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No tiene la culpa el Piojo

Jueves, 30 de Julio 2015 - 16:00

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Carlos Guevara Casas

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A mi tía Evangelina Casas, a quien no le gustaba el fut y seguro no sabía quién es el Piojo pero que falleció hace unas horas. A su familia, amorosamente.

Si al ver los videos del Piojo festejando o fustigando se lo imagina acabando de vencer a un mastodonte, tal vez esté en lo correcto.

El deporte es en muchos sentidos una sublimación de nuestros instintos cazadores y bélicos. Un  refinamiento de las peleas de taberna y la lucha por la presa de caza. En lugar de pelar por un trozo de mamut formamos dos equipos que disputen un enredo de cuero.

El futbol mismo es nieto de las batallas campales con coscorrones, piquete de ojo, zapes y sin un área de juego definida que podía abarcar toda una villa. William Murray en The World's Game: A History of Soccer cuenta que por lo mismo llegó a ser parte del entrenamiento militar de la Inglaterra preindustrial. También cuenta cómo finalmente la cordura imperó y se establecieron las reglas de civilidad que le dieron la forma actual. Sin reglas cualquier interacción se basa en la fuerza, en la ley de la selva que, como decía Ikram Antaki, es la única ley que no es ley. La civilidad se basa en el respeto a la ley. Pero la ley se aprende a través de formación. Los padres son el límite de nuestra conducta porque de ellos aprendemos cómo socializamos. Hay estudios que indican que otra buena parte se aprende de los compañeritos de la escuela o del barrio o de la palomilla. A menos padres (o guías) más palomilla y más violencia. No todo mundo está de acuerdo con esto; Rousseau pensaba que la educación corrompía nuestra bonhomía de nacimiento; nos quitaba la garantía. William Godwing decidió novelar su oposición a ello y escribió El señor de las moscas para mostrar como unos dulces retoños humanos pueden hacer sonrojar al sanguinario Pol Pot.

Según datos del INEGI, de 19 millones de habitantes en 1940 pasamos a más de 112 millones en 2010. ¿Cómo pudieron criarnos y formarnos las abuelas con 6 hijos en promedio y siempre embarazadas? Y luego abandonadas y saliendo a trabajar. No pudieron y eso tuvo consecuencias.

De acuerdo con un estudio de 2012 del Ministerio de Justicia de Reino Unido, el 53 % de los prisioneros en cárceles británicas proviene de familias desintegradas. Las cifras en estados Unidos son similares cuando éstas solo representan el 26%, según reportó la Oficina de Censos de ese país para 2005% y 34% en 2013 según el Centro Pew. Ahora bien, si tener dos padres es tan bueno, ¿por qué terminó encarcelada la otra mitad? Según Kelly Musick y Ann Meier, en su artículo Are Both Parents Always Better Than One? Parental Conflict and Young Adult Well-Being, los matrimonios de “baja calidad”, es decir con conflictos y maltrato constantes no son sustancialmente mejores que cuando se crece en una familia desintegrada o uniparental. Los datos las apoyan. El 10% de los prisioneros británicos fue maltratado físicamente durante su infancia por sus padres  y el 5% reporta  haber sido testigo de maltrato a su madre. En el caso de las prisioneras la cifra de antecedentes de maltrato infantil se eleva a más del 30%.

A este coctel agregue que en la escuela usted tiene a un maestro de la CNTE. O del SNTE. Olvide al tipejo golpeador y aviador; imagine al profe comprometido pero mal pagado, mal formado y sin recursos. Las pruebas PISA ubicaron a Oaxaca en el 2012 con 391 puntos en Ciencias, contra 458 del DF, debajo de Trinidad y Tobago con 410. En su desesperación, amorosa lectora y madre de familia, intenta acercarse a la esperanza de Dios y el cura le sale coqueto, ambicioso, de cascos ligeros, sexualidad dudosa y lubricidad desbordada.

Repita esto durante varias generaciones y tendrá una población con narcos, secuestradores y Piojos. Mejor pensemos en los ejemplos deportivos Paola Longoria y Paola Espinosa.

Fallida como todas las comedias de Peter Segal, Locos de Ira con Jack Nicholson y Adam Sandler narra las peripecias de una injusta sentencia a asistir a terapia para el control y manejo de los ataques de ira. Uno pensaría que el Piojo debería intentar algo así para contenerse. Ojalá lo haga; mientras tanto, por favor, nadie le pase mi twitter.


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