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Mujeres ilustres

Lunes, 28 de Noviembre 2016 - 15:00

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Antonio G Trejo

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Este artículo cumple una petición muy especial de alguien que me ha reclamado el que no haya dedicado más atención a los logros y éxitos de las mujeres en el campo de la ciencia. Tal vez tenga razón, pero en mi descargo tendré que recordarle que el 20 de Abril del 2015, escribí un artículo acerca de Rosalind Franklin, la biofísica británica que verdaderamente dilucidó la estructura química del DNA pero que fue ignorada por la Real Academia Sueca en la adjudicación de los Premios Nobel en 1962. Desafortunadamente, este caso no ha sido el único, existen muchos otros que han sido ignorados con toda la mala saña de algún indigno que les ha escatimado el crédito.

En esta ocasión, nos ocuparemos de reconocer los talentos de Marthe Gautier y Lise Meitner, dos mujeres talentosas que fueron despojadas del reconocimiento a sus respectivas contribuciones científicas que de alguna manera quedaron como muestra de su excepcional talento y dedicación.

Marthe Gautier, la doctora nacida en Bourdeaux, tuvo una estancia en Harvard aprendiendo técnicas de diagnóstico de fiebre reumática infantil y cultivo de tejidos y que a su regreso a Francia no pudo sino encontrar un trabajo como ayudante en el laboratorio del Dr. Raymond Turpin, que se interesaba en la genética del síndrome de Down. El Dr. Turpin asistió a una reunión científica en Suecia donde supo acerca de una nueva técnica que involucraba el cultivo de tejidos. A su regreso, encargó a la doctora Gautier el proyecto, pero tuvieron la mala fortuna de no poder conseguir fondos necesarios para costearlo. Ella era tan dedicada, que dispuso de tiempo personal e inclusive compró la cristalería de su propio bolsillo y aisló el suero de su sangre para enriquecer los cultivos. Analizó cientos de preparaciones y perfeccionó la técnica para contar los cromosomas humanos.

En Mayo de 1958, obtuvo varias muestras de sangre de niños afectados con el síndrome de Down y contó 47 cromosomas en lugar de los 46 habituales en cualquier preparación humana. Ella no tenía cámara fotográfica en su microscopio, de manera que aunque había observado los 47 cromosomas, carecía de la evidencia para demostrarlo. En aquel entonces el Doctor Jerome Lejeune era un asiduo visitante al laboratorio de Turpin para recibir entrenamiento en genética del síndrome de Down, cuando se entero del hallazgo de la doctora Gautier. Lejeune se ofreció a sacar fotos de las células con los 47 cromosomas y la Gautier le proporcionó las preparaciones sin reparo.

Posteriormente, cuando la doctora Gautier le pregunto a Lejeune acerca de las fotos, éste le dijo que Turpin las tenía, lo cual era una mentira. Sin consultar a nadie, Lejeune presentó el trabajo con las fotos en el International Congress of Genetics en Montreal en Agosto de 1958. El disgusto y el escándalo fueron mayúsculos, y para aplacar a la Doctora, le dijeron que la incluirían en la publicación del artículo en una revista científica. En efecto, la incluyeron pero no como autor, sino como un agradecimiento como ayudante en el laboratorio. Los autores de la publicación fueron Lejeune en primer término y Turpin en segundo; para colmo, el nombre de la doctora Gautier estaba mal escrito. Lejeune cosechó todo género de honores por su descubrimiento y su carrera se vio coronada con el ascenso a Profesor de Genética de la Facultad de Medicina de París. La doctora M. Gautier sin contactos ni influencias, tuvo que buscar otro trabajo.

Años después, varios citogenetistas británicos coincidieron en que las preparaciones de la Gautier y su correcta interpretación de la trisomía en el cromosoma 21 fueron la clave del trabajo y que las fotos del Dr. Lejeune fueron una buena evidencia complementaria del hallazgo y que, por lo tanto, el nombre de la Dra. Gautier debió haber sido publicado como autora y no como un agradecimiento a su trabajo como ayudante. Lo último que se supo de ella es que dio una conferencia de prensa en el 2014 donde aclaró todo y después desapareció del ambiente científico.

Lise Meitner, física austriaca quien trabajó junto con Otto Hahn en proyectos de física nuclear y radioactiva, su principal descubrimiento fue lograr la fisión nuclear del uranio en dos núcleos más pequeños con la liberación de una gran cantidad de energía. Este hallazgo fue la base de la bomba atómica desarrollada por EE.UU. y usada contra Japón en 1945. Hoy en día la fisión nuclear se usa en varios países para generar electricidad. Lise Meitner y Otto Hahn trabajaron mucho tiempo juntos en diversos proyectos de física y de química, de esos proyectos donde no existe una definición específica con respecto a la naturaleza del proyecto, de hecho, ambos fueron nominados para los Premios Nobel de Física y de Química. Mientras que Otto Hahn y Fritz Strassmann describieron e identificaron la reacción de la fisión del uranio para producir bario, Lise y su grupo describieron la fisión nuclear de la reacción con la correspondiente liberación de la energía, fueron dos etapas diferentes; por ende, la propuesta de los dos Premios Nobel; sin embargo, Lise no logró ninguno, solo a Otto Hahn le fue adjudicado el de química en 1944.

La adjudicación del Premio causo un profundo malestar en el mundo científico, la gran mayoría de científicos, principalmente europeos, protestó la exclusión de la Dra. Meitner, al parecer, La Real Academia Sueca no perdonó el que Lise hubiera huido de Alemania en 1938, por sus orígenes no arios, por mala voluntad política y por causas eminentemente raciales. 

Lise Meitner era toda una personalidad y un talento respetado en el mundo académico de la Alemania Nazi, fue la primer mujer con el más alto grado académico: Profesor de Física, además era la Jefe del Departamento de Física del Kaiser Wilhem Institute, una de las instituciones más prestigiadas en el mundo en esa época; cargos que perdió por las razones mencionadas.

Curiosamente, al salir de Alemania en 1938 se fue a refugiar a Suecia, donde obtuvo la ciudadanía años más tarde. Lise Meitner murió en 1968 en Cambridge, Inglaterra.

El talento, el respeto así mismo y la integridad personal son atributos intrínsecos de los individuos, no se compran, se pretenden o se alquilan en ninguna parte; la verdad siempre sale a relucir tarde o temprano. Estas mujeres fueron ejemplo de ello.


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Número 33 - Septiembre 2019
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