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Mi Churchill de bolsillo

Mi ejemplar del Pequeño Churchill adaptable de bolsillo, edición 1965, marca una serie de apotegmas sumamente útiles. Uno de ellos aconseja: “Es bueno para un hombre sin educación leer libros de citas”. Dada mi precaria condición educativa, decidí acudir a tan útil breviario y encontré algo que reza así:

Nunca en la historia electoral de las naciones, tantos contribuyentes habían gastado tanto dinero para pagar con tanta rabia a tantos millonarios improductivos a cambio de tan poco talento y poca capacidad política.

No cabe duda de que el buen (?) Winston era sabio: el 91% de los mexicanos (según la investigación del Cide dirigida por María Amparo Casar) opina que los partidos políticos son más corruptos que ¡¡¡la policía!!! Para Guinness, ¿no?

Dadas esas cuentas, no sé si valga la pena “invertir” 5,356 millones de pesos para que según esa absoluta mayoría de ciudadanos, el 91% de ese dinero (4,874 millones) se lo estén robando nuestros “representantes” en un negocio legal de “interés público” que ilumina los veneros del dinero sucio.

Encontré enseguida esta sentencia:

Una mentira viaja alrededor del mundo antes de que la verdad tenga la oportunidad de ponerse los calzones. En tiempos de campaña electoral, la verdad es tan preciosa que tiene que protegerla un guardaespaldas hecho de mentiras.

No sé si al hablar de mentiras el bulldog inglés estuviera pensando en las promesas de honradez y portarse bien, atacar la corrupción o ser diferente, que oímos en un aluvión de spots. Pero ¿mentiras políticas? ¿Habrá algo así en México? Para nada; en Inglaterra sí pero en México de plano lo dudo.

No sé si aquél panzón dicharachero, borracho y fumador supiera de política. Pero acaso esto sirva para México:

La política es la capacidad de predecir qué ocurrirá mañana, la semana entrante, el siguiente mes y el próximo año. Y la política es la capacidad de explicar después por qué nada de eso ocurrió.

Y digo que no, porque el desmemoriado compatriota no recuerda las promesas y predicciones de los que hacen campaña y prometen lo que van a hacer y por eso piden votos que nadie, nadie, nadie, pero nadie, llama a cuentas a quien no cumple lo que prometió porque ni siquiera sabe (como tampoco lo sabe el prometedor) qué fue lo prometido. Y la gente vota por el mismo que le hizo daño en el pasado (por ejemplo, invadió el Paseo de la Reforma) y reelige a quien ha convertido las delegaciones políticas en cuevas de ladrones que dejan chiquito a Alí Babá, ellos que conservan en las calles el pavimento que tenían en 1946. ¿Qué importa? Vamos, si no sabemos sus nombres antes de leerlos en la boleta electoral, ¿qué importa quiénes son o qué digan?

Los partidos atacan casi desesperadamente a los votantes furiosos que no quieren votar por ninguno, porque los de todo color acaban siendo igualitos; y pagan a promotores que suplican “no te anules” al ciudadano que prefiere defender la democracia que legitimar la partidocracia: él no ve opciones y tendría que legitimar un sistema de partidos vistos como más corruptos que la policía; preferir al menos peor y votar por el que sea, aunque en su distrito no haya candidatos que hayan publicado sus 3 de 3 (conflictos de interés, declaración patrimonial y declaración de impuestos; sólo 3% lo hizo). Y por votar así México será bien desarrollado y avanzado y a todo dar. Sí. Anular es anularse y autosabotearse. Claro.

Para esa nueva estructura electoral nos sacaron 5.3 millardos de pesos. Y un montón de leyes electorales y mandamientos que bien recuerda don Winston cuando dice:

Si tienes 10,000 reglas electorales, destruyes todo respeto por la ley.

Y si la ley pierde respeto mandarás al diablo a las instituciones. Además esa ley está diseñada para impugnar todo. Si no gano, ¡a los tribunales! Al fin que hasta al abogado defensor lo paga el contribuyente. Toda derrota recibirá la misma, socorrida acusación: fraude electoral moderno o a la antigüita, popularizada en 2006 por el peor perdedor en ese año: fraude (a menos que él gane). Dijo Winston a propósito de él:

Un fanático es el que jamás cambia de opinión ni cambia de tema de conversación.

Y continuó con algo oportuno:

El mejor argumento contra la democracia es una conversación de 5 minutos con el votante promedio (aunque no milite en la CNTE). Pero los imperios del futuro son los imperios de la mente.

No me cabe duda de que nuestros preclaros mentores harán de nuestra patria un imperio de la mente en el inmediato futuro. Claro que sí. Y continúo, debidamente consolado, mi breviario:

El secretario de Gobernación es un hombre modesto. Sin duda tiene mucho de lo cual ser modesto.

¡Uy! Eso estuvo feo. En épocas de Bartlett me mandarían hornear, quién sabe hoy… debí haber leído antes esto:

Somos maestros de las palabras no dichas, pero esclavos de las que se nos deslizaron…

¡Gulp! Mejor me atengo a lo dicho Churchill cuando lo invitaron a opinar sobre la estrategia electoral del gobierno federal y del INE y escribió este dictum:

El gobierno mexicano ha entrado en una extraña paradoja: decidido a ser indeciso, resuelto a ser irresoluto, porfiado en la deriva, sólido en la fluidez, todopoderoso en su impotencia. Entonces vamos preparando más meses o años —preciosos, acaso vitales para la grandeza de México— para que los devoren las langostas.

Si seguimos así —y no veo qué poder pueda evitarnos el seguir así— algún día nos enfrentaremos a un terrible llamado a cuentas. Espero que los miembros del gabinete se eleven… Gracias a tal desdén, y ante las más claras llamadas de atención, hemos entrado en un período de mayor peligro. El tiempo de dejar las cosas para mañana, de las medidas a medias, de los expedientes tranquilizadores y de los retrasos, ha llegado a su fin. Ahora hemos entrado a un período de consecuencias.

¡Gulp! ¡Regulp! ¡Recontragulp!

Sin embargo —tras iluminar mi oceánica ignorancia con mi Pequeño Churchill adaptable— dedicaré los siguientes párrafos de este texto a elogiar todo lo que veo de valiente, constructivo y positivo, sobre la decisión del gobierno federal de suspender provisionalmente la evaluación a los maestros. Mis elogios son los siguientes:

Autor:

Fecha: 
Lunes, 08 de Junio 2015 - 17:00
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Justicia cotidiana: apuesta por la cultura de la legalidad

La justicia cotidiana la conforman los mecanismos (instituciones, procedimientos e instrumentos) que permiten dar solución a los conflictos que ocasiona la convivencia diaria, resume el documento que el CIDE entregó esta semana al presidente Enrique Peña. El trabajo forma parte del decálogo presidencial para enfrentar la matanza en Iguala y la crisis de confianza ocasionada por el conflicto de interés en que presuntamente incurrieron el mismo presidente y su secretario de Hacienda por las casas que obtuvieron de uno de los contratistas más favorecido por el gobierno federal. El alcance de este ámbito de la justicia incluye a las materias civil, familiar, laboral, administrativa y de proximidad. Excluye a la esfera penal. El objetivo es que se cumplan los acuerdos entre las personas, y si no honran sus compromisos que haya consecuencias. De ese modo se combatirá la cultura de la impunidad.

¿Por qué es importante la justicia cotidiana? El documento lo precisa bien: “Un sistema de impartición de justicia que funciona bien permite (...) que las personas recobren la confianza tanto interpersonal como en las instituciones, que encuentren respuestas adecuadas a sus problemas y faciliten la salida de la informalidad y la marginación jurídica”. Hago énfasis en esto que señala el CIDE: la ausencia de la ley en la convivencia cotidiana tiene múltiples efectos negativos, que se manifiestan como corrosión de las relaciones sociales: si los conflictos entre comunidades y vecindarios no se resuelven cunde el resentimiento, se obstruye la colaboración y se socava la convivencia pacífica. El resultado son la abulia y la apatía. Cuando la colaboración se dificulta, languidecen los proyectos comunes y se aplaza el progreso.

La aplicación de la ley restablece, pues, la confianza social, la colaboración y la buena vecindad. Es, en consecuencia, un instrumento crucial para regenerar el tejido social y garantizar la convivencia armoniosa. En este mismo sentido, cuando la ley es la medida de la convivencia cotidiana, se impone el principio del respeto a lo ajeno, al otro, a lo diferente: es el cimiento de la pluralidad, que es una de las condiciones para una democracia vigorosa. De manera simultánea, y no menos importante, es que genera una nueva cultura de rechazo a la impunidad, es decir, la sociedad se vuelve intolerante al incumplimiento de las normas legales. Aquí están las ventajas. Pero implementar el proyecto tiene costos. Veremos de qué tamaño es el compromiso del gobierno federal para impulsar la justicia cotidiana en el próximo presupuesto de 2016. Así que la pelota está en su cancha.

Fecha: 
Jueves, 30 de Abril 2015 - 19:00
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