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crítica

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Un huracán llamado Francisco

Durante su visita de seis días a Estados Unidos que ayer concluyó el papa Francisco se refirió a diversos temas que la sociedad y la clase política estadounidenses discuten amplia y muchas veces violentamente.

Hay algunos que creyeron que el jesuita argentino no abordaría algunos temas o que los mencionaría de manera discreta y diplomática al pronunciar sus discursos en Washington, Nueva York y Filadelfia. Quienes esto pensaron no han entendido o querido entender que este papa no es parecido a la mayoría de sus antecesores, por lo menos a los del último medio siglo. No es un diplomático como Pío XII y Pablo VI o un político como Juan Pablo II o un intelectual como Benito XVI. Personalmente creo que más se parece al reformador Juan XXIII y al hombre sensible y amoroso que en su breve pontificado nos mostró ser Juan Pablo I.

Lo anterior no significa que Francisco no sepa cuándo actuar como un diplomático o un político, o que no sea intelectualmente sólido. Después de todo, es un jesuita y no se llega a papa si no se poseen esas cualidades. Sin embargo, creo que pasará a la historia por el nuevo rumbo que le está daño a la iglesia católica y por la personalidad buena y generosa que ampliamente ha demostrado tener.

En su discurso ante representantes, senadores, el gabinete de Barack Obama, miembros de la Suprema Corte, el cuerpo diplomático y la crema y nata de la clase política y militar de Estados Unidos, Francisco:

Defendió a los inmigrantes: “Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes… en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste”;

Se pronunció contra la pena de muerte en un país en donde 1,414 personas han sido ejecutadas desde 1976 y 3,001 esperan ser ajusticiadas: “La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo. Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte”;

Condenó que la política no sirva al individuo pero si a los intereses económicos: “Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo”;

Sin mencionar el cambio climático abordó el tema refiriéndose a su reciente encíclica: “En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para «reorientar el rumbo» y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos –y este Congreso– están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» y una «aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza»”.

Sus palabras conmovieron a más de uno. No olvidemos que el vicepresidente Joe Biden es católico, como lo son 26 de los 100 senadores, 137 de los 435 representantes que integran el Congreso federal, y seis de los nueve jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos. Varios de ellos lloraron al escuchar a Francisco, entre ellos el presidente saliente de la Cámara de Representantes, el republicano por Ohio John Boehner.

En sus demás discursos el papa argentino se refirió a estos temas y a otros pero sus palabras ante los políticos serán los que probablemente más afectarán en el corto y mediano plazos la realidad política estadounidense.

Francisco es un huracán que llegó al Capitolio y ante la opinión pública destruyó muchas posiciones ideológicas de los legisladores que han empantanado la discusión de diversos asuntos, entre ellos el migratorio. Como lo dijo en Cuba: “El servicio nunca es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”.

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Fecha: 
Lunes, 28 de Septiembre 2015 - 12:00
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Tijuana, su transporte y la aventura

Los conflictos con el transporte público cobran fuerza todos los días: los que exigen porque son sindicato, los que discuten porque son independientes, los que se esconden porque son clonados, los que se enojan porque tienen unidades viejas y las autoridades que se callan porque ya no saben de qué manera poner orden.

En Tijuana hay taxis colectivos o de ruta, taxis libres, microbuses o “Calafias” y camiones que se adquieren la mayoría de ellos en Estados Unidos, y son autobuses reciclados de las escuelas. Cada uno tiene su historia, su concesionario y parece que también, cada uno tiene su propio reglamento porque cada quien hace lo que quiere.

Como cosa de rutina, la precepción de los usuarios que se transportan todos los días y la mía es muy diferente porque utilizo el transporte pocas veces por semana y en diferentes horarios, también me subo sólo para escuchar conversaciones ajenas y encontrar anécdotas o historias cuando no se me prende el foco para escribir. Entonces los conflictos y pleitos entre concesionarios y autoridades en realidad no me interesan tanto como para investigarlos y escribir una crítica sobre ellos, prefiero ir directo a las aventuras que se suscitan y que quienes viajan todos los días ya no ven.

En Tijuana no existen las paradas o lugares específicos para subir o bajar pasaje, se detienen en donde sea, donde el pasajero quiera, para bajar se escuchan cosas como: “en la ferretería”, “pasando el semáforo”, “en la clínica”, “en las hamburguesas”, “en el mercado”, “en la farmacia”. Nunca “en la esquina” y jamás “en la parada” como debería de ser, y es porque el espacio reservado para ello siempre está ocupado como estacionamiento. En una ocasión pedí bajar “en la parada” y el chofer me preguntó "¿En dónde?". Tuve que buscar cuál negocio estaba en su lugar -“en la taquería”– dije.

Hay tantos camiones y taxis en todas las calles y avenidas que si uno se para en la esquina y levanta el brazo para hacer la parada, se detienen al menos 5 de ellos. Si uno está parado en la esquina para cruzar la calle, cada taxi bajará la velocidad y sonará el claxon como avisando que ya llegó; a todos se les tiene que hacer la seña “no quiero”, de no ser así, se quedan esperando a que uno se suba.

He escrito historias de muchas hojas o unas líneas que describen un momento, como el que me sucedió hace poco, que al subir escucho la risita de un bebé, el cual en cuanto me vio agitó su manita "¡Hola!". Seguí hacia el fondo buscando lugar, una señora le pidió a su hijo que me dejara su asiento -"si ella no está viejita"- le contestó. "Gracias" –dije- y yo que pensé esta mañana que sí, que ese par de sonrisas eran solo para aminorar el viaje que seguía:

Horrible camión, los asientos diminutos inclinados hacia abajo, imposible no resbalar y en el intento por no caer sentados en el suelo llevábamos los pies en puntas y las manos en el asiento de adelante. Todos haciendo el mismo equilibrio mientras que los frenos del camión recién ajustados -quiero creer- porque el hombre al volante los pisaba cada cinco segundos. Estuve a punto de sentirme enojada cuando la siguiente frenada nos echó a todos al frente, vi las cabezas todas en perfecta sincronía, no podía ser de otra forma, empecé a reír. Siguiente frenada y otra y otra y todos al ritmo, atrás-adelante, atrás-adelante. Un pasajero que sí perdió la calma y gritó –"¡Ora’, no traes bueyes!"-. El chofer lo buscó en el espejo retrovisor y el compañero de asiento de quien gritó dijo –"Pos’ quien sabe compadre, mejor ni diga"-. Entonces entre las risas escondidas de todos y el continuo baile de cabezas me di cuenta que mi bajada era tres cuadras antes, y de todas formas llegué a tiempo.

Y no todo en los taxis y los taxistas es malo, aun cuando me he subido a ellos en versión contenedores de basura, cajas de herramientas, restaurantes ambulantes, choferes que creen que transportan ganado, al final siempre he llegado sana y salva a mi destino. En una ocasión me sorprendí gratamente, en un taxi Ruta 2 hacia Playas leí un letrero pequeño con letra manuscrita muy bien hecha encima de una cajita a manera de alcancía: “Pasaje pendiente, si gusta agregar a su pasaje un peso más o doble tarifa, le ayudará a pagar el pasaje a un estudiante o a una persona mayor. Soy honesto. No cubre borrachos o vagos”. Deposité mi parte pensando que alguien pudiera llegar a su destino, quisiera encontrarlo de nuevo para tomar el número de taxi, una foto de su letrero y felicitar como corresponde.

La modalidad de microbús también llamado "Calafia", como la Reina de las guerreras amazonas de la Isla de California, el color oscuro brillante de sus pieles, el orgullo en sus negras cabelleras y la fuerza de sus cuerpos, es parte de la leyenda que cuenta Garci Rodríguez de Montalvo en su novela “Las sergas de Esplandián” escrita alrededor de 1510.

Arriba de ese desvencijado camión no se puede evitar recordar la leyenda y se me antoja inventar que la historia descansa en los cimientos, piedras, muros y vientos del Hotel Calafia enclavado en los cerros que enfrentan el mar de la Baja California y que para llegar al Reino escondido había que emprender un trayecto de cielos y mares a través de las veredas inhóspitas de la costa en un transporte igualmente regio, único y muy exclusivo. Por supuesto había que bautizar al medio de transportación y su ruta, Calafia la Reina Negra, Calafia el Hotel y Calafia también ese elegante furgón.

Creo que aquel transporte sigue siendo hasta hoy, ¡el mismo! con todos los años encima acumulados en los asientos y la basura amontonada a través del tiempo en los rincones. Parece que la historia se disipa en el momento en que uno decide sucumbir ante la necesidad de atravesar la ciudad a bordo de una destartalada, triste y apesadumbrada Calafia. Al menos podrían cambiar de nombre para no olvidar la leyenda de hermosas amazonas y reinas, cuando al subir me veo inmersa en un contenedor de basura con el Ecoloco como chofer, y el letrero de “Lanzadera de Calafias” anuncia que de aquello, no queda más que un libro también olvidado en el tiempo.

En uno de mis paseos de tramo corto, en uno de los camiones escolares reciclados, se subió una mujer ataviada con una blusa de lentejuelas amarillas brillantes y un pantalón azul eléctrico; recorre el camión hasta atrás con pasos muy “sensuales”, muy coqueta ella sonriéndole los pasajeros. De pronto empieza a cantar, terriblemente entonada, su cara se ponía morada, por el esfuerzo gritaba casi, no se sabía la letra de las tres canciones con que nos deleitó.  Se afianzaba del tubo de arriba y bailaba, seguía cantando, después nos declamó una poesía que con seguridad se inventó en el momento, una letanía de tiempos y dolores y dijo que para despedirse, nos regalaría una última canción a cambio de una moneda limpia. Mal entonó y bailó Azúcar Amargo, hizo reverencia y agradeció.

Los pasajeros buscaban la “moneda limpia” para retribuirle su actuación mientras, una pequeñita sentada junto a su mamá se paró, juntó sus manitas, aplaudió y su vocecita gritó "¡Bravo!". Acto seguido, nos miró a todos y preguntó: "¿No le van a aplaudir a la señora?", y así obedeciendo, nos hizo aplaudir a todos.

Que del desorden en las calles y los camiones se encarguen las autoridades, porque de las anécdotas y las aventuras sin querer, se encarga la gente.

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Fecha: 
Martes, 15 de Septiembre 2015 - 17:00
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Sin sorpresas

El Tercer Informe de Gobierno que el presidente Enrique Peña Nieto entregó ayer al Congreso de la Unión a través del secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, afortunadamente no contiene sorpresa alguna.

Desde el 25 de agosto pasado se han estado transmitiendo diversos spots de radio y televisión alusivos al Tercer Informe, producidos por la Presidencia de la República, que nos indican cuáles son los temas que el presidente y su equipo desean promover entre la población.

En unos spots aparece Peña Nieto explicando algunos de los logros de su gobierno mientras que en otros aparecen obreros, maestros, campesinos, estudiantes y muchas otras personas diciéndonos cómo los ha beneficiado algún programa gubernamental.

Los títulos de los spots indican lo que el presidente y sus colaboradores consideran los temas más relevantes: Reforma Educativa, Economía, Regiones Económicas, México en Paz, México Próspero, México Mejor Comunicado, Jóvenes Mexicanos, México Incluyente, Educación de Calidad, México Global, Tarifa de Luz, Tablets, Stevia, Granja Avícola, Formalízate, Escuelas de Excelencia, Empleos de Calidad, Coro Monumental, Programa Social “65 y más”, Macro Mural de Pachuca, Carreteras, Pantallas Digitales.

Los logros que se presumen en cada spot distan de ser espectaculares y no podría ser de otra manera en vista de que por diversos factores internos y externos tampoco han sido espectaculares los resultados obtenidos hasta ahora por el gobierno federal.

Durante los días por venir los legisladores analizarán el Tercer Informe y citarán a los miembros del gabinete presidencial a explicar lo que ha ocurrido en el país desde el 1 de septiembre de 2014. Tampoco en ese ejercicio conocido como la glosa del informe habrá sorpresas. Los diputados del PRI, PVEM y PANAL defenderán al gobierno mientras que los de los partidos opositores criticarán lo criticable y, en el caso de los de Morena, hasta lo que no lo es.

Qué lejanos se ven los días en que el 1 de septiembre era el Día del Presidente y los miembros de los poderes legislativo y judicial se agachaban ante el titular del poder ejecutivo, que en ocasiones utilizaba el evento para anunciar una decisión que afectaría la vida de millones de mexicanos.

El Tercer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto no contiene sorpresas y qué bueno que así sea. Como están las cosas, ¿quién quiere ser sorprendido por una mala noticia?

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Miércoles, 02 de Septiembre 2015 - 12:00
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"Tras el Grito"

Titulo: Tras el Grito

Autor: Johan Hari

Editorial: Paidós

“Las leyes contra la droga, causan más daño que la propia droga”
Johan Harari

¿Qué tienen en común el ex Presidente de México Vicente Fox y Johan Harari el autor de este libro polémico como fascinante? Que ambos buscan la legalización de las drogas blandas y el fin de la espiral de la violencia que ha vertido infinidad de ríos de sangre y tinta.

El autor, periodista de The Guardian, escribió un libro donde nos muestra el verdadero rostro de la guerra contra las drogas, iniciada hace un siglo por un puritano de nombre Harry Aslinger (1872-1975), titular de la Oficina Federal de Estupefacientes (y no por Nixon, como comúnmente se cree), quien desde 1920 inició una cruzada contra las drogas, anatematizando a los consumidores, tildando a las drogas como “armas de los negros e hispanos para dominar a la nación blanca americana”.

Bajo esta premisa, Aslinger después de que acabó la llamada “Ley Seca” fue nombrado titular de una dependencia casi sin presupuesto encargada de vigilar la comercialización de las drogas que hasta antes de 1914 se podían adquirir en las boticas y establecimientos de toda la Unión Americana.

Gracias a su campaña racista (similar a la de Donald Trump) al decir que la razón principal por la que luchaba contra el comercio de las drogas era porque “los negros, los mexicanos y los chinos las consumían, olvidando su lugar en la sociedad y atentar con ello contra la sociedad blanca”, inició una campaña sangrienta, que sigue arrojando muertos, en todo el orbe, sin que la espiral de la violencia llegue a su fin, al criminalizar a los adictos (como a la cantante de jazz Billie Holyday, a quien acosó hasta su muerte) y relegarlos de la sociedad, tal como lo hacían en el medioevo con los leprosos.

La persecución iniciada bajo su égida, era tan burda y absurda como ”perseguir a enfermos de diabetes sólo por consumir insulina”, llevando al lector a un viaje periodístico a lugares como Portugal, donde la penalización de las drogas fue abolida en los 90s y los enfermos son atendidos y asistidos para integrarlos a la sociedad exitosamente, logrando que la tasa de adictos del país luso, sea una de las más bajas de la Unión Europea, o Nueva York donde la lucha iniciada por un adolescente ex adicto de la banda “Souls of Mischief” logró que los centros de detención a menores fueran abolidos, circulando en sus página otros personajes que el autor entrevistó “in situ, haciendo que su obra sea referente para acabar con ésta guerra absurda orquestada por los Estados Unidos.

Como decía Einstein “Es un tonto el que hace lo mismo esperando resultados diferentes” y tal parece que un siglo de penalización de las drogas, han demostrado que la guerra contra ellas ha arrojado más mal que beneficios, demostrando con los hechos que los millones de recursos destinados para ella, serían más benéficos si fueran destinados para la educación y no para la persecución.

El autor nos cuenta la odisea de la activista Marisela Escobedo, quien murió buscando el castigo para el asesino de su hija, quien fue ultimada por su pareja, quien al pertenecer al Cártel de los Zetas, tenía la impunidad que da la corrupción en un gobierno donde la autoridad no hace indagación alguna, al grado que la activista fue asesinada arteramente frente al palacio de gobierno, sólo por exigir justicia en un país plagado de  funcionarios corruptos, donde la  narco política es la letra de cambio.

La violencia, tan vendida y pregonada en los medios masivos, es producto de la lucha entre bandas rivales, quienes a sangre y plomo, buscan imponer su hegemonía en tan lucrativo negocio, cuyas jugosas ganancias desaparecerían sí las drogas fueran reguladas por los gobiernos que las sancionan y persiguen.

Las drogas son una vía de escape para personas que buscan olvidar sus penurias o que buscan la recreación y la satisfacción que dan a quienes las consumen, llegando a demostrar que hay muchos adictos a la cocaína y otras drogas que son funcionales para la sociedad (como Sigmund Freud) y que han dado al mundo obras literarias sublimes como los poemas de William Blake y Aldous Huxley  por citar algunos.

La guerra de las drogas, iniciada por EEUU además de ineficaz y racista (al encerrar a negros e hispanos), ha demostrado que es un excelente pretexto de su gobierno para mandar a todo el orbe a agentes para so pretexto de erradicar las drogas, se inmiscuyan en asuntos internos y presionar a los gobiernos para que sigan las directrices de Washington, haciendo que la frase del ex mandatario Felipe Calderón “Ellos ponen los adictos, nosotros los muertos” sea una cruda realidad.

Pero no todo es negro, ya que hay una luz al final del túnel y se ha dado en países como Uruguay, donde su ex presidente Mujica legalizó la marihuana con fines medicinales y recreativos, Bolivia donde Evo Morales legalizó el consumo de la ancestral hoja de coca, o como Holanda, donde sus picaderos son el ejemplo de cómo se pueden inyectar adictos en lugares específicos bajo supervisión, en lugar de hacerlo en lugares públicos o en lugares lúgubres.

También en la propia nación americana se han dado visos de hartazgo, en ciudades como California, donde hay cafeterías donde los adictos pueden consumir sin ser perseguidos, o como el estado de Washington, donde la cruzada la inició un adicto al cannabis, quien acusó al alcalde propietario de una cervecería, al demostrar que había más muertes y violencia gracias al alcohol que al uso de la marihuana.

Paradójicamente, como nos dice el autor, los narcotraficantes son los principales opositores a que se legalice la droga, ya que por obvias razones perderían el monopolio de su distribución y las jugosas cantidades que este negocio proporciona a sus integrantes, sumas que harían languidecer al mismo emperador Creso, famoso por su riqueza en la antigüedad.

Prueba de lo anterior, fueron los ataques perpetuados por cárteles a los centros de atención a adictos en Ciudad Juárez en 2008, donde comandos armados atacaron y asesinaron a los jóvenes que se encontraban en  tratamiento.

Al igual que el alcohol al legalizarse finalizó con las mafias distribuidoras de etílicos de mala calidad, de legalizarse las drogas blandas (cannabis, cocaína y heroína), los cárteles perderían el mercado y por ende, desaparecerían al no contar con los inmensos ingresos que han hecho que barones de la droga como Pablo Escobar y mediático Chapo Guzmán creen Estados paralelos que rivalicen en poder con los gobiernos electos.

La solución está a la vista de todos. Las drogas que destruyen, son la basura como el crack y el Krokodril, que además de dañar el cuerpo de los adictos, engancha a los jóvenes y los lleva a la perdición y a la violencia.

En fin, la guerra contra las drogas ha demostrado ser una falacia y una guerra perdida, una guerra que sólo va contra aquellos que no pueden pagarse un abogado, destacando que no es la droga la que provoca una conducta nociva, sino el ambiente, ya que como dice el autor; “La adicción no es una enfermedad. Es una adaptación. No está en ti, sino en la jaula en que vives”.

Un libro polémico que nos hará ver el infierno de las drogas desde otra perspectiva. Una obra que nos invita admitir que “la guerra contra las drogas, ha sido y es un completo desastre”.

 

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Viernes, 28 de Agosto 2015 - 16:00
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Seis fotografías textuales que revelan la obra Retrato involuntario de Marina Azahua

“La fotografía es violenta no porque muestre violencias, sino porque cada voz llena a la fuerza la vista y porque en ella nada puede ser rechazado ni transformado” con esta cita de Roland Barthes inicia Retrato involuntario (Tusquets. 2014) de la ensayista, narradora y traductora mexicana Marina Azahua.

Ya de inicio, desde la propia portada, Marina Azahua advierte al lector sobre el otro lado, sentido, desde el cual pretende desvelar, la parte oscura de la fotografía; es decir, aquello que se le escapa al lente. Abre el debate con la leyenda siguiente: “el acto fotográfico como forma de violencia”.

Tal violencia es el misterio que queda fuera del cuadro, de la imagen, pero que, una vez nos enteramos del contexto de la fotografía, resulta muy revelador, y en muchos casos, perturbador pues muestra el antes y después de la foto que aparentemente se ve tan neutral, en un estado de quietud inocente.

El libro intenta precisamente revelarnos el revés de la fotografía, como por ejemplo en uno de sus capítulos donde aborda el tema del conflicto, en 1960, entre franceses y argelinos, una de las preguntas que se intentan responder, a través de lo que cubre lo no expuesto en la fotografía concreta, es ¿cuál fue el contexto en que se realizaron los retratos de las mujeres argelinas a las que se expuso con el rostro desnudo, obligadas por los franceses a perder su sagrada identidad, su protección, el haik que en sí mismo es “su segunda piel”?

Es decir, Retrato involuntario es un libro de contextos que a la misma vez reflejan los diversos usos que se le pueden dar a la fotografía. Las distintas formas en que funciona la cámara fotográfica siempre manipulada por el hombre. Me refiero a que deja claro, en algún momento, que la foto en sí es ambivalente y la exculpa, no así al que aprieta el gatillo: el hombre, éste que muta invariablemente con cada gatillazo de su cámara.

El hombre como paparazzi, el hombre como conquistador, el hombre como verdugo, el hombre como individuo superior, el hombre como testigo de linchamientos, el hombre como embalsamador, el hombre como ladrón de almas, el hombre como retratándose a sí mismo en toda su naturaleza.

La obra ataca y presenta al hombre y su contexto gracias a una de sus mayores armas: la fotografía.

Para bien o para mal e irónicamente, la fotografía no solamente presenta al retratado o equis situación sino que desenmascara al hombre, lo revela y esto es una forma de devolver la bala al que vendía como suvenires, por ejemplo, sus fotografías de negros colgados en árboles en el sur de Estados Unidos. Negros linchados por los blancos donde éstos posaban tranquilamente ante el cuerpo del desdichado.

La fotografía es también la historia del hombre, el recuerdo perenne de lo que puede significar también la naturaleza humana.

Retrato involuntario es una serie de seis fotografías (capítulos) reveladas que se vuelven nítidas y claras de cara al lector.

Es una obra que se presta al debate, al diálogo, a la confrontación. Invita, de igual manera, a tomar una posición contraria a la obra, si se quiere, para defender no a la fotografía, sino al hombre.

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Fecha: 
Viernes, 28 de Agosto 2015 - 18:00
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Dueños del Paraíso: El Narco se pone retro

Cuando pareciera que en el terreno del entretenimiento no hay nada nuevo qué aportar, la nostalgia suele ser un buen recurso.

Lo vemos constantemente en la industria musical y en el cine, donde la fórmula de actualizar viejos éxitos o realizar “remakes” de películas exitosas ha sido una estrategia recurrente para atraer a las nuevas audiencias. Fórmulas repetidamente probadas con nuevos envoltorios…

En el campo de las telenovelas, que otrora fuera uno de los puntos fuertes del monopolio televisivo mexicano, parece ser que la creatividad ya quedó agotada desde hace varios años. Es por ello que ahora me ha llamado la atención la estrategia seguida por Telemundo Studios Miami para tratar de innovar: aprovechar la coyuntura de un tema de moda para mezclarlo con elementos de nostalgia y crear así un producto nuevo.

“Dueños del Paraíso” es una telenovela producida en el vecino país del norte que entremezcla dos elementos interesantes: por un lado, el reciente auge del género de las “narco-novelas”, es decir, melodramas donde los protagonistas son narcotraficantes o sostienen romances con ellos (verbigracia “El Señor de los Cielos” o “Las Muñecas de la Mafia”), con un atractivo adicional: se encuentra ambientada a finales de la década de los 70.

Se trata de una historia que hasta cierto modo entra en los clichés tradicionales de la telenovela latinoamericana. Su protagonista, Anastasia Cardona (interpretada por la mexicana Kate del Castillo) es una mujer de origen humilde, que logra ascender económicamente al casarse con un narcotraficante. Sin embargo, dicha unión marca su destino, al ser víctima de la violencia y las venganzas entre bandos rivales. Tras la muerte de su marido, Anastasia decide abrirse paso en el mundo del tráfico de cocaína al precio que sea.

La producción cuenta con un reparto internacional, con actores y actrices conocidos ampliamente en distintos países altamente consumidores de teledramas: México, Chile y Venezuela. Su reciente distribución a través de la plataforma digital Netflix amplió su penetración a otros mercados.

A pesar de que la historia podría parecer repetitiva, es de reconocer el esfuerzo de la producción en lo referente a la ambientación de época: vestuario, peinados, mobiliario y vehículos que reflejan con veracidad la época. La producción cuenta con varias tomas en exteriores, que seguramente requirieron de trabajo adicional.

Para el público adulto, resulta particularmente interesante adentrarse en la idea de cómo se movía el mundo de la delincuencia organizada antes de la era de la internet, los teléfonos celulares y las redes sociales. Millones de años luz separan a los imaginarios traficantes que aparecen en esta serie de la subcultura de los “narco juniors” mexicanos que presumen sus lujos y excesos en Twitter o Instagram.

¿Qué otras temáticas valdría la pena recrear en ambientes retro?

Podrían ser ideas maravillosas para nuevos proyectos.

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SOUNDTRACK PARA LA LECTURA

Lucía Adúriz Bravo (Argentina) “Dueños del Paraíso”

 

Hector Lavoe (Puerto Rico) “Juanito Alimaña” 

 

Two Man Sound (Bélgica) “Capital Tropical” 

 

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Jueves, 27 de Agosto 2015 - 16:30
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El asalto del cine “Gangsta”

Desconozco si será producto de una casualidad, o una muy bien pensada estrategia de mercado, pero resulta que en nuestro país prácticamente coincidieron los estrenos de dos películas que abordan, desde distintas ópticas, una temática similar: el mundo del rap, el hip hop y la sub cultura urbana.

“Los Jefes” es el título de la primera de estas cintas; una producción mexicana dirigida y coescrita por Jesús “Chiva” Rodríguez es una historia que retrata de manera cruda y directa el submundo del narcomenudeo y la delincuencia organizada, teniendo como escenario la zona suburbana de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, donde movimientos musicales como la cumbia colombiana y los narcocorridos compiten en simpatizantes con el hip-hop, el rap y el freestyle en español, teniendo como sus principales exponentes a la banda regia Cartel de Santa, cuyos integrantes protagonizan esta pieza de ficción. 

El barrio bravo de Santa Catarina y la música de hip-hop sirven como escenario y referente para esta historia, que brinda un repaso al entorno de arrogancia, violencia y adrenalina que envuelve el complejo universo del tráfico de drogas, donde consumidores y traficantes se entremezclan en una angustiosa vorágine. Por momentos la película parece más una apología que un retrato del ambiente pesado en el que se desenvuelven los integrantes del Cartel de Santa y sus seguidores.

Cabe recordar que MC Babo, el líder de esta agrupación ha señalado que más allá del grupo, Cartel de Santa es una comunidad que aglutina a tatuadores, graffiteros y todo tipo de artistas urbanos que comparten el mismo origen e ideología. Las letras de Cartel de Santa no buscan predicar, su principal objetivo es entretener y “marcar territorio”, y eso mismo hace este colectivo con su primera película.

El segundo filme lleva por título “Straight Outta Compton”, cinta norteamericana dirigida por F. Gary Gray, y que retrata los orígenes, ascenso y caída de una de las bandas seminales del “gangsta-rap”: N.W.A., cuyo nombre fue toda una declaración de principios (son las iniciales de la frase “Negros Con Actitud”, en su traducción del inglés).

A mediados de los ochenta, cinco jóvenes del barrio de Compton, California, conforman una agrupación de rap que decidió llevar al extremo la intención de reflejar en su música el estilo de vida de los suburbios, donde la violencia, las peleas de pandillas, las drogas, la segregación y los abusos policiacos fueron el cotidiano combustible para detonar uno de los fenómenos culturales más influyentes de finales del siglo pasado, cuando el hip-hop dejó de ser una música festiva como la que produjeron a principios de los ochentas los artistas e intérpretes de Nueva York, para dar paso al descarnado retrato urbano de los raperos angelinos. Iniciaba la rivalidad entre las costas Este-Oste.

A diferencia de la fábula urbana aspiracional retratada por la pseudo autobiográfica película del rapero Eminem “8 Mile” (Curtis Hanson, 2002), donde la historia busca revindicar la figura de un atormentado MC de Detroit que busca sobrevivir  de su infierno marginal enfrentando el rechazo y sus propios miedos en las batallas de freestyle (estilo de rapeo sustentado en la improvisación y habilidad para rimar sobre una base musical), “Straight Outta Compton” refleja la lucha de un grupo de jóvenes afroamericanos por sobresalir en el mundo musical sin renunciar a su principio de pertenencia a su barrio, su raza y su marginalidad. Los integrantes de N.W.A. no quieren tener la fama para convertirse en artistas plásticos, sino para gritarle a un mundo que los segrega sobre la realidad que se vive en el barrio, donde matar a un rival deja de ser una opción, y donde la policía no representa a la autoridad que protege, sino el rostro de un sistema que somete y abusa.

Los integrantes de N.W.A., pese al tono agresivo de su música, pasaron a ser leyendas en el mundo del hip-hop: Dr.Dre,  Ice Cube, Eazy-E, MC Ren y DJ Yella.

Productos marcadamente distintos de una misma corriente y subcultura musical, las películas de Cartel de Santa y N.W.A. ratifican la sombría realidad de nuestro tiempo: la juventud busca anti héroes porque las historias con finales felices ya no representan su entorno ni su realidad.

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

Cartel de Santa (México) – “Perros”

 

Cartel de Santa (México)- “Bombos y Tarolas” 

 

N.W.A. (Estados Unidos)- “Express Yourself” 

 

N.W.A. (Estados Unidos)- "Fuck Tha Police"

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Jueves, 20 de Agosto 2015 - 18:30
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Filosofía en un chiquero

En la obra de Teatro “El Cerdo” además de la excelente actuación de Jesús Ochoa se encuentra la más clara metáfora en la vida de los seres humanos. Así tu chiquero, mi chiquero, tus cuatro por cuatro metros y mis cuatro por cuatro metros se convierten en una realidad latente para muchos, la bien llamada zona cómoda caminada en círculos una y otra vez.

Jesús Ochoa presenta a un cerdo que tiene voz,  que sufre se agobia y casi llora, su paseo en diagonal dentro de su chiquero le da más espacio para pensar y razonar, esa longitud le da la perspectiva que lo hace feliz. 

Su cubeta de agua cambiada constantemente de lugar y su comedero automático lo pueden exasperar al punto de la histeria -que no sucede porque sabe todo- sabe más que todos porque ha vivido en la experiencia de cada día, desde su infancia hasta el momento de su muerte  y nada lo atormenta suficiente. 

Intenta un escape que lo liquida y lo hace regresar a su chiquero del que no tiene la certeza cuánto mide de alto aunque haya intentado medirlo alguna vez cuando  logró empujar sus patas y alzar su hocico, eso es lo único que no sabe de lo demás-dice- lo sabe todo.

Tu chiquero, mi chiquero y todo lo que contiene con medidas aproximadas o exactas, los miedos de cuatro por cuatro, la zona cómoda a la que no se le alcanza a ver la altura porque se basta con caminar de pared a pared en línea recta o para extender el camino, en diagonal,  quizá asomarse a veces por encima de la barda y desear brincarla y no sucede. La reducida capacidad de querer explorar el afuera que se imagina y que no se ha tocado más que con un pensamiento en diagonal.

Caminar en redondo, en círculos dice El Cerdo que lo marea, no lleva a ningún lado y lo desorienta todo el tiempo. Como cuando su cubo de agua no está en el lugar y tiene que arrastrarlo con sus patas justo a un lado de su comedero.

Tu cubo de agua, tu comedero la comodidad de saber que está y que debe estar siempre igual, en el mismo lugar como los pensamientos, las ideas, las reflexiones que por estar siempre en el mismo lugar no avanzan, no se concretan, es por eso que El Cerdo quiere el mismo lugar para ellos, no el que su cuidador quiera, necesita tener la seguridad de ver sus cosas aunque éstas estén vacías y tenga que esperar a que alguien lo llene, así los escondites en el pensamiento viejo y las actitudes recurrentes se vuelven inservibles en la vida de los seres humanos.

Y El Cerdo quiere también ser amigo de su cuidador, quiere abrazarlo a veces y más veces quiere echársele encima porque no lo ha dejado salir de su cuatro por cuatro, la codependencia en la que se aprende a vivir amando y odiando al mismo tiempo.

Es la incongruencia Tú Cerdo, Yo Cerdo cuando  alcanzan los ojos a ver un horizonte que pinta belleza y se desea solo que falta el atrevimiento para ir, aun cuando la puerta haya quedado abierta más por accidente que con intención.

El Cerdo sabe de su muerte, y sabe porqué su comedero está vacío.

Se sabe, lo sabes Tú Cerdo, lo sé Yo Cerdo que cuando las cosas de la vida no fluyen es que ya se terminó, que los pasos deben empezar a ser en diagonal y dejar de pensar que el círculo es una señal de infinito eso es solo rodar y marearse.

Y que el comedero esté vacío no significa la cercanía de la muerte física, es la muerte de las cosas que ya palidecieron y que se han esfumado, que la necedad de insistir en algo que no tiene más cuerda es precisamente lo que provoca la muerte inminente, la muerte de la esperanza, de la razón, de la necesidad de crecer.

Yo Cerdo, Tu Cerdo y Jesús Ochoa espectacular como el más grande los cerdos filósofos, nos abre la puerta del chiquero en forma intencional para por fin, salir de la enredadera en la que los cerdos suelen quedarse a trompear la batea y a revolcarse en el lodo esperando ser llevados al matadero.

Sin la perspectiva correcta el ser humano está destinado a vivir en una zona en la que un día todo deja de ser cómodo y lo único que le queda es esperar la muerte total eso sí, con paciencia porque la muerte tampoco llega solo por pedirla, igual que al Cerdo, es cuando su cuidador decida, no cuando él quiera.

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Martes, 18 de Agosto 2015 - 16:30
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De la gastronomía y sus inventos

Voy a renegar del cocinero Rick Bayless; hay muchas novedades en la cocina, en las recetas. La evolución en sí obliga que todo deba ser diferente por mercadotecnia, por promoción, por egolatría, por sobresalir y muchas más razones.

La gastronomía en su caso ha hecho malabares por darse a conocer como lo mejor de lo mejor aunque todo sean revolturas, cerritos de comida, platos adornados, palabras rimbombantes para calificar un simple taco que no deja de ser taco por llamarse diferente así como John Pérez no deja de ser mexicano por llamarse John.

Chefs por todos lados, antes cocineros. Food trucks, antes puestos de comida, Plazas o colectivos gastronómicos, antes mercados.

De los pocos programas de cocina que me gusta ver es más por los lugares que recorren que por la comida o las recetas. Uno en particular, el del señor Rick Bayless, el restaurant de éste ha sido calificado por revistas especializadas como la mejor comida mexicana.

Hay que ver lo que hace para sentirse molesto. Recorre México y lugares importantes, restaurantes de prestigio, fondas, mercados o casas particulares de pueblos en las que se cocina para  los jornaleros. En todos comparte con los propietarios y empleados, cocina con ellos, conoce la receta, la aprende y ¡zaz! Aquí es donde llega la molestia.

Regresa a su casa o a su restaurante en Chicago, IL (porque de Los Angeles, CA, casi lo han vetado) y prepara las recetas a su forma y mal gusto.

Como comida mexicana para quien no conoce lo original está bien, supongo, solo que no pueden calificar como "mejor" a un cocinero que viaja, come, aprende y regresa a su casa a cambiar las recetas, a agregarle ingredientes que las descomponen.

Me enoja que invente sobre una receta original. Puede hacer lo que quiera, solo que no debe comparar. Me ofende como mexicana, por ejemplo, que va a Morelia y conoce los gazpachos originales y en su receta los sirve en copa de martini y le agrega camarones. ¡Por favor!, eso es un sacrilegio.

Los tacos al pastor los ha despedazado agregando papas rayadas. Las tortas ahogadas las ha metido al horno. A los chilaquiles les ha añadido pimiento morrón. Los tacos de chorizo con queso los ha revuelto, otra vez con papas rayadas y queso amarillo.

Insisto, puede hacer lo que quiera, después de todo para eso es cocinero, solo que no debe hacer comparaciones entre el original y su invento menos, asegurar que su idea es mejor y presentarla en su restaurant como “original mexican food” on a “so called” Mexican Restaurant. Para los que no saben, se creen que eso viene directo de México y como el señor habla un pésimo español durmiente sus comensales le creen toda la historia.Lo malo es que cuando vengan a México van a pensar que aquí no sabemos cocinar.

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Viernes, 24 de Julio 2015 - 17:30
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La importancia de la crítica literaria

La crítica literaria se hace indispensable en nuestro país dada la cantidad de libros que se publican cada año, entre las editoriales independientes y comerciales, así como el nacimiento de las editoriales cartoneras, que están captando a un sector importante de autores que no han encontrado acomodo en otros espacios o porque simplemente les parece una mejor opción, debido a sus convicciones, para dar a conocer su trabajo.

Hay una importante presencia de autores nuevos en busca de espacios para publicar sus obras. El internet ha ayudado en gran parte a que esta expansión alcance a más y más escritores y poetas que están desperdigados por el mundo. El internet los ha conjuntado.

Es decir que con esta proliferación de autores, el mercado editorial ha tenido que abrir nuevas plataformas para colocarlos. Así aparecen editoriales con publicaciones digitales, cartoneras, algunas más sofisticadas que otras; editoriales independientes que buscan publicar a los escritores que por una u otra cosa no entran en la línea editorial de las llamadas casas grandes.

Todo esto va en referencia al hecho de que es cada vez más complicado ser un escritor inédito que uno publicado.

Esta democratización literaria no está del todo mal; es decir, todos tienen derecho a escribir y a publicar sus trabajos; por ello, en un sentido estrictamente literario, conviene pensar en que hoy más que nunca se necesitan críticos.

El crítico es aquel que ayuda a separar lo que vale la pena leer y lo que no. Quien lleva la antorcha dentro de la caverna. Una especie de guía que nos responderá las preguntas de por qué vale la pena leer y qué obras son imprescindibles.

Sin los críticos caemos en el riesgo, no ahora, sino en el futuro, de ya no saber qué literatura vale la pena conservar y qué otra carece de los elementos suficientes para mantenerse entre los lectores.

Todo será una amalgama de obras buenas y malas sobre las que los lectores caminarán. Siendo así, grandes autores desconocidos junto con sus obras correrán el gran riesgo de quedar dilapidados entre los “demasiados libros”.

Es cierto que el entierro de obras importantes ha ocurrido siempre. Solamente hay que pensar en autores como Rafael Bernal o Gustavo Sainz que para la mayoría de los lectores pasaron desapercibidos. Sin embargo, hubieron editores y críticos que no los dejaron morir y por ello podemos encontrar sus obras, todavía.

Si bien en años anteriores había demasiados libros, no se puede comparar con lo que estamos viviendo ahora, donde la cantidad de obras que aparecen anualmente, no logran sino hacernos pensar que hay más escritores que lectores: hay mayor cantidad de gente con ganas de decir cosas que otras por escucharlas.

Porque el lector también se nubla con tal cantidad de libros. La pregunta básica de toda persona que quiere empezar a leer es, ¿qué leer? ¿Por dónde empezar? Llegar a una librería es sumergirte en un barril sin fondo. ¿Dónde caer? En estas preguntas muchos potenciales lectores se pierden, desde ahí se origina el problema de la lectura en México.

Si carecemos de voces críticas, de peso, que no estén interesados en las relaciones públicas culturales sino que su opinión sea por un sentido de amor a la propia preservación de la buena literatura, entonces habrá que pensar muy seriamente en dejar la adulación cursilona y el aplauso hipócrita o la lambisconería entre escritores para empezar a separar la buena de la mala literatura. Es una de las opciones que hay para comenzar a ejercer verdaderas críticas literarias.

Si deseamos que la literatura mexicana mantenga y supere sus estándares, debemos recuperar la crítica; y la posición de la obra sobre el autor y no al revés como sucede ahora.

La obra es la tiene que hablar por el autor. Su literatura le dará su lugar en el mundo literario.

La fascinación por el nombre del autor y el de la figura de éste, es uno de los grandes males por lo cual la crítica literaria se ha ido desvaneciendo. No sobra decir que la crítica es formativa y provoca la creación de mejores obras, mejores autores.

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Viernes, 24 de Julio 2015 - 16:00
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