Se encuentra usted aquí

El autismo y las bacterias

Lunes, 15 de Abril 2019 - 13:35

Autor

antoniog.trejo_.foto_2015.jpg
Antonio G Trejo

Compartir

el-autismo-y-las-bacterias.png

Cualquier semejanza con los políticos mexicanos, es mera coincidencia.

El autismo es uno de los desórdenes mentales más misteriosos y complejos de la medicina contemporánea.  Hace 75 años fue descrito por Leo Kanner y a la fecha hay todavía muchas incógnitas que no han podido resolverse. El autismo es un problema del desarrollo embrionario del sistema neurológico, localizado en varias porciones del cerebro, pero aún seguimos sin definir específicamente cuáles son las regiones afectadas. Una característica muy repetida en los autistas es que presentan una disminución del cerebelo, región que controla la coordinación del movimiento y los cambios de interés, atención y motivación. También existen otras peculiaridades que trataremos de explicar brevemente.

No existe a la fecha una causa aparente para explicar el origen ni el tiempo del inicio de los trastornos, simplemente empiezan a ser notorios dentro de los primeros 2 – 3 años. Las causas son muy inciertas, se han manifestado concentraciones insuficientes de hormonas, vitaminas, la vacunación, la presencia de plomo o mercurio en el suero sanguíneo, etc; pero ninguna evidencia sólida.

Los trastornos más generales que se han observado en la mayoría de los casos son:

  • Una persistente indiferencia hacia los demás.
  • Una absoluta falta de comunicación e interés para con los demás. De hecho, logran una comunicación verbal muy incipiente.
  • Con patrones de conducta muy repetitivos que pueden durar varios minutos.
  • Viven una existencia muy limitada, tan propia que no desean compartir ni recibir estímulos en lo más mínimo.
  • Manifiestan muy breve o nula respuesta emocional.
  • Son incapaces de desarrollar una vida independiente, en todos sentidos.
  • El 80% de los autistas son varones, lo cual confirma una dependencia marcada por el sexo1.

 

Existen algunos hallazgos genéticos que sugieren defectos imperceptibles en la copia de los nucleótidos (del DNA) durante la etapa del crecimiento embrionario, ya que ciertas características de las arriba enlistadas se presentan en paquete. Esto también podría implicar que son varios genes los alterados pero que están distantes en los cromosomas. Todavía no se ha descrito ningún gene o grupo de genes responsables de este trastorno.

   El diagnóstico del autismo no existe, simplemente consiste en la observación periódica del niño y su comportamiento, no hay pruebas químicas ni biológicas que lo confirmen. Los autistas no son iguales, algunos presentan síntomas leves, otros muy marcados y diversos que pueden presentarse a cualquier hora. En ocasiones, los desajustes van desapareciendo con la edad, según la capacidad de aprendizaje y el grado de inteligencia que logren desarrollar; sin embargo, ambas posibilidades son impredecibles.

A pesar de que este trastorno fue descrito hace muchos años, no había captado el interés de las autoridades y mucho menos de las compañías farmacéuticas. Fue así que a partir del 2010 empezaron a aparecer algunos reportes científicos que han mostrado ciertos progresos de este singular desafío.

Todo empezó con los estudios acerca de la relación que existe entre la obesidad y las bacterias del intestino. En artículos anteriores se ha explicado la íntima relación que tienen todos…si, todos los seres vivos con los microorganismos (principalmente bacterias y hongos). Es una dualidad única porque existen microorganismos buenos y otros que actúan como patógenos y que el equilibrio entre ambas poblaciones nos lleva a un estado de bienestar o a una racha de padecimientos y enfermedades durante toda nuestra existencia. También se ha hecho énfasis en que cada órgano de nuestro cuerpo, inclusive nuestra piel tiene una microflora muy especifica que vive con nosotros todos los días y que eventualmente nos ayudará a desaparecer.

De alguna manera alguien empezó a notar que la gran mayoría de autistas tenían trastornos digestivos que iban desde leves hasta muy graves y los empezaron a tratar con productos llamados probióticos. Estos son agregados de mezclas bacterianas que usaron nuestros abuelos para aliviar trastornos digestivos, pregúntenles acerca de los búlgaros. Dichos probióticos no solo aliviaron algunas de las molestias digestivas sino también mejoraron algunas de las características  enlistadas en las páginas anteriores. Estas observaciones, aunque ciertas no pasaron de ser consideradas como hechos casuales a los que nadie les dio la importancia debida.  Después de algún tiempo, empezaron a aparecer ciertos reportes acerca de la microbiología de la obesidad y empezó el auge de estudios y proyectos encaminados a resolver la dinámica de las bacterias intestinales en relación con los procesos que conducen a la obesidad. Los microbiólogos son gente obsesiva y pronto descubrieron que la microflora intestinal es una serie de diversas reacciones complejas donde intervienen millones de millones de diferentes bacterias que existen en nuestro intestino grueso (donde se realiza la desintegración y degradación total de nuestros alimentos). Los resultados obtenidos en diversas instituciones fueron siempre los mismos. Las bacterias intestinales que realizaban estas funciones tan especificas fueron clasificadas en dos grandes grupos: las del grupo Bacteroidetes y las Firmicutes, son dos grupos tan selectivos y dominantes que representan el 99% de las bacterias totales en nuestros intestinos y que realizan  funciones tan importantes como la propensión a la obesidad, nuestra capacidad de respuesta inmunológica, la susceptibilidad a enfermedades dentales, digestivas, desajustes mentales como la depresión y la ansiedad, etc.

Las bacterias del grupo Firmicutes incluyen cerca de 250 géneros de bacterias que se caracterizan por tener mejor capacidad para extraer y metabolizar carbohidratos complejos y altas concentraciones de grasa de los restos alimenticios, por lo cual se les considera como índices causantes de la obesidad humana. El caso de las bacterias del grupo Bacteroidetes es inverso, es decir, no son tan eficientes y por lo tanto favorecen la silueta esbelta tan deseada en los humanos. Existen radios y proporciones Firmicutes/Bacteroidetes que recibimos originalmente todos los que nacimos durante un parto normal; es una herencia directa de nuestra madre que nos adjudicó desde que pasamos por el canal vaginal2.

Ahora viene la relación del autismo con la bacteriología. Fue en 2016, cuando Mauro Costa Mattioli de la Baylor University demostró que ratones con inserción rectal de supositorios tratados con diversas concentraciones de la bacteria Lactobacillus reuteri, mejoraban la capacidad de comunicación, incrementaban el grado de socialización y disminuían el fastidioso comportamiento repetitivo. Estos resultados marcaron la pauta para otros estudios posteriores donde se afinaron los las técnicas de registro y medida de los parámetros emocionales. La Dra. Martina Sgritta usando ratones clonados (por ingeniería genética) obtuvo prácticamente los mismos resultados. Sin embargo, lo más significativo fueron las conclusiones de Evan Elliot de la Universidad Bar-Ilan en Israel quien diseñó un protocolo experimental con humanos y obtuvo los mismos resultados. El Dr. Elliot tuvo que demostrar la inocuidad del Lactobacillus reuteri y satisfacer otros requisitos éticos que le exigieron las autoridades Israelitas.3

Ante estas conclusiones tan satisfactorias, es muy posible que por lo menos en Israel, algunas familias Israelitas estén dosificando a muchos de sus familiares autistas y comprobando los beneficios del Lactobacillus.

Existen muchas otras cepas bacterianas que sin duda van a utilizarse para aminorar y resolver las conductas extremas de los autistas, es posible que también se desarrolle una metodología para dilucidar métodos universales para diagnosticar, evaluar y determinar las vías bioquímica o inmunológica que definan las reacciones de tan misterioso desajuste y se logre establecer un posible tratamiento en algunos de los casos.

Es muy posible que los estudios conducentes para definir los mecanismos finos de la obesidad no tardaran mucho en dilucidarse. Además de ser un gran negocio para las compañías farmacéuticas sin duda existe un gran interés por las poblaciones obesas en todo el mundo, muy en particular la mexicana.

¡¡¡Habrá tiempos mejores para todos!!!

 

REFERENCIAS.

  1. Michael W. Passer., Psychology. The Science of Mind and Behavior.

Mc Graw Hill. 2007 Boston.

  1. Katrina Williams, Jacqueline Roberts., Understanding Autism. Exisle Publishing Pty. Ltd. 2015. New South Wales, Australia.
  2. Anónimo., Gut feelings. The Economist. December 8th, 2018.


Número 31 - Julio 2019
portada-revista-31.png
Descargar gratis