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Botox o la pérdida de la expresión

Lunes, 05 de Junio 2017 - 17:00

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Antonio G Trejo

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"Soy o me parezco", Dicho popular.

La portada de la revista TIME del 16 de Enero de este año anuncia, más bien recuerda a los adoradores de la vanidad acerca de las bendiciones y los milagros que el BOTOX es capaz de lograr en sus cuerpos.1 Literalmente sirve para todo, la verdad es que los riesgos superan con mucho los beneficios. El botox es una proteína neurotóxica que la bacteria Clostridium botulinum produce, es uno de los agentes más tóxicos que se conocen pues paraliza directamente los músculos involucrados en la respiración y de no ser atendidos con prontitud, pudiera causar la muerte por asfixia.

La historia del botox empieza en 1820 cuando Justinus Kamer, microbiólogo alemán aprovechando un caso de intoxicación por salchichas mal procesadas, describió los síntomas clínicos del botulismo (parálisis muscular, incoordinación del habla, dificultad para deglutir, etc.) Posteriormente, en 1895 surgió otro caso de intoxicación alimenticia donde murieron 34 comensales. En esta ocasión, Emile van Ermengen aisló, identificó y caracterizó al Clostridium botulinum como el agente causante de las intoxicaciones. Todo esto sucedió en Alemania donde obviamente estos sucesos no pasaron desapercibidos para los militares durante la primera guerra mundial. Afortunadamente, estaban más ocupados en la fabricación de armas convencionales y no hubieron desarrollos científicos importantes. Sin embargo, los servicios de inteligencia de los países europeos consideraron afanosamente el uso de cultivos masivos de esta bacteria como arma biológica. Se sospecha que actualmente algunos países mantienen en sus arsenales esta horrenda calamidad.

La bacteria Clostridium botulinum, es un microorganismo anaerobio (vive en ambientes densos, poco aireados), que se encuentra en el suelo agrícola, en alimentos enlatados mal procesados y caldos o líquidos con alta viscosidad, produce esporas que se diseminan fácilmente y son consideradas como la fuente de infección. Ésta se produce cuando alguna herida expuesta es invadida por las esporas o al tragar algún alimento viscoso o mal procesado. La espora germina dentro del cuerpo y se transforma en la bacteria, la cual produce la toxina botulínica que es la más letal que se conoce en el planeta. Se trata de una proteína neurotóxica que inhibe directamente la contracción-relajación de los músculos respiratorios, provocando una parálisis muscular que de no atenderse rápido puede producir la muerte por asfixia.2

En 1970, el oftalmólogo Alan B. Scott empezó a tratar con éxito a sus pacientes que sufrían de estrabismo (personas bizcas que carecen del control de sus músculos que mueven el globo ocular), sus pacientes aliviaron su estrabismo y también le reportaron la desaparición de las arrugas del entrecejo, ahí es donde empezó este hallazgo que ha significado un gran negocio y satisfacción para los individuos inclinados a la vanidad personal y las apariencias. Afortunadamente, el botox también ha significado un gran alivio temporal para muchos otros pacientes que sufren de otros problemas, como comentaremos más adelante.

El doctor Scott pronto cambió el giro de su ocupación, la petición y el interés popular ya no era la corrección del estrabismo sino la desaparición de las arrugas mediante el uso del Oculinum, nombre del producto y la compañía que él fundó en 1978.

La demanda fue tan espectacular que se vio literalmente avasallado por la magnitud del proyecto y decidió vender la patente a la compañía Allergan en 9 millones de dólares. Allergan cambió a Botox el nombre y la tecnología del producto y ha obtenido ganancias de 2.45 millones de millones reportadas al téermino del 2015. Allergan ha patentado cerca de 800 usos diferentes del Botox, en una palabra, sirve para todo: la depresión, la incontinencia urinaria, la migraña, uso cosmético, estrabismo, espasmos musculares, sudores excesivos, fibrilación atrial, etc; debidamente autorizados por la FDA. La FDA (Food and Drug Administration en EEUU) = Registro de Salubridad en México, es decir: la aprobación oficial autorizada para recetar y usar un cierto medicamento para un fin determinado.

Es prudente hacer notar que Allergan no tiene la aprobación de la FDA para el uso de otras muchas aplicaciones empíricas que le han adjudicado, son hechizas, no cuentan con el respaldo clínico científico requerido para el uso de la toxina. Esto es sumamente peligroso pues lo que aplica para un paciente no siempre se puede extrapolar a los demás. La acción del botox es bien específica: la parálisis muscular y requiere de muchas características que determinan su uso; el cual debe ser siempre valorado por profesionales calificados y expertos en los tratamientos. En el caso de los tratamientos cosméticos, sería deseable la intervención de un cirujano plástico que determine los sitios, la periodicidad y las dosis de las inyecciones para cada paciente, pues ningún caso es igual a otro.

El botox es un producto excepcional siempre y cuando lo manejen manos diestras y actitudes honestas. Es alarmante que en la internet y en cualquier farmacia de EEUU se puedan encontrar los Botox Kits y lo peor aún es que haya expertos en las aplicaciones del producto que carecen del mínimo entrenamiento requerido para manejar este producto. La mercadotecnia y la voracidad de las compañías farmacéuticas han contribuido a sublimar las bondades del producto sin reparar que la acción paralizante del botox en muchos casos ha causado deformaciones irreversibles y en el menor de los casos la pérdida de la gesticulación y la expresión. 

El botox ha dado excelentes resultados en los casos de sudoración excesiva, para el control urinario, cierto tipo de espasmos musculares y por supuesto, las aplicaciones cosméticas. El tiempo y la investigación clínica dictaminarán las bondades o los riesgos escondidos de este producto.

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Referencias:

  1. Sifferlin Alexandra; The Drug that’s Treating Everything. TIME. January 16, 2017
  2. Botulinum Toxin. Wikipedia.

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Número 32 - Agosto 2019
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