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Los cárteles en el DF

De enero a agosto de este año la tasa de homicidios en el Distrito Federal aumentó 21% comparada con el mismo período del año pasado. La tasa durante estos primeros ocho meses de 2015 fue la más alta desde 1998 y en total se cometieron 602 homicidios, lo que significa un promedio de cinco cada dos días.

En septiembre pasado, el número de homicidios en el DF fue 22% mayor que en septiembre de 2014.

La tasa de homicidios para el Distrito Federal fue de 12 en 2014, abajo del promedio nacional de 16 y de las tasas que se registraron para otros estados como Guerrero (48), Chihuahua (46), Sinaloa (38), Tamaulipas (25), Morelos (23), Sonora (23), Baja California (21), Colima (20), Michoacán (20), Oaxaca (18), Durango (17), México (17), Coahuila (15), Guanajuato (14), Jalisco (13), Nayarit (13) y Zacatecas (13).

Sin embargo, una tasa de 12 significa que ya hay una epidemia de homicidios en el DF, ya que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que tal epidemia existe cuando la tasa es de 10 o más.

Además de los arriba anotados, otros estados que también padecen esta epidemia son Baja California Sur (12), Nuevo León (11), Veracruz (11), San Luis Potosí (10) y Tabasco (10).

En resumen; 23 de 32 entidades federativas son víctimas de tal epidemia y si la tasa del DF aumentó 21% durante los primeros ocho meses de 2015 significa que ahora se ubica en 14.5.

El aumento en la tasa del DF debe preocuparnos porque se había mantenido en 12 desde 2010 hasta 2014 y ahora, en 2015 se incrementó en lugar de disminuir.

Para algunos analistas, dicho incremento se debe a una mayor actividad de los principales cárteles de la droga en el Distrito Federal, los cuales podrían estar empezando a pelear entre ellos por el dominio de un mercado muy lucrativo si se toma en cuenta el alto número de consumidores activos y potenciales de sus productos.

De acuerdo a un informe emitido en julio pasado por la agencia antidrogas estadounidense (DEA, por su siglas en inglés), en el mes de abril de este año se registraba un aumento de la presencia de los siguientes cárteles en el DF: Sinaloa, Golfo, Beltrán-Leyva, Zetas y Caballeros Templarios. El mismo informe aclara que el DF no pertenece aún a algún cártel en particular, como ocurre en diversos estados del país.

Hasta el momento, el jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, ha negado que los cárteles del narco actúen en la ciudad que gobierna. Sin embargo diversos homicidios perpetrados durante las semanas más recientes sugieren que tal situación podría estar cambiando.

Ojalá que el gobierno defeño esté preparándose para enfrentar la violencia que se generará cuando los cinco cárteles decidan declararse la guerra mutuamente. Cuando esto ocurra veremos que tan eficaz y eficiente es el aparato de seguridad pública y procuración de justicia del Distrito Federal. El futuro político de Mancera podría decidirse en función de dicha eficacia y eficiencia.

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Fecha: 
Martes, 03 de Noviembre 2015 - 12:00
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Matar a El Chapo

Del video filtrado con audio de la fuga de El Chapo, comentaban en el programa de Eduardo Ruiz-Healy cómo “tendió” su cama antes de irse. Ante tanta especulación e interpretación de los movimientos de los presos, sus rutinas, costumbres y los hábitos que se crean por la falta de actividad, ésta del Chapo al tender su cama puede ser una de tantas manías, sin embargo, se puede sugerir como una señal de Guzmán avisando a las cámaras: “—ya me voy”.

En el minuto 1:29 (o 1:24 según la fuente que se revise) cuando El Chapo cambia el canal de la televisión saca un objeto de detrás o por debajo del aparato y lo guarda entre las cobijas, éste movimiento y la salida del objeto se puede ver cuadro por cuadro en el video. En el minuto 3:14 y después del 4to sonido de martillos o taladros, baja el brazo derecho y busca junto a la pierna del mismo lado, hace bola la cobija con su mano derecha y se levanta. Antes de extender las sábanas, su mano derecha se junta por debajo de la cobija con la izquierda y se pasa lo que pudiera ser el objeto que sacó antes, lo deja en la mano izquierda y termina de “tender” la cama. Luego se acerca a la regadera y deja caer al parecer el mismo objeto provocando un golpe que se alcanza a escuchar cerca de donde se abrirá poco después el agujero, como otra señal: “—estoy listo”. Después se escucha la voz de alguien por debajo del agujero como avisando: “—listos aquí abajo”. El Chapo regresa a ponerse los zapatos para irse, dicen hoy, al Triángulo Serrano de Chihuahua, Durango y Sinaloa; si Guzmán Loera se escapó por un túnel lo de menos es que se haya filtrado el video con audio.

Se han reportado ataques armados en la sierra que intimidan a la gente de los pueblos y rancherías, los pobladores viven con el temor de ser blanco de una bala perdida o del acoso de los militares, además no pueden correr para ponerse a salvo porque los detienen al creerlos sospechosos.

Que se haya escapado otras dos veces durante su carrera a salto de mata en la sierra, que reporten que está herido del rostro y una pierna y que cayó a un barranco es porque saben santo y seña del hombre sin lograr capturarlo. Como en el viejo juego de policías y ladrones en el que los ladrones difícilmente pierden; se parece también al juego infantil de las escondidas en el que Guzmán, hasta ahora, ha salido bien librado, los buscadores siguen contando hasta cien y desde algún lugar El Chapo gritó: “— ¡Un, dos, tres por mí y por todos mis compañeros!”

Al pasar los días se tiene información aparentemente confiable, también notas que aseguran que El Chapo está muerto. En general, se pensará que “muerto el perro se acabó la rabia” y no, para acabar con la rabia es necesario mucho más que matar o detener y extraditar a El Chapo; desde esferas casi desconocidas querrán matarlo para que no hable y así algunos secretos oscuros del poder queden enterrados en la tumba con Guzmán. Si lo matan solo estarán sacudiendo el tapete y las pulgas van a brincar para todos lados; entre los que van a querer ganar la presidencia del narco, los que se sentirán herederos del trono y los hijos de Guzmán, las cosas empeorarían para la sociedad.

El Chapo es el único tipo que hace que las miradas volteen hacia él sin que él vea a nadie, un individuo que se ha burlado como nadie del gobierno y que ha sabido manipular la ley. ¿Que con dinero todo es posible? Sí, solo que para eso también se necesita inteligencia, independientemente de lo que ha hecho El Chapo, lo que planea y su modo de vida, este hombre no puede ser calificado como un tonto, es más, si le propusieran la Presidencia de la República en una carcajada diría: “—No gracias, ese es un puesto para idiotas”.

El gobierno mexicano lo quisiera muerto, la DEA y el FBI lo necesitan vivo, su gente lo protege moviendo hilos extraños y la sociedad sabe que con El Chapo o sin él, las cosas no serán mejores porque hay gente en el poder que rebasa por mucho la maldad de Guzmán Loera.

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Fecha: 
Miércoles, 28 de Octubre 2015 - 18:30
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¿Futuros Capos o sicarios?

El tema del narcotráfico no es algo nuevo en nuestro país. Hay todavía cosas de las que no se habla, tanto que tienen un mayor impacto en la sociedad. Uno de ellos son las comunidades campesinas, destacándose la participación de los niños que viven en estas zonas marginadas, quienes están expuestos a servir a los capos a fin de obtener beneficios y “salir adelante”. Siempre se habla del narcotráfico, pero, ¿cuándo nos hemos puesto a pensar en los niños que trabajan para éstas organizaciones?

Creciendo entre la maleza

Hoy, Julián (a quién le llamamos así para proteger su identidad) es un chico de 21 años. En su cara se puede ver la dureza de la vida, que a su corta edad conoce lo peor de ella. Es el segundo de cinco hijos en el matrimonio de sus padres. Recuerda que desde niño ha sufrido por falta de recursos y sólo pudo estudiar hasta la primaria. Para poder estudiar más tenía que viajar una hora o caminar hasta dos o tres horas por entre la sierra del estado de Michoacán, lo que implicaba más gasto para sus padres y menos comida para sus hermanos.

Recuerda que de niño le encantaba disfrutar de la compañía de su hermano mayor, con quien coreaba los corridos que escuchaba la mayoría en la región y que además era su cómplice en juegos entre la sierra y los cultivos de maíz de su padre. Desde muy pequeños tuvieron que ayudar para poder incrementar el poco dinero para sobrevivir. Como es de esperarse, lo hicieron crecer desde muy temprana edad; se tenía que hacer responsable de duras tareas para apoyar a su padre; pronto tenía que dejar de jugar, pues era una “pérdida de tiempo”. Ahora tenía que ser un hombre más en la casa.

Cuando se le ocurría hacer travesuras con sus hermanos la felicidad les duraba poco, porque en menos de lo que canta un gallo salía su madre con el lazo que tenía más próximo y con toda la fuerza lo dirigía a la espalda para castigarlo por lo que había hecho. Pero el castigo no terminaba ahí, al enterarse el padre recibía una golpiza de nueva cuenta y había más labores para el día siguiente. Cuenta Julián que eso lo marcó mucho, porque tuvo que crecer y dejar los juegos “pa’ luego”.

Su hermano mayor emigró a Estados Unidos en busca del “sueño americano”. Su padre enfermó, murió y él tuvo que tomar el papel del hombre de la casa a los 14 años. Tenía que ir a sembrar al campo, recolectar, vender y llevar lo necesario a casa para mantener a su madre y sus hermanos; poco a poco el hambre era mayor, la necesidad crecía y el trabajo escaseaba.

Por la zona se empezaba a saber de unos vándalos que habían llegado de Morelia. Los desalmados que se robaban a las chicas, pedían cuotas a los ganaderos y a los productores, se la pasaban extorsionando a quien se les ponía enfrente. Se emborrachaban y viajaban siempre en “camionetotas”, portaban armas, algunos tenían grandes cadenas, no vestían como toda la gente, traían tenis de los buenos –recuerda. La violencia y la carencia se empezaron a apoderar de los pobladores, si demandaban eran asesinados entre ráfagas de armas. El temor era sembrado por un grupo de criminales sangrientos llamados “Zetas”, quienes habían llegado al lugar para apoderarse del territorio, llevándose todo a su paso.

Julián decidió sumarse al grupo de los Zetas, orillado por la necesidad de tener un poco más de dinero para su familia. “Quería vestir bien, comer bien, andar en las camionetas y cantar los corridos”, es así como describe su deseo para ingresar a las filas de los “poderosos”.

Cuenta que para irse ganando los primeros pesos, tenía que andar vigilando, era “halcón” o también llamado “puntero”. Se la pasaba en la plaza, sólo observaba y se memorizaba los movimientos de cada uno de los policías y hasta de los militares. Avisaba de cualquier movimiento raro para alertar a su jefe. Esto parecía fácil, pues ¿quién podría desconfiar de un niño que sólo se la pasaba solitario por el centro? A la vista parecía un indefenso chaval y nada más.

Recuerda que a los punteros es a los que más se les maltrata y los que en la cadena del narco están hasta abajo; sólo son los informantes. Los encargados de avisar cualquier movimiento en el pueblo, quién entra, quién sale y si hay extraños, pero a la primera que fallen se les trata de lo peor “Nos golpean hasta que se cansan y hasta que entiendes que no puede volver a pasar, y a veces sientes que ya no habrá una oportunidad más, no puedes llorar o eres un maricón”. Julián dice estas palabras, él está sentado frente a mí, pero sus ojos tocan aquel recuerdo que debe ser muy doloroso, pues la voz se entrecorta, los ojos se llenan de lágrimas, a pesar de que parece que ya no puede sacar una lágrima más. Un lapso de silencio invade la fría habitación.

Recuerda que en algunas ocasiones rondaban las escuelas en camionetas de lujo, ofrecían regalos a las menores y a base de seducción y engaños las poseían, las secuestraban, en algunas ocasiones luego de pasar muchos días rondando las escuelas. Los fines de semana elegían a las mejores chicas, a las más bonitas y las invitaban a fiestas, las subían a las camionetas. Los punteros cuidaban en la calle por si pasaban los policías o los militares; las drogaban, las violaban y en algún momento de la fiesta los punteros eran requeridos. Los obligaban a drogarse y consumían alcohol para más tarde poseer a las jovencitas, las desaparecían hasta por tres días, luego las abandonaban en la calle.

Cuenta Julián que había ocasiones en las que se metían a la escuela y se robaban a las menores a punta de pistola, y a los primeros padres que quisieron hacer la denuncia fueron asesinados a balazos. Así se ganaron el “respeto” de los otros pobladores quienes ante tantas atrocidades permanecían callados; era lo mejor "o se los cargaba la chingada”.

En estas fiestas fue como Julián empezó a drogarse y a consumir alcohol. Luego llegaron otro tipo de trabajos, le dieron una pistola, ya no sólo se encargaba de dar algunos avisos, empezó a extorsionar, se encargaba de ir a cobrar el dinero o la famosa “renta”, o ir a levantar a alguien que se había pasado de abusado o que simplemente no quería cooperar.

“El primer jalón del gatillo cuando matas a alguien es el más difícil. Algo me decía que no lo hiciera, habíamos levantado a un cabrón que se quiso pasar de listo y no quería entrarle, pero había hablado de más. El jefe dio la instrucción de pasar por él y darle una vuelta. Ya después que valiera madres, era mi turno y esa noche tenía que demostrar que era valiente. Jalé el gatillo directo a la cabeza, era él o yo, así me hicieron hombre”.

Es así como Julián recuerda su primera vez, jalando el gatillo de un arma, que para la edad de 16 años ya era un sicario. Por unos dos mil o tres mil pesos hacían los trabajos que les encargaban. Mientras cuenta el primer jalón del gatillo, se asoma esa desesperación del momento. Hasta las manos se le tensan al recordar el hecho; su frente empieza a sudar frío, sale la segunda lágrima de sus ojos.

“Luego llegaron a la zona un grupo contrario a los Zetas, llegaron con fuerza y protegidos por la gente a la que habíamos hecho daño, nos agarraban desprevenidos, corrió mucha sangre en el estado, se morían muchos amigos, unos se fueron con LFM pa’ salvarse; otros huyeron del estado. Yo me quedé”.

Menciona que de volver el tiempo atrás, jamás se hubiera metido en esas cosas del diablo. Ganó un poco de dinero, pero no pudo disfrutarlo con su madre y sus hermanos. De quienes sólo viven en México él y dos más chicos; los otros se fueron para Estados Unidos y no sabe nada de ellos.

Hasta el día de hoy, Julián no sale a la calle por temor a que la gente busque venganza y lo maten. Cuando llega a salir es sólo a la tienda más cercana y se regresa a casa tan rápido como se puede. Se la pasa el día entero dentro de la casa, casi no come, tiene los nervios a flor de piel y cuando llega la noche llega de nuevo el martirio, no puede dormir hasta que el cansancio lo vence. Algunas veces sueña que llegan por él, llega a sus sueños ese primer jalón del gatillo, pero el que está enfrente es él mismo.

Detrás de ese rostro fuerte, aparentando más edad de la que realmente tiene, esa voz quebrantada por revivir el pasado, se puede entrever el miedo en el que vive. En su mirada de arrepentimiento también muestra a ese niño que podía jugar con sus hermanos y que a pesar de ser pobre, podía vivir tranquilo. Se refleja ese niño que ha quedado encarcelado por la dureza de la vida que le ha tocado vivir y que tuvo que madurar más temprano que cualquier otro infante, es sólo uno más de los miles que han crecido entre la maldad, tachados por una sociedad a la que poco le interesan los niños y su futuro, marginándolos y mostrándoles que lo más importante en esta vida es el dinero y lo material.

Lo más triste y preocupante es que historias como la de Julián hay muchas en el país. Hay algunas que tal vez se le asemejan, pero hay otras tantas que terminaron ya sea en muerte, en tutelares, en niños con problemas de alcoholismo y drogadicción o peor aún, la historia simplemente no ha terminado y esos niños siguen dentro de la delincuencia, reclutando a otros menores, repitiendo y heredando esos estilos de vida.

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Martes, 05 de Mayo 2015 - 18:30
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La conveniencia de legalizar las drogas. La violencia en Jalisco y la lengua larga de su gobernador. La importancia del voto informado

En el estudio me acompañan Mónica Uribe y Armando Chacón y comentamos la conveniencia de legalizar las drogas, la importancia de informarse antes de votar, la lengua larga del gobernador de Jalisco. Tere Vale habla de la violencia en Jalisco. Hugo González comenta sobre el apagón analógico.

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Lunes, 04 de Mayo 2015 - 19:30
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De la violencia sin sentido a una verdadera política pública sobre las drogas

Después de la marihuana legal para fines recreativos en EU y de las reformas en Uruguay, la pregunta básica que nos debemos hacer es: ¿Dejamos el multimillonario mercado de drogas en manos de delincuentes o permitimos que sea regulado por el Estado?

Morelia, 15 abril 2015.- México y otros países de América Latina se encuentran en un momento de definiciones en que deben colocar cuestiones dolorosas, pero urgentes y necesarias para su futuro. Una de ellas dice respecto al cambio de su enfoque de política de drogas después de la introducción de la marihuana legal para fines recreativos en EU y de la legalización de la cadena productiva, de comercialización y consumo final en Uruguay . La pregunta básica que nos debemos hacer es: ¿Dejamos el multimillonario mercado de drogas en manos de delincuentes o permitimos que sea regulado por el Estado?

La respuesta a esta pregunta es un proceso que ya está en movimiento a nivel internacional y que tiene como punto de partida el hecho de que el paradigma represivo vigente en materia de política pública de criminalización de la producción, comercialización y consumo, , tanto a nivel internacional como nacional no ha dado resultados.

Al revés, ha transformado a los países productores- tanto México como Colombia son trágicos ejemplos-, en grandes focos rojos de violencia que consumen todo el presupuesto público en las tareas de represión y que, por consecuencia, no tienen los recursos presupuestales necesarios, ni las estructuras, para una política de salud pública de prevención y de tratamiento.

A este propósito recomiendo al lector de esta columna la lectura del informe sobre la materia de los ex-presidentes de Brasil, Colombia y de Mexico, Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo que encabezan la presidencia de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia.

Tenemos que definir si queremos quedar en el pasado, perpetuando la política de la represión dura (que nos ha llevado a la violencia ciega de las últimas décadas), gastando los dineros públicos en armas, inteligencia militar, nuevos cuerpos de seguridad, nuevas cárceles y sin aportación de resultados durables, o si, en su contrario, nos subimos al tren de reformas sensatas y concretas de Uruguay, de Estados-Unidos, de Holanda, de Portugal y de las propuestas de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia.

Hoy por hoy, es evidente que las estrategias represivas que terminan en la muerte o prisión,  simplemente no son la solución, ni al consumo de drogas ni a los delitos menores relacionados con estas sustancias. Tenemos que encontrar una respuesta mejor. Tenemos que encontrar una respuesta más humana. Tenemos que encontrar una respuesta que permita mejores resultados, enmarcados en un paradigma jurídico respetuoso de la dignidad humana y del principio de la autonomía del sujeto, pero que permita al estado asumir plenamente sus funciones sustantivas .

Pero no es sólo el problema de la violencia que debemos usar para fundamentar la descriminalización y la legalización de las drogas. Dos otras variables deben ser analizadas: la  económica y la de salud pública.

Veamos la variable económica, a partir de los datos duros para México. Según el informe “El problema de las drogas en las Américas: estudios, la economía del narcotráfico” de la Organización de Estados Americanos (OEA) publicado en 2013, los cárteles mexicanos reciben ganancias anuales de entre 1, 000 y 2, 000 millones de dólares por la venta de marihuana en Estados Unidos (EE.UU.). Más de 60% de las ganancias de venta de drogas viene de las ventas al menudeo (cerca del 30% de su paso por países de tránsito, y menos del 1% proviene de las regiones donde se cultiva la marihuana o cocaína).

Ahora bien, estas ganancias no están contabilizadas en las cuentas nacionales, no están sujetas al régimen impositivo y alimentan la instalación de los círculos de corrupción del poder político así como, la adquisición del poder de fuego de los cárteles. Tal, ha permitido a los cárteles crear estructuras paralelas de “gobierno” o hasta suplantar al estado en ciertas regiones, instalando un control de terror y violencia en las mismas.

O sea, el actual status quo contiene todas las semillas de la transformación de estados funcionales y modernos en estados disfuncionales.  La legalización, eliminaría esta pendiente de fracaso y transformaría a los ingresos de las actividades legalizadas en un elemento de financiación del bienestar de las poblaciones, a través del sistema redistributivo derivado de los impuestos recabados.

Pero, existe una otra variable económica (y de seguridad) que nos debería llevar a defender la legalización. Al legalizar, eliminamos la primera causa de la competencia entre carteles de la droga que luchan por mercados que van disminuyendo con el avance del movimiento de legalización en las entidades federativas estadounidenses. Al eliminar esta presión por la competencia interna, podremos bajar los costes de la violencia, las pérdidas tanto materiales como en vidas humanas.

El informe de la OEA, arriba citado es muy claro, en el sentido de que uno de los posibles impactos de la legalización de la marihuana en Colorado y Washington es un aumento de la violencia entre cárteles en México. Las pérdidas por la legalización se distribuirían de forma diferente entre los cárteles mexicanos, el más afectado sería el Cártel de Sinaloa y el menos afectado el Cártel de los Zetas. Lo que abrió una ola de violencia en que los cárteles menos afectados atacan a los más golpeados con el fin de recuperar mercado y control de territorios en ambos lados de la frontera.

O sea, nos estamos matando aquí, en cuanto del otro lado de la frontera legalizan, porque los cárteles han tenido que cambiar su estrategia de mercado y dividirse entre sí el mercado mexicano. Ahora bien, si se hacen los cambios necesarios en la política de drogas en México, esta tendencia desaparecería. La legalización de la marihuana para fines recreativos en México, aumentaría el daño financiero de los cárteles, ante esto los cárteles no podrían reaccionar “mudando” su mercado minorista de EE.UU. a México, como algunas voces antilegalización dicen.

Cuanto a la cuestión de la salud pública, para aportar elementos concretos a este debate y hablar de los efectos positivos de la descriminalización sobre el control sanitario de la drogadicción pienso que se debe examinar el caso de Portugal, que es un ejemplo con más de diez años de implementación, citado y “exportado” a nivel mundial. Así, colocaríamos el control de la drogadicción en su debida ubicación: el de un problema de salud pública, con componentes epidémicas.

En vez de insistir en medidas represivas, que en el mejor de los casos resultan inefectivas, y contraproducentes en el peor, Portugal, un país pequeño conocido por su conservadurismo, su fuerte tradición católica y un reciente surgimiento como democracia, optó por un enfoque audaz que favorece políticas más humanas y eficientes.

Este nuevo enfoque implementado desde el 2000 (4), es considerado como referencia por la Comisión Mundial de Políticas sobre Drogas, fue objeto de un informe de seguimiento en el 2009 por el Cato Institute y de un estudio de fondo por la organización Open Society en el 2012 .

Al instalar el nuevo paradigma de la descriminalización en el centro de su política pública y como soporte doctrinal de su marco normativo en la materia, Portugal efectivamente aplica una de las recomendaciones centrales de la Comisión Global sobre Políticas de Drogas, a saber: “Acabar con la criminalizaión, marginalización y estigmatización de las personas que consumen drogas pero que no perjudican a otros… Reemplazar la criminalización y el castigo a personas que consumen drogas con el ofrecimiento de servicios de salud y de tratamiento para quienes los necesitan”.

Al trasladar el tema de la posesión personal totalmente para fuera del ámbito de la aplicación de la ley, y llevarlo al campo de la salud pública, Portugal ha dado al mundo un significativo ejemplo de cómo las políticas nacionales sobre drogas pueden operar para beneficio de todos.

En consecuencia, durante la década pasada, Portugal ha experimentado una significativa reducción de nuevas infecciones por VIH y de muertes relacionadas al consumo de drogas.

En lugar de languidecer en las cárceles, los consumidores dependientes de drogas en Portugal ahora reciben tratamiento efectivo y programas compasivos que los integran nuevamente a la sociedad. Incluso las fuerzas del orden se han beneficiado, en la medida en que la policía tiene ahora libertad para concentrarse en interceptar el tráfico a gran escala y a investigar y perseguir redes internacionales de traficantes. Como resultado, la seguridad pública se ha incrementado.

Así, cuando abrimos el debate para allá de la histeria pseudo moralizante  de algunos grupos que se oponen a la legalización y a la descriminalización, nos damos cuenta que la(s) respuesta(s), a este problema tan complejo, no debe sólo pensarse en términos financieros, si no también como problema de salud pública, desigualdad, violencia, y principalmente de derechos humanos.

O sea, el debate público, urgente y necesario sobre la posibilidad de regulación del consumo de drogas, en particular sobre la legalización de la marihuana pasa por una revolución coperniciana del acercamiento al problema social de las drogas. Pasa por un cambio de paradigma, en que se abandona el enfoque represor y se adopta una política de liberalización, en que la actividad de producción y de comercialización se integra al PIB nacional y, en que esta contribuye a través de la fiscalidad para el financiamiento de programas de desarrollo social, educación y políticas públicas de Salud para la prevención y tratamiento.

Referencias Bibliográficas

1.-ONU, Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes http://www.incb.org/documents/Narcotic-Drugs/1961-Convention/convention_..., enmendada por el Protocolo de 1971

2.- Código Penal Federal, Libro Segundo, Título Séptimo, Delitos contra la Salud, Capítulo I. De la Producción, Tenencia, Tráfico, Proselitismo y Otros Actos en Materia de Narcóticos, Art. 195 consultado en línea en la dirección: http://info4.juridicas.unam.mx/ijure/fed/8/218.htm?s=

3.-Para entender las diferencias entre descriminalización y despenalización, consultar Greenwald, G. (2009), Drug Decriminalization in Portugal; Lessons for Creating Fair and Successful Drug Policies [Descriminalización de Drogas en Portugal; Lecciones para Crear Políticas Justas y Exitosas sobre Drogas]. Instituto Cato, p. 2

4.-Ley No 30/2000 de 29 de noviembre de 2000. Portugal

Fecha: 
Miércoles, 15 de Abril 2015 - 13:00
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