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Chapo Guzman

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Un defraudador fiscal no es igual al Chapo Guzmán

Como porcentaje del producto interno bruto (PIB), los ingresos tributarios del gobierno federal son muy bajos. En 2017 apenas representaron el 13.1% del PIB.

Entre los 37 países de la OCDE, nuestro país está en el último lugar en lo que este porcentaje se refiere. Para Chile, que ocupa el penúltimo lugar, la cifra es del 20.16%.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), México podría aumentar la recaudación hasta el 22% del PIB

En marzo pasado, la secretaría de Hacienda informó que la evasión fiscal equivale a entre tres y cuatro puntos del PIB, lo que representa un billón de pesos. De combatirse exitosamente la evasión y elusión fiscales los ingresos tributarios podrían representar entre el 16 y 17% del PIB.

Con el propósito de acabar con los evasores fiscales, la fracción de MORENA en el Senado presentó un proyecto para reformar diversas leyes y códigos.

De aprobarse, serán considerados como miembros de la delincuencia organizada los que cometan el delito de “defraudación fiscal (…) defraudación Fiscal Equiparada… exclusivamente cuando el monto de lo defraudado supere tres veces lo dispuesto en la fracción III del artículo 108 del Código Fiscal de la Federación (…) y Actos ilícitos en contra del fisco federal…”.

La propuesta propone la “prisión preventiva oficiosa” para los que sean acusados de los delitos arriba anotados así como para quienes sean sospechosos de participar en “la expedición, venta, enajenación, compra o adquisición de comprobantes fiscales que amparen operaciones inexistentes, falsas o actos jurídicos simulados…”.

Es decir que será encarcelado sin derecho a fianza y enfrentará su juicio en prisión, sea culpable o no, quien sea acusado de defraudarle al fisco siete millones de pesos o más, o de estar involucrado en el tráfico de facturas falsos.

Esa persona recibirá el mismo trato que un capo del narco, un jefe de una banda de secuestradores o de un grupo de sicarios o cualquier otro criminal que pertenezca a la delincuencia organizada que ha corrompido a la mayoría de las instituciones nacionales, causado cientos de miles de muertos, decenas de miles de desaparecido y cometido incontables delitos contra la integridad física y el patrimonio de los mexicanos.

Quien comete los delitos considerados en la propuesta morenista dañan al país, pero no de la misma manera en que lo hacen quienes pertenecen a la verdadera delincuencia organizada; deben ser castigados, pero no se les debe dar el mismo trato que a los criminales más violentos.

La legislación fiscal vigente hace que pagar impuestos en México sea complicado y es muy probable que por un error propio o de un contador un causante acabe en la cárcel sin derecho a fianza. Aún más: la mayoría de los delincuentes fiscales, aunque sean culpables, tampoco merecen ser tratados como si fueran el Chapo Guzmán.

Antes de arriesgar ir a la cárcel muchas personas preferirán llevar sus negocios a otro país o de plano dejarán de invertir y generar la riqueza y los empleos que el país requiere.

Será un grave error si los senadores morenistas aprueban su proyecto tal como lo presentaron. Solo los peores evasores fiscales deben enfrentar su juicio en prisión.
 

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¿Encontrarán la supuesta fortuna de El Chapo?

La revista estadounidense Forbes describió hace años a Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera como “el narcotraficante más poderoso del mundo, responsable de aproximadamente el 25% de todas las drogas ilegales que ingresan a los Estados Unidos desde México. Los expertos en fiscalización de drogas estiman, de manera conservadora, que los ingresos anuales del cártel pueden exceder los 3000 millones de dólares”.

Hace unos días, en ciudad de Nueva York, un juez federal lo condenó a pasar encarcelado el resto de su vida y a entregar los 12 666 181 704 dólares que según el gobierno estadounidense ganó desde principios de los años 90 hasta su tercera captura en 2016, periodo en que traficó casi 600 000 kilogramos de cocaína (por un valor de más de 11 000 millones de dólares), 200 kilogramos de heroína (por un valor de más de 11 millones de dólares) y por lo menos 420 000 kilogramos de mariguana (por un valor aproximado de 846 millones de dólares).

Los funcionarios estadounidenses que calcularon este monto, aparentemente no tomaron en cuenta que una cosa son los ingresos y otra las utilidades.

Por ello, a los casi 12 700 millones de dólares habría que restarle lo que El Chapo tuvo que pagar para poder hacer sus negocios.

Un narcotraficante incurre en diversos costos. Entre ellos:

  • Personal: Pago de mulas o transportadores de drogas, vendedores ambulantes, “mezcladores”, químicos, choferes, pilotos, guardaespaldas, sicarios, representantes, damas de compañía,  otro personal no especificado.
  • Costos de venta directos: Pago de materiales de embalaje (papel de aluminio, bolsas, etc.), productos utilizados para mezclar/cortar drogas, alquiler de almacenes, alquiler de “piso para mezclar”, otro apartamentos.
  • Comunicación: Pago de teléfonos satelitales, celulares, radios, teléfonos de línea.
  • Viajes y transportes: Pago de alquiler o compra de vehículos para el transporte de drogas, viajes, costos de transporte público, combustibles, gastos de envío, otros gastos no especificados.
  • Viáticos: Pago de facturas de hotel, comidas, bebidas
  • Legal y administrativo: Pago de servicios de abogados, contadores, notarios, seguros, impuestos.
  • Corrupción y crimen: Regalos, sobornos, identificaciones falsas, otros costos no especificados.

Solo en lo que a sobornos se refiere, alguna vez leí que los narcos mexicanos reparten el 50% de sus utilidades entre funcionarios, policías, militares y otras personas para que los dejen trabajar sin mayores problemas, tanto en México como en Estados Unidos.

En la conferencia de prensa presidencial de ayer, el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard dijo que la mayoría de los activos de Guzmán Loera están en Estados Unidos y que se creará un grupo binacional que investigue y recupere ese dinero.

Este grupo primero deberá determinar el monto de la fortuna de El Chapo, luego tendrá que encontrarla, después los gobiernos de México y Estados Unidos habrán de tomar posesión legal de la misma. Y luego, si tienen éxito en los tres primeros pasos, podrán discutir sobre qué le toca a quién.

Dudo mucho en que algún día se encuentren los casi 12 700 millones de dólares de El Chapo. Probablemente se localice una fracción de este monto, y eso, si tienen suerte los investigadores.
 

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Por callar, la sociedad avaló de alguna manera a El Chapo

Indudablemente posee una gran inteligencia. Solo estudió hasta el tercer año de primaria. Tal vez, si hubiera nacido en un país de oportunidades o en el seno de una familia pudiente, se hubiera distinguido al realizar alguna actividad legal.

Para operar libremente corrompió a muchos funcionarios, probablemente a algunos secretarios de Estado y hasta a uno o dos presidentes de la República.

Se escapó dos veces de cárceles de alta seguridad. Para lograrlo supuestamente sobornó a los responsables de mantenerlo bien encerrado.

También corrompió a muchos hombres de negocios y empresas que se prestaron a lavar su dinero. Una corte de Nueva York documentó hace unos años que los bancos Bank of America, HSBC, JP Morgan y Wells Fargo lo ayudaron a lavar parte de su dinero sucio. Y esto es solo lo que pudo demostrarse. No es difícil imaginar todo lo que las autoridades no detectaron ni pudieron demostrar.

Fue uno de los criminales más poderosos del mundo mientras estuvo libre. Se estima que los ingresos anuales de su organización en 2015 fueron de entre 3000 y 39 000 millones de dólares.

Fue poderoso pero siempre será recordado como un hombre cruel y despiadado, como demostró serlo desde que inició su carrera delincuencial hace poco más de cuatro décadas, cuando a los 20 años se unió al Cártel de Guadalajara.

De acuerdo con las autoridades y con quienes han estudiado detenidamente su carrera criminal, asesinó personalmente a varias personas, generalmente disparándoles en la cabeza, a veces torturándolos con saña antes de privarlos de la vida; también ordenó que mataran entre 3000 y 5000 individuos.

Sus guerras contra otras organizaciones criminales causaron miles de muertos y solo la que su Cártel de Sinaloa sostuvo contra el Cártel de Juárez dejó entre 5000 y 12 000 cadáveres. Las drogas que vendió alrededor del mundo contribuyeron a que miles murieran a causa de una sobredosis.

Lo que a nuestra economía le han costado personas como él y otros es incalculable y los recursos económicos, materiales y humanos que se han utilizado para combatirlos, pudieron haberse usado para beneficiar más a la sociedad.

En pocas palabras, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera no es una buena persona, sino la encarnación del mal.

Y por ser encontrado culpable de algunos de sus delitos, ayer fue sentenciado por un juez federal estadounidense a pasar el resto de su vida en una cárcel de alta seguridad. La sentencia que se le impuso es de cadena perpetua más 30 años. También perdió sus derechos sobre una fortuna que se calcula en 12 600 millones de dólares que supuestamente obtuvo por la venta de drogas en Estados Unidos. Ahora solo falta que las autoridades mexicanas y estadounidenses localicen ese dinero.

Lo más triste de la situación es que en México pocas personas repudiaron públicamente las fechorías de El Chapo como ahora miles se manifiestan en contra de las decisiones del presidente de la República.

Criticar al presidente es un derecho y qué bueno que muchos lo ejerzan sin temor alguno. Lo reprobable es que gran parte de la sociedad, por callar, avale de alguna manera las acciones de un delincuente, tal como ocurrió con el caso de El Chapo, y sigue ocurriendo, tratándose de otros criminales.
 

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