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Confesiones

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La campaña de Anaya herida de muerte

La reciente difusión del video donde José, el hermano de Manuel Barreiro, el empresario queretano presuntamente vinculado con el candidato presidencial frentista Ricardo Anaya, en aparentes operaciones de lavado de dinero, en el que se describe detalladamente dicho modo de operar, es sin lugar a dudas una herida de muerte para la aspiración presidencial del panista.

En dicho video, José Barreiro reconoce categóricamente la forma pormenorizada en que se orquesto y llevo a cabo la compra-venta de la bodega objeto del señalamiento, los montos de inversión y utilidad y aun mas, como se disperso el dinero a través de un complejo entramado financiero.

Barreiro explica a quien por su acento se infiere son dos personas de origen argentino, que da la impresión están en situación de pretender hacer negocios con el, la cercanía que el y su hermano sostienen con quien eventualmente podría ser el próximo presidente de la republica.

De hecho los interlocutores sudamericanos, le hacen en repetidas ocasiones preguntas que es evidente intentan confirmar y dejar en claro que entre los hermanos Barreiro y Anaya existe una complicidad financiera y que esta se multiplicaría exponencialmente en caso de que este ultimo obtuviera la victoria en las elecciones.

Esta situación deja al descubierto el fondo y definición de las acusaciones en contra de Anaya, pero sobre todo es un argumento fundamental para confirmar lo que hasta ahora se podrían catalogar como sospechas.

En contra parte Ricardo Anaya, fiel a su particular estilo, tratando de desviar la atención, ante la imposibilidad de una defensa genuina y creíble, intenta culpar al gobierno federal, particular y personalmente al presidente Peña Nieto, de estar detrás de una guerra sucia en su contra.

Suponiendo sin conceder que efectivamente haya sido el régimen quien filtro el video, lo que no se puede obviar es que no es de su autoría, no por lo menos lo que Barreiro reconoce y explica, de tal suerte que en todo caso, se puede diferenciar claramente la competencia de la guerra sucia.

Quien aparece en las imágenes es el hermano de su amigo, por ello resulta ocioso pretender distribuir culpas cuando lo que queda de manifiesto es que ha sido desenmascarado.

Mas allá de las implicaciones legales, el impacto e influencia de este acontecimiento, entierra cualquier posibilidad de que Anaya se convierta en presidente.

En este caso el juicio que importa, no dependerá del fallo de un tribunal, mucho menos de perspectivas respecto de encuestas, sino del que emitan los ciudadanos en las urnas.

A partir de ahora y en lo que resta de la campaña, Anaya tratara de argumentar la falsedad del video, incluso utilizar el señalamiento como una estrategia de victimización.

Querrá hacer pensar que lo que el califica como un ataque es una argucia ante la posibilidad de una victoria para su causa, sin embargo con excepción de sus mas fervientes seguidores, sobre todo aquellos que se verían directamente beneficiados con su triunfo, nadie mas creerá ese pretexto.

A pesar de que ya resta muy poco tiempo para el final de la campaña, la coyuntura hace pronosticar que Anaya caerá al tercer lugar en las encuestas, no precisamente porque José Antonio Meade lo vaya a rebasar, sino por la perdida de simpatías.

Pero mas importante aun, que el cumulo de votos que representan los hasta ahora indecisos, que son alrededor del veinte por ciento del padrón, ya no lo verán como opción de voto útil en contra de López Obrador.

La lógica del voto útil en contra del puntero recae en el hecho de que este no gane, pero la definición de ello no es tan simple, la elección depende también de que quien represente esa opción, además de sus números, sea el menos malo.

Dada la circunstancia Ricardo Anaya se convierte en el peor de todos los candidatos, incluso considerando el nivel de rechazo que sufre el PRI, porque al menos su candidato José Antonio Meade, no esta directamente vinculado en ningún escandalo de este tipo.

De hecho el valor mas importante de Meade es precisamente el de la honestidad, si bien es cierto que como candidato a dejado mucho que desear y es el momento en que no conecta con la sociedad, tampoco se le puede acusar de ningún acto de corrupción comprobado.

Hubo un momento, sobre todo a la mitad de la campaña en que se pensó en la posibilidad de una alianza de facto entre el PAN y el PRI para enfrentar a López Obrador, en esa ocasión el candidato natural para encabezarla era Anaya, hoy queda claro que eso ya no va a suceder bajo ningún argumento.

Pero sobre todo que quien dinamito esa posibilidad fue el propio Anaya, cuya arrogancia y falta de talento político, destruyo cualquier posibilidad de acuerdo político.

 
 
Fecha: 
Martes, 12 de Junio 2018 - 16:00
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Martes, 12 de Junio 2018 - 18:15
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Miércoles, 13 de Junio 2018 - 07:15
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La secta Lopezobradorista

En esta campaña presidencial, mucho más que en las dos en las que compitió anteriormente, Andrés Manuel López Obrador ha demostrado una extraordinaria capacidad de entender los sentimientos que mas enojan a la mayor parte de la sociedad.

Su impecable discurso y postura en contra de la corrupción, han calado hondo en una comunidad harta de los abusos, parecería pues que ha patentando como suyo su combate.

Por esa razón su poder de convocatoria se ha ampliado a tal grado que hoy, todas las mediciones al respecto lo ubican como el puntero con un margen de ventaja mucho más que amplio.

López Obrador construyó su mensaje para ganar esta elección, a diferencia de las dos oportunidades anteriores en las que no lo logró, aprovechando el diagnóstico de malestar colectivo que se sobrepone a cualquier otra circunstancia.

Desafortunadamente, tuvimos que llegar a un momento de nuestra coyuntura en el que para muchos mexicanos lo importante no es la viabilidad económica y social del país, sino simplemente la venganza en contra del régimen.

Sin embargo, esa habilidad no es la misma en lo que se refiere a un plan integral de gobierno; gran parte de sus propuestas son demagógicas, populistas e inviables.

De cualquier manera, la simpatía a su causa se ha transformado en una fervorosa, y diría hasta fanática, devoción de gran parte de sus seguidores, como si se tratara de una secta religiosa y no de una campaña política.

Este fenómeno produjo dos elementos fundamentales, el primero la irrupción de un ejercito de cuentas creadas ex profeso en las redes sociales, financiadas por los grupos que lo apoyan, prestas y dispuestas a identificar cualquier mención en su contra para defenderlo.

El segundo fue el contagio que provocó en sus seguidores reales, la actitud de estas denominadas granjas de bots, que a su vez no solo multiplicó su presencia en estas plataformas, sino que elevó considerablemente el tono de la respuesta. 

Derivado de ello, lo que se observa es un lenguaje agresivo que se caracteriza por el insulto, más que una forma de demostrar que son muchos, con una intención clara de amedrentar a quienes no comulgan con su causa.

En esta dinámica no hay debate, ni discusión, simple y llanamente descalificaciones, quien se atreve a mencionar cualquier cosa que no vaya a favor de López Obrador, lo hace traidor a la patria, corrupto, vendido o chayotero.

Este tipo de propaganda cancela de tajo la libertad de expresión, de disentir, incluso de pensar diferente, privilegia una postura dogmática que independientemente de militancias o simpatías partidistas, divide a los mexicanos en dos.

Esta aberración debe tener su origen en lo mucho que les preocupa, tanto a los dirigentes de Morena como a los integrantes de la secta, que se analicen y contrasten propuestas y actitudes de todos los candidatos.

Sobre todo porque después del discurso anticorrupción lopezobradorista, insisto, impecable, lo que queda es muy debatible debido a la fragilidad e incongruencia de su fondo.

Esto se convierte en material de reflexión para todos esos millones de mexicanos que aun no definen su sufragio, a los que sí valoran pros y contras, y más que castigar al partido en el gobierno, no solo quieren un cambio de ruta, también quieren vivir en paz y con libertad.

Porque esta andanada ignorante de ataques, lo que plantean es precisamente un modelo donde no se puede convivir en la crítica, en el que pareciera que quienes van a gobernar son esas cuentas de redes sociales y no un gobierno.

Lo que se infiere es una intención de hacer parecer que en México gobernará una asamblea popular a mano alzada, en la que los preceptos principales son el castigo y la censura, en el cual no solo quien cometa una afrenta contra el mesías líder de la secta será reprendido, peor aun será apedreado contra el muro del fanatismo, mientras los exaltados que la conforman disfrutan y aplauden.

Lo incongruente es que mientras el propio López Obrador habla de reconciliación, sus huestes son una suerte de mercenarios que definen una agenda estrecha, sin alternativas pero sobre todo impositiva.

El asunto es que uno de los efectos que ellos mismos están provocando es que todos aquellos que no van a votar por López Obrador, incluidos los indecisos, se reúnan en una sola poción, la que sea, para evitar la llegada del terror revolucionario francés de Robespierre.

En esta elección no solo se define al próximo presidente de la república, también la forma en que nos comunicamos, entendemos y respetamos, el problema más álgido es que los miembros de la secta creen que si López Obrador gana, tendrá cabida el falso dilema mediante el cual las clases populares se imponen sobre las otras con el uso de la fuerza y será legal el ataque, la violencia y la represión.

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Martes, 08 de Mayo 2018 - 15:30
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Martes, 08 de Mayo 2018 - 17:45
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Miércoles, 09 de Mayo 2018 - 06:45
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AMLO amenaza con el tigre, pero el esta despertando al León

Uno de los elementos que han caracterizado de manera particular la propuesta de campaña de Andrés Manuel López Obrador, ha sido el contraste publico de posiciones entre el candidato y sus mas cercanos colaboradores.

Aunque a sus fervientes seguidores no les importe o preocupe, es por demás evidente la disparidad ideológica que cada día se hace más patente entre ellos. Independientemente de la manifestación del desacuerdo, esto permite observar que esas discrepancias son el reflejo de la debilidad de lo que tendría que ser un verdadero proyecto de gobierno.

Más aun si se considera que estas diferencias expuestas abiertamente en medios de comunicación, se contraponen al liderazgo autoritario del tabasqueño.

López Obrador ha fundamentado su oferta política, en algunas líneas de claro sentido demagógico y populista, que han sido muy eficientes para hacerse de la simpatía de un sector social enojado pero poco reflexivo.

Este contingente representa según las encuestas un margen de intención de voto de entre el treinta y el cuarenta por ciento del padrón electoral, situación que lo pone a la cabeza de las mediciones, con una amplia ventaja sobre sus contendientes.

Sin embargo tanto los seguidores de las otras fuerzas políticas como los denominados indecisos, si están escuchando y analizando tanto esas propuestas como las pugnas de los mas cercanos colaboradores del aspirante presidencial de Morena.

Esos otros bloques representan en suma más del sesenta por ciento del padrón, y aunque ahora estas divididos existe una expectativa real del llamado al voto útil que podría meter si no todos, si al menos un numero muy importante en la misma boleta.

La consecuencia lógica del voto útil es que López Obrador no gane, matemáticamente eso todavía es posible, sin embargo el tabasqueño parece no estar considerando esta vertiente.

Además de insistir en mantener el discurso que le ha sido eficaz con su base, se ha mostrado poco flexible e incluso determinante en temas que por su importancia y sensibilidad deberían ser abordados con mayor prudencia.

El problema para su causa es que es el mismo quien puede asustar a esos grupos, especialmente a los indecisos, porque no todos los ciudadanos están privilegiando el enojo por encima de la viabilidad de sus propios intereses.

En ese sesenta por ciento de votantes, se encuentran y coinciden muchas expresiones ideológicas, con muy diversas posiciones, pero que a pesar de su rechazo al sistema actual, no querrán poner en riesgo su propia estabilidad.

No para todos queda claro que no vivir en los Pinos o vender el avión presidencial sea realmente una solución, que cancelar proyectos como el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, solo afecte a quien viajan en avión.

Mas aun si ponemos atención a lo que los propios lugartenientes de López Obrador exponen en entrevistas en medios de comunicación, como por ejemplo cuando Alfonso Romo el encargado del denominado proyecto de nación dijo textualmente:

Hablo por y en nombre de Andrés Manuel, no vamos a cancelar el aeropuerto, no vamos a echar atrás la reforma energética, no vamos a congelar los precios de la gasolina y solo estableceremos precios de garantía en un numero muy pequeño de productos en zonas marginadas especificas.

Pero sin duda, la declaración que mas impacto ha generado y que por supuesto tendrá un efecto negativo superlativo, sobre todo entre los indecisos, la llevo a cabo Paco Ignacio Taibo II, por cierto directamente enfrentado con Alfonso Romo.

Taibo habla de expropiar empresas de quienes no estén de acuerdo con el eventual futuro nuevo régimen, el suyo es un llamado sin cortapisas al uso directo del poder ejecutivo, como herramienta de represión en contra de aquellos que no comulguen no solo con sus ideas, sino incluso con facultades dictatoriales extra legales.

De esta perspectiva lo que se debate es que es el mismo López Obrador y no la debilidad de sus contendientes, lo que esta provocando una suerte de segunda vuelta de facto.

En la que solo habrán dos opciones, la suya populista e incongruente y la otra que sin importar quien la termine abanderando reunirá a todos aquellos que no comulgan con su proyecto.

Ya no se trata solo de pensar en un acuerdo entre el PRI y el PAN y sus respectivos aliados, sino simple y llanamente de una alianza para cerrarle el paso.

Aunque para muchos la unión entre PAN y PRI pueda resultar una alianza pragmática para mantener el poder, lo cierto es que quien más está empecinado en empujarla, es precisamente quien mejor ha sabido aprovechar el enojo social.

Quien podría terminar por ser víctima de su propia estrategia radical, y acabar siendo derrotado precisamente por su intolerancia y la provocación del miedo, porque este país es mucho más que el treinta y pico por ciento que él representa, es él quien esta despertando a un león mucho mas fuerte que su tigre.

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Martes, 01 de Mayo 2018 - 16:00
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Martes, 01 de Mayo 2018 - 18:15
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Miércoles, 02 de Mayo 2018 - 07:15
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Lo que definió el debate

Aunque se puede decir que el primer debate presidencial del pasado domingo quedó a deber, está más que claro que sirve ya para definir el futuro de la campaña sucesoria.

También que si bien es cierto que el formato mejoró, y mucho, en comparación con los anteriores, todavía se queda corto, porque tanto el tiempo de las intervenciones y más aún, el de las réplicas es insuficiente, al menos en éste se pudo observar mas y mejor interacción entre los candidatos.

Sin embargo, la parte trascendental, la que debía definir quién sería de aquí en adelante el competidor del puntero, después de este ejercicio ha quedado sancionada.

A partir del debate entramos a lo que se podría definir como una segunda vuelta electoral de facto en la que ya solo hay dos rivales, por supuesto Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya.

López Obrador, como se esperaba, administró su amplia ventaja y con todo y que se vio incómodo por momentos, sobre todo porque no respondió alusiones directas, perdió poco.

Si partimos de la base que el debate lo gana Ricardo Anaya, el efecto negativo para López Obrador resulta marginal, toda vez que nada de lo que se dijo y pasó en el debate será elemento para disminuir sus preferencias.

En el caso de Anaya, ganar el debate le significa sepultar a Meade en el tercer lugar, pero en perspectiva eso no es todavía una herramienta definitoria para alcanzar a López Obrador, porque para que Anaya realmente se acerque a una posibilidad de competir por el primer lugar, le falta erigirse como el depositario del voto indeciso, el switcher y el útil.

Para ello además tendría que existir un reconocimiento tácito por parte del PRI y sus aliados de que ya no están en condiciones de dar la pelea y derivado de ello, establecer un acuerdo para operar a favor del Frente y en contra de Morena.

El problema es que Anaya, con todo y su honorífico segundo lugar, aín consolidado después del debate, no es atractivo para ello, independientemente de que si no cambia su postura respecto de esa coalición, solo esta alargando un pleito fratricida y suicida para ambas causas.

Porque si se observa que Meade desperdició la que se veía como su gran oportunidad de redefinir su candidatura, siguió mostrándose como un maestro universitario, que ni conecta ni emociona, Anaya tampoco fue capaz de ello y por ende, de ampliar su convocatoria.

Desde esta perspectiva, lo que podría esperarse es que en esta misma semana el régimen tome acciones contundentes para sacudir la campaña de Meade; si eso no sucede, entonces lo que se impondrá será una negociación con Anaya.

Un acuerdo que no se antoja fácil dado el rompimiento entre el candidato presidencial del Frente y los Pinos, pero que no por ello es imposible desde la coyuntura del beneficio que le supone a ambas fuerzas que no gane López Obrador.

Si se puede especificar que el debate no define, en este caso para lo que sirvió, fue solo para determinar ubicaciones y a partir de esta posibilidades, de tal suerte que Anaya fue quien salió mejor librado, hay que decirlo solo en este ejercicio, lo que conlleva el resultado es a una reorganización de fuerzas.

Porque otro elemento que aporta el debate, es el hecho de que el contraste de ideas y propuestas es secundario, que lo que se privilegia es la capacidad y fortaleza de cada contendiente en términos de la imagen que proyectan.

Visto así a Anaya de nada le servirá seguir atacando al PRI y a sus aliados, por el contrario en adelante su tarea se tendrá que encaminar y dirigir de manera quirúrgica a ampliar su convocatoria.

Se trata de un llamado de emergencia a unir estructuras en base por supuesto a acuerdos cupulares de distribución de poder y posiciones, como mecanismo para enfrentar a quien hoy se ve y siente como seguro ganador.

Para ello Anaya tendría que entender que su fortaleza no depende ni de su propuesta y mucho menos de su simpatía, dejar de lado la arrogancia para dar paso a un esquema de alianzas basadas en posición y circunstancia.

La única y real ventaja del candidato presidencial del frente es su ubicación en las encuestas, situación que a el solo no le sirve, y que nada mas se puede explotar mediante la unión de las otras fuerzas.

Considerando el tiempo que resta para la elección, el espacio es muy reducido por tanto lo que se tenga que pactar, tendrá que suceder en el transcurso de esta semana a mas tardar.

Seguramente los mecanismos de acuerdo se activaron inmediatamente después del termino del debate, para dar paso a un modelo de negociación política de subsistencia, ya que de otra forma se podrían ir anticipando los escenarios con cierta certeza.

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Martes, 24 de Abril 2018 - 16:00
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Martes, 24 de Abril 2018 - 18:15
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Miércoles, 25 de Abril 2018 - 07:15
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Si gana AMLO ojalá y no cumpla sus promesas

De acuerdo a las encuestas, parece que si algo extraordinario no sucede, Andrés Manuel López Obrador podrá ahora sí alcanzar la victoria en las próximas elecciones y convertirse en el próximo presidente de la república.

López Obrador es el único candidato que ha sabido entender el sentimiento casi colectivo generalizado de enojo y rechazo de la sociedad, por ello su discurso se ha enfocado en función de ofertar todo aquello que suponga ya sea o una solución o al menos una revancha catártica.

Sin embargo sus promesas de campaña rebasan por mucho la lógica de la simple esperanza, sus herramientas mercadológicas si bien muy efectivas en cuanto al mensaje no lo son en términos prácticos.

En el compendio de sus planteamientos encontramos, proyectos y programas no solo no realizables, peor aun si lo fueran porque nos llevarían a un escenario ajeno al contexto global, lo cual llevaría perder competitividad.

Lo que López Obrador propone significa una vuelta al pasado y no precisamente al mejor, mediante la implantación de un régimen estatista y populista.

Su postura en contra de la corrupción, sin duda el mejor elemento de su plataforma, es una necesidad imperante y por consiguiente se ha convertido en una bandera que incluso ya no es de su propiedad, lo es de una gran mayoría de mexicanos que aspiran a una reconformación del sistema político.

Pero lamentablemente eso no será suficiente, primero porque no podrá erradicarla del todo, si acaso reducirla a mínimos menos ofensivos para la población.

Tampoco el disminuirla generara los recursos económicos para solventar todos los retos y necesidades del gobierno para poder garantizarle a la gente que sufrague por el, los beneficios que anuncia.

Bajo esta perspectiva solo le quedan dos caminos para poder llevar a cabo su plan a todas luces inviable y demagógico, subir impuestos que seguramente no es una opción, o endeudarse.

Diversos analistas y expertos que han enumerado y cuantificado los montos necesarios para establecer su programa, apuntan que se requería por lo menos un incremento del ochenta por ciento del presupuesto aprobado para el presente ejercicio.    

Considerando que es imposible obtener esos recursos adicionales, lo que se podría esperar es un inicio de administración señalada por políticas publicas asistencialistas y eventualmente subsidiarias para poder congraciarse en el inicio, digamos por ejemplo en el primer año, con sus fervientes seguidores, sin embargo esa dinámica será sin duda una espiral.

Porque esas acciones van a impactar gravemente en la economía y eso conlleva una inducción negativa en muchos sentidos, estamos hablando de fuga de capitales, de un gigantesco descenso de la inversión extranjera y evidentemente el cierre de empresas, que podrían llevar la cifra del desempleo a márgenes incontrolables.

Eso por supuesto tendría una correlación inmediata con los valores inflacionarios y la paridad monetaria, que generaría incrementos en los precios de los productos y los servicios.

Esto implicaría un freno a la producción y por ende a nuestra posición de competencia, hoy en día ningún país puede sobrevivir cerrando sus fronteras, apostando solo a su mercado interno.

Ahora bien si tomamos en cuenta que muchas de sus promesas son solo retoricas, el problema realmente seria administrativo y económico y no tanto político, lo cual seria el menor de los males.

Pero si insiste en traer de vuelta los esquemas de los años setenta del siglo pasado, donde se formo política e ideológicamente, entonces si estaríamos ante un escenario complicado.

Ojala que no quiera realmente cumplir todo lo que ha dicho, ni hacerlo como lo propone, ojala que su mensaje sea solo una argucia publicitaria para alcanzar el poder y no se incline por la instauración de un régimen, que lo único que podría provocar seria la quiebra del país.

Muchos de los que le siguen argumentan que ya no podemos estar peor, pero eso no es cierto, no se puede englobar y resumir el enojo social, que por supuesto esta fundamentado, en todos los aspectos.

Habría que desasociar los elementos que conforman el rechazo a las practicas personales de gobernantes y funcionarios que han tergiversado su función para aprovecharse de su posición para construir fortunas originadas en el ilícito, de los programas de gobierno, son dos cosas completamente distintas.  

Nadie independientemente de sus simpatías o militancias partidistas, podría estar genuinamente en contra de reordenar la conducta de los servidores públicos, eso es algo que debe y tiene que hacerse.

Pero no por ello estamos obligados a una transformación radical que atente contra la marcha del país y sus instituciones, una cosa es no usar el avión presidencial o no vivir en los pinos, que finalmente solo serían posturas demagógicas, a congelar los precios de la gasolina.

Ojala que no sea así, ojala que entre el discurso de campaña y administrar el gobierno exista, si es que finalmente como parece López Obrador alcanza la presidencia, patriotismo, seriedad y responsabilidad.

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Martes, 17 de Abril 2018 - 15:30
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Martes, 17 de Abril 2018 - 17:45
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Miércoles, 18 de Abril 2018 - 06:45
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El discurso del presidente

La narrativa histórica esta llena de momentos particulares, situaciones y circunstancias que más allá de su valor anecdótico, son una referencia para enmarcar sucesos trascedentes.

En una gran mayoría de esos casos, este tipo de acontecimientos reseñan de manera especial, discursos celebres pronunciados por figuras cuya acción o liderazgo influyeron poderosamente en un espacio crucial.

Sin embargo y a pesar de que algunas de esas piezas de oratoria que hoy son parte de la memoria histórica, sean recordadas por su extraordinario mensaje y contenido, mas que por su efecto real, tampoco se puede dejar de lado el contexto emocional que supusieron.

Para efectos de este análisis, resultaría riesgoso establecer cualquier tipo de comparación que no implique mas que el hecho de contextualizar el poder que un discurso puede provocar.

Sobre todo si partimos de la base de que al que nos referimos, es al que pronuncio el presidente Enrique Peña Nieto la semana pasada, para dar respuesta puntual a su homologo norteamericano Donald Trump, inmediatamente después de que este ordenara enviar a la guardia nacional a resguardar la frontera con nuestro país.

El riesgo está en que se pudiera intuir que hay una motivación halagadora en exceso a favor del mandatario, que lo que se pretende es exaltar de forma poco objetiva el alcance real, cuando realmente lo que se pondera va en otro sentido.

Porque si algo ha caracterizado a esta administración federal, ha sido precisamente su falta de capacidad para comunicar y explicar, también su tardanza para afrontar circunstancias complicadas de cara a sus gobernados.

Tal vez por eso es que en principio el mensaje del presidente llamó más la atención y pudo tener más impacto, precisamente porque nadie, ni aquí ni en los Estados Unidos, hubieran podido prever o esperar una respuesta de este tipo.

El elemento sorpresa del discurso presidencial no solo se relaciona con la oportunidad en el tiempo, su contenido es sin lugar a dudas puntual, valiente y definitorio.

Establece un parámetro mediante el cual, independientemente de los intereses políticos de ambos gobiernos, de ahora en adelante el tono de la discusión tendrá que mediar en el respeto, atenderse desde otra perspectiva.

No es un asunto menor si se considera que en unos días esta previsto que el presidente Trump anuncie que las negociaciones del Tratado de Libre Comercio han alcanzado ya un punto de acuerdo general y con ello se desecha el peligro de su cancelación.

Diversos analistas norteamericanos apuntan a que enviar tropas a la frontera es precisamente un artilugio de la Casa Blanca, para disminuir la presión de la base electoral que apoyo a Trump, ante el avance de los acuerdos relativos a dicho tratado.

Bajo esta perspectiva, la lógica imponía que el gobierno mexicano se hubiera mantenido prudente, incluso minimizando el hecho de militarizar la frontera a cambio de no entorpecer la negociación del TLCAN.

Más aun si se toma en cuenta que la personalidad y comportamiento del mandatario norteamericano es explosiva y poco muy poco racional, que se orienta por impulsos por encima de la congruencia y no esta acostumbrado ni le gusta que nadie lo enfrente.

Por ello, el tono del mensaje del presidente Peña Nieto, que en la parte final del mismo hace referencia personal y directa a su contraparte, es una pieza extraordinaria.

Es difícil recordar que algún jefe de estado de cualquier país se haya dirigido de esa manera, utilizando los argumentos que le dan tanto valor a este discurso, a un presidente de los Estados Unidos y más aun si este es nada más y nada menos que Donald Trump.

De momento es imposible poder predecir con exactitud cual será el efecto y el posterior desenlace de la relación bilateral después de la arenga, pero lo que no se puede omitir, es el extraordinario valor de la misma.

Es una coyuntura inédita, que trasciende de la ortodoxia diplomática, lo que hace suponer que tendrá un impacto que de la misma forma puede llevar a escenarios desconocidos.

En todo caso para el presidente Peña Nieto, significa un elemento de características asombrosas y positivas, no solo porque esta ha sido sin lugar a dudas su mejor intervención a lo largo de todo su sexenio.

Lo es porque adicionalmente a pesar de que el destinatario fue Donald Trump, en lo interno obtuvo un consenso generalizado y solidario materialmente imposible de presagiar en la última parte de su administración y en medio del proceso electoral para sucederlo.

La memoria histórica a la que hacíamos referencia al principio de este análisis, tendrá que incorporar en el resumen de esta administración este momento, en el balance de lo positivo y lo negativo, este mensaje será una referencia obligada hacia delante que no se puede escatimar y al menos este episodio contará en la parte de los activos.

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Martes, 10 de Abril 2018 - 15:30
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Martes, 10 de Abril 2018 - 17:45
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Miércoles, 11 de Abril 2018 - 06:45
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El problema de Meade es el PRI, pero el de AMLO es el mismo

Toda vez que ya ha dado inicio la ultima etapa de la elección presidencial, la llamada constitucional y por ende la crucial y definitiva, se hace evidente que los cuatro candidatos tendrán por necesidad y obligación que definirse ellos mismos.

No hay mas tiempo para escarceos y sobre todo no lo hay para no establecer quienes son realmente, mas allá de estrategias mercadotécnicas, simple y llanamente porque si las mediciones reflejadas en las encuestas nos señalan en este momento cual es el voto duro de cada uno, todavía hay casi veintiocho millones de personas que aun no deciden su sufragio y esa puede ser la gran diferencia.

Ricardo Anaya pasara lo que resta del proceso electivo defendiéndose aunque el piense que lo hace es atacar, porque lo que un Anaya soberbio no atina a entender todavía es que su discurso agresivo de talante prepotente y autosuficiente, quedo sin margen alguno, por lo menos de autoridad moral, después del escandalo por lavado de dinero en el que esta presuntamente relacionado.

Anaya ira descendiendo de manera constante en las preferencias no solo por esta complicada situación que pone en entredicho su honorabilidad, sino también por la falta de cohesión de los partidos del frente que abandera, pero sobre todo por la participación ya formal de Margarita Zavala en la contienda.

En el caso de la señora Zavala de Calderón, se puede esperar un buen nivel de crecimiento, si bien insuficiente para ganar, pero no por ello menos importante a efecto de reducir el porcentaje de Anaya.

Margarita Zavala tendrá un muy buen campo de acción respecto de la militancia panista, la mas antigua y que la considero desde el principio por definición ideológica y pertenencia como su mejor opción.

Esta circunstancia llevara eventualmente a José Antonio Meade a separarse de Ricardo Anaya, no solo arrebatándole claramente el segundo lugar en las preferencias, sino mas importante aun, como el depositario final del llamado al voto útil que se propondrá en la ultima etapa del proceso electoral.

Sin embargo el problema de Meade, es la carga de desaprobación que le implica la marca PRI, en este momento la que contabiliza el mayor numero de negativos.

Bajo este supuesto lo que Meade tendrá que hacer aun y cuando personalmente no quiera, es dirigir un discurso mediante el cual, si bien no se deslinde por completo de la cúpula, si de la practicas del partido del cual aun siendo su abanderado no es militante, diferenciar claramente su proyecto del esquema de rechazo social que genera.

Esta claro que lo mejor de Meade no se relaciona con el PRI, por ello deberá insistir permanentemente en esa condición, mas aun si su apuesta es la de convencer a los todavía indecisos y obtener el voto útil de todos aquellos que no quieren a López Obrador de presidente.

Porque aunque el tabasqueño lidera en este momento la competencia, mas del sesenta y cinco por ciento de los electores no sufragaran por el, de tal suerte que quien tenga la oportunidad de juntar a la mitad de ellos lo podría derrotar. 

Y es que precisamente en este ultimo tramo es cuando López Obrador tendrá que mostrar su mejor versión, al menos para administrar esa ventaja relativa, en función de dos aspectos:

El primero que conlleva moderar su discurso para no amedrentar a quienes no lo apoyan, nos referimos a ese sesenta y cinco por ciento que en un momento de riesgo podrían unirse en torno de quien fuera, es decir de quien este en segundo lugar.

El segundo el peligro que si bien ya no representaría el mismo, bajo la tónica de una postura moderada y sin tantas incongruencias, como el hecho de agrupar en torno suyo a tantos personajes de lo que el mismo denomina la mafia del poder.

El riesgo que sin duda es un contraste, que si muestran sus fervientes seguidores, cuya agresividad e intolerancia, propias del coliseo romano, si representan un peligro muy grave para la convivencia social.

De tal suerte que tanto Meade como López Obrador, independientemente de los apoyos que sumen en este instante de inicio de campaña, tendrán que dedicarse de lleno a conquistar a esa gran masa de indecisos, que a diferencia de aquellos que ya tomaron una decisión y no la van a cambiar, si están analizando detalladamente todas las vertientes.

Suponiendo que la parte final del proceso electoral terminara por ser una contienda entre dos, la diferencia actual puede volverse un espejismo y no seria la primera vez que eso sucediera en este país. 

Lo interesante de este eventual escenario es que no serán factores externos los que influyan determinantemente, sino las posiciones personales de los candidatos finalistas, las que marcaran la diferencia, la de José Antonio Meade respecto del Revolucionario Institucional y la de Andrés Manuel López Obrador respecto de si mismo y adicionalmente de sus seguidores, que poco muy poco le abonan.

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Martes, 03 de Abril 2018 - 16:00
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Martes, 03 de Abril 2018 - 18:15
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Miércoles, 04 de Abril 2018 - 07:15
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La semifinal electoral parece definirse antes de empezar la campaña

Desde que las diferentes fuerzas políticas definieron a sus abanderados presidenciales, quedaba claro que el primer lugar de las preferencias le iba a pertenecer sin discusión a Andrés Manuel López Obrador.

Por ello las etapas previas, establecidas en un formato hipócrita, toda vez que desde el primer día han sido ya una campaña en forma, se entendían como una suerte de semifinal para determinar quien sería el rival del tabasqueño en la parte final del proceso.

Al inicio, quien se perfilaba a ocupar el honroso segundo lugar de las mediciones, para desde esa posición apostar por el voto de los indecisos y el denominado útil, era Ricardo Anaya.

Sin embargo, una serie de factores, de diversos tipos por cierto, están dándole un enorme viraje a esa suposición, a tal grado que lo más probable es que aun antes de iniciar la campaña formal, quien esté en ese segundo escalón sea José Antonio Meade.

El primer elemento de juicio se relaciona con la investigación periodística que exhibió el nivel de vida del entonces presidente nacional de Acción Nacional, que a todas luces no correspondía ni era congruente con sus ingresos.

Las aclaraciones que el mismo Anaya esgrimió en su defensa dieron pie a otra investigación, en este caso por lavado de dinero, producto de la compra-venta de un terreno en el estado de Querétaro, de la cual Anaya presuntamente se benefició con una suma millonaria, lo cual le permitió poder asumir esos gastos tan superiores a su ingreso.

El tema es que Anaya fundamentó su discurso en el combate a la corrupción, esta denuncia en curso mas allá de la determinación judicial final, le resta la calidad moral suficiente para poder mantener esa postura.

De hecho, lo coloca en el mismo rasero de a quienes critica y con ello pierde cualquier margen a su favor en ese sentido, incluso ahora tendrá que cambiar radicalmente su interacción con sus rivales, en vez de atacar a sus contendientes, tendrá primero que defenderse.

Esto no solo transforma por completo la estrategia y narrativa de su propia campaña, porque no solo se trata de una distracción, le impone tener que adoptar una actitud mesurada, muy alejada de su característica arrogancia y talante impositivo.

Más aún, porque si bien es cierto que Ricardo Anaya está intentando a toda costa colocarse en el lugar de víctima, acusando al gobierno federal de una persecución en su contra, la realidad es que lo que pretende es precisamente llevar la discusión a ese hecho para no tener que dar explicaciones y afrontar su eventual inocencia o culpabilidad.

El asunto es que el papel de víctima ni le va durar, ni le va a servir por mucho tiempo, en tanto él mismo no compruebe fehacientemente que no tiene una implicación o beneficio directo en el entramado del manejo del dinero producto de la operación del terreno en mención.

Aunque este es el argumento fundamental que presupone lo que será una caída vertical, que no solo lo va a mover del segundo lugar, sino que incluso le limitaría cualquier posibilidad de triunfo, existen otros factores adicionales que indican que su derrumbe es inminente.

No se puede hacer de lado el rechazo de muy importantes miembros de la cúpula de su propio partido, se habla que al menos siete de los gobernadores blanquizales no lo respaldan, primero por la forma en que se apropió de la candidatura presidencial, violando la tradición democrática imperante históricamente en Acción Nacional.

También por las escisiones que propició en esa dinámica, como la de Margarita Zavala, que sin duda es el mejor ejemplo de su forma autoritaria y dictatorial.

Aunado a ello, esos mismos liderazgos reclaman que Anaya literalmente hipotecó las candidaturas al Senado y diputaciones federales a favor del PRD y Movimiento Ciudadano para que estas fuerzas consintieran en conformar la alianza que lo ubican como su abanderado.

Aunque esas postulaciones se dividieron aparentemente de forma equitativa de acuerdo al tamaño de cada partido, el problema radica en que Anaya le otorgó unilateralmente a estos partidos las posiciones en las que el PAN ha tenido siempre ventaja, lo que en todo caso derivaría en una importante reducción de sus bancadas en las Cámaras de Senadores y Diputados, situación que eventualmente llevará a que sus mismos correligionarios operen en su contra.

Visto así, el escenario para Ricardo Anaya se antoja mucho más que complejo, lo que hace suponer como apuntábamos, que su desplome será veloz y contundente.

Desde esta perspectiva perderá el segundo lugar en cosa de días, sin que eso implique que José Antonio Meade por su parte lo haya rebasado o mejorado por su propio esfuerzo, sin embargo desde esa posición, Meade podrá tomar y alcanzar un impulso que puede ser definitivo, y eso es responsabilidad únicamente del propio Ricardo Anaya.

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Martes, 13 de Marzo 2018 - 16:00
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Martes, 13 de Marzo 2018 - 18:15
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El cambio de discurso y estrategia de Anaya y Meade

Fue el domingo pasado cuando coincidentemente, aunque por razones diferentes en cada caso, los candidatos presidenciales Ricardo Anaya y José Antonio Meade, determinaron cambiar el discurso y estrategia de sus respectivas campañas.

En ambas circunstancias el análisis de su situación, materialmente los obligo a dar un viraje al menos en lo que respecta a como afrontar la siguiente etapa de la contienda presidencial.

Ricardo Anaya ofreció una rueda de prensa acompañado de los dirigentes nacionales de los partidos políticos que conforman la alianza de la que es abanderado, llamando poderosamente la atención la mención y el lugar que le dio en este evento a Luis Donaldo Colosio Riojas.

Esencialmente lo que Anaya pretende es erigirse como una victima de una supuesta, según el persecución, por parte del gobierno federal a través de la Procuraduría General de Justicia.

Sin embargo la indagatoria que esa dependencia lleva a cabo, en torno al supuesto lavado de dinero en la compra-venta de un terreno en el estado de Querétaro, de la que se desprende que Ricardo Anaya obtuvo beneficios económicos directos, todavía va a dar mucho de que hablar y será un tema recurrente de aquí al día de la elección.

Esto significa que de aquí en adelante el discurso que es base de su propaganda, mediante el cual Anaya quiere mostrarse como un feroz combatiente de la corrupción, literalmente queda sin efecto y el personalmente sin calidad moral para esgrimirlo.

Tal vez por ello se le vio nervioso, con un talante muy discreto en comparación con sus acostumbradas arengas y tono elevado, mas allá del texto del discurso, en el que le pide al presidente de la republica sacar las manos del proceso electoral, lo que se percibió fue a un Anaya apabullado. 

Un candidato presidencial que al menos el domingo, no mostro esa arrogancia que le caracteriza, ese dejo de superioridad que utiliza en todas sus intervenciones publicas, con el que impone sus criterios por encima de cualquier debate o discusión.

Como si diera la impresión de que el peso de esas denuncias en su contra presagiaran que algo mas grave todavía que los señalamientos esta por venir pronto y que el lo sabe y por ello actúa de esta forma.

Por tanto el cambio de contendiente agresivo a victima, lo que claramente busca es transformar la narrativa, mediante una herramienta de distracción, en la cual ya no se discuta su inocencia o culpabilidad, sino únicamente la victimización producto de lo que el denomina una persecución en su contra.

En ese mismo sentido la presencia estelar que le otorgo a Luis Donaldo Colosio Riojas, parece un intento desesperado por cierto, de llevar el reflector a otro lado, aunque eso sea a todas luces incongruente.

El joven Colosio por si solo no es una figura política relevante salvo por su apellido, que en todo caso es una marca priista con profundas connotaciones vigentes en por lo menos dos generaciones de políticos de ese partido.

El joven Colosio no cuneta con el respaldo de ningún gripo político, ni siquiera de aquellos que fueron colaboradores y amigos de su padre, muchos de ellos por cierto integrantes del equipo de campaña de Meade. 

De tal suerte que visto de esa forma el intentar explotar el apellido del malogrado candidato presidencial priista se observa inútil y poco rentable.

Mas aun en términos de las investigaciones en curso en su contra, es decir una cosa que no tiene nada que ver con la otra, una simple y llana forma de distraer la atención.

Por otro lado, también el domingo pasado, José Antonio Meade, le dio un vuelco a su discurso en dos vertientes fundamentales, en un desmarque personal contundente respecto de su no militancia priista y particularmente de aquellos miembros de ese partido que han sido señalados y acusados de actos de corrupción.

Esto supone que a partir de ahora, Meade proyectara por encima de cualquier otro valor, sus cualidades personales reconocidas, como la experiencia y conocimientos, pero sobre todo de honestidad, haciendo a un lado el vinculo que necesariamente lo une al partido que lo postula.

Aunque es muy probable que eso no le habrá gustado a los miembros mas influyentes de su campaña, sobre todo a aquellos que no le son cercanos y que es evidente que hasta ahora han estado mas preocupados y ocupados por salvaguardar sus interés y no los del candidato, por ello el nuevo discurso de Meade por fin deja ver que comienza a tomar decisiones propias.

Que a pesar de la tardanza, ya es el momento de marcar una diferencia y aprovechar los elementos por los cuales fue designado candidato, además de hacerlo en el preciso momento en que Ricardo Anaya comenzara a perder presencia y popularidad, una coincidencia que si la aprovecha le deberá rendir buenos dividendos.

Fecha: 
Martes, 06 de Marzo 2018 - 15:30
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Martes, 06 de Marzo 2018 - 17:45
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Miércoles, 07 de Marzo 2018 - 06:45
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La caída por implosión de Ricardo Anaya

A raíz de las denuncias por el presunto lavado de dinero, en relación a la compra-venta de un terreno en el estado de Querétaro en el que habría incurrido Ricardo Anaya, candidato presidencial del frente conformado por los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano.

El pasado domingo, dicho aspirante presidencial se presentó ante la Oficialía de Partes de la Subprocuraduría General de la República, con la intención de entregar un oficio dirigido al encargado de despacho de la dependencia Alberto Elías Beltrán, aparentemente para solicitar información respecto de esta investigación.

Sin embargo Anaya no atinó a calcular que la respuesta de la institución, además de inmediata, terminó por echarle a perder el circo mediático que pretendió montar.

Toda vez que fuentes oficiales de la Procuraduría señalaron que el señor Anaya había sido invitado previamente en diversas ocasiones por cierto, a presentar declaración ante el Ministerio Publico, a lo que Ricardo Anaya se había negado.

Lo que deja de manifiesto que la visita del domingo a la dependencia perseguía un objetivo publicitario no de carácter exclusivamente legal, que su estrategia de confrontar a la autoridad lo que persigue no es el esclarecimiento de los hechos, sino más bien una herramienta de distracción.

En términos de la competencia política, la presencia de Anaya en la procuraduría, no es más que un artilugio para enmarcar la investigación como un hecho derivado de una supuesta guerra sucia en su contra y con ello desvirtuar el fondo de la misma.

Es un pretexto para evitar ser señalado por conductas indebidas, mediante la presión publicitaria, bajo el argumento de la victimización, situación que en el caso de Ricardo Anaya se ha vuelto una constante.

Independientemente de este caso y sus particularidades, Ricardo Anaya abusa de manera permanente de las teorías del complot, por cierto patentadas por el también candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, desde hace ya mucho tiempo atrás.

El problema de Anaya es que aún y cuando no existan elementos jurídicos para fincarle alguna responsabilidad que tipifique como delito o en su caso, lo comprometa como partícipe de algún ilícito, es evidente que en la narrativa del proceso de compra y venta del mencionado terreno ubicado en el estado de Querétaro, su participación sugiere un involucramiento directo.

Esta intervención personal y que es claro que está relacionada con personas vinculadas y cercanas a su entorno, ponen de manifiesto que conoció todo el procedimiento desde su origen y que se terminó beneficiando de él.

Por lo que en términos prácticos, aún y cuando salvaguarde no ser objeto ni sujeto de sanciones legales derivadas de los probables ilícitos de la misma, lo que no se puede ocultar ni negar, es su participación.

Ahora bien, si dejamos de lado la parte legal, la que no se puede omitir en el análisis es la moral, es decir la que se refiere a su postura y discurso en contra de la corrupción.

Porque después de hacerse público el nivel de vida que llevan él y su familia y lo que eso implica en los costos, recordemos la estancia de su esposa y sus hijos en la ciudad de Atlanta en los Estados Unidos y los viajes semanales que él mismo realizaba para visitarlos, fue evidente la disparidad entre sus ingresos y egresos.

Ese fue el factor que derivó en la investigación y la posterior explicación respecto de su patrimonio y que por consecuencia, remitió a la historia de la compra-venta del terreno en Querétaro.

Lo que nos sitúa en un plano en el cual, es totalmente incongruente que su postura anticorrupción sea genuina, lo que deriva en que ese discurso no es más que el producto de una estrategia mediante la cual, como candidato, está diciendo lo que sabe que la gente quiere escuchar, pero que no es una actitud que concuerde con su comportamiento personal, lo que de inicio le resta cualquier autoridad moral sobre el tema y lo coloca en el mismo escenario de lo que con tanta animosidad histriónica denuncia cotidianamente.

Situación que ya está provocando una preocupación y al mismo tiempo también rechazo de los grupos de poder del PAN, que aunque todavía no lo manifiestan abiertamente en público, está dando pie a una suerte de rebelión.

Esta sedición ya venía fraguándose desde que con el ánimo de imponer su candidatura se enfrentó a diversas figuras de su partido y que alcanzó su mayor grado de relevancia en la repartición de candidaturas a favor de sus aliados del PRD y Movimiento Ciudadano, hipotecando y lesionando los intereses de su propio partido.

De tal suerte que lo que se observa es que mas allá de los indicadores que puedan señalar las encuestas, estos tres factores serán el antecedente de una implosión de su candidatura, en la que sus más acérrimos rivales terminarán por ser los propios integrantes de la fuerza que representa.

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Martes, 27 de Febrero 2018 - 16:00
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