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Revocación de mandato

El 17 de julio de 1928, a Álvaro Obregón le revocaron el mandato y le anularon su flamante reelección  con 21 tiros de cuatro diferentes calibres, disparados por un “asesino solitario”…

Noventa años después de la muerte del último caudillo, el Pejelagarto anda jugando a la psicología inversa con su rollo de la “revocación de mandato” de manera que, si a medio sexenio el  pueblo bueno y sabio le pide que no se vaya, podría ser convenientemente interpretado como una súplica para que se quede más allá del 30 de noviembre de 2024.

El voto electoral se cumpliría como los votos conyugales: hasta la muerte; igualito que lo sucedido a Obregón.

Si la férrea salud del juvenil Peje se lo permitiera, él,  querría emular las once presidencias de Santa Anna, o la dictadura camuflada de Juárez, y de serle posible, aferrarse a la silla del águila hasta llegar a octogenario como Porfirio.

¿Qué le depara al Pejesidente la bola de cristal; Tlaxcalantongo,  la Bombilla o el Ipiranga?

Si  su majestá el Peje Primero, de verdad supiera historia, sabría que los 21 balazos hallados durante la autopsia al cadáver de Obregón, venían de otras tres pistolas accionadas en aquel banquete dado en su honor, por comensales emisarios de otros aspirantes del mismo partido del sonorense, que no querían envejecer esperando a que Dios se lo llevara, y decidieron revocarle el mandato, como lo saben revocar los mexicanos.

Cuando Plutarco Elías Calles fundo el PNR no pretendió legarnos un partido político común y corriente; nos dejó un mecanismo diseñado para lograr que los muchos caudillos que ambicionaban la presidencia, actuaran en un marco de DISCIPLINA sin el cual, la guerra de pandillas llamada “revolución mexicana” no habría parado ni hasta la fecha.

 

El PNR de 1928, sirvió para apaciguar a los Bejaranos, Monreales, Ebrards, Padiernas, y  Yeidicoles de aquel tiempo,  que, como es ampliamente sabido, solamente sueñan con servir a México desinteresadamente.
El PRI de 1994,  a raíz de la muerte  de Colosio, todavía alcanzó para amansar a Camacho Solís, Ortiz Arana, Gutiérrez Barrios  y cualquier otro suspirante.

Lo de su majestá el Peje, NO es ninguna transformación; es un salto cuántico al pasado que regresa a México al momento preciso en que Obregón mandó matar a Carranza que tambien quiso reelegirse hasta que sus ambiciones se descarrilaron con todo y el Tren Olivo en Tlaxcalantongo.

El PNR, PRM, PRI, nació en  un sólo párrafo del último informe presidencial del General Calles, cuando dijo:

“La muerte del General Obregón, nos plantea la necesidad de pasar, de ser país de caudillos,  a nación de instituciones y de leyes”.

La llegada de López “hablador”, como lo ha rebautizado la Chachalaca de Guanajuato, es la vuelta al tiempo de los caudillos;  ni más, ni menos.

Salinas de Gortari tiene cuentas pendientes con México; tambien tiene más defectos que cualidades, pero es incomparablemente más inteligente que el juvenil olmeca que hoy dice no residir en La Toscana.

Si salinas a pesar de sus ambiciones y su inteligencia, no se atrevió a romper el principio de la NO REELECCIÓN,  no fue por su vocación democrática y su altruismo, sino porque no quería terminar de bruces sobre un  plato de mole, como le ocurrió al manco de Celaya y León.

San Juárez fue ayudado a bien morir un 18 de julio de 1872, porque de haberse recuperado de la angina de pecho, Lerdo de Tejada y Porfirio, se habrían hecho viejos entre las reelecciones del mañoso pastorcito de Guelatao, y por eso le revocaron el mandato con la daga de Riva Palacio que un bisnieto suyo, puso en manos de mi  padre, mientras la contaba los pormenores de la muerte del “benemérito”.

Curiosamente, un día antes, el 17 de julio, pero de 1928, a Obregón tambien le revocaron el mandato los comensales que ayudaron a Toral a no fallar, mientras Alfonso Esparza Oteo estrenaba la canción “El Limoncito”,  dedicada al violador del principio intocable de la NO REELECCIÓN.

Sin embargo, la psicología inversa que se descubre detrás de la prédica del Peje sobre “su firme e irrevocable  decisión de no intentar reelegirse”, hace pensar precisamente TODO LO CONTRARIO.

Intentar salirse con la suya, donde Obregón no pudo, puede demostrarle al Peje y a cualquier otro, que en 90 años, la única norma revolucionaria que sigue vigente, es la que condujo a San Juárez al panteón de San Fernando, a Porfirio a navegar en el Ipiranga,  a Carranza a morir en Tlaxcalantongo,  y a Obregón a no escuchar completo “El Limoncito” ni acabarse su sabroso mole con ajonjolí.

Aunque pudiera reformarse la constitución (al igual que hizo Obregón para lavarle la cara a su imposición), los sufragios de su reelección, se transformarían en sufragios por su eterno descanso y el gusto efímero de las urnas electorales, terminaría en la urna  funeraria con sus cenizas.

El PRI, que todavía sirvió para evitar la tormenta que pudo haberse desatado con la muerte de Colosio, hoy es una caricatura sin garras ni colmillos, totalmente incapaz de capear el temporal que se dejaría venir con una revocación de mandato al estilo de la de Obregón.

Ninguno de los partidos existentes,  incluida la MORENA, tiene la estructura sectorial, hoy desaparecida.

Hace mucho que México no es ni siquiera un remedo de país de instituciones y de leyes, pero a pesar de lo mal que están las cosas, podrían ponerse mucho peor,  con un intento de reelección a través de la catafixia tipo Chabelo,  disfrazada de revocación/confirmación/prórroga indefinida de mandato.

La NO REELECCIÓN no desaparecerá con una reforma constitucional made in MORENA.

Es un principio que no puede derogarse desde que, irónicamente lo acuñó Porfirio Díaz como lema de su Plan de Tuxtepec.

Puede que el sufragio en México, no sea tan efectivo, pero la NO REELECCIÓN, es a prueba de pejes y de pelones…

(Y si no, que le pregunten a Salinas).

El PRI nació el 1º de septiembre de 1928, en un simple párrafo del último informe presidencial de Plutarco Elías Calles.

El párrafo dice así:

“…debe permitirnos, va a permitirnos orientar definitivamente la política, del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de "país de un hombre" a la de "nación de instituciones y de leyes".

El PRI nunca fue un partido político creado para competir con otros partidos en la gran farsa democrática; el PRI desde su fundación, fue un sistema de gobierno.

La primera contribución del PRI (nacido PNR), fue la pacificación del país, y la canalización civilizada de todos los liderazgos, con lo que se evitó la prolongación de las  disputas  violentas  por el poder.

El PRI  garantizó que la muerte de un  presidente no hundiera al país de nuevo en el caos y la violencia política, porque contenía los mecanismos  y los conductos corporativos que hoy son utilizados por la iniciativa privada.

La pomposamente  autoproclamada  “cuarta transformación”  a bordo del Movimiento de Renegociación Nacional, más que transformación es una reversión  a julio de 1928.

El Peje Lagarto López Obrador, es un caudillo; un caudillo surgido del desmantelamiento del PRI.

Ese desmantelamiento comenzó con Miguel de la Madrid, cuyo perfil personal y político nada tenía que ver con ese partido.

Los llamados sectores: Campesino  (CNC), Obrero (CTM)  y Popular (CNOP) le daban estructura, operatividad y cohesión, además de garantizar orden y continuidad en un marco de disciplina.

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Miércoles, 22 de Mayo 2019 - 13:10
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