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Ganar elecciones, perder gobernabilidad

Si bien hay países que se encuentran en mayores problemas que el nuestro, la situación económica, política y social de México dista de ser la mejor posible.

La Federación, los estados y municipios enfrentan problemas cada vez más complejos y muy pocos funcionarios demuestran ser capaces de resolverlos. Los legisladores federales y locales anteponen sus intereses personales, políticos y partidistas a los de quienes supuestamente representan. Los impartidores de justicia son incapaces de acabar con la corrupción que prevalece en la mayoría de los juzgados y tribunales del país.

Las consecuencias de la falta de capacidad de la mayoría de quienes conforman los tres poderes, tanto al nivel federal como el local, explica en gran medida la realidad que vivimos los mexicanos: la mala calidad de los servicios públicos, el dispendio, desorden y opacidad del gasto público, la creciente e insultante desigualdad económica y de oportunidades, los bajos salarios que percibe la gran masa trabajadora, el auge de la economía informal y de la delincuencia organizada y no organizada, los elevados niveles de inseguridad, las cotidianas e incontroladas protestas y manifestaciones ciudadanas.

Para empeorar las cosas, muchos de los que gobiernan al país, además de ser incapaces, carecen de los principios y valores éticos necesarios para actuar con probidad.

Y así seguirán las cosas mientras los partidos políticos sigan postulando candidatos con altas probabilidades de ganar una elección aunque los mismos no tengan las cualidades necesarias para realizar con eficiencia y honradez el cargo para los que sean electos. Y seguirán mientras los legisladores federales ratifiquen los nombramientos de funcionarios pensando solamente en cuotas e intereses partidistas. Y seguirán mientras los ciudadanos nos guiemos más por el corazón que por la razón al elegir a nuestros gobernantes y representantes.

No es casual la llegada al poder de individuos como Jaime “El Bronco” Rodríguez, Cuauhtémoc Blanco y otros más que no cuentan con la experiencia y la preparación adecuadas para realizar satisfactoriamente los cargos que ocupan. Sus triunfos en las urnas obedecen al rechazo que cada vez más mexicanos sentimos hacia la clase política que tanto nos ha fallado y hacia los partidos que han postulando candidatos solamente con base en las encuestas de opinión sin considerar si poseen o no los atributos necesarios para desempeñar exitosamente sus responsabilidades.

Todos los partidos parecen empeñados en ganar elecciones sin pensar en que lo más importantes es mantener y afianzar la gobernabilidad del país. Si siguen actuando con esa lógica es altamente probable que los tres niveles y poderes de gobierno sean rebasados por las circunstancias y el país se vuelva francamente ingobernable.

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Fecha: 
Miércoles, 20 de Enero 2016 - 12:00
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México, un país sin utopías

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En el bachillerato trabajé como escritor fantasma durante el curso de filosofía, sólo que como en aquel entonces no sabía lo que era un escritor fantasma y tampoco tenía la menor idea de que éstos cobrasen tanto dinero por su trabajo, no cobré un solo centavo por mi perversa y oculta actividad. Pero a cambio de eso gané algo que no se compra ni se vende en ninguna parte, y me refiero al gusto por la filosofía. Y si digo que me convertí en un escritor fantasma es porque hice el trabajo final de filosofía para mí y para muchos de mis compañeros de clase. Nuestro profesor era un sacerdote. El Padre L. Un hombre culto y carismático, que no sólo sabía mucho de filosofía, de psicología, teología y otros temas, sino que sabía lo más importante: enseñaba a aprender por uno mismo. A causa de los cursos del Padre L., sobre todo en lo que a los presocráticos se refiere, quise estudiar la carrera de filosofía. Sin embargo, cuando se lo dije a algunas personas, me dijeron que estudiar filosofía era una insensatez, ya que como filósofo terminaría siendo, como mucho, profesor universitario. De manera que realicé estudios “serios”, como estas personas me aconsejaron y, luego de dar muchos tumbos por la vida, y veinte años después, terminé siendo profesor universitario.

Pero volviendo al Padre L., lo cierto es que me tomó algún tiempo darme cuenta de que no había elegido estos dos libros (aparentemente contradictorios) para el trabajo final al azar, sino que quería confrontarnos a dos postulados opuestos que forman parte de lo mismo. Los libros eran El Príncipe de Maquiavelo, una obra crudamente realista, y Utopía, de Tomás Moro, la obra del idealismo por antonomasia.

 

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MÉXICO se ha convertido en una fosa común desmesuradamente grande. Más de 27,500 asesinatos en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto; 24 cada día, 2 cada hora. La cifra nos sobrepasa. Y eso, sin contar el número de homicidios que no contemplan las cifras oficiales, ni a todos los desaparecidos que, seguramente, yacen bajo tierra o calcinados. Atroces imágenes en la prensa. La violencia es cotidiana y, de alguna manera, esperable; un día sin violencia sería una fábula. Las imágenes: cadáveres colgados de puentes peatonales (de la misma manera que en la Edad Media y en el Renacimiento temprano se colgaban las cabezas de los enemigos en las puntas de los árboles para ahuyentar a los bárbaros); dentro de coches y de camionetas, rociadas de balas, inertes cadáveres perforados y ensangrentados; a orillas de calles y carretras coches quemados y abandonados; y, por si esto no fuera ya estremecedor, cuerpos mutilados, degollados y decapitados en todas partes. Una violencia desmesurada, una brutalidad. Alcaldes, periodistas, extranjeros, gente común y corriente; nadie se salva, todos pueden convertirse en blancos de la violencia, de la perversidad. Matar por matar, a un ser humano, a diez, a cincuenta, ¿qué más da? Acabar de un chispazo con el milagro de la vida, y hacerlo con una vehemencia feroz. El individualismo, la falta de interés por el bienestar ajeno, la nulidad de emociones de los criminales es desgarradoramente desconcertante. El regreso a la estupidez, el retorno a la barbarie. No hay cultura, ni educación, no hay arte posible para humanizar a estos deshumanizados seres que han perdido su compasión. Las almas muertas no hacen sino engrosar esas cifras que se convierten en estadísticas dentro de las páginas de los diarios. Porque se han convertido sólo en eso: en cifras, fríos números sin nombres, sin historias, sin rostros. Números oficiales y números de cálculos extra oficiales. De tanto escuchar y ver las mismas noticias; los asesinatos y las desapariciones, nos hemos habituado, nos hemos todos insensibilizado. Los gobernantes hacen alianzas con los criminales u optan por la demagogia: «Combatiremos a la delincuencia con mano dura»; «No daremos marcha atrás en la lucha contra el crimen organizado». Palabras vacías. Palabras que se lleva el viento. ¿No dicen que a grandes males, grandes remedios?, pero aquí sólo hay grandes males y remedios insuficientes. ¿Qué tiene que pasar para que el gobierno y las fuerzas del orden público limpien sus letrinas y se pongan a actuar de verdad?

 

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Resignada parece la sociedad al enriquecimiento ilícito de tantos políticos incapaz de hacer nada. Junto con las noticias sobre la violencia, nos enteramos de las riquezas que, mientras los criminales se matan y la sociedad lucha por vivir en un país que nada más no levanta (o que levanta sólo para algunos), esos políticos acumulan más dinero y bienes a su patrimonio y, por si fuera poco, quedan impunes. Son la indiferencia y el urgente deseo por enriquecerse, los dos signos más abyectos de nuestro tiempo. La sociedad se cae dentro de un precipicio ético. El que pudiendo enriquecerse no lo hace, el que tiene amigos en el gobierno y no consigue contratos, el que no busca el bienestar económico, el que no pone al dios dinero por encima de otros dioses, es un estúpido. Ya nadie confía en los políticos, se han convertido en una clase despreciada por todos. Pero no les importa, los políticos, desde siempre, siempre han sido cínicos. A su retiro se van a administrar sus fortunas, a vivir como reyes con el dinero que otros ganaron. No hay arrepentimiento, no hay conciencia; sólo voracidad y cinismo. Y los pocos honestos, son asesinados o detenidos, no vaya a ser que arruinen el lucrativo negocio de la política.

Soborno, malversación, tráfico de influencias, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito, blanqueo de capitales, encubrimiento, obstrucción de la justicia, corrupción política, trato de blancas; es claro que no sólo los políticos son responsables de la corrupción, lo somos todos los mexicanos, la sociedad en general. De una manera u otra, todos participamos y toleramos esa forma de vida. ¿Quién no ha sobornado a un policía? ¿Quién no ha pagado por un trámite? ¿Quién no ha tolerado que sus gobernantes le roben? ¿Quién no se ha conformado con el gobierno mediocre que tiene? ¿Quién ha acusado de corrupto a un amigo o al padre de un amigo, que todo el mundo sabe que se ha enriquecido con un cargo público o de la obtención de un concurso público amañado?  

¿Es posible detener la corrupción cuando ha llegado a esta magnitud? No lo sé, pero hay que empezar pensando que sí. Las utopías de hoy, son las realidades del futuro.

 

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Estamos divididos. La sociedad mexicana siempre ha estado fragmentada. Desde la conquista. La independencia fue el primer gran sueño utópico; la llevaron a cabo los criollos y, como siempre, los indígenas pasaron de ser explotados por la corona, a ser explotados por los criollos. La revolución fue el segundo gran sueño utópico; al final sólo se cambió una tiranía por otra. La realidad es ésta, por más que contradiga la otra cara del mexicano, la del hospitalario, el amable, el generoso, que también lo es. Los mexicanos somos buenas personas, pero nos metemos el pie entre nosotros. Hay un desprecio generalizado de unos por otros. “Güeritos” y “morenitos”. “Hijos de papi” y “nacos”. “Hijos de españoles y europeos” y “mestizos”. Los “de coche” y los “de a pie”. Los “políticos” y los “ciudadanos”. Los “poderosos” y los “pordioseros”. Los “cultos” y los “incultos”. Los “ricos de siempre” y los “nuevos ricos”. Los de arriba explotan a los de abajo, los de abajo roban y matan a los de arriba. Todos están resentidos. Las élites culturales dicen quien puede formar parte de ellas y quien no. Siento escribir esto: México, como nación, no es una nación unida, en el país imperan el odio, el menosprecio y el resentimiento. En México ya no se valora el trabajo, se valora el dinero. Y eso explica en gran medida el descontento social y la violencia que se ha generado. Los mexicanos (buscando siempre mostrar nuestros orígenes extranjeros) somos malinchistas. No somos ni nacionalistas, ni patriotas. El enemigo de México es su clascismo, su falta de unidad, la ineficacia y corrupción de su gobierno. No podemos convivir en paz entre nosotros mismos, porque los mexicanos estamos en guerra.

 

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La utopía consiste en el rechazo de la realidad actual y en la construcción imaginaria de otro lugar mejor, que muchas veces está ubicado en un tiempo mejor. La utopía permite confrontar la realidad actual con esa realidad alternativa. Y esa comparación debería de permitir encontrar una mejor realidad, ajustada a las circunstancias y al contexto actual. Las sociedades prehispánicas han sido idealizadas. No obstante, no constituyen las sociedades perfectas en las que a veces se piensa y, sin embargo, el pasado, con esa alegoría que ilumina a las sociedades primitivas, son necesarias para recuperar el presente y perfilar un futuro (tomar lo mejor del pasado y actualizarlo). El problema de vivir sin utopías consite en la falta de una verdadera visión de pasado, presente y futuro.

La utopía moderna siempre ve hacia delante y pone los sueños en una vida colectiva mejor.  

En su ensayos titulados Las cinco grandes utopías del siglo XX, el escritor Pedro Paunero escribió que «en la mayoría de las utopías o distopías, los ciudadanos están inmersos en un socialismo marcado por la igualdad y la negativa a acumular riquezas materiales, la tolerancia religiosa, la agricultura como el trabajo más deseable, los sabios como detentadores del poder (el gobierno de los mejores) y la uniformidad en las vestimentas y la educación». La utopía moderna aspira a lo mismo, pero en un contexto dentro del cuál se tiene claro que las utopías totalitarias, de izquierda y de derecha, tuvieron estrepitosos fracasos y sólo condujeron a la creación de sociedades controladas que vivieron vidas infelices. La utopía moderna no propone una sociedad igualitaria, sino una más libre, basada en los principios de felicidad individual y, al mismo tiempo (lo uno debería llevar a lo otro), de la felicidad social a la que toda utopía debe aspirar.

 

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«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar», escribió ese soñador de mundos mejores que fue Eduardo Galeano.

Me temo que los políticos y los partidos políticos, de tan ocupados que están en obtener nuevos puestos y en dar puestos a sus amigos más leales, en ganar elecciones, en repartir espejitos y espejismos a la población y en ajustar sus sueldos de acuerdo al incremento de los precios de sus lujos, no tienen tiempo para construir utopías.

México es un país sin utopías. O, mejor dicho, México es una distopía.

Tal vez, a muchos políticos les hubiera venido bien un maestro de filosofía como el Padre L., que no sólo les hubiera enseñado a aprender filosofía, sino que les hubiera recomendado la lectura de algunos pensadores utópicos aunque, como yo, hubieran tenido que volverse escritores fantasmas en lugar de funcionarios fantasmas.

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Viernes, 08 de Enero 2016 - 16:00
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El año de la revuelta

El Partido Liberal ganó las elecciones federales realizadas el domingo pasado en Canadá. De tener solo 36 asientos en la Cámara de los Comunes, los liberales ahora tendrán 184, lo que les permitirá formar un gobierno de mayoría sin la necesidad de aliarse con ningún otro partido. El Partido Conservador del primer ministro saliente, Stephen Harper, ganó solo 99 escaños, 60 menos de los que obtuvo en las elecciones de 2011, mientras que el Nuevo Partido Democrático se quedó con 44, que son 51 menos que las que consiguió hace cuatro años.

El factor que explica el crecimiento desmesurado del Partido Liberal en solo cuatro años se llama Justin Trudeau, de 43 años de edad, hijo mayor del finado Pierre Trudeau, quien fue primer ministro canadiense de 1968 a 1979 y de 1980 a 1984. En 2008 fue electo por primera vez al parlamento canadiense y en 2013 se convirtió en el líder de los liberales. En solo dos años Justin hizo que su partido accediera al poder después de que en 2011 apenas obtuvo el 18.9% de los votos. Por eso, dentro de pocos días se convertirá en el vigesimotercer primer ministro de su país.

Pese a su apellido famoso, Justin no es visto como un político por los electores en vista de que gran parte de su vida la ha dedicado a la academia y a la defensa de causas sociales. No pasó desapercibido el hecho de que dudó en aceptar el liderazgo de su partido por el temor de no dedicarle el tiempo suficiente a su esposa, quien es una conductora de televisión, y a los tres pequeños hijos de ambos.

Al elegir a un gobierno liberal dirigido por un político que no es percibido como tal, los votantes se sublevaron contra la clase política representada por Harper, un veterano con casi 30 años de carrera, 10 de ellos al frente del gobierno canadiense.

La revuelta de los ciudadanos contra la clase política acaba de verse en Canadá; se está viendo en Estados Unidos, en donde dos hombres que nunca han ocupado un cargo público –Donald Trump y Ben Carson- encabezan las encuestas de preferencias entre quienes se declaran republicanos; la vimos el 6 de junio pasado en México, cuando un candidato independiente ganó la gubernatura de Nuevo León sin que a nadie le pareciera importar que militó durante 33 años en el PRI.

2015 podría ser recordado como el año del inicio de la revuelta de millones de ciudadanos contra la clase política de sus respectivos países. Revuelta que se origina en la falta de capacidad de los políticos para resolver el creciente número de problemas económicos, sociales y políticos que afectan la vida de millones de personas, y en la percepción de que los políticos solo usan sus cargos para enriquecerse mientras que gran parte de la población enfrenta cada vez más carencias.

Habrá que ver si Trudeau y el flamante gobernador de Nuevo León no terminan actuando igual que los que los antecedieron. Mientras eso sucede o no, los no políticos podrán seguir beneficiándose de la revuelta de los votantes.

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Fecha: 
Miércoles, 21 de Octubre 2015 - 12:00
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¿Por qué la ciudadanía no cree en los partidos políticos, la política ni en sus políticos?

Las democracias contemporáneas se encuentran articuladas bajo tres componentes sustanciales: la ciudadanía, los derechos humanos y los partidos políticos. Hoy en día la idea de democracia es difícil concebirla sin alguno de estos elementos.

En particular, los partidos políticos desempeñan dos papeles centrales en una democracia: por una parte, una función social como responsables de la estimulación de la opinión pública y la socialización de la política, y por otro lado, una función institucional como parte instrumental de la conformación de los órganos del estado y el poder público[1].

Sin embargo, hoy en día está extendida la sensación de descredito y de un déficit de confianza por parte de los ciudadanos con respecto a la política, los políticos y los partidos políticos.

Si bien es cierto, existen problemas sistémicos -estructurales, como la corrupción, la opacidad, el déficit en el funcionamiento de las instituciones democráticas, etc.- que hacen que crezcan los índices de desconfianza en los políticos, los partidos políticos y los políticos por parte de la ciudadanía, existen otras razones de carácter filosófico- político que explican este fenómeno de desesperanza con todo lo relacionado con la política. 

El debate público de nuestras sociedades no está funcionado óptimamente hoy en día. Existe un cierto vacío en la vida pública, mismo que explica el por qué en las sociedades democráticas occidentales existe una frustración generalizada. La razón fundamental de esa frustración tiene que ver con el poco o nulo caso que los políticos, los partidos políticos y la política hacen de las grandes e importantes preguntas relacionadas con el significado y el propósito de nuestras vidas colectivas, así como del contenido mismo de nuestros derechos. No se abordan discusiones sobre la importancia de construir valores asociados a la virtud cívica de la ciudadanía o el bien común.

En esta línea, cabe preguntarse: ¿Por qué los políticos no quieren debatir sobre estas cuestiones fundamentales?. Desde mi punto de vista, hay dos posibles respuestas. Por un lado, desde la década de los años 80s, los políticos han profesado una especie de  “fe en el mercado”, o “triunfalismo de mercado”[2],  esto es, los valores asociados a las economías de libre mercado que estimulan el individualismo son suficientes para generar justicia social.

Se piensa que el trabajo como premisa fundamental para obtener ganancias nos hace irremediablemente libres, independientes, estables económicamente y que, como consecuencia de todo ello, se articularán sociedades más justas y democráticas. No existía debate alguno sobre las cuestiones fundamentales asociadas a la justicia, la ética y los derechos humanos.

Ahora bien, una segunda razón del por qué es casi inexistente la discusión a fondo sobre estas cuestiones, tanto en la política como en los medios de comunicación, es que a menudo los políticos evitan el debate por considerar que estas interrogantes sobre la buena vida o la moralidad son políticamente arriesgadas.

Desde luego, en las sociedades caracterizadas por el pluralismo existen marcados desacuerdos acerca de las cuestiones morales, acerca de cuál es la mejor manera de vivir, y el contenido propio de nuestros derechos. Sin embargo, temas fundamentales como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción por parejas del mismo sexo, la muerte asistida (eutanasia), la distribución de los ingresos y la riqueza, cuestiones de bioética, etc., son temas que deben necesariamente ser debatidos en la arena pública.

Ante este escenario, los partidos políticos, la política y los políticos han tenido la tendencia a simplificar los problemas posicionándose en la “neutralidad” o, peor aún,  articulando discursos que justifican su no intervención esgrimiendo razones que intentan pasar estos asuntos como “no importantes”.

En suma, en democracia no sólo es importante el debatir públicamente sino decidir cuáles son aquellos temas que se deben debatir. Resulta imperativo que los políticos empiecen a cambiar las posiciones neutrales y pongan en el escenario del debate público las cuestiones más importantes sobre el contenido de nuestros derechos, la ética pública y del cómo construir de mejor manera una sociedad que sea capaz de discutir estos temas sin ruborizarse, aún  y cuando existan profundos desacuerdos razonables sobre estos.

De conseguirse lo anterior, la ciudadanía, los políticos, la política y los partidos políticos darían un ejemplo claro de que cómo en las sociedades democráticas es posible confrontar y debatir aquellas cuestiones fundamentales sobre nuestra vida con discursos morales razonados.

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[1] Cárdenas Gracia, Jaime F., Crisis de legitimidad y democracia interna de los partidos políticos, Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

[2] Sandel, Michael, Justicia: ¿hacemos lo que debemos?, Debate, Madrid, 2011.

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Jueves, 14 de Mayo 2015 - 18:00
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¿Nuestro mundo de hoy …mejor que antes?

Resulta interesante comparar los tiempos de antes con los de ahora.

Cuando yo era niña, en la década de los ochenta, ocurrieron hechos trascendentales que fueron transformando la historia: cambios sociales, geopolíticos, ideológicos y qué decir de los avances tecnológicos que nos han simplificado la vida. Sin embargo, más de uno me daría la razón al referirme a que el mundo, a pesar de tantos avances, no es mejor. Muestra de ello, lo podemos observar en cualquier parte. Por mencionar algo: hoy en día, cada vez más productos y servicios en este sistema económico globalizado carecen de calidad, sobre todo los productos de consumo.

Recuerdo que hace años, si decidía viajar por aire en clase turista, podía disfrutar de un desayuno decente, hoy en día, solo una galleta si tengo suerte; si adquiero una prenda de vestir, ya no le confeccionan bolsillos, ¡se ahorran la tela!; el tamaño de la mayoría de los productos es mucho más pequeño, más “chafa” y lo que es peor, en muchos de los casos de menor durabilidad y de mayor costo.

La apabullante diversidad de competidores en el mercado, hace que todos ganen, menos el consumidor, -¿se deberá a la famosa productividad que tanto ejercen las empresas o a la cada vez más cínica codicia humana?- lo cierto es que la ética brilla por su ausencia; pero, lejos de solo tratarse de asuntos comerciales, podemos encontrar carencia de calidad y prudencia en el actuar humano, en prácticamente cualquier parte, sin dejar de lado, el terrible e irreversible daño al medio ambiente, así como, en el fallido sistema educativo que trae tan rezagado a medio planeta.

La falta de credibilidad en las instituciones por parte de los ciudadanos, emerge precisamente de un irresponsable y hasta cínico comportamiento de los hombres y mujeres que conforman la llamada clase política gobernante, empresarios y diferentes entes sociales, que ceden ante la incesante corrupción, que como cualquier producto o servicio, se rige por una oferta y una demanda.

La humanidad cada vez desea tener más, por menos, se siente todopoderosa, capaz de moldear su entorno a capricho, aunque ello implique perjudicar a sus semejantes. Recientemente leía una nota de una agencia de noticias rusa en lengua española, acerca de una investigación que demuestra que el ser humano se vuelve más inteligente mientras evoluciona. No obstante, eso pierde todo significado, toda vez, que la raza humana no entienda que lo que necesita es un incremento en la toma empática de conciencia de su entorno, cuya falta, nos vislumbra un brutal fin autodestructivo.

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Fuente: http://actualidad.rt.com/ciencias/167967-efecto-flynn-personas-inteligen...

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Lunes, 27 de Abril 2015 - 13:30
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Opacidad de partidos políticos. Problemática mundial por sobreproducción de materias primas. Políticos molestos por negativa de visita papal

Esta tarde, el nuevo subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa, nos explica que hará para garantizar que se respeten los derechos humanos de los mexicanos. En el estudio me accompañan Antonio Castro y Hugo González y platicamos sobre la opacidad de los partidos políticos, las fallas y retrasos para lanzar a un satélite mexicano al espacio, y el problema que está generando alrededor del mundo la sobreproducción de materias primas. Mónica Uribe nos comenta que la clase política está molesta porqué el papa Francisco se niega a visitar México. Tere Vale y yo discutimos sobre el caso Ayotzinapa.

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Lunes, 27 de Abril 2015 - 19:00
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Mi programa:

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De la crisis de confianza a la crisis de legitimidad

México tiende a precipitarse hacia una crisis de legitimidad. Poco a poco parece configurarse esa ominosa posibilidad. Desde hace años la credibilidad en los políticos es muy baja, pero se complicó con una crisis de confianza que desencadenaron las casas presidenciales y del secretario de Hacienda. A ello se suman la presunta partidización de la Suprema Corte de Justicia, la corrupción generalizada en el Congreso, el grosero pillaje de las haciendas públicas estatales, el desfondamiento de los partidos políticos y la debacle del árbitro electoral, el INE. Se conforma una crisis institucional: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y los tres órdenes de gobierno abdican a su papel de representar a los mexicanos para procurar sólo sus intereses particulares. La elite política mexicana parece empeñada en destruir a la democracia representativa. El vaciamiento de las instituciones nos arrastra a un callejón sin salida.

¿No ven los políticos que están cerrando los canales de movilidad e interlocución? Viene a complicar este escenario la crudeza con la que pega la caída de los precios del petróleo y el desatino del gobierno de sacrificar a sectores cruciales como la inversión pública y la salud, mientras se dilapidan los dineros públicos en salarios y prestaciones exorbitantes de políticos y funcionarios de los primeros círculos de gobierno, en partidas desmesuradas para los partidos políticos, en fondos sin sustento legal a grupos de presión, contratos millonarios a los empresarios amigos… El desprestigio de la cosa pública es tal y el fracaso de las políticas de estímulo es tan evidente (el mayor gasto público no impulsó el crecimiento ni el empleo, pues por cada peso que crece el PIB se importan 45 centavos) que el régimen está entrampado.

El desencanto social tenderá a recrudecerse al término del proceso electoral cuando se combinen dos eventos previsibles: mayor restricción al gasto público y el mantenimiento de la composición de las fuerzas políticas en la Cámara de Diputados y los gobiernos estatales, en virtud de la posible alta abstención y el poder del sistema clientelar, es decir, la capacidad de gobiernos y sus partidos para condicionar los votos de los electores. En tan compleja circunstancia, si persiste la arrogancia de la elite política (reflejada en la insultante rebaja de 100 pesos quincenales de la dieta de los senadores, mayor a 170 mil pesos al mes) el riesgo es  un colapso del sistema político o un clamor popular de pagar tributos sólo a cambio de representación y rendición de cuentas, opción que involuntariamente promueve la campaña del PAN a favor de reducir los impuestos. Hacia allá nos puede llevar la crisis de legitimidad política.

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Jueves, 12 de Marzo 2015 - 18:00
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Swiss Leaks 2

Los resultados de la investigación “Swiss Leaks: Dinero Turbio Resguardado por el Secreto Bancario: Como uno de los bancos más grandes del mundo ayudó a esconder millones en cuentas relacionadas a traficantes de armas, dictadores y evasores de impuestos”, realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) y difundida el domingo pasado ha causado un revuelo internacional debido a que entre los probables evasores de impuestos que de 1998 a 2007 abrieron cuentas en la sucursal suiza del banco inglés HSBC hay empresas internacionales y personalidades de la política, el deporte, el mundo empresarial y la delincuencia. La investigación señala que fueron poco más de 100,000 millones de dólares provenientes de 106,000 clientes relacionados con 203 países.

Es importante recalcar que depositar dinero en una cuenta en Suiza no es constituye delito alguno, lo ilegal es que el titular de dicha cuenta no haya declarado el ingreso de dicho dinero a su patrimonio y evadido el pago del impuesto sobre la renta correspondiente.

En lo que a México se refiere, los archivos del HSBC filtrados por un ex empleado del banco indican que entre 2006 y 2007 un total de 2,642 personas de alguna manera asociadas con México, de las cuales 39% tenían un pasaporte o nacionalidad mexicana, depositaron o escondieron aproximadamente 2,200 millones de dólares en 1,893 cuentas que supuestamente fueron diseñadas para que sus titulares evadieran el pago de impuestos al fisco mexicano. El monto máximo que se encontró en una de estas cuentas fue de 596.4 millones de dólares.

Algunos de los mexicanos cuyos nombres hasta el momento han sido relacionados con estas cuentas han explicado el porqué de las mismas. Si procede, le toca ahora al SAT determinar si los fondos depositados tuvieron un origen lícito y si en su momento fueron declarados como un ingreso en las declaraciones de impuestos correspondientes a esos años.

Los nombres de estos mexicanos se han difundido ampliamente durante esta semana y la información que hasta el momento se puede ver en el sitio www.icij.org/project/swiss-leaks/explore-swiss-leaks-data es insuficiente para llegar a conclusión alguna.

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Fecha: 
Miércoles, 11 de Febrero 2015 - 12:00
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¿Evasores mexicanos revelados?

Está visto que los tiempos que corren no son los de los secretos, sino los de las revelaciones. Julian Assange, Chelsea Manning y Edward Snowden, por citar a los más famosos, nos han develado un mundo de secretos de Estado, espionaje y canalladas. A quienes se maravillan de estas “revelaciones” habrá que recomendarles asistir más al cine o leer novelas puesto que nada de lo que se da a conocer es realmente sorpresivo. De una u otra forma ya se sospechaba. Si acaso la concreción con nombre y apellido de lo sospechado ha confirmado que vivimos en un mundo de intereses evidentes y no tan evidentes, como ha sido siempre la sociedad humana, sólo que ahora con tecnología.

En esta idea de las “revelaciones”, dos investigaciones diferentes amenazan balconear a varios políticos y empresarios mexicanos con cosas que ya suponíamos todos: que poseen propiedades y depósitos en el extranjero, obtenidos vaya usted a saber cómo, pero todos sospechamos que hay un gato encerrado que se llama corrupción. Por cierto que ninguna de las dos investigaciones periodísticas tenía como meta sacar a la luz a los mexicanos, pero ahí donde parece haber corrupción se ha vuelto un lugar común que haya nacionales, así sea del otro lado de la frontera o del océano.

La primera de las investigaciones corresponde a una serie de cinco reportajes del New York Times que se abocó a saber quiénes estaban detrás de las compras de bienes raíces de altos precios en la Gran Manzana. Un desfile de rusos, indios, chinos y otros personajes tercermundistas han desfilado en las páginas como poseedores de estos inmuebles de lujo. Mañana miércoles saldrá la parte en donde se seguirá sacando a balcón a José Murat, pero al parecer habrá más nombres mexicanos.

La otra investigación está hecha por Le Monde y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación a partir de información secreta revelada por un trabajador del banco HSBC. En principio, fue un escándalo relacionado con la evasión de impuestos, pero ha devenido en político. Artistas, deportistas, hombres de negocios y políticos han sido expuestos. En América Latina el asunto tendrá repercusiones. Brasil es el país latinoamericano con más cuentas, pero Venezuela tiene los depósitos más cuantiosos. De México se han exhibido nombres conocidos: Camil, Hank, Elías, Ebrard, entre otros.

Por lo pronto, el banco enfrenta una seria investigación en Estados Unidos y varios países europeos, con excepción de la Gran Bretaña. Es probable que muchos de los personajes aparecidos en las investigaciones periodísticas aludidas enfrenten cargos en sus países de origen. Sería deseable que en México no se viera sólo como una nota de color, sino que el SAT anunciara que al menos va a dar un vistazo a los datos, a ver si los impuestos pagados por estos personajes corresponden a su guardadito en Suiza. Digo, al menos para guardar las apariencias.

Foto: elmanana.com.mx

Fecha: 
Martes, 10 de Febrero 2015 - 17:00
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Swiss Leaks 1

En www.icij.org/about puede leerse que “el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) es una red global de 185 periodistas de investigación en más de 65 países que colaboran en la realización de investigaciones a profundidad sobre diversos temas.

“Fundada en 1997… ICIJ se inició como un proyecto del Centro para la Integridad Pública de Washington, DC, para difundir el estilo de periodismo de investigación del Centro, enfocándose en cuestiones que no se detienen en las fronteras nacionales: la delincuencia transfronteriza, la corrupción, y la rendición de cuentas del poder. Respaldado por el Centro y sus especialistas en periodismo asistido por computadora, expertos en registros públicos, verificadores y abogados, los periodistas y editores de ICIJ proporcionan recursos en tiempo real y herramientas con tecnología de última generación y técnicas para periodistas de todo el mundo”.

Entre las investigaciones que ha realizado el ICIJ vale la pena mencionar, además de la que esta semana expone las cuentas multimillonarias depositadas en la sucursal suiza del frecuentemente impugnado banco inglés HSBC, las siguientes: Filtraciones de Luxemburgo: Los secretos de las compañías globales expuestos; Secrecía a la Venta: En el Interior del Laberinto Global de los Paraísos Fiscales; El Saqueo de los Mares I, II y III; Piel y Hueso: El Lucrativo Negocio del Reciclaje de Humanos Muertos; Cortina de Humo: Las Grandes Tabacaleras Están Reenfocando su Cabildeo en los Mercados Emergentes; La Bandera Roja de Interpol: Las Naciones Alineadas a la Interpol Han Usado Al Grupo como Una Herramienta contra Opositores Políticos y Refugiados. En http://www.icij.org/projects puede consultarse la lista completa de dichos proyectos.

Todo lo anterior lo anoto para que no quede duda de que el ICIJ es una organización que realiza cuidadosamente sus investigaciones, como la que difundió el domingo pasado y que lleva por nombre “Swiss Leaks: Dinero Turbio Resguardado por el Secreto Bancario: Como uno de los bancos más grandes del mundo ayudó a esconder millones en cuentas relacionadas a traficantes de armas, dictadores y evasores de impuestos”.

En www.icij.org/project/swiss-leaks/explore-swiss-leaks-data el ICIJ aclara que “Hay usos legítimos para cuentas bancarias y fideicomisos suizos. No pretendemos sugerir o implicar que algunas personas, empresas o entidades incluidas en la aplicación interactiva de Swiss Leaks del ICIJ hayan violado la ley o de alguna manera se hayan comportado indebidamente. Si encuentra un error en la base de datos, por favor comuníquese con nosotros”.

¿Qué es Swiss Leaks? El ICIJ lo explica: “El proyecto se basa en un tesoro de casi 60,000 archivos filtrados que proporcionan detalles de más de 100,000 clientes de HSBC y sus cuentas bancarias”. La mayoría de la información sobre clientes y sus cuentas cubre el período 1998-2007. La información sobre los montos de dinero es de los años 2006 y 2007. En la aplicación interactiva pueden compararse los países de origen de los cuenta-habientes y más sobre algunos de estos clientes. En el sitio no aparece información para países que enviaron cero dólares o con tres o menos clientes. Cada cliente podría estar relacionado con varios países y hay más de 19,000 clientes no asociados con un país.

La aplicación interactiva muestra los 34 países que más clientes generaron para HSBC. Los 10 primeros son Suiza, con 11,235 clientes, seguido por Francia (9,187), Reino Unido (8,844), Brasil (8,667), Italia (7,499), Israel (6,554), Estados Unidos (4,183), Argentina (3,625), Turquía (3,105)  y Bélgica (3,002). Con 2,642 clientes, México aparece en el lugar 13.

También aparecen los 34 países que más dinero aportaron a las cuentas de los clientes de HSBC. Los 10 primeros son Suiza, con 31,200 millones de dólares. Luego aparecen Reino Unido (21,700 millones), Venezuela (14,800 millones), Estados Unidos (13,400 millones), Francia (12,500 millones), Israel (10,000 millones), Italia (7,500 millones), Bahamas (7,000 millones), Brasil (7,000 millones) y Bélgica (6,300 millones). Nuestro país, con 2,200 millones aparece en el lugar 30.

Mañana: los nombres de algunos de los criminales, traficantes, evasores fiscales, políticos y celebridades que depositaron dinero en estas cuentas.

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Fecha: 
Martes, 10 de Febrero 2015 - 12:00
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