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Economía colaborativa: avances y retos

Martes, 28 de Febrero 2017 - 16:00

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Marco A Paz Pellat

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La economía colaborativa cambia al mundo. Ya en el año de 2011, la revista Time definió al consumo compartido como una de las 10 ideas que cambiarán al mundo. Este modelo económico surgio en la zona de San Francisco, California, se dice inspirado en la cultura altruista hippie y lo tecno de los millennials. Tiene como antecedente las comunidades de código abierto. A partir de su surgimiento ha inspirando constantemente nuevos emprendimientos a lo largo del mundo.

Entre los ejemplos de economía colaborativa se encuentran Uber, Airbnb, Blablacar, TripAdvisor, eBay, Linkedin, entre los más conocidos. Existen plataformas para todo lo imaginable, desde compartir grupos de afición (Meetup), aprender un idioma (Duolingo), buscar pareja (Tinder) hasta para pasear el perro del vecino (Barkly). Esta nueva actividad se basa en el deseo de las personas a intercambiar conocimientos, habilidades, recursos, tiempo por una remuneración ajustada a través de plataformas tecnológicas que facilitan y hacen fiables las transacciones.

Este tipo de nueva economía crece en el mundo. Solo en Estados Unidos, 50% de los adultos reconoce haber comprado artículos usados o de segunda mano a través de alguna plataforma digital. En América Latina, la economía creativa impulsa nuevos negocios, impulsados por la creatividad y espíritu emprendedor de la región.

Según un informe del BID sobre la Economía Colaborativa en América Latina, “la economía colaborativa presenta enormes oportunidades para las economías en desarrollo, desde el punto de vista de optimización de recursos, generación de empleo, y generalización y maduración del uso de tecnologías más ligadas al contexto socioeconómico real que a una globalización forzada”. El Informe menciona que la iniciativas relacionadas con esta nueva manera de hacer negocios están concentradas en pocos países: Brasil (32%), Argentina (13%), México (13%) y Perú (11%).

En general, se pueden identificar tres grandes modelos de economía colaborativa:

  • Uso temporal de un producto, como sucede con vehículos que cubren una ruta utilizada por diversos usuarios (Carpooling).
  • Transferencia de la propiedad del producto, donde las personas entregan bienes usados (Freecycle), o participan en portales de subasta (eBay, Amazon).
  • Venta de intangibles, tales como el tiempo (Thumbtack), las habilidades o los conocimientos (Udemy), los espacios (VRBO), entre otros.

Carlota Pérez, de la London School of Economics, define claramente que “la tecnología solo define el espacio de lo que es posible, pero crear un entorno donde todos se beneficien es una elección sociopolítica”. Así la economía colaborativa, de acuerdo al Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL), enfrenta retos importantes, a saber:

  • Generar confianza en el mercado. Todavía hay temores y desconocimiento en el uso de las plataformas tecnológicas, donde mucho tiene que ver la incipiente cultura informática de la población.
  • Legislación adecuada. La tentación de los gobiernos de todo regular y su preocupación de caótico e incontrolable que es Internet, invitan a legislar sin bloquear los flujos naturales de la creatividad y el espíritu emprendedor. Más bien se requiere facilitar y alentar las iniciativas para darle más y mejores opciones a los consumidores, principalmente los de menos capacidades adquisitivas.
  • Pago justo de impuestos. Este nuevo tipo de hacer negocios es un espacio muy atractivo para las necesidades de mayores recursos fiscales de parte de los gobiernos. Aquí hay un espacio de negociación de cómo cumplir con el pago de impuestos de manera justa, fácil y sencilla, que no inhiba el libre intercambio de servicios, mercancias e intangibles.
  • Seguridad jurídica. Hace falta todavía encontrar formas de garantizar el cumplimiento de las obligaciones contraídas. Los vacíos legales y la creatividad de algunas transacciones invitan a innovar para dar certeza, pero sin limitar de más el comercio libre. Es importante mencionar que existe una preocupante tasa de fraudes todavía que inhiben a los consumidores y les causas miedo a la hora de decidir.
  • Cobertura y cultura digital. Todavía hay muchas personas fuera del acceso a Internet, principalmente en los países menos desarrollados, que los dejan fuera de estas nuevas posibilidades. Además que la educación y cultura digital es incipiente y muchas veces se adquiere de manera informal, con vicios, mitos y deformaciones.
  • Mejora continua. Existen todavía necesidades de integrar procesos en la cadena de la economía colaborativa, desde el tema transaccional bancario y fiscal, hasta los procesos de exportaciones a diferentes mercados.

Los cambios disruptivos son contradictorios: generan fortalezas y crean riesgos al mismo tiempo. Como sociedad, podemos ver claramente los beneficios que la economía colaborativa trae consigo, pero a su vez lo frágiles que son los cimientos que los crean. Frente a la globalización y el mundo digital, pero también considerando las desigualdades que se están craendo, necesitamos invertir en una nueva forma de producción y consumo que sea sostenible para nuestra sociedad, y a la su vez debemos contener a aquellos a los que el cambio golpea más duro.

Por otro lado, hoy en día vemos enfrentamientos entre y los conductores Uber. No tiene sentido. La velocidad a la que todo cambia es vertiginosa. No hay tiempo para detenernos en luchas estériles, trabajemos por encontrar soluciones sostenibles que incluyan a todos y mejoren nuestras vidas. Veamos las oportunidades y no pretendamos detener el cambio


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Número 33 - Septiembre 2019
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