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La sangre, moderna fuente de la juventud

Lunes, 18 de Septiembre 2017 - 15:00

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Antonio G Trejo

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"La sangre misma es la fuente de la vida", Anónimo.

El hombre siempre ha estado inquieto por la fuente de la juventud, tal vez es una inquietud malsana, pues no se puede tener juventud y experiencia. Los posibles orígenes de la fuente de la juventud aparecen en los legados de Herodoto, en la antigua Grecia. Desde entonces, la leyenda ha adquirido visos espectaculares tan promisorios que indujeron a Ponce de León a buscarla a la Florida. Hasta ahora nadie la ha encontrado, ni en Rumania, ni Francia, ni Italia; tal vez esté en el mismo hombre que hasta ahora se da cuenta de ello. Lo cierto es que los antecedentes de esta historia se remontan al siglo XVII en Inglaterra, donde un grupo de médicos notables se dedicaron a estudiar y resolver algunos temas relacionados con la sangre. Primero, William Harvey describió con detalle la circulación de la sangre en el cuerpo humano en su libro Acerca de la Circulación de la Sangre en 16281, después, Richard Lower realizó una transfusión sanguínea utilizando perros en 1665. Posteriormente, desarrollo otros instrumentos, mejoro sus técnicas y consiguió transfundir a Arthur Coga con sangre de oveja, lo cual resultó todo un éxito. A continuación, las autoridades inglesas y francesas apoyadas por el Vaticano deciden prohibir las transfusiones por considerarlas indignas, no se tiene noticia de otra transfusión en los siguientes 150 años. No fue sino hasta 1818 que el doctor James Blundell realizó la primer transfusión con sangre humana a una recipiente que había sufrido una hemorragia posparto; la transfusión fue un gran éxito. En 1885 – 1892 los médicos escoceses mejoraron el instrumental, los catéteres y establecieron en la Edinburgh Royal Infirmary los primeros sitios para las transfusiones y recibir las donaciones.  

Avances científicos espectaculares, una desbordada codicia por la fama y el dinero, y el hecho de autoafirmarse como individuo, han hecho que el tema vuelva a ser motivo de gran expectación y de búsqueda afanosa que ahora sí pueda dar algunos frutos. Existen evidencias científicas en el sentido de que células jóvenes o tejido sanguíneo fresco ejercen un cierto poder vigorizante, o al menos reparan o ajustan los ciclos celulares del recipiente, proporcionándole mayor vitalidad y eficiencia. No prolongan la vida, sino facilitan el funcionamiento. Como ejemplos más sobresalientes podemos citar mejorías substanciales en el hígado y páncreas, mayor capacidad de memoria en ratas transfundidas con sangre proveniente del cordón umbilical humano.

Las modernas técnicas de la biología molecular y la serología han permitido identificar dos polipéptidos derivados de la oxitocina, el GDF-11 y el TGF beta-1 ambos estimuladores de la actividad celular y el B2M, proteína activa en la extracción del fierro proveniente de los alimentos, sin embargo, los resultados no son consistentes. Existe otra teoría que postula que las células jóvenes liberan de contaminantes a las células y tejidos viejos, pero esto aún no está demostrado.

En California existen dos empresas que están investigando estos proyectos, Ambrosia y Alkahest. Ambrosia enfoca sus expectativas en transfusiones de plasma sanguíneo joven (menores de 25 años) a individuos mayores de 40 a los que posteriormente se les monitorea la química sanguínea antes y después de la transfusión. El plasma constituye el 55% de la sangre y se obtiene al centrifugar el denso líquido. El sobrenadante (lo que queda arriba) contiene suero, proteínas y ácidos orgánicos, su función es transportar nutrientes, CO2, hormonas, elementos importantes en la coagulación y con gran capacidad inmunológica. De manera que su importancia es la detoxificación del gas y la regulación de los efectos inmunológicos. La otra compañía, Alkahest es una filial de Johnson & Johnson y se dedican a experimentar con subproductos extraídos del plasma para aplicarse en pacientes con Alzeheimer; el objetivo sería comprobar que una fracción del derivado plasmático tiene propiedades para controlar o mejor aún, disminuir el Alzeheimer, tal como sucedió en los experimentos con ratones2. En este caso, el logro final sería aislar el compuesto responsable de la mejoría, registrarlo ante las autoridades y obtener los permisos correspondientes para producirlo en gran escala.

Como se puede apreciar, ni los diseños experimentales ni las expectativas son muy sólidas, más bien dependen de muchos inciertos e imponderables. Las reacciones inmunológicas de por sí son inciertas, en ocasiones nuestra naturaleza reacciona muy diferente dependiendo de la nutrición, nuestro estado emocional y nuestra genética; es muy difícil coordinar todos estos factores y garantizar un logro tan significativo.

Además de la disparidad en el estado clínico de los viejos sujetos a tratamiento, debemos considerar que muchos han venido arrastrando dolencias y trastornos por muchos años, haciendo más difícil homogeneizar el tipo de tratamiento. Otra situación problematica es el reclutamiento de voluntarios, en algunos países los Códigos Sanitarios consideran poco ético el reclutar individuos a cambio de dinero. Ambrosia ha resuelto el problema a su manera cobrando $8,000 para ser admitidos en el programa, situación desventajosa y elitista cuando no existe ninguna garantía del éxito, sino por el contrario, muchas posibilidades de efectos secundarios indeseables. Con esto queda de manifiesto la voracidad económica de algunos laboratorios que cobran a sus pacientes una cantidad para admitirlos en sus programas de investigación y desarrollo que ellos deberían costear. Muchos de estos programas fueron proyectos de investigación en las universidades o instituciones sin fines de lucro, pero cuando empiezan a obtener algunos resultados promisorios, los investigadores subcontratan los proyectos a laboratorios externos, muchos de los cuales están asociados con ellos. Si consiguen algún logro espectacular, lo patentan y lo comercializan (o bien venden la patente a una compañía grande que pueda comercializar ampliamente el producto). Estos proyectos son elitistas y carecen de interés social porque solo un reducido núcleo de la población puede disponer de las cantidades requeridas para poder inscribirse en los programas.

La fuente de la juventud sigue siendo una falacia que explota la vanidad y la inseguridad emocional del hombre, desafortunadamente, siempre habrá incautos que se dejen seducir con ideas o planteamientos que les traerán más problemas que soluciones.

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Referencias

  1. Richard Gordon.; The Alarming History of Medicine. St. Martin Press, New York. 1993.
  2. Anónimo. Youthful Spirits. The Economist.  London. July 15th, 2017

 

Antonio G. Trejo,

Septiembre 13 del 2017.

 

 

 

 

 

 


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Número 32 - Agosto 2019
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