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El virus del Ébola

Viernes, 02 de Agosto 2019 - 13:05

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Antonio G Trejo

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No hay mal que por bien no venga.
Dicho popular.

Era una mañana calurosa y todavía era temprano, Daphne una hermosa joven negra entró a la tienda y ya frente al mostrador trató de hacer su pedido al empleado, pero no pudo. En lugar de palabras salió un profundo sollozo que resonó en el espacio. Le tomó algún tiempo recuperar la calma y volver a la triste realidad. Esa mañana había pasado al dispensario médico para preguntar por sus dos amigos: Rene y Julián, de 14 y 16 años, ambos huérfanos como ella, los tres solían acompañarse para protegerse y compartir los alimentos que lograban rescatar de los botes de basura. La vida era difícil en Goma, República Democrática del Congo (RDC), tal vez Dante se paseó por ahí para inspirar algunas notas para su Infierno.

Era abril de este año y las autoridades hacían lo posible por prevenir a la población de una nueva epidemia del ébola, una maldición que ya había afectado a todos los habitantes, porque de una forma u otra habían perdido a alguien en las infecciones anteriores, que ya habían sido muchas.

El virus ébola es una partícula altamente infecciosa que no puede considerarse como celular porque carece de los organelos característicos (membranas, citoplasma, etc.) y funciones como el metabolismo, la respiración, el movimiento celular, etc.  Los virus están hechos de ácidos nucleicos (DNA o RNA) y proteínas muy específicas, además están diseñados para reproducirse solo dentro de las células invadidas. Su mecanismo de infección es muy simple, el virus se posa en las paredes celulares de las células invadidas e inyecta alguno de los ácidos nucleicos que de inmediato se apoderan del genoma celular y organizan la reproducción exclusiva de las partículas virales. Los virus no crecen en tamaño, crecen en número y al hacerlo promueven la infección que se expresa en forma de los síntomas que al manifestarse ocasionan todas las molestias y disfunciones que sufrimos al estar infectados por millones de ellos.

En ocasiones, los síntomas virales son tan graves que el infectado muere si no se le atiende rápidamente. En el caso del ébola los síntomas se pueden iniciar desde los 3 a 21 días después de que el virus ha inyectado el ácido nucleico al individuo.

 Los mecanismos de invasión son muy simples, el virus se disemina a través del aire y se posa cerca de las membranas, mucosas o heridas en la piel; una vez dentro del cuerpo, volverá a inyectar su ácido nucleico y se reiniciará el ciclo infeccioso.

Los síntomas más característicos son: fiebre, fatiga y dolor muscular, dolor de cabeza, vómito, diarrea, comezón general, deficiencias en hígado y riñón, hemorragias inespecíficas y coágulos que empiezan a aparecer, reblandecimiento de la piel que empieza a sangrar progresivamente hasta que los músculos prácticamente se licuan y el individuo empieza a sangrar por todos los orificios del cuerpo, algo verdaderamente impresionante. El corazón pierde el control y se ahoga en su propia sangre, es el final.

Los dos virus, el Marburg y el ébola son hemorrágicos y la verdad es que no son ninguna novedad. El Marburg apareció sospechosamente en un depósito de animales de experimentación en Marburg, Alemania en 1967. El ébola empezó a hacer estragos a lo largo del rio Ébola en Guinea, en 1976. Ambos virus aparecieron de repente, sin ninguna explicación. Los epidemiólogos de Médecins Sans Frontières trataron de explicar el origen de ambos y lo relacionaron con el hábito de comer carne de monos semi cruda o al destazarlos y contaminarse con los líquidos de los cadáveres. Es imposible haber determinado el número de víctimas desde esas fechas porque simplemente nadie había caracterizado las enfermedades. Fue necesario que llegaran los médicos europeos con todos sus equipos y de inmediato fue muy notoria la capacidad infecciosa y la altísima mortandad (93%) que se atribuyen a las precarias condiciones sanitarias que inciden en estos países que por muchos años han sufrido conflictos étnicos, discriminaciones, incipientes programas de salud pública, mala educación y deficiente entrenamiento sanitario y una exigua atención de sus gobernantes que no destinan fondos a la Salud Pública.

Los países del primer mundo y algunos grupos radicales extremistas de inmediato entendieron los potenciales de ambos virus para usarse como armas en la guerra biológica. Sus marcadas características patógenas y las circunstancias ambientales de estos países eran una excelente oportunidad para explotar este potencial.

Así que, por años, diversos grupos de personal biomédico fueron exclusivamente a DRC a conseguir muestras que fueron llevadas a sus laboratorios para desarrollar proyectos de ingeniería genética que les permitieran obtener cepas con mayor patogenicidad que satisficieran sus perversas intenciones. 

 En algunos casos, es posible salvar al infeccioso si se le dan los auxilios en forma oportuna y eficiente, en la actualidad la mayoría de estos países cuentan con todo lo necesario para atender y rehabilitar a los infectados, pero por un buen lapso existió la sospecha de la discriminación y el abandono de la población negra por parte de los países del primer mundo. Un hecho que apoyaba este concepto era la tardía aparición de la vacuna elaborada contra la epidemia, elaborada por los Laboratorios Merck. Ya que, la dichosa vacuna se produjo 35 años más tarde de que el ébola apareció en Guinea en 1976.

Sin embargo, algunos sociólogos y personal médico europeo han agotado la paciencia y la consideración hacia estas diferentes etnias cuya cultura no se presta para hacer un frente común contra este implacable asesino. Gran parte de estas poblaciones no abandonan sus prácticas para lavar a sus muertos y vestirlos antes de enterrarlos sin observar las más mínimas precauciones sanitarias. Tampoco abandonan la costumbre de comer carne mal cocinada de animales y mucho menos saben si estaba infectada con el virus. Simplemente, el nivel de educación y la lógica de estas etnias no conciben que exista la posibilidad de una infección por un patógeno que ni siquiera pueden ver. Por eso es tan difícil erradicar estas epidemias en forma total.1    

El Dr. Tedros Adhanom, Director General de la World Health Organization en un evento de la WHO hace tres semanas en Ginebra confirmó que aunque: actualmente se tienen vacunas, clínicas, personal entrenado, instalaciones y equipo adecuados, no era posible obtener la cooperación de la gente.2

La República Democrática del Congo ha reportado por lo menos 7-8 epidemias ocasionadas por el ébola, es imposible determinar cuántas defunciones ha causado porque existen otros severos brotes de paludismo, sarampión y cólera y si no es factible identificar al patógeno responsable, mucho menos calcular una estadística confiable.

A la fecha se han vacunado 161,000 pacientes con la vacuna de Merck. Los resultados han sido excelentes. Se espera que los congoleses lo hayan notado y animen a más compatriotas a vacunarse. Lo que si se sabe es que el 55 – 60% de las defunciones han sido mujeres y niños menores de 8 años. Es muy posible que las madres se vacunen y obliguen a sus pequeños o a los púberes a vacunarse y así se disminuyan las defunciones, poco a poco.

Este artículo esta basado en hechos reales que han sido complementados con información científica de referencia.

Deseamos lo mejor a los congoleses en su lucha contra el virus ébola y su incredulidad.

 

REFERENCIAS.

  1. Boseley, Sarah., Terrifying Ébola epidemia out of control in DRC, say experts.The Guardian. May 15, 2019.
  2. Grady, Denise., Ébola Outbreak Major City in Congo for Emergency Order. The New York Times. July 15, 2019.


Número 31 - Julio 2019
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