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Lo que sí y no entiendo

Puedo entender, porque sufrí la misma pérdida que ellos, el infinito dolor que sienten los padres de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa que en septiembre pasado fueron secuestrados y asesinados por policías municipales de Iguala y Cocula, Guerrero, e integrantes de la banda criminal Guerreros Unidos, supuestamente por órdenes del entonces presidente municipal perredista de Iguala y su esposa, José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda.

Puedo imaginar la desesperación que sienten por no encontrar los cuerpos de sus hijos para así tener la certeza que murieron y no vivir día tras día haciéndose mil y un preguntas que nunca tendrán respuesta.

Lo que no puedo entender es que se dejen manipular como hasta ahora lo han hecho quienes buscan desestabilizar a México. No comprendo como es que siguen exigiendo que aparezcan vivos si es más que evidente que ya están muertos. No entiendo porque siguen marchando de aquí para allá, bloqueando calles y carreteras y afectando los derechos de los demás mexicanos si bien saben que jamás verán de nuevo a sus hijos.

Tampoco me explico porque culpan al gobierno federal por la muerte de sus hijos cuando ni Enrique Peña Nieto ni Jesús Murillo Karam, entre otros, tuvieron que ver con su secuestro y asesinato.

Menos puedo explicarme porque hasta el momento no se hayan manifestado contra Abarca y su esposa, contra el entonces gobernador perredista de Guerrero, Ángel Eladio Aguirre, contra el PRD que postuló a Aguirre y Abarca a los cargos que ocupaban, contra Andrés Manuel López Obrador, quien como candidato perredista a la presidencia de la república en 2012 apoyó a Abarca pese a que se le advirtió que éste podía estar involucrado en un asesinato.

Tampoco comprendo porque los padres de los 43 no le han exigido a José Luis Hernández Rivera, el evasivo director de la normal de Ayotzinapa, que les explique quién le ordenó a sus hijos ir a Iguala.

Entiendo y comparto el dolor de los padres, pero no puedo entender la irracionalidad de sus actos.

Me pregunto: ¿de qué han vivido desde septiembre del año pasado estos individuos? ¿de dónde han obtenido los recursos para alimentarse y viajar de un lugar a otro? Y me lo pregunto porque se nos ha dicho que todos los estudiantes de Ayotzinapa son pobres e hijos de pobres. ¿Cómo sobreviven estos padres que dejaron de trabajar desde hace casi cinco meses? ¿Quién los mantiene y financia?

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Fecha: 
Viernes, 27 de Febrero 2015 - 12:00
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Oficialmente muertos

Como se había adelantado en este espacio hace un par de días, la PGR declaró que los 43 estudiantes desaparecidos están oficialmente muertos. Fueron asesinados por un grupo de Guerreros Unidos y cremados en el basurero de Cocula. Esta es la versión oficial basada en el hecho de que los nuevos testimonios apuntan a fortalecer la versión que diera el procurador Murillo Karam en noviembre pasado.

Con un timing impresionante, se conjuntaron varios hechos que apuntan a varios cambios en el manejo del tema Ayotzinapa. Un día después de la pacífica marcha del 26 de enero, los diarios estimaron que había reunido entre 5 y 15 mil personas, cuando era evidente que eran muchos más. De cualquier forma, la marcha mostró que el movimiento ha perdido fuerza y se ha convertido en vehículo para otras causas. Era hora de actuar.

El mismo 26, un desplegado de la Iniciativa Privada exigía que se impusiera el Estado de Derecho. Al otro día, el poderoso empresario Lorenzo Servitje pedía el apoyo de los empresarios al presidente Peña Nieto en su momento de “mayor debilidad.” Varios días antes, plumas importantes, como la de Héctor Aguilar Camín, señalaban la necesidad de dar por cerrado el caso con base en las pruebas encontradas. El mismo gobernador de Guerrero, Ortega Martínez, pedía que el gobierno dijera la verdad, “por dura que fuera”.

Previo a la conferencia de prensa del procurador Murillo Karam, en donde anunció la versión oficial de lo sucedido en Iguala, el presidente de la República indicó que el país debía seguir adelante, a pesar del dolor de la pérdida. Al mismo tiempo, en una de las casetas más tomadas de la Autopista del Sol, la Policía Federal impedía, por fin, que un grupo de “jóvenes encapuchados” se hiciera de ella.

A menos que creamos que todo esto es una serie de coincidencias, es claro que el gobierno federal preparó todo en caso de confirmar que la marcha mostraba signos de debilidad. Y todo esto se hizo antes del arranque de las campañas, con muchos meses por venir de spots, discursos de candidatos y debates en el Congreso. Se apuesta a que el peso de las campañas y las discusiones en el escenario público ocupen la atención del país. No es una mala suposición, hay bases para suponer que hay un cierto hartazgo de los excesos de los aliados de los familiares de las víctimas de Ayotzinapa.

Como era de esperarse, los padres de familia y sus aliados han rechazado la decisión de la PGR y aseguran que llevarán el caso a instancias internacionales. La pregunta es si el resto del país, sociedad civil y clase política, consideran cerrado el caso. Ya veremos. 

Fecha: 
Jueves, 29 de Enero 2015 - 17:00
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¿Crisis o nueva normalidad?

En muchos medios, periodistas y analistas se muestran pesimistas y aseguran que México vive una gran crisis. Indudablemente recurren a Tlatlaya, Ayotzinapa y la casa blanca como ejemplos de esa situación. La inseguridad y la mala economía también son puestas como ejemplo. Las imágenes de las protestas del magisterio disidente, sobre todo en Oaxaca y Guerrero, dan la vuelta al mundo: “eso es México”, dicen estos preocupados personajes.

Caso por caso es importante acercarse a la forma cómo se están tomando estas situaciones. Por ejemplo, el caso Tlatlaya no debió ser, pero pocos se han adentrado en el fondo del asunto: no se puede sacar a un ejército, entrenado para usar las armas, y ponerlos a combatir en una guerra interna contra narcos sin que se lleve al borde a estos soldados. Esta guerra ha sido muy prolongada y los militares mexicanos no estaban (ni están) acostumbrados a librarla. Dos hechos graves sobre esto: es posible que haya más casos como este y no se conozcan, pero suponer que el gobierno federal en su conjunto es culpable es una idiotez o parte de una agenda. Segundo, me temo que muchos mexicanos se encogen de hombros por esta violación enorme a la ley y a los derechos humanos y siguen adelante, “ellos se lo buscaron”.

De Ayotzinapa, sin duda una tragedia, el radicalismo de las protestas está ahuyentando los apoyos. Poco a poco se va aislando lo que fuera una oportunidad para poner en el tapete de la discusión temas como los desaparecidos, los muertos anónimos, el uso de las fuerzas armadas, los policías corruptos. Igual que en el caso anterior: muchos mexicanos están hartos del manejo del tema.

El caso de la casa blanca de Las Lomas es otra tragedia, aunque distinta: una casa muy costosa, una explicación insuficiente y un aparente conflicto de intereses, pero no hay marchas por esto, no hay masas exigiendo la aclaración o la renuncia. Sí, hay redes sociales noche y día, pero hasta ahí. Los mexicanos parecen decir: “no nos sorprende”, esa es la tragedia.

La inseguridad disminuye poco a poco, tanto en los datos oficiales como los de organismos civiles serios. Menos muertes violentas, menos secuestros. La economía parece también mejorar: menos desempleo, inflación controlada, pero se viene un año muy difícil. No importa, son vacaciones de fin de año y los mexicanos parecen querer olvidar los problemas pasados y los que vendrán. El que apueste a otra cosa en estos días se equivocará. Hasta los maestros disidentes de Oaxaca han abandonado la plaza para los turistas.

¿Nos hemos acostumbrado a una normalidad absurda, violenta y cruel?, ¿el mundo se ha acostumbrado a esa realidad? 

Fecha: 
Lunes, 22 de Diciembre 2014 - 17:30
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Consiglieri de paz y de guerra

El Padrino sí entendía la naturaleza y los retos del poder y lo ejercía a plenitud. Sin el magnífico consigliere Tom Hagen, don Vito Corleone no habría podido ser quien fue.

Así y todo, cuando su hijo tuvo que hacer la guerra a los Barzini, Tattaglia y demás rivales, el nuevo padrino Michael decidió prescindir de Tom, consigliere para tiempos de paz, no de guerra. Para ella Michael no tuvo mejor consigliere que su aún vivo padre.

El consigliere ayudaba al Padrino a tomar decisiones, y podía contradecirlo y discutir con él. Era como su sombra: informante, contacto con el mundo real, experto en el arte de coordinar acciones y digno de confianza hasta la muerte. Aparte de consejero también era un habilísimo operador capaz de tejer fino y acordar con los caporegimes, miembros de la familia, otras familias, jueces, etcétera.

El Padrino enseña a comprender el poder en el mundo real y también es útil para quienes no lo usan para fines criminales. Seguramente la Madre Teresa, mujer poderosísima que conseguía dinerales e hizo una grandiosa obra, leyó atentamente esa novela de Mario Puzo. Pero al parecer los actuales gobernantes de México no la han leído. ¿Quiénes son los consiglieri del presidente Peña? Y hablo de dos porque no es lo mismo la guerra que la paz.

Hace una generación, el presidente Salinas de Gortari tuvo como consigliere al culto e inteligente (y tortuoso, y siniestro) consejero semifrancés llamado José Córdoba Montoya; como caporegimes, un gabinete de primera categoría.

¿Quién es el Córdoba del presidente Peña?

El audaz Salinas, hasta bien entrado 1993, cambió paradigmas y mejoró el estado de ánimo de esta nación gracias a su habilidad política y sólidos apoyos. Todo se le vino abajo por su costumbre de apostar caro: pisó callos a un amigo tan cercano como Manuel Camacho, impuso a Colosio y pidió que nadie se hiciera bolas. Se desbalagó su famiglia y México casi se deshizo en 1994, año bañado en sangre desde su primer minuto. Hasta su consigliere —parece saberse— lo traicionó. Se quedó sin fichas en su tapete verde y el sexenio terminó plagado de desgracias cuyas fobaproicas consecuencias seguimos pagando.

Peña Nieto logró convocar admirablemente a partidos rivales en el Pacto por México y concretó cambios profundos y esperanzadores para nuestro futuro (a precio de una reforma fiscal tan, pero tan destructiva, que satisfizo al PRD). Sus iniciativas han sido mayormente ventajosas y audaces, como para dar una voltereta al país. Pero el juego cambió con una provocación ultrarradical y asesina el 26 de septiembre.

Iguala tomó desprevenido a un gobierno federal ciego a la naturaleza insurreccional de un movimiento cuyos líderes instantáneamente lograron voltear sus propios crímenes al presidente y culparlo de lo que él no hizo (aunque se compruebe que sí sabían los federales lo que pasaba en Iguala).

El Ejecutivo se ha quedado casi paralítico, rebasado por las fuerzas delincuenciales de “maestros” y/o guerrilleros y/o criminales cada vez más crecidos y audaces, con el apoyo cómplice de los más correctos y exquisitos “intelectuales” que (como dice Gerardo de la Concha) se hermanan de manera cínica con la mentira. “Lo que está en juego no es el juicio a un gobierno, sino el destino de nuestro país.”

Y a todo esto ¿quién puede ser el consigliere de guerra del presidente Peña?

No un secretario que con su rijosidad fiscal se ha ganado la hostilidad de la clase media y de cualquier miembro del sector productivo. Tampoco parece operador el encargado de la gobernación, cosa clamorosamente ausente en un régimen a todas luces impotente y hasta patético ante el arrojo y violencia de los insurrectos.

Tampoco se ve que el presidente esté dispuesto a hacer cambios en su equipo, en su gabinete, en sus prácticas o en su estilo mexiquense de gobernar. El impacto de las extraordinarias reformas se ha diluido en un pantano de confusiones e ineficacia. ¿Qué hacer entonces? ¿Quién puede salvar a un gobierno que cada día se deja arrebatar más territorios, para provecho de los peores enemigos de México?

No vemos respuesta; pero aunque ya sea poquísimo, no se les ha acabado el tiempo. Enrique Peña Nieto y sus colaboradores cercanos necesitan ver que el país se les está deshaciendo (creo que eso sí lo ven) pero sobre todo, actuar de otra manera si pretenden recuperar lo que arrebatan los que pretenden imponer un destino terrible a nuestro país.

¿Lo irá a apoyar el antecesor Salinas de Gortari, cercano al grupo político del presidente? ¿Será su consigliere de guerra? Algunos malpensados creen que como condición para algo así, su incómodo hermano dejó de ser incómodo ante la ley…

No estamos ante enemigos pequeños ni para cosas triviales ni para ventilar simpatías politiqueramente correctas. Si algo urge es gobierno: los latinos decían gobernare a pilotar un barco y para los franceses el gouvernail es el timón. Un buen timonel no pretende dominar las olas, corrientes y vientos pero sí aprovecha su energía para llegar a puerto sin naufragar. Hoy la nave boga a la deriva porque quienes juraron aplicar la ley prefieren dialogar con quienes no quieren hablar sino lanzar impunemente bombas y petardos, bloquear carreteras, incendiar, golpear, humillar y casi matar a policías y dejarlos —como ellos mismos se quejan— en calidad de costales, animales o payasos.

México espera con desazón, desánimo y hasta miedo el 2015. Estos días prenavideños evocan paz por la esperanza encarnada en un bebé redentor y uno se distrae con la alegría de las fiestas y el reencuentro de familias y amigos, pero México necesita un nuevo y rotundo aliento para que el nuevo futuro no sea el que imponen los criminales maoístas que han asaltado el poder real en Guerrero.

Urge mover al gobierno que pretende mover a México. Este México rendido a una canalla de saboteadores no es el triunfante y esperanzado que este mismo presidente logró evocar. Acaso pueda aún recobrar el talento con que reunió a sus adversarios políticos y tomar decisiones tan difíciles como indispensables. Abunda la gente que sabe qué hacer y cómo, pero no sirve si quien tiene un inmenso poder no se atreve a ejercerlo.

Le vendría bien leer El Padrino. Contra una tormenta perfecta la receta perfecta combina neuronas con testosterona. Lo dijo alguna vez su antecesor López Mateos: los tacos de sesos son más sabrosos si se les agregan huevos.

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Fecha: 
Lunes, 22 de Diciembre 2014 - 17:00
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Manipuladores

“Me llama a mi mucho la atención ver a actores o agrupaciones que se dediquen a tratar de desacreditar lo hecho por el gobierno federal y me enoja más todavía que manipulen a los padres de familia. Me da tristeza que dentro de todo esto haya personas o grupos que realmente lucren, lucren con el dolor de los padres de los muchachos, lucren, me refiero, porque obviamente dicen una cantidad de mentiras que realmente son hechos que no son muchos de ellos son ciertos y toda esa gente trata de manipular la información para alcanzar objetivos individuales u objetivos de grupo”.

“Debemos ser claros de lo que ahí sucedió, ya que esto fue obra de la delincuencia organizada y de las autoridades municipales. La Federación ha actuado conforme al marco jurídico vigente y ha hecho su mayor esfuerzo para que este delito no quede impune. Reitero: quien falló fue la autoridad municipal infiltrada, este es el nivel que corresponde a tales hechos, de acuerdo con las investigaciones se trató de un acto de barbarie cometido por la delincuencia organizada y las policías municipales de Iguala y Cocula”.

Estas palabras las pronunció ayer en un evento el secretario de la Marina, Vidal Francisco Soberón y no tardó mucho en escucharse la respuesta del representante de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa secuestrados en Iguala el 26 de septiembre pasado por policías de ese municipio guerrerense y del de Cocula.

Felipe de la Cruz, quien es el padre de un normalista que sobrevivió a la balacera que ocurrió antes del secuestro de sus 43 compañeros, al referirse a lo dicho por el almirante, dijo: “Los títeres son ellos, nosotros no somos tontos. Ellos están bajo las órdenes de un presidente corrupto y asesino… “no hay perdón ni olvido para este gobierno”.

La respuesta de De la Cruz carece de toda lógica si recordamos lo que sucedió el 26 de septiembre.

La agresión a balazos contra los 80 y tanto normalistas que llegaron a Iguala y el secuestro de los compañeros del hijo de De la Cruz supuestamente se llevaron a cabo siguiendo las órdenes del entonces presidente municipal perredista de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa, María de los Ángeles Pineda, quien se perfilaba para ser la próxima candidata del PRD-PT-MC a la presidencia municipal de Iguala.

El asesinato de los 43 normalistas y la posterior incineración de sus cadáveres fue ejecutado por sicarios de los Guerreros Unidos, organización criminal a la que aparentemente pertenecieron tres hermanos de Pineda, dos de lo cuales fueron asesinados en 2009. María de los Ángeles supuestamente era la operadora de Guerreros Unidos en Iguala.

El secuestro y asesinato fue perpetrado en un estado que desde hace 2005 es gobernado por perredistas. El anterior al actual, Ángel Aguirre, evitó que el secuestro fuera inmediatamente investigado por la Procuraduría General de la República, que hasta el 4 de octubre atrajo el caso.

El dolor que causa el perder a un hijo afecta los sentimientos y hasta la cordura de cualquier padre o madre. Eso lo entiendo. Lo que no alcanzo a entender es que en sus declaraciones los padres de los normalistas no mencionen nunca a Abarca y Pineda, que aparentemente ordenaron la desaparición de sus hijos, ni a Aguirre, que pemitió que este par de pillos se apoderara del poder político de Iguala sabiendo que tipo de personas eran.

¡Claro que están siendo manipulados los padres de los 43! Soberón debería haber identificado a los manipuladores.

Foto: www.milenio.com

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Jueves, 11 de Diciembre 2014 - 12:00
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¿Por qué? ¿Para qué? ¿Quién?

Después de la más reciente conferencia de prensa del procurador general de la república, Jesús Murillo Karam, dada ayer, sigo sin entender para qué se dirigieron a Iguala 80 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa el 26 de septiembre pasado. Nadie me ha dicho quién les ordenó o sugirió que fueran a esa ciudad y para qué.

Hay quienes aseguran que los normalistas fueron a Iguala para recolectar fondos para costear su estudios. Quienes afirman esto olvidan que los de Ayotzinapa no eran bien vistos en esa ciudad después de que en julio de 2013 participaron, junto con integrantes de la Unión Popular Emiliano Zapata, en la agresión contra la sede de la presidencia municipal que ocupaba José Luis Abarca, quien llegó al cargo en 2012 como candidato de una coalición integrada por el PRD, PT y MC.

La versión proporcionada por la PGR afirma que “Aunado a las declaraciones de quien dirigía el Centro de Control de la Policía Municipal de Iguala, se suman las declaraciones de Marco Antonio Ríos Verder, integrante del grupo criminal Guerreros Unidos y de policías detenidos, quienes asumieron que el grupo que se aproximaba, se dirigía a sabotear la celebración que se realizaría, que se realizaba en esos momentos por la esposa del alcalde, María de Ángeles Pineda Villa, con motivo de su informe de actividades” que como presidenta del DIF municipal ofreció en la tarde de ese mismo día.

Después de ser informados que los normalistas se dirigían a Iguala, Abarca y su esposa le ordenaron al jefe de la policía municipal, Felipe Flores, que impidiera que los estudiantes llegaran al lugar en donde se realizaba el baile. De acuerdo a Sidronio Casarrubias Salgado, el jefe del grupo criminal Guerreros Unidos, Pineda Villa fue quien ordenó ‘‘dar un escarmiento’’ a los jóvenes normalistas.

Agredir a balazos a 80 normalistas y matar en el lugar de los hechos a cuatro de ellos y a otros tres civiles inocentes es más que dar un escarmiento. Secuestrar y asesinar a 43 jóvenes y luego calcinar sus cuerpos es un brutal asesinato colectivo.

Lo ocurrido el 26 de septiembre parece más un capítulo sangriento de una batalla a muerte entre bandas delincuenciales antagónicas que una salvaje y mal ejecutada represión de estudiantes.

Hasta donde se sabe, Abarca y su esposa María de los Ángeles deseaban crecer políticamente. Él seguramente buscaría una candidatura a una diputación federal para las elecciones de junio del año entrante mientras que ella trabajaba para ser su sucesora en la presidencia municipal. El ordenar la agresión a balazos contra los normalistas y luego la desaparición y asesinato de 43 de ellos no iba a pasar desapercibido. Luego entonces, ¿para qué ordenar algo que en nada los beneficiaba políticamente?

Es muy probable que ordenaran la represión y que se le diera un escarmiento a los normalistas, pero es también muy probable que otra persona decidiera que había que enfrentar y matarlos.

Tal vez el prófugo jefe de la policía de Iguala, Felipe Flores, creyó que los normalistas pertenecían a la banda delincuencial Los Rojos, enemiga mortal de Guerreros Unidos. Eso explicaría que los entregara, vía policías municipales de Cocula, a los sicarios de Guerreros Unidos, quienes, de acuerdo a informes de la PGR, antes de matarlos les preguntaron si eran miembros de Los Rojos.

Por eso la captura de Flores es tan importante y necesaria para que se avance en la investigación en torno a este terrible suceso.

También es fundamental saber por qué y para qué fueron los normalistas a Iguala y quien les ordenó o sugirió ir.

Foto: Ayuntamiento de Iguala

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Lunes, 08 de Diciembre 2014 - 12:00
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Detenidos y exhonerados del 20 de noviembre, marchas estudiantiles y Cocula y los 31 niños secuestrados.

 En esta ocasión me acompañan Tere Vale, Viridiana Ríos y Mariana Campos. Los temas que abordamos esta noche fueron:

  • Detenidos y exhonerados, marchas a favor de los estudiantes.
  • Caso Cocula de 31 niños secuestrados. Volada de France24, versiones encontradas de las autoridades estatales y municipales. La PGR no aporta datos ni averiguaciones.

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Lunes, 01 de Diciembre 2014 - 20:30
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Antes de los 43, ¿31?

Cuando aún no sabemos quién le dijo a lo 43 estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa que se fueran a Iguala el 26 de septiembre pasado, cuando todavía no hay quien nos diga para qué fueron a esa ciudad a sabiendas de que no serían bienvenidos, cuando parte del país está agitado por quienes buscan aprovecharse políticamente de la desaparición y seguro asesinato de esos jóvenes, nos enteramos ayer, gracias a un reportaje realizado por la cadena de televisión francesa France 24, que el pasado 17 de julio fueron secuestrados 31 adolescentes que salían de la escuela secundaria Justo Sierra de Cocula, Guerrero, el mismo municipio cuyos policías auxiliaron a los policías municipales de Iguala a secuestrar a los normalistas.

En el breve reportaje, de solo 1:47 minutos de duración, se asegura que nadie en Cocula se ha atrevido a denunciar el secuestro de los 31 estudiantes porque los delincuentes, que iban vestidos con uniformes azul marino, amenazaron de muerte a quienes se atrevieran a hacerlo. Sin embargo, me cuesta trabajo aceptar que cada uno de los aproximadamente 4,500 habitantes del municipio, incluidos los padres de los desaparecidos, decidieran quedarse callados, a menos de que en ese lugar impere un reino de terror absoluto.

De acuerdo a France 24, “el silencio colectivo de los coculenses se debe en parte a los que parece ser otro caso de complicidad criminal entre las fuerzas policíacas locales y los cárteles de la droga que operan con impunidad en la región. A pesar de que los secuestradores estaban usando máscaras, se llevaron a los estudiantes de secundaria en vehículos de la policía que ni se molestaron en camuflar”.

¿Puede una organización criminal callarle la boca a los miles de habitantes de una población durante poco más de cuatro años? Tal vez, aunque me cueste trabajo creerlo.

El caso denunciado por France 24, en el supuesto de que sea cierto, corrobora que la delincuencia está apoderada de Guerrero y que ésta comete sus delitos con absoluta impunidad, coludida con funcionarios municipales, estatales y tal vez federales.

También nos permite suponer dos cosas más: 1) que el gobierno federal o el de Guerrero o ambos no estaban enterados del caso, lo que indicaría que los tan cacareados servicios de inteligencia del Ejército, de la Marina, de la Policía Federal y otras dependencias encargadas de la seguridad pública no sirven para mucho, o 2) que tanto las autoridades federales como las guerrerenses sí estaban enteradas del caso y optaron por ocultarnos lo sucedido.

Hasta anoche ningún funcionario federal o de Guerrero había informado o comentado algo sobre los 31 adolescentes presuntamente secuestrados hace exactamente 134 días. Considerando la gravedad de asunto, es imperdonable tal silencio. Peor aún, no había quien contestara el teléfono de la dirección de Comunicación Social de la Procuraduría General de la República, lo que demuestra la gran ineptitud del responsable de esa oficina.

¿Fueron 31 antes de los 43? Si sí, qué tragedia.

El reportaje de France 24 puede verse en www.france24.com/en/20141126-video-new-kidnapping-case-cocula-mexico-france24-exclusive-missing-students.

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Jueves, 27 de Noviembre 2014 - 12:00
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Hasta donde recuerdo…

Algo está muy mal en México cuando tantas personas culpan al presidente Enrique Peña Nieto por lo que ocurrió el 26 de septiembre pasado en Iguala. Y está mal porque los verdaderos responsables de esta desaparición y seguro asesinato de los 43 normalistas de Ayotzinapa son los ex funcionarios estatales y municipales de Guerrero que están plenamente identificados por las autoridades y la opinión pública, y sus padrinos políticos.

Los manifestantes que han tomado y bloqueado las calles, carreteras y plazas y han ocupado o destruido edificios públicos en varios lugares del país gritan consignas contra Peña Nieto, su gobierno y su partido, el PRI, pero rara vez se escucha un ¡Muera Aguirre! o ¡Muera Abarca! o ¡Abajo el PRD! o ¡Muera el PEJE! O ¡Abajo el PAN!

Hasta donde recuerdo, fueron policías municipales de Iguala y Cocula, ambos municipios gobernados por el PRD, quienes secuestraron a los 43 estudiantes para después entregarlos a unos sicarios de la banda delincuencial Guerreros Unidos, grupo criminal que aparentemente estaba íntimamente vinculado a la esposa de José Luis Abarca, el presidente municipal perredista de Iguala.

Hasta donde recuerdo, el 26 de septiembre Guerrero era gobernado por un expriísta desprestigiado que el PRD recibió en su seno para inmediatamente lanzarlo como su candidato a la gubernatura guerrerense.

Hasta donde recuerdo, Abarca había sido investigado por las autoridades federales durante la presidencia del panista Felipe Calderón y nadie actuó contra él pese a que existían fuertes indicios que permitían suponer que su enriquecimiento inexplicable se debía  a sus vínculos con la delincuencia organizada.

Hasta donde recuerdo, el entonces candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador, no hizo nada para impedir que Abarca fuera el candidato perredista a la presidencia municipal de Iguala, a pesar de que varias veces le dijeron que mantenía vínculos más que cercanos con miembros de la delincuencia organizada.

Hasta donde recuerdo, el entonces gobernador perredista de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, se empeñó en que la investigación del caso la realizara la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJ-GRO) encabezada por Iñaky Blanco y no la Procuraduría General de la República (PGR), la cual atrajo el caso hasta el 5 de octubre después de que se descubrieron en Iguala las tumbas clandestinas con restos humanos que resultaron no ser de los normalistas secuestrados.

Hasta donde recuerdo, ni Enrique Peña Nieto ni algún miembro de su gabinete estaban en Iguala el 26 de septiembre pasado, ya fuera para asistir al informe que como presidenta del DIF municipal rindió la esposa de Abarca, María de los Ángeles Pineda, o al baile que se organizó para festejar su labor al frente de dicho organismo.

En resumen, los responsables directos de lo que ocurrió en Iguala son perredistas y ex perredistas y tienen nombres y apellidos: Ángel Aguirre, José Luis Abarca, Andrés Manuel López Obrador, Jesús Zambrano, Jesús Ortega. Los partidos que postularon como candidatos a los dos primeros fueron el PRD, PT y Movimiento Ciudadano. Si esta es la realidad de las cosas, ¿por qué en marchas y manifestaciones los gritos, mantas y pancartas son contra Peña Nieto y el PRI? ¿Quiénes están detrás de esta estrategia que ha transferido la culpa de los verdaderos responsables de la tragedia de Iguala a quienes no tienen ni tuvieron vela en el entierro?

Foto: tlalpan.info

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Martes, 25 de Noviembre 2014 - 12:00
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Ingenuos e hipócritas

Ingenuos o hipócritas son aquellos que le exigen al gobierno federal la presentación con vida de los 43 estudiantes que el 26 de septiembre pasado fueron secuestrados por policías municipales de Iguala y Cocula, Guerrero, y entregados ese mismo día a sicarios de la banda delincuencial Guerreros Unidos, quienes seguramente los asesinaron e incineraron, de acuerdo a las declaraciones de algunos miembros de dicha banda aprehendidos por las autoridades federales.

Ingenuos, porque solamente alguien muy, pero muy inocente puede creer que los 43 siguen vivos exactamente 60 días después de haber sido secuestrados. Estos individuos desconectados de la realidad aparentemente no se han preguntado: ¿en dónde puede alguien recluir contra su voluntad a 43 jóvenes aguerridos, como muy seguramente lo era cada uno de los normalistas? ¿en qué lugar pueden ser mantenidos secuestrados 43 individuos sin que éste sea detectado después de una intensa búsqueda realizada durante 60 días por miles de soldados, policías federales y estatales? ¿cómo adquiere alguien los alimentos y agua necesarios para mantener con vida a 43 personas sin llamar la atención de quienes se los les venden?

Supongamos una dieta básica de 1,300 calorías, la cual un hombre adulto necesita para permanecer vivo según estimaciones de Gordon Edlin, Eric Golanty y Kelli McCormack Brown, los autores de Essentials for Health and Wellness (Jones & Bartlett Publishers, Sudbury, MA, Enero 2000). Dicha dieta consiste aproximadamente de lo siguiente: Té o café con leche descremada, 6 galletas María ó 300 gr. de fruta fresca, 300 gr. de verdura cocida ó 100 gr. de papas cocidas, ensalada, 100 gr. de carne ó 150-200 gr. de pescado, 2 huevos, 75 gr. de jamón sin grasa, tres rebanadas de pan.

Para alimentar a los 43 estudiantes desaparecidos durante los últimos 60 días se necesitarían aproximadamente 774 Kg. de fruta fresca o 15,480 galletas María, 258 Kg. de carne, 774 Kg. de verdura cocida o 258 Kg. de papas, 5,160 huevos, 193.5 Kg. de jamón y 7,740 rebanadas de pan, y bastantes litros de leche descremada. La compra de tal cantidad de alimentos ya hubieran llamado la atención de las autoridades.

¿Y qué del agua necesaria para que sobrevivan los 43? Cada uno requiere de dos litros diarios, lo que significa que en 60 días se han bebido 5,150 litros. ¿De dónde la han obtenido?

Los hipócritas son los que exigen la presentación con vida de los normalistas sabiendo que lo más seguro es que están muertos. Estos farsantes saben que lo que reclaman no se les puede conceder pero lo hacen con el único propósito de desprestigiar al gobierno federal que nada tuvo que ver con el secuestro de los 43 jóvenes.

Estos hipócritas juegan con el dolor de los padres y familiares de los desaparecidos y abusan de la buena voluntad de los miles de ingenuos que sinceramente creen que éstos siguen vivos. Y todo para ganar puntos políticos a su favor rumbo a las elecciones de junio del año entrante. Nunca imaginé que Cuauhtémoc Cárdenas fuera uno de ellos, como demostró serlo el sábado al exigir “la presentación con vida” de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. 

Estos hipócritas demuestran tener muy poca vergüenza, moral, ética, decencia y mamá.

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Lunes, 24 de Noviembre 2014 - 12:00
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