aborda temas sobre teatro y cine, además de escribir un gran número de poemas que en ocasiones recitaba durante sus conciertos.

Fue precisamente queriendo dar a conocer su poesía que se acercó a Ray Manzarek para enseñarle su trabajo con la intención de que los musicalizara. Cantó algunos versos y fue el inicio de todo, al poco tiempo habían formado un grupo junto a John Densmore (batería) y Robby Krieger (guitarra) para convertirse en The Doors. Pero Jim no estaba tan interesado en ello, en realidad lo hizo sólo por ganar unos dólares. Si bien era poseedor de una gran voz, él estaba más interesado en su obra y perdido en drogas y alcohol.

Pero cuando alguien está destinado a ser una leyenda no importa lo que haga, simple y sencillamente llega al lugar que le corresponde.

Sus actuaciones fueron famosas y censuradas por la altísima carga sexual y de crítica política y al sistema. Muchos asociaron erróneamente la frase de uno de sus poemas “Soy el rey lagarto, puedo hacer lo que sea” con su personalidad, y tomaron de ahí el apodo con el que pasó a la historia aún a pesar de su gusto, pues años más tarde, cansado del personaje en el que se había convertido, se alejó a vivir a París para olvidarse de la fama, la música y los escenarios.

Figura emblemática y hasta cliché de un personaje de rock, siempre estuvo envuelto en escándalos, drogas, mujeres y alcohol. La gran mayoría de sus actuaciones las hacía casi inconsciente y aún así eran espectaculares. Olvidaba las letras de las canciones o improvisaba alguna poesía con las melodías.

La personalidad misteriosa y escandalosa del Rey Lagarto (completamente opuesta a la del verdadero Morrison) y la impecable calidad de la música han pasado a la historia y los han hecho inconfundibles. Basta escuchar las primeras notas en los teclados de Manzarek para saber que los estamos escuchando, nadie suena a los Doors y ellos nunca sonaron a nadie.

Jim Morrison sigue siendo una de las personalidades más influyentes en la historia del rock. “Gloria”, “Raiders on the Storm”, “Light my Fire”, “Touch Me”, “Hello, I love You”, “Love me Two Times” son sólo algunos de los himnos que nos dejan como legado. Guionista, escritor, productor y actor. La potencia de su voz dio presencia a una de las bandas más grandes, y la única en Estados Unidos capaz de competir contra lo que hacían en Inglaterra The Beatles o Rolling Stones.

Hasta que el 3 de julio de 1971, a los 27 años (otro miembro del club de los 27), murió en su departamento de París.

Pero esto sólo es una teoría, porque como es de esperarse en una figura como él, su muerte está rodeada de leyendas. Hay quienes afirman que lo vieron subir a un avión el mismo día en que murió. En 1973 los empleados de un banco dijeron que lo vieron y estuvieron hablando con él. Se dice que fingió su muerte para escapar de la vida pública, el propio Manzarek dijo siempre que si había alguien capaz de escenificar su propia muerte, era él. Las leyendas son alimentadas por las inconsistencias en las declaraciones, se ha dicho que murió por una sobredosis de heroína, pero tenía diagnosticada fobia a las agujas. Nunca se realizó una autopsia, sólo su esposa Pamela y el médico (del que nunca se supo el nombre) vieron el cadáver del cantante, el certificado de defunción era ilegible. La embajada de Estados Unidos no recibió el certificado hasta el 7 de julio y la noticia fue oficial hasta el 9.

Incluso se ha especulado sobre suicidio o asesinato.

Los mitos seguirán y nunca se sabrá la verdad. Lo único cierto es que tuvimos la fortuna de que pasara por este mundo y nos dejara su obra como legado.

Gracias Jim y feliz cumpleaños, Rey Lagarto.

Voy vengo.

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Viernes, 04 de Diciembre 2015 - 16:00
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