Se encuentra usted aquí

La cremación en México

Lunes, 07 de Noviembre 2016 - 15:00

Autor

antoniog.trejo_.foto_2015.jpg
Antonio G Trejo

Compartir

cenizas.jpg

"En este Universo, nada se gana ni se pierde, solo hay una transformación.", Ley termodinámica

El 25 de octubre, La Iglesia Católica dio a conocer su instrucción: Ad resurgendum cum Christo donde se prohíbe la conservación de las cenizas de los deudos en su casa, o bien que las esparzan en la naturaleza (vueltas a la tierra, vaciadas en algún río o el mar). Lo más apropiado, según la Santa Sede, las cenizas deberían estar depositadas en algún lugar sagrado, un nicho, una urna enterrada en suelo consagrado por la Iglesia, etc. Los medios masivos de comunicación han explotado esta información y la han convertido en una polémica general que en realidad no tiene la mayor importancia, sino por el contrario, volvemos a los tiempos donde la Iglesia se encargaba de proporcionar el lugar en el atrio para que se efectuara el entierro. Convirtiendo este último trámite terrenal en una transacción eminentemente clasista donde las relaciones con el cura y las capacidades económicas de la familia determinaban el destino y los ritos de la ceremonia fúnebre. Algo muy semejante a las indulgencias que se acostumbraron unos cuantos siglos atrás.

La cremación no es un funeral, es una alternativa para disponer de los restos humanos en forma sanitaria, es un método que data desde más de 20,000 años y que se ha practicado en casi todos los pueblos del mundo en forma intuitiva. Actualmente, la cremación se está convirtiendo en el método de elección por las grandes ventajas prácticas y por razones económicas y de espacio; ocupa el 20% de las operaciones dentro de la industria funeraria y va en aumento.

La cremación ofrece una serie de flexibilidades a los dolientes, de acuerdo con las leyes sanitarias de cada país, es posible incinerar el cuerpo sin necesidad de un ataúd, basta una mortaja. Si el ataúd es necesario, puede ser una caja de cartón o bien un ataúd de madera sin adornos o estructuras metálicas, si las circunstancias lo permiten, es posible alquilar un féretro, el cual no se quema. El acto de cremar requiere de tramites muy simples y directos y una economía que cualquiera puede solventar. Otra gran ventaja es que no se requiere de la compra o la renta de un espacio, que en algunos países es un verdadero problema. Algunos países con espacios muy reducidos como Japón utilizan la cremación en un 99%, solamente las personas muy ricas y poderosas pueden costear un entierro formal. Otra ventaja que ofrece la cremación es el mínimo riesgo sanitario, pues los cuerpos arden a temperaturas tan elevadas (850 a 1130⁰ C). Después de algunas horas, todo el músculo, órganos y tendones habrán desaparecido y solo quedarán fragmentos de osamenta, que serán molidos hasta alcanzar la textura fina, característica de las cenizas.

Los incineradores modernos están equipados con sensores que señalan el final de la cremación para que el operario pueda hacer la colecta de los huesos, la identificación de los cuerpos se hace mediante un código computarizado y unas pastillas refractarias al calor que también tienen el mismo código. Los hornos tienen varios filtros para evitar cualquier contaminación al exterior, todo se hace con absoluta discreción y con el mayor sigilo.

Como en todo servicio, los costos de operación van en aumento según la calidad que se contrate, en los países del primer mundo, los empleados tienen un riguroso entrenamiento que al final les otorga una licencia para trabajar. Al igual que otras carreras, existen cursos de especialización. Ignoro el rigor profesional requerido en los países latinoamericanos que se ocupan de estos servicios, de manera que no puedo comentar al respecto.

Sin embargo, lo que puedo comentar es la actitud y la pretensión de la Iglesia en querer imponer y determinar el concepto de LO SAGRADO, descalificando todos los conceptos económicos, sociales y culturales de los pueblos latinoamericanos, en su mayoría, católicos. Tal vez la Iglesia no se ha percatado que un gran porcentaje de la población católica pasa grandes trabajos para pseudo mantenerse y que estos gastos en muchos casos significan una derrama económica crítica para su ya de por sí menguada economía, volviendo otra vez al resurgimiento de esa mala práctica clasista que erosiona y lastima al individuo común y corriente.

Los preceptos de las autoridades eclesiásticas suenan huecos cuando proponen y exigen el cumplimiento de ideas superfluas que implican lo sagrado en la disposición de un cuerpo que ha cumplido la última de las etapas a que fue predestinado. Después de todo, recordemos que la muerte es un proceso natural y que de una u otra forma, el fallecido tiende a desaparecer de alguna manera. La celebración del Miércoles de Ceniza nos recuerda precisamente que habremos de regresar a la tierra para transformarnos en polvo. La desintegración natural de un cuerpo toma aproximadamente 9 meses (los mismos de nuestra gestación) mientras que la cremación solo dura unas cuantas horas.

No es coincidencia que la vida en este planeta está sostenida por el Ciclo del Carbono y la energía del sol, donde todas las moléculas y los sistemas que nos dan vida a nosotros y los demás seres vivos tienen las mismas reacciones basadas en los compuestos de carbono que se transforman una y mil veces en un equilibrio armónico que es sinónimo de la vida, para después llegar a un desequilibrio y un caos funcional que definitivamente culminará en la muerte.

Es oportuno preguntar ¿de quién son las cenizas del difunto?,¿de la familia?, ¿del difunto?, ¿del universo?

No tengo una respuesta, lo único que sé es que ese cuerpo merece respeto porque provino de alguna fuerza más poderosa que nos dio la vida y la muerte, que solo nos prestó ese cuerpo para existir.

 


Leer también


Número 33 - Septiembre 2019
portada-revista-33.jpg
Descargar gratis

No te pierdas ningún artículo

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER