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Antes muerto que peatón

Jueves, 14 de Abril 2016 - 16:00

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Carlos Guevara Casas

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No me lo va a creer, pero el consumo de té negro y el comercio de tulipanes se parecen demasiado al Hoy No Circula.

Y es que cuando se trata de defender un pequeño privilegio la izquierda, derecha y academia se unen contra el estado, mostrando lo conservadoras que son y que vienen del mismo núcleo social. Me refiero al aumento del impuesto al té en 1776 en los Estados Unidos, que aún no se llamaban así.

El interesantísimo El nacimiento de los Estados Unidos de Issac Asimov muestra cómo la gota que derramó el vaso para buscar la independencia de Inglaterra fue el aumento de los impuesto al té. Los colonizadores pobres nunca pudieron concretar la sublevación; fue hasta que la pequeña burguesía se sintió agredida. Y es que las revoluciones jamás detonan por una gran ideal o por las masas oprimidas, sino por la pérdida de pequeños privilegios. La última huelga de la UNAM que cambió el balance político del país y tiene en líos hasta la fecha a esa institución inició para evitar que los extraordinarios dejaran de ser gratis. Mancera debería tener en cuenta eso en sus estrategias de movilidad porque los que se trasportan en auto son el segmento de mayor ingreso.

En los medios el tema de movilidad se ha tratado como nunca. Entre Gloria Trevi y el resumen de las telenovelas un conocido programa de espectáculos lo comentó pródigamente. La sorpresa es que se pasó del Hoy No Circula a una andanada de quejas contra los ciclistas, que según se dijo, pueden matar a una dulce viejecilla si se estampan contra ella. Si bien pudiera ser posible, los datos indican una realidad distinta.

Solo para 2012 el INEGI reportó para la Ciudad de México 17,120 accidentes vehiculares.

El Instituto Nacional de Salud Pública ha reportado en lo que va del siglo al atropellamiento como principal de muerte externa entre adolescentes y la cuarta entre 15 y 64 años de edad.  En una revisión que hicieron Ricardo Pérez-Núñez y colaboradores en 2014 del Instituto Nacional de Salud Pública se observa que en México de 1990 a 2010 murieron 185 mil mexicanos por accidente de tránsito. El número ronda entre 17 mil a 19 mil muertos por año en el país. En 2012 hubo 320,490 hospitalizados por accidente de tránsito. Olvídese de la violencia del narco. Nos estamos atropellando unos a otros, y no con bicicletas. De los 22 millones de viajes diarios en la Ciudad de México que calcula INEGI, solo el 6.4 son en bici. El 29%  son en auto privado.

Pasamos de 7.2 a 23 millones autos particulares de acuerdo con el Informe Nacional de Movilidad Urbana 2014-2015. Según la CEPAL el promedio de autos por habitante aumentó en México a casi 0.25, lo que significa un automóvil por cada cuatro personas. En el año 2007 los automóviles particulares eran causantes del 72% del CO2 producido desde México hasta Chile y Argentina. Esto ha disminuido la velocidad promedio de traslado de 17 a 7 Km/hora en la Ciudad de México Según la UNAM en 2013. Olvídese de los topes, los macetones y el límite de 50 Km/hora.

Y para que funcionen esos carros pasamos de 18 millones de litros de gasolina al día en el Valle de México en 2004 a 23 millones hoy día según la  revista Atmospheric Environment y la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados.

Y claro que morimos y enfermamos más. En 2011 la OMS calculaba en la Ciudad de México más de 4 mil muertes por enfermedades asociadas a la contaminación atmosférica. Pero no es parejo. Quienes respiran más contaminantes son los que usan los microbuses.

En el auto no solo la vida es más sabrosa y se respira mejor, también se ocupa más espacio. Una de las camionetas de conocida marca japonesa ocupa el área de 16 personas sentadas. En la Ciudad de México el traslado en automóvil particular de 35 personas ocupa medio kilómetro cuadrado y 30 motores. Esas mismas personas solo necesitarían 30 metros cuadrados de acuerdo con el Informe Nacional de Movilidad Urbana 2014-2015.

Lo cual seguramente le ha llevado a pensar a usted, inquisitivo y viajero lector de Ruiz Healy Times, que cada persona contamina más según el trasporte que use. La carga contaminante de un horrendo micro hay que dividirla entre el número de usuarios. Cada usuario de trasporte público contamina mucho menos que uno de vehículo personal.

Como verá usted, lectora, lector la solución no es el auto o la bici o el micro. Es la falta de ciencia en la toma de decisiones. En ningún lado y momento el auto ha funcionado como estrategia de movilidad. En Holanda se dieron cuenta. Vivieron lo mismo que nosotros en este momento pero hace 40 años. Amaban los autos. Enloquecieron por ellos como no se había visto desde su obsesión compulsiva por los tulipanes en el siglo XVII que puede disfrutar leyendo a Niall Ferguson en El ascenso del Dinero.

A finales de los años 50 se llenaron de carros, de humos, de atropellados; tiraron edificios, pavimentaron áreas verdes, ampliaron avenidas y por supuesto, dejaron de moverse. En 1971 hubo 330 muertes por atropellamiento. La gente protestó y optaron incentivar otros trasportes. En 2010 tuvieron 14 atropellados. Ese mismo año la Universidad de Harvard y la Universidad de Washington publicaron un estudio indicando 19,389 muertos por accidente vehicular en México en 2005. La mitad peatones.

¿Qué se puede hacer para llegar al paraíso de movilidad holandés?

La siguiente semana, encontrará usted en este espacio, paciente y reflexivo lector, una serie de acciones implementadas en distintos lugares del mundo que pueden serle útiles, especialmente si usted es alcalde de una de las ciudades más grandes del mundo con una sublevación en ciernes y asesores de peluche en ciencia y movilidad.

¿Mientras tanto alguien sabe que tan bueno sale el Fiat 500?


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