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Alzheimer, la memoria perdida

Lunes, 23 de Noviembre 2015 - 16:30

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Antonio G Trejo

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Una fría mañana de 1901, una desaliñada y desorientada mujer entró con premura al Hospital Psiquiátrico de Frankfurt y se dirigió apresuradamente al consultorio del Dr. Alois Alzheimer. Saludó con enfado a la enfermera y en forma atropellada penetró al pequeño privado del doctor. Se arrojó a sus brazos y sin mayor preámbulo y entre sollozos exclamó: ¡Dr. Alzheimer, estoy perdiendo la razón!! Auguste Deter de 51 años todavía agitada describió con detalle sus alucinaciones, su dificultad para hablar con fluidez, su desorientación y sus olvidos que cada vez eran más frecuentes. Alzheimer la escucho con atención, la calmó y consoló, la tuvo como paciente otros cinco años, hasta que ella murió, el 8 de Abril de 1906.

Alois Alzheimer tenía gran interés en el caso de la señora Deter y consiguió el permiso familiar para hacerle la autopsia. Las regiones temporales del cerebro habían perdido su estructura, estaban esponjosas, muy difíciles de manipular. En esa época  la metodología para realizar investigación era muy limitada, todo se resumía a técnicas microscópicas y tinciones a base de sales de plata. El examen histológico reveló neuronas alteradas y deformes, con rugosidades nodulares distribuidas a lo largo de los axones y otras estructuras en forma de placas que resultaron ser polipéptidos adosados al tejido neuronal, era lo más notorio que podría conseguirse en esos tiempos. Posteriormente, se demostró que dichas placas son las que inician la mayoría de los trastornos característicos del síndrome. Las placas están formadas por péptidos (de 39 a 45 aminoácidos) que se asemejan a collares donde los aminoácidos son las cuentas y pueden ser de diferente color y tamaño, dando lugar a una estructura definida en los cerebros normales. En los pacientes con Alzheimer, los aminoácidos han mutado y por lo tanto la secuencia no es la misma, y el polipéptido esta deformado provocando el desacople y el funcionamiento irregular de moléculas especificas llamadas neurotransmisores. Dicho desajuste es lo que produce las alteraciones neuromotoras y la degeneración de las neuronas. Al parecer este proceso es irreversible, una vez iniciado no existe la posibilidad de aminorarlo. Por eso es muy importante diagnosticar el Alzheimer en su fase temprana, ya que la mejor posibilidad de tratamiento está enfocada a evitar la formación de las placas anormales, porque éstas una vez establecidas ya no se pueden corregir.

La iglesia y los políticos manipuladores por siglos han tratado de convencernos que todos somos iguales y que por lo tanto reaccionamos igual, existen muchas evidencias para probar lo contrario, pero para efectos del tema diremos que no hay dos personas con Alzheimer que presenten los mismos síntomas o la misma intensidad en el desarrollo de esta enfermedad. La expectativa de vida es de tres a nueve años, dependiendo de la etapa en que se haga el diagnóstico. Este se realiza teniendo en cuenta los antecedentes clínicos, la disminución en los niveles de colinesterasa (inhibe la transmisión del impulso nervioso),  o una tomografía computarizada del cerebro. Muy recientemente, investigadores de las universidades de Oxford y el King’s College en Londres han desarrollado una prueba diagnóstica que solo utiliza una pequeña muestra de sangre, su limitante es que solo ofrece el 87% de confiabilidad, pero es lo mejor que se tiene en la actualidad. Un dato colateral muy importante que arrojó esta serie de investigaciones es que la enfermedad empieza a afectar el cerebro muchos años antes de que se manifiesten los primeros síntomas, de tal manera que existe la posibilidad de detectarla con anticipación. Esto abre un sinfín de posibilidades pero primero habrá que optimizar el grado de confiabilidad de la prueba, tal como se describe en Alzheimer & Dementia.1

En términos generales podemos decir que los síntomas más característicos de la enfermedad son:

  • Pérdida de la memoria reciente (datos, nombres, incidentes, etcétera).
  • Dificultad para realizar labores simples (capacidades cognoscitivas).
  • Dificultad para recordar y usar las palabras y la expresión de las ideas.
  • Pérdida acelerada de la capacidad para leer y escribir.
  • Pérdida de coordinación neuromuscular, haciendo que el paciente dependa absolutamente de alguien que lo alimente y lo atienda en sus funciones básicas.

La degeneración neuronal y el desajuste de las moléculas proteínicas conllevan a una serie de impedimentos fisiológicos básicos como el descontrol de los esfínteres, la coordinación muscular básica para resolver las actividades de la higiene personal y la pérdida acelerada de las capacidades cognoscitivas y perceptivas2. Es un ser humano encerrado en un caparazón sin control, que no tiene conciencia ni movilidad, que no alberga esperanza y que no tiene registro. El paciente existe sin vivir hasta que una enfermedad cualquiera se apiada de él o ella y los lleva al descanso eterno.

Esta infortunada creatura apenas tendrá los alientos para morir, dejándonos una serie de reflexiones y planteamientos acerca de nuestra propia realidad y lo lábil y efímera que es nuestra existencia.

El Alzheimer fue descrita por médicos griegos y romanos y se le relaciona con la demencia senil, ellos pensaban que era un mecanismo de selección natural para que los viejos no perduraran. La enfermedad ataca a las personas mayores de 60 años, no tiene cura y es una maldición moderna que transforma a la muerte en una bendición sublime, no solo para el paciente sino para todos los que lo rodean.

La persona encargada del enfermo enfrenta un gran impacto emocional, social y económico que es muy difícil de sobrellevar sobre todo porque el paciente está totalmente incapacitado y requiere una atención las 24 horas del día.  Se calcula que en el mundo existen alrededor de 35 millones de personas afectadas con Alzheimer, de los cuales 500,000  son mexicanos. Desafortunadamente, las cifras suelen ser un mal pronóstico, pues cada año se aumentan 8 millones de pacientes, la situación es apremiante, es una carrera contra el tiempo, ya que es la tercera causa de muerte en los EUA, después de los trastornos cardiovasculares y el cáncer.

No se sabe a ciencia cierta que causa el Alzheimer, en algunas personas se han comprobado mutaciones en los polipéptidos alterados que afectan la plasticidad de las proteínas. Otras causas podrían ser los cambios en la estructura del cerebro ocasionados por la edad.  También pudiera ser la combinación de la genética, algunos factores ambientales y la edad. Existen evidencias indirectas que  señalan que esta enfermedad está latente durante mucho tiempo y de repente se manifiesta en forma agresiva e incontrolable en función de la edad.

Diversos laboratorios de investigación clínica y farmacéutica se han dedicado a encontrar diversas vías para combatir la enfermedad, algunos están buscando la manera de prevenir la aparición de las proteínas anormales, otros tratando de entender la genética y los factores ambientales que inciden en la enfermedad, otros tantos tratando de entender los mecanismos celulares con el fin de regular la actividad de los neurotransmisores. Sin embargo, el problema con esta enfermedad es que no tiene un patrón definido, los síntomas son inespecíficos para cada persona y los tratamientos medicinales tienen diferentes efectos, lo cual hace el tratamiento impredecible e inestable.

Al igual que la peste bubónica, la sífilis, la gripe asiática, el SIDA y el ébola; esta enfermedad tiene siglos y es un verdadero desafío al entendimiento del hombre y perdura como un mal que lo ha doblegado y lo ha humillado con una muerte horrible, como si quisiera recordarle que no es lo máximo de la creación.

Para aquellas personas que tienen la necesidad de cuidar a un paciente con síntomas de Alzheimer u otra enfermedad neurodegenerativa o incapacitante, les recomiendo consultar: www.nia.nih.gov/alzheimer.

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Referencias

Saltlecker Martina et al. Alzheimer’s disease biomarker discovery using SOMA scan multiplexed protein technology. Alzheimer & Dementia 10, 2014; 724-734
CDC Alzheimer’s.


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Número 35 - Noviembre 2019
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