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criticas al presidente

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La esquizofrenia de Trump y el baño helado para AMLO (y el país)

El comportamiento del presidente Donald Trump podría ser calificado de esquizofrénico en cualquier otro, pero en él resulta natural: el mismo día que inició el proceso para ratificar ante el congreso de su país el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), decide también amenazar con aranceles del 5% a los productos mexicanos el próximo 10 de junio y hacerlos progresivos mensualmente hasta llegar a un 25% el 1 de octubre. Esta medida es una presión para que el gobierno mexicano haga mucho más para frenar la migración ilegal. Es difícil saber a qué se refiere el mandatario norteamericano cuando habla de “frenar la migración ilegal”. Si aspira a que no exista este fenómeno, entonces no hay poder humano que logre esta meta.

El mismo día que, con bombos y platillos, el presidente López Obrador decide pedir a la Cámara de Senadores mexicana que avale el T-MEC, Trump le da un baño de agua helada, como en sábado de Gloria. Jesús Seade, el negociador mexicano del Tratado, calificó el anuncio de Trump como algo desastroso y dijo que era “una ducha helada”, fino como es. Aseguró que México no se quedaría con los brazos cruzados y que lo conducente era contestar ojo por ojo (¡qué imaginación!). Por lo pronto, hasta entrada la noche, el dólar se había encarecido 36 centavos.

Lo sucedido demuestra dos cosas, por un lado, que Trump no es confiable nunca, cosa que ya se sabía; por otro lado, dice algo que se sospechaba: el presidente mexicano inventa. Inventó que había una buena comunicación con las autoridades norteamericanas (si la había, ¿por qué la sorpresa e indignación de Seade?); inventó que la Casa Blanca había sido receptiva a la propuesta de Ebrard sobre Centroamérica. En fin, no había tal.

Donald Trump ocasionó una crisis en México con su amenaza, pero el presidente mexicano le contestó con una de sus famosas cartas. En ella le dice: “no me falta valor, no soy cobarde ni timorato”. Agrega muchas cosas, pero lo básico es que le propone un diálogo y afirma que México limita el paso a los centroamericanos tratando de no violar sus derechos humanos. Para el diálogo, viajará el canciller Ebrard a Estados Unidos el último día de mayo.

Los días siguientes, el presidente López Obrador será sometido a una presión enorme. Algunos, pedirán que se cierre el paso a los centroamericanos argumentando la importancia del Tratado. Otros, sugerirán tomar una medida nacionalista y radical, como, por ejemplo, ya no impedir el paso a los migrantes y rechazar que se estacionen en México mientras tramitan su asilo en los Estados Unidos. En pocas palabras, dejar que se sature la frontera con los viajantes. El gobierno de López ya está rechazando la entrada de la mayoría de migrantes centroamericanos. Hacerlo más descaradamente simplemente haría que se le viera como una especie de Trump tropical. Algo que su ego no podría soportar.

¿Qué hará AMLO? Es difícil saberlo. Esta es, tal vez, la primera prueba de fuego para su Presidencia. La situación no es irresoluble, pero exige imaginación y una cabeza fría. Cabe señalar que se pueden señalar la demagogia y exageración de AMLO para con las relaciones con Estados Unidos, avizorarle una derrota política, pero hay que tener en cuenta que un fracaso presidencial podría tener repercusiones graves para el país, es decir, para todos. Critíquenle lo que quieran, pero no se alegren con su fracaso.

Trump está mezclando la agenda política con la económica para tratar de consolidarse en su Presidencia, algo que no hicieron sus predecesores, al menos con México. Presionar a un populista como López Obrador podría ser contraproducente para los intereses norteamericanos en el mediano plazo. Imaginen un gobierno radical (el sueño de Cuba, Venezuela, Rusia y China) con tres mil kilómetros de frontera con los Estados Unidos.

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Viernes, 31 de Mayo 2019 - 13:20
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