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El ébola en un país en las circunstancias de México

El Antiguo Testamento relata que el faraón soñó a siete hermosas vacas gordas que eran devoradas por siete horribles vacas flacas; se despertó, y al volverse a dormir soñó que siete bellas espigas eran engullidas por otras siete espigas quemadas por el viento del oriente. Se inquietó y preguntó a los magos de Egipto y ninguno supo responder. Pero llegó a sus oídos que un hebreo llamado José podría interpretar sus sueños. Lo mandó llamar y José le dijo que Dios reveló al faraón lo que iba a hacer: las tierras de Egipto tendrían siete años de enorme abundancia y después padecerían siete años de hambrunas. Y le sugirió poner al mando del imperio a un hombre sabio y entendido para que quintara las cosechas en los años de abundancia y guardara esos frutos para los siete años de penuria. Así se hizo y Egipto no padeció hambre.

Esta historia, que posiblemente registra el primer ciclo económico, muestra que cuando el hombre toma provisiones es factible afrontar los más peliagudos retos. En el futuro inmediato, México quizá se enfrente al mayor desafío de su historia moderna, que tal vez podría inclinar peligrosamente la balanza hacia el caos social y económico. Me refiero a una eventual epidemia de ébola. Este virus parece estar fuera de control: los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos esperan que hacia enero de 2015 haya hasta 1.4 millones de personas contagiadas en África. Además, la letalidad del virus es de 70% de los infectados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) añade que los países no están preparados para enfrentar epidemias, como se apreció en la crisis de influenza AH1N1, y se constata en el caso del ébola. En consecuencia, no es remota una pandemia. Por ello es crucial prevenir.

Ahora bien, imaginemos un escenario de crisis sanitaria en las circunstancias políticas que vive México: las mafias han tomado el poder en varias regiones del país; padecemos asesinatos multitudinarios y la seguridad se colapsa; campean impunidad, corrupción e ineptitud; se tiende a hacer justicia por mano propia porque no hay ley ni orden. Es decir, las instituciones se desmoronan, al tiempo que la elite política es aquejada por el descrédito y el cinismo. Si agregamos la frágil economía, más la histeria y la xenofobia creciente en Estados Unidos, que podría paralizar los flujos de personas y de mercancías, estaríamos en serio peligro. De esta manera, la combinación de crisis sociopolítica y epidemia puede ser de pronóstico reservado para la estabilidad social y la paz pública. Por tanto, urge abatir a la impunidad y la corrupción, así como tomar todas las providencias necesarias para evitar una epidemia.

Fecha: 
Jueves, 16 de Octubre 2014 - 17:00
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