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Los gatos, el toxoplasma y la esquizofrenia

Lunes, 22 de Mayo 2017 - 15:00

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Antonio G Trejo

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Los gatos son las creaturas que nos permiten acariciar al tigre.

La mañana del 21 de septiembre del 2011, la reportera Kathleen McAuliffe estaba pasando serias dificultades para lograr una llamada telefónica a Praga. Ella trataba de comunicarse con el biólogo Jarovslav Flegr de la Universidad Charles en la antigua Checoeslovaquia. Quería confirmar una información que había leído en una revista de circulación restringida.

Al cabo de cierto tiempo, el doctor Flegr contestó y ella empezó con sus preguntas. La conversación se extendió y ella obtuvo la información que buscaba, el doctor Flegr no solo confirmó que estaba o había estado contagiado con la toxoplasmosis, una infección causada por el protozoario parásito Toxoplasma gondii; no solo eso, sino que aseguró que desde el contagio, él había sentido que su personalidad se había alterado en el sentido que se había vuelto más descuidado, con reflejos más retardados y con una inclinación muy marcada hacia las situaciones de peligro. Sus investigaciones se habían perdido en publicaciones científicas redactadas en idiomas europeos de circulación limitada y obviamente no tuvieron la difusión y el impacto de las publicaciones en inglés.

La toxoplasmosis es una enfermedad causada por los quistes del Toxoplasma gondii, un protozoario que habita en el intestino delgado de los gatos y que se diseminan a través de los quistes que son expulsados con el excremento. Las personas se infectan por el mal manejo de las heces fecales, la falta de una higiene adecuada después de manipular las cajas sanitarias producen el contagio. Después, los quistes son llevados por el torrente circulatorio hasta llegar al cerebro y a otros órganos, como describiremos más adelante.

Esta es una infección muy rara porque los quistes promueven una serie de reacciones bioquímicas que a su vez se traducen en trastornos que alteran la personalidad, la fisiología y la morfología a nivel neuronal, o bien no producen reacción alguna; todo depende de la genética y el estado inmunológico del paciente. Si la infección se manifiesta en forma discreta solo se producirán síntomas semejantes al resfriado común. Si la infección tiende a desarrollar una reacción muy violenta se producirán cambios morfológicos o emocionales que pueden ser graves, al punto de inducir la sintomatología característica de la esquizofrenia (escuchar y percibir actos fuera de la realidad, paranoias frecuentes, alucinaciones, etc). De una u otra manera, los quistes del toxoplasma no abandonan los órganos del paciente a menos que sean tratados adecuadamente a base de sulfadiazinas y clindamicinas. El método más común para diagnosticar la enfermedad es la identificación de anticuerpos en el suero de los pacientes. Esta enfermedad está ampliamente diseminada en todos los círculos sociales del mundo. De acuerdo con un cálculo aproximado de la OMS, se estima que el 30 – 35 % de los habitantes con acceso a servicios sanitarios están infectados con el toxoplasma, aunque muchos mueren sin saberlo.

El artífice de los conocimientos básicos de la toxoplasmosis ha sido el doctor Jaroslav Flegr, investigador de la Universidad Charles en Checoeslovaquia, quien en su modesto laboratorio y con escasos recursos llego a describir ciertos hechos peculiares de esta extraña enfermedad. Fue el primero en reportar que existían cierto tipo de ratones que no temían a los gatos, sino por el contrario, los ratones mostraban gran afinidad por ellos; situación muy contraria a lo que sucede en condiciones naturales. El doctor Flegr1 también demostró que los infectados mostraban las siguientes características:

  • eran personas más extrovertidas de lo normal.
  • poco atentos a su arreglo personal, aparentemente con una pobre capacidad de concentración.
  • presentaban síntomas semejantes a los descritos para la esquizofrenia. 
  • los tipos masculinos infectados lucen más varoniles, las hembras tienen un gesto más agresivo, esto se debe a que los individuos infectados sintetizan cantidades más elevadas de testosterona.
  • dados a buscar o participar en situaciones de riesgo,
  • con tiempos de respuesta más tardíos que los de personas negativas a los anticuerpos de toxoplasma

Cabe resaltar que estas tres últimas observaciones tienen una única causa común, el incremento de testosterona en su sangre, del cual hablaremos más adelante.

Todos estos datos anteriores fueron obtenidos después de estudiar los expedientes de automovilistas accidentados. Desafortunadamente no se pudieron corroborar a satisfacción estos datos y la presencia de la toxoplasmosis. Sin embargo, se establecieron las bases para que la industria de seguros automovilísticos lograra índices que después se usarían en la probabilística de accidentes.

Las observaciones del Dr. Flegr1 son muy válidas y marcaron la pauta para investigaciones posteriores, sin embargo, su metodología carece del rigor para poder considerarlas como evidencias inobjetables. Otros investigadores, con mayores y mejores recursos pudieron lograr avances más sólidos, tales son los casos de: Joanne Webster del Imperial College de Londres, quien dilucidó el ciclo biológico del toxoplasma en los ratones y los gatos e identificó a los quistes como las vías de infección que se establecen en el cerebro, hígado y otros tejidos musculares. Asimismo, resolvió el misterio de los ratones infectados con toxoplasma y su fuerte adicción a los olores de gato, cuestión que considero como atracción fatal.2 En el 2009, Glenn McConkey de la Universidad de Leeds encontró que los genes que regulan la hiperactividad de los ratones era una proteína que regulaba la biosíntesis de la dopamina. La dopamina es un neurotransmisor responsable del control del placer y el temor y que tiene una gran influencia en las manifestaciones de la esquizofrenia. Posteriormente, Fuller Torrey y Bob Yolken demostraron plenamente que los pacientes esquizofrénicos presentaban una concentración muy elevada de anticuerpos que reaccionaban con los quistes del toxoplasma. Estos hallazgos sugieren que el toxoplasma altera los niveles de dopamina en el cerebro de los animales y los humanos.

Mientras tanto, Flegr en Checoeslovaquia demostraba que los conductores y las personas con mayores probabilidades de un accidentarse eran sumamente susceptibles a la infección con los quistes. Estos hallazgos, las altas concentraciones de testosterona, la disposición a tomar riesgos innecesarios y las actitudes de descuido o falta de precauciones básicas, están ligados o responden a un desajuste en los niveles de dopamina en el cerebro o bien al desajuste de otros neurotransmisores relacionados con la dopamina.

Este complejo problema tiene varias avenidas que van desde la genética de los individuos, la regulación de los niveles de dopamina en el cerebro y los factores ambientales que determinan la forma y la fisiología del contagio. Todavía no se ha encontrado una prueba definitiva que esclarezca a satisfacción este asunto.

Es prudente reconocer que este es un problema exclusivo de los humanos, no de los gatos. Somos nosotros quienes debemos exacerbar la higiene en todas formas, los gatos solo realizan sus funciones. Las precauciones básicas pudieran ser: una extremada higiene con la caja de los desechos y el lavado y desinfección de nuestras manos. No adoptar gatos sin haberles realizado las pruebas correspondientes. Las mujeres encintas deben de cuidarse de cualquier posibilidad de contagio.

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Referencias:

  1. Flegr, Jaroslav. Influence of latent Toxoplasma infection on human personality, physiology and morphology: pros and cons of the Toxoplasma-human model in studying the manipulation hypothesis. Journal of Experimental Biology 2013. 216. 127-133
  2. McAuliffe, Kathleen; This is Your Brain on Parasites. Houghton Mifflin Harcourt, 2016. Boston, New York.

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Número 33 - Septiembre 2019
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