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Futurismo distractor

Platicaba con un buen amigo mío hace un par de días y me explicaba cómo desarrolló exitosamente su carrera profesional dentro de la misma organización. Recién egresado de la universidad fue contratado por una importante corporación trasnacional para ocupar un cargo de bajo nivel y mínima responsabilidad. Trabajó duró y lentamente fue ascendiendo hasta llegar a ser uno de los vicepresidentes con más poder y personal bajo sus órdenes. Después de casi 40 años de servicios se jubiló y hoy vive rodeado de comodidades y sin ningún problema económico. No fue presidente porque ese cargo siempre ha sido para un extranjero oriundo del país sede de la empresa.

Mi amigo me dijo que siempre se concentró en hacer su trabajo de la mejor manera posible, sin pensar si por ello lograría ascender dentro de la jerarquía corporativa. Le quedaba muy claro que la empresa para la que trabajaba premiaba a la gente con base en sus méritos y que solo los que mejor se desempeñaban tenían oportunidad de avanzar dentro de la organización. Ahí no servían de mucho las intrigas contra compañeros trabajadores, las actitudes serviles ante los jefes ni la politiquería barata. Lo único que se tomaba en cuenta para ascender al personal era la excelencia en el trabajo. La competencia era contra uno mismo y los demás. En resumen: una verdadera meritocracia que ha contribuido a que esta empresa sea una de las más importantes y poderosas del mundo del mundo.

La historia de mi amigo es similar a la de muchas mujeres y hombres que han accedido a los más altos cargos dentro de empresas profesionalmente administradas, en donde los ascensos se dan por los méritos y logros individuales.

También, la historia de mi amigo contrasta mucho con las de tantos funcionarios que, siendo unos ineptos e incapaces, han llegado ha ocupar cargos de alta jerarquía y responsabilidad dentro del sector público, sea dentro del poder ejecutivo, legislativo o judicial, sea al nivel federal, estatal o municipal.

Hable con cualquier funcionario de alto nivel de cualquier gobierno estatal, incluido el Distrito Federal. La mayoría de los miembros del gabinete del gobernador o jefe de gobierno del DF se ven como los sucesores al cargo de sus respectivos jefes y son capaces de todo con tal de lograr su objetivo: desprestigiar a los colegas, intrigarlos con el jefe, hacer alianza con el mismísimo diablo; todo, menos realizar su trabajo de la mejor manera posible. Sus actuales responsabilidades las delegan a los subordinados que consideran como los más fieles e incapaces de traicionarlos mientras ellos se dedican a perseguir el jugoso hueso que representa el puesto de gobernador o jefe de gobierno. El problema es que esos subordinados también están concentrados en ver cómo heredan el cargo de su jefe. Y así, hasta los niveles más bajos de la burocracia.

Claro que dentro del sector público hay algunas excepciones que confirman la regla, pero la verdad es que los méritos, la excelencia y el profesionalismo de un funcionario rara vez son los ingredientes que explican su éxito.

Para los funcionarios ambiciosos el futuro es lo que importa y el presente no. Este futurismo los distrae de sus responsabilidades y por eso no debe sorprendernos de que en nuestro país el gobierno sea tan ineficiente e ineficaz. Es más, debería sorprendernos de que haya gobierno cuando los principales responsables del mismo están dedicados en cuerpo y alma a buscar el siguiente cargo dentro de la jerarquía del poder.

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Fecha: 
Miércoles, 09 de Diciembre 2015 - 12:00
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La eficiencia de la ineficiencia

Por motivos de trabajo, últimamente he tenido que realizar una de las actividades que más me aterroriza, me desespera, me malhumora y me saca de mis cabales: Hacer trámites en las oficinas de gobierno.

Hace algunos meses, me empecé a entrenar en eso de hacer filas, ser ignorado y soportar las malas caras de los burócratas que de mala manera atienden a aquellos que como yo, no tienen otra salida que pararse en las dependencias gubernamentales a realizar tal o cual trámite. En mi caso, tuve que solicitar unas actas de nacimiento de un familiar que vive fuera de la ciudad. Y aunque el trámite no fue tan tardado como pensé, tuve que esperarme a que la funcionaria en turno terminara de checar su Facebook antes de ponerme su total atención. Y mientras ella le daba “likes” a las publicaciones de su muro, yo observaba la cantidad de gente que platicaba plácidamente en sus lugares de trabajo, tomándose su cafecito o comiéndose su torta de tamal en plenas horas laborales.

Pero mi calvario realmente comenzó hace apenas unas semanas, cuando tuve que ir a la Secretaría de Hacienda a solicitar una devolución de unas multas indebidamente cobradas -ya sabe usted: primero pague y después “virigüo”-, devolución que no pude hacer efectiva porque al juez que dictó sentencia se le olvidó poner el acuerdo definitivo, necesario para tal devolución.

Luego, hace pocos días tuve que asistir, contra toda mi voluntad, a las oficinas del IMSS, a realizar el trámite de renovación del famoso IDSE (IMSS Desde su Empresa), en donde primero tuve que sacar una ficha, de ahí me mandaron a una caja, luego a otra caja, me revisaron los documentos, me recogieron algunos de ellos, después tuve que sacar otra ficha, esperar a que llegara mi turno, simplemente para ver como la pantalla que muestra tales turnos se puso en blanco, y por ende tener que formar parte de la aglomeración en las ventanillas para tratar de escuchar los gritos de los funcionarios en turno, con la remota esperanza de que alguno de ellos pronunciase mi nombre. Dos horas y media después, pude salir con un hermoso dolor de cabeza y de pies, culminando exitosamente un trámite que no debería de hacer realizado en primera instancia.

Pero la ineficiente tramitología no se queda solamente a nivel de dependencias gubernamentales, pues el rubro privado también tiene lo suyo.

La  “procedimientitits aguda” que afecta a empresas que en lugar de estructurar sus manuales de procedimientos con el propósito de hacer más eficientes y simples sus procesos, los hacen más complicados y difíciles de cumplir.

En lo personal me gustaría ver a un México más eficiente, expedito, y tecnológico. Hace pocos días volví a sacar unas actas de nacimiento, esta vez por internet. Aunque fue más costoso que la primera vez, no tuve que aguantar malos modos, ni colas interminables, ni el horripilante espectáculo de ver al personal burocrático en su eterna tertulia en horario laboral.

¿Qué pasaría si México fuera un país un poquito más honesto y un poquito más eficiente? Seguramente seríamos muchísimo más de lo que somos. 

Simplificación administrativa, te sigo esperando…

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Fecha: 
Jueves, 22 de Octubre 2015 - 19:00
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Los vientres alquilados

Hace algunas semanas la prensa y la televisión mexicanas mostraron las imágenes de varias mujeres jóvenes embarazadas que dijeron haber sido engañadas por sus compañías que se dedican a promover y realizar una serie de procedimientos biomédicos conducentes a resolver problemas de infertilidad de varias parejas que desean tener un hijo. El papel de estas jóvenes es el alquiler de su vientre para gestar una criatura que eventualmente habrá de nacer al término del embarazo. Aparentemente, estas mujeres están sujetas a diversos escrutinios ginecológicos y psicológicos para garantizar el desarrollo normal de la criatura. A cambio, ellas recibirán una compensación mensual, comida, alojamiento, rigurosos exámenes y la atención médica necesaria durante el transcurso de la gestación. Supuestamente, todo se realiza dentro de un marco legal por medio de un contrato.

El problema surgió cuando las mujeres embarazadas deberían haberse trasladado al estado de Tabasco para el alumbramiento. La razón es que Tabasco es el único estado de la República que concede la maternidad subrogada en su Código Civil. Al parecer, el punto de contención es si las mujeres habían sido previamente informadas de esta situación, ya que ellas declararon cumplir con todas las estipulaciones pero no estaban dispuestas a realizar el viaje a Tabasco.

Las compañías en cuestión, ambas extranjeras, han actuado muy discretamente y no se ha sabido más del asunto, quizá su discreción tenga un gran fundamento económico, el cual les es bastante redituable. La información en internet es bastante general y al parecer, la metodología exploratoria, los análisis bioquímicos y la práctica ginecológica descritas son bastante aceptables y cumplen con los estándares éticos y la buena práctica médica, el problema que enfrentan estas compañías son los aspectos legales que surgen después del nacimiento. Estas compañías son filiales de poderosas transnacionales y operan en sitios como Bombay, Bangkok, México y otros países donde abunda el talento y la destreza biomédica, pero también abundan la pobreza y los sistemas burocrático-legales que no son muy transparentes y ahí es donde se presentan las dificultades.

Los precios y las ganancias que obtienen son exorbitantes y al parecer, proveen soluciones para todo tipo de problema: infertilidad masculina o femenina, monitoreo de niveles hormonales, aspiración de óvulos, obtención de esperma, congelación de los mismos si el cliente lo desea, fecundación del ovulo e implante del embrión, pruebas y monitoreo del embarazo, alumbramiento, etc.

Cada una de la soluciones requieren de un paquete de servicios con unas consideraciones y un precio especiales, es como abrir el menú de un restaurante caro, donde todo cuesta un ojo de la cara. ¡Ahhhh! los precios son en dólares norteamericanos (precios vigentes a Septiembre 2014).

Algunos ejemplos:

  • Implante de embrión, con todos los estudios hormonales y las consultas requeridas. $49,500. Costo del óvulo aparte, aproximadamente $4,500
  • Implante del embrión usando el óvulo de la madre (incluye tratamiento para inducir ovulación múltiple) $49,500
  • Implante de embrión usando óvulos previamente congelados $39,500

Los precios no incluyen: pasaje de avión, hoteles, transporte, intérpretes (de ser necesarios), choferes, alimentación, costos legales, etcétera. La información general describe que las compañías se hacen cargo de preseleccionar la raza y el prototipo de óvulos y espermatozoides, al gusto del cliente. De tal manera que este complejo asunto no solo es para personas muy solventes, sino para personas con tendencias clasistas, algo así como una hojeada a los catálogos para perros, gatos o peces.

Sería muy deseable que nuestro país no aprobara ni se preocupara por este tipo de proyectos, que no le atraen ningún beneficio a México. Simplemente, este no es nuestro problema; según datos de la Secretaría de Salubridad, existen aproximadamente un millón de parejas tratando de solucionar esta situación. Por otra parte, autoridades del Instituto Nacional de Población, aclaran que ya tenemos bastantes habitantes cuyo futuro es muy incierto.

Es muy lastimoso leer anuncios en Facebook u otros medios acerca de mujeres cuasi analfabetas que ofrecen sus vientres en alquiler. Esas mujeres deberían saber que existen compañías farmacéuticas que pagan por estudios experimentales, donde el pobre conejillo de indias no sabe que están haciendo con su organismo ni que consecuencias futuras tendrá el (los) tratamiento(s) a los que la van a someter.

Esta es una práctica habitual de estas compañías dedicadas al desarrollo e investigación de productos de consumo y farmacéuticos, que no dudarían en experimentar con cualquier candidata.

Basta recordar que la píldora anticonceptiva fue desarrollada en conocidos laboratorios farmacéuticos en México, donde se hicieron múltiples ensayos con las mujeres sujetas a los derivados hormonales. La talidomida de triste recuerdo fue desarrollada en Auschwitz, donde innumerables mujeres fueron sujetas a las pruebas experimentales para prevenir el vómito y la nausea.

Así, existen muchos otros fármacos o descubrimientos cuyos orígenes han sido muy inciertos.

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Fecha: 
Lunes, 14 de Septiembre 2015 - 16:30
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Bebés: Mercancía al mejor postor

Llegamos al DIF (Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia). Parecía vacío, lo cual era ilógico puesto que dentro de las instalaciones había niñas viviendo. Todo estaba confuso. Volví a tocar, esta vez con más fuerza… “Ya vámonos, parece que no hay nadie”, dijo Carlos, mi esposo. “No es posible, teníamos una cita confirmada”,  respondí.

Me negaba a aceptar que la ilusión tan pronto se había acabado. Un día antes mi amiga me había llamado para decirme que todo estaba en orden y nos recibirían. Era un programa especial: estaban colocando a las niñas por las vacaciones de Navidad con familias conocidas. Yo quería probar y cuidar a una niña, sería fabuloso.

Sin embargo, nadie nos atendía… Justo cuando nos estábamos alejando se acercó el vigilante y nos dijo que nadie nos podía atender… Estaba decepcionada y  molesta. ¿Y la cita concertada?... Me había hecho la ilusión de tener a una bebé en casa, “aunque fuera por unos días”.

Al final nos marchamos ¿Qué otra cosa podíamos hacer? Desde la noche anterior soñé con la pequeñita… Ufff… Por lo menos no fuimos a comprar juguetitos y biberones… “¡Quisiera, agarrarlos a patadas!”, pensé. “Y Carlos, mi esposo, no quería venir, aunque yo sé que sería un papá excelente…”.

Las parejas infértiles tienen frente a sí un largo camino por recorrer. Primero, buscando concebir mediante tratamientos y cuando no funciona podrían empezar un proceso complicado, largo y tortuoso en busca de una adopción, invirtiendo varios años de su vida.

Nos retiramos, íbamos enojados porque ni siquiera nos abrieron la puerta… Nunca supe a qué se debió esa situación… Lo peor fue que me dije “Bueno, parece que mi camino no es por ahí. Nunca más intentaré adoptar a un pequeño”.

Las parejas infértiles pueden ser presas de extorsionadores y traficantes. Su necesidad de tener un niño en casa puede nublarles la razón y verse involucrados en actos ilícitos. El fin puede ser noble pero los mecanismos inadecuados, exponiéndose, tanto ellos como al propio bebé, a vivir una tortura de niveles insospechados.

Ya en otras ocasiones algunas personas conocidas me habían “ofrecido” a un bebé. Me negué a aceptar ese tipo de tratos. Se me figuraba que me encariñaría con el niño/niña y después vendrían a tratar de recuperarlo, aun cuando todo se hiciera en estricto apego a la ley.

En una ocasión, la abuelita de unas niñas me las quiso “obsequiar”. La mamá era drogadicta así que las pequeñas estaban bajo su cuidado. La abuelita sentía que no las podría cuidar… Yo volví a decir: “NO”. Mi temor a caer en ilícitos siempre ha estado presente.

Aceptar a un pequeñito en situaciones poco claras puede involucrar a la pareja en un DELITO. Se pone en riesgo a TODOS los involucrados: la pareja, el bebé y se está promoviendo un ilícito. Mientras existan parejas dispuestas a comprar pequeños bajo cualquier circunstancia, el mercado negro seguirá creciendo y muchas madres biológicas vivirán el INFIERNO de que les arrebaten de las manos a su chiquito y no vuelvan a saber de él.

Cabría preguntarse cuáles son los derechos humanos de estas parejas y de los bebés, maltratados emocionalmente con requisitos, requisitos y más requisitos. Registrados en una lista que se antoja interminable y por años deberán mantener su FE en un sistema poco interesado en ellos y en esos pequeños que, con el transcurso del tiempo, van perdiendo la oportunidad de ser adoptados y tener a quién decirle papá y mamá.

Al irme alejando de la institución recordé que de niña muchas veces dije: “Voy a tener dos hijos y adoptaré a uno más”. Si todas las parejas adoptaran a un bebé ni siquiera habría necesidad de lugares donde no sabemos cómo tratan a estas personitas.

Ciertamente el control y lo requisitos son necesarios, sin embargo, queda claro con los hechos recién descubiertos -la venta de niños por personal del DIF Sonora, por ejemplo- que este sistema funciona inadecuadamente: Pequeños en manos de personas sin escrúpulos…

Padres sin hijos e hijos sin padres, cuando unos y otros tienen la GRAN NECESIDAD de PRODIGARSE MUTUAMENTE AMOR.

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http://bebepichon.com/wp-content/uploads/2014/03/BABY_001020-1.jpg   ...

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2015/08/27/consignan-16-p...

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Fecha: 
Miércoles, 02 de Septiembre 2015 - 16:30
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¿Qué está en juego en el pleito de taxistas con Uber?

La empresa Uber –que mediante una aplicación tecnológica enlaza la oferta con la demanda de transporte individual y brinda similar servicio que el de los sitios de taxis– revoluciona un segmento del transporte público: sacude al gremio de taxistas y a las funciones reguladoras del gobierno y a su vez limita sus ingresos; asesta un golpe letal al sistema de organización clientelar y a un esquema de negocios corruptor. Pero de igual manera es una competencia desleal para los taxistas que deben pagar placas, licencia y revista e instalar taxímetros. Los taxistas de Uber se libran de toda esta monserga, que es fuente de corruptelas. A cambio, pagan un impuesto federal y ningún gravamen local. También deben contar con un seguro de cobertura amplia en caso de accidente. Uber certifica a los choferes de acuerdo con la calificación que le dan los usuarios, pero no tiene ninguna responsabilidad civil ni administrativa.

Es decir, las regulaciones que en el pasado pusieron por delante el interés gremial y no el común, fueron rebasadas: seguridad y calidad del servicio del pasajero la brindan los afiliados a Uber, y la tecnología (un algoritmo e internet) regula demanda y oferta: es innecesario que el taxi recorra la ciudad en pos de pasaje. Es un caso paradigmático de desplazamiento del Estado por el mercado: eficiencia, menores costos y contaminación, aunque no siempre es así. Pero el usuario del servicio que hasta aquí gana, tiene una desventaja: si un conductor lo asalta y se da a la fuga o lo secuestra, la única sanción es que Uber le dará de baja. Está desprotegido como en el sistema tradicional de taxis. Ergo, cabe preguntar: ¿cuáles son los estándares de control de la empresa y cómo se certifican? Es decir, ¿quién norma y evalúa al autorregulado?

¿Qué está en juego? En primer lugar cabe decir que el mercado es un mecanismo crucial para la innovación: derriba barreras y controles en desuso. El Estado va a la zaga y puede obstruir o coadyuvar a tal “destrucción creativa”. Su función es velar por el interés común, que no siempre coincide con el interés particular. Así que normas y regulaciones deben cubrir aquellos huecos que deja el mercado y acortar a gremios y monopolios. ¿Qué responsabilidades y límites debería tener Uber con el usuario si fracasan sus controles? ¿Cuál es la relación con los choferes? ¿Empleados o socios de la empresa? Si son empleados, ¿cuáles son sus obligaciones? Si son socios, ¿cómo reparten pérdidas y ganancias? ¿Cómo debe tributar? Este es el ámbito del Estado. Su papel es normar los intereses privados (empresas y gremios) a favor del bien común. La crisis es una oportunidad para alinear los intereses en pro del ciudadano.

Fecha: 
Jueves, 28 de Mayo 2015 - 17:30
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Osorio Chong remolón

La difusión de la grabación ilegal de la estúpida conversación entre Lorenzo Córdova y Edmundo Jacobo, consejero presidente y secretario ejecutivo del INE, respectivamente, da para todas las interpretaciones. Algunos se centraron en descalificar a Córdova y ya hay quien junta firmas para exigir su renuncia. Otros arropan al funcionario, poniendo énfasis en que hubo una grabación ilegal de por medio. Hasta de “mirreinato” lo han acusado.

Algunos legisladores han culpado al PRI y al Verde por las grabaciones. Especulan que pudo ser una especie de venganza de este último partido por el cúmulo de multas y castigos que le ha impuesto. Una especie de advertencia para que no le quiten el registro. El día de la difusión de las grabaciones, Televisión Azteca criticó fuertemente a Córdova en varios programas, lo que abona en la idea de que el golpe pudiera venir de ese lado.

Por su parte, el senador Emilio Gamboa rechazó que su partido o el PVEM hayan sido culpables del espionaje. Más aún, en un reconocimiento cínico subrayó que todos espían. Algunos de sus correligionarios señalan que los partidos perdedores del 7 de junio son los sospechosos. En pocas palabras, cualquiera pudo ser el culpable.

Pero más allá de estas interpretaciones y del desatino de los funcionarios del INE en una conversación privada, lo cierto es que el espionaje telefónico es un delito que compete al gobierno federal perseguir. En este punto, luego de que se difundió el audio del consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, mofándose de personas pertenecientes a comunidades indígenas, llamó la atención que el gobierno federal hubiera sido tan lento para opinar sobre el tema y lo haya hecho de una manera tan poco afortunada.

Por la tarde de ayer, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, advirtió que no será fácil dar con quien intervino la conversación telefónica, pues es muy fácil, según él, intervenir los teléfonos. Asimismo, recordó que “hay una larga fila” de denuncias por espionaje, que vienen desde administraciones pasadas.

La postura del funcionario fue burocrática, en la concepción de que hay que esperar fila para investigar. De antemano, se condena al fracaso la investigación. Sólo le faltó decir que está “retedifícil” investigar. En vez de manifestar su apoyo al INE por el golpeteo mediático, prácticamente se asegura que la denuncia presentada no tendrá resultados.

Es necesario corregir esto. Sería conveniente que algún funcionario menos reacio a cumplir con su deber, tal vez la casi invisible procuradora Arely Gómez, se pronuncie más enfáticamente acerca de este tema. Debe darse la garantía al Instituto de que se emplearán a fondo en este caso de espionaje. Esta es la segunda declaración desafortunada de Osorio Chong en dos días.

Fecha: 
Viernes, 22 de Mayo 2015 - 17:00
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Siguiente ventanilla...

Por un favor que me pidieron esta semana fui a un hospital público a solicitar cita en una de sus especialidades. Como se podrán imaginar, el trámite fue algo más que fastidioso. Salí del lugar mal tratado, sin conseguir lo que necesitaba e invitado a no volver jamás.

El Hospital Juárez de México es uno de los más importantes de nuestro país y, hay que decirlo, uno de los mejores. Aloja a grandes médicos de nivel nacional e internacional. Desde su fundación en 1847, ha sido parte importante de la historia de México y cuna de la cirugía en nuestro país. Eso como dato histórico está muy bonito, pero de nada sirve ni importa cuando tenemos que pasar por una bola de burocráticos trámites para conseguir la atención necesitada.

Entiendo que los hospitales públicos atienden a una infinidad de gente y que por la saturación el trámite puede ser tardado, pero hace un par de meses solicité exactamente lo mismo y salí en no más de cinco minutos. Como decía, puedo entender que ante la cantidad de solicitantes el servicio pueda llevarse su tiempo. Lo que no me cabe en la cabeza es que tengan a cientos de pacientes esperando parados durante horas, sin una respuesta, sin una guía, sin alguien que les resuelva sus dudas, los oriente, les dé un buen trato y ayude a que su espera no sea tan agobiante. Es gente enferma, alguna consideración podrían tener, pero no.

Llego en punto de las nueve de la mañana al hospital y me dirijo al área de programación de consultas. “No joven, hoy se llevan los archivos y no la puedo agendar yo, diríjase al consultorio 75”. Allá voy, como navegando sin brújula buscando el consultorio, porque con la vaguísima explicación que me dieron, eso y nada fueron lo mismo. Pregunto a los policías, por supuesto no tienen ni idea de lo que digo (me pasa igual con los de tránsito que nunca saben ni dónde están parados), las enfermeras pasan a prisa, mal encaradas y sin hacerme caso. Recorro medio piso hasta que alguien se apiada de mí, una enfermera regordeta y bonachona me lleva con una sonrisa hasta la puerta de mi destino (no lo podía creer). En el pasillo cuento treinta personas esperando a ser atendidas, eran más. Toco lo puerta y sale una enfermera alta, cara lavada o mejor dicho, cara sin maquillar; porque lavada, lo que se dice lavada, no estaba. Había lagañas en el ojo izquierdo, el rastro de lo que el día anterior había sido el delineado del rímel y un aspecto seboso en el pelo que sólo lo dan cinco días sin baño.

  • “Buenos días, quiero hacer una cita”.
  • “¿Una cita? ¿Y para qué quiere una cita?”
  • Para tomarme un café con el doctor, pensé. “Necesito una cita de seguimiento para un paciente”.
  • “Aaah… y ¿para qué?
  • “El doctor mandó unos estudios y necesita verlos”
  • “Aja ¿Y qué estudios?”
  • “Señorita, no sé qué estudios sean, pero el doctor pidió verlos en cuanto los tuvieran, por eso necesito agendar una cita”
  • “Uy, pero ahorita no hay nadie, nomás que lleguen”

Todo eses audaz interrogatorio para decirme que no hay nadie. 9.40 de la mañana, los pacientes se acumulan impacientes en el pasillo, pero nadie les dice nada. Entran y salen doctores del consultorio (esos que no estaban, pero ya están), parece coche de payasos. No dicen nada, no preguntan nada, no informan nada, no voltean a ver a nadie. La enfermera sale un par de veces gritándole a los que esperan y dando algunas indicaciones, cuando le preguntan por algo contesta casi a gritos humillando y regañando. Sale otra enfermera, le pregunto con quién puedo programar mi cita y su cara me deja ver que no tiene idea de lo que digo. Me pregunta el nombre del doctor “es el jefe de área” le contesto, pero no me puede dar una respuesta certera. Se lleva el carnet y lo deja en el consultorio, no me da explicaciones. 10.20, llevo poco más de una hora sin poder hacer nada. Al fin sale la misma desaliñada enfermera que me interrogó al principio, huele a torta de tamal. Empezamos de nuevo:

  • “¿A qué vienes?
  • “Necesito una cita con el jefe de área porque mandó unos estudios y necesita verlos”
  • “Él no está y no da citas ¿con quién vienes?
  • “Necesito una cita con el jefe de área porque mandó unos estudios y necesita verlos, ya atendió antes al paciente”
  • “Él no da consultas, ve al módulo de la entrada y ahí te la agendan…”

Regreso al punto de partida. En el módulo (una pequeña mesa calzada con un libro que no dudo que fuera algún tratado de medicina donde tal vez se encuentra el Juramento Hipocrático) está la misma persona que me atendió hacía una hora y media.

  • “Señorita, necesito agendar una consulta con el jefe de área, hace un rato me mandó al consultorio 75, pero ahí me dicen que no me pueden dar nada y me mandaron de regreso con usted”.
  • “Pero yo aquí no le puedo agendar cita con el doctor, eso lo hacen en el 75” (…)
  • “Sí, pero allá me dijeron que no”
  • “Vaya usted al consultorio del doctor, busque a su asistente, María”.

María no existe, nadie la conoce. Una doctora me dice que el jefe no da consultas y que necesito el nombre de algún otro doctor, por supuesto no lo tengo. 10.40, salgo del hospital sin cita, sin respuestas, sin haber desayunado y tal vez enfermo.

Esta crónica es real y lamentable. Hoy la escribo y río, pero la verdad es indignante. Es un mal de nuestro país, poco nos importa lo que le pasa al otro. En toda institución, pública o privada, el servicio al cliente es un asco. No me sorprende, he cancelado contratos con varias empresas por ese motivo sin encontrar algo mejor, pero en un hospital un esperaría recibir un buen trato. Quien ejerce la medicina se supone está volcado a la gente, al servicio, a la atención. Aquí no les importa, los voltean a ver con desprecio. Me queda claro que sólo es un ideal. Yo sólo soy un tipo que quería agendar una cita para consulta, pero los demás son pacientes que no tienen otro lugar a dónde ir, que van enfermos, con dolencias, con hambre, esperando horas, haciendo largas filas desde la madrugada, que vienen desde muy lejos esperando ser atendidos.

Amo a mi país, pero cuando uno ve este tipo de cosas pierde mucho la fe.

Pase a la siguiente ventanilla.

Voy vengo.

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Viernes, 22 de Mayo 2015 - 16:30
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NO a la Impunidad

Hace algunas semanas, el más alto funcionario de la CONAGUA tuvo que renunciar a su cargo por incurrir en faltas administrativas incompatibles con el cargo y la integridad de su puesto. Parte crucial de esta salida fue la persistencia y la tenacidad de Eduardo Ruíz Healy quien a través de su programa no solo pedía su dimisión, sino que exigía el pago total del alquiler del helicóptero. A estas alturas no sé si se logró lo segundo, pero lo más importante es que Eduardo consiguió algo muy difícil, concientizar al público para que continuara la presión en las redes sociales. Esta acción ciudadana fue muy efectiva ya que estimuló la confianza y la solidaridad que todos los mexicanos  nos debemos unos a otros.

En tiempos del Presidente De la Madrid surgió el oprobioso la corrupción somos todos que en forma cínica y socarrona se ha convertido en una realidad indiscutible, especialmente por parte de las autoridades y servidores públicos que de una u otra forma gobiernan o han gobernado este país. La corrupción es una epidemia que sacude a todos los niveles de nuestra vida diaria, máxime porque se siente estimulada por otro vicio mayor que se llama IMPUNIDAD. La impunidad implica: favor, protección, complicidad, engaño, decepción, fraude; una acción que no tiene reacción, porque no se sanciona. La lógica  natural invita a la pregunta: ¿quién otorga la impunidad? todos lo sabemos, también el por qué. El hecho es que cada sexenio aparece una nueva casta que se saca la lotería sin comprar el boleto.

El estado ha mostrado una ineptitud e indiferencia por décadas, unos van y otros vienen pero su máxima preocupación es proteger y aumentar sus intereses políticos y económicos, desentendiéndose de sus obligaciones y responsabilidades para las que fueron elegidos. Muchos de los problemas que enfrenta nuestro país han sido creados por la ineficiencia, los caprichos y las conveniencias de nuestras autoridades y nosotros hemos permanecido impasibles al deterioro económico político y social que ahora tenemos.

En fin, ya no es tiempo de lamentaciones sino de reparaciones. Existe en México una clase de ciudadanos de limpia conciencia que quisiéramos vivir en un mejor país, sin sobresaltos políticos artificiosos, sin burocracias retrogradas y sin criminales de dudosa procedencia. Quisiéramos muchas cosas pero lo primero pudiera ser  establecer nuestras prioridades, después trazar un plan de acción para lograrlas  y posteriormente darse a la tarea de conseguir lo que queremos. Las redes sociales y los medios de comunicación modernos son las herramientas ideales para llegar a las conciencias que están cansadas de los abusos y arbitrariedades del patriarca de Morena, del Gobernador Ingeniero de Sonora, del Gobernador Radiólogo de Aguascalientes, del Gobernador Moreira que está cursando sus estudios de Maestría en España, etc, etc, etc.

¿Suena fácil?

No, no es nada fácil.

Afortunadamente, en nuestra sociedad existen abundantes empresarios justos, excelentes profesionales, buenos investigadores, científicos sociales y administradores capaces, mano de obra muy calificada, y sobre todo, gente mexicana que está ansiosa de progresar en el buen sentido de la palabra. Todos en su responsabilidad y su nivel podrían abrir los ojos y concientizar a los mexicanos cuya pobreza los obliga a tener que  preocuparse  por su diario subsistir.

Entre las prioridades y los retos más inmediatos me permito sugerir: La Educación Básica, el desarrollo de entrenamientos técnicos y vocacionales y la Salud Pública. La tarea no es fácil se requiere el esfuerzo de una gran mayoría. Los logros tampoco son inmediatos, se requiere paciencia y tenacidad; pero aun así, se considera que todo es preferible a que las Comisiones de Senadores y Diputados y otros pseudoespecialistas sigan dictando las soluciones en materia de ecología, salud pública, construcción, vialidad, comunicaciones, comercio exterior, justicia, turismo; etc…etc…etc...

El clamor popular dice que somos la generación del ¡¡¡SI SE PUEDE!!!

¿Podremos?

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Lunes, 04 de Mayo 2015 - 17:30
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Seis estrategias anticorrupción

Después de la inseguridad, la corrupción es el tema que más urge resolver. Esto es lo que indica la encuesta cuyos resultados fueron dados a conocer por Juan Azcárraga, el 24 de febrero pasado, en mi programa de radio y TV que se transmite por las estaciones de radio y TV de Grupo Fórmula.

Hasta hace poco la corrupción era un problema que no preocupaba mucho a los mexicanos. Sin embargo, parece ser que los casos de enriquecimiento inexplicable y conflictos de interés que durante los último meses han captado la atención del público están generando, por fin, un creciente rechazo contra los actos de corrupción que desde siempre han dañado tanto a nuestra sociedad como a nuestra economía.    

En el Congreso se están aprobando diversas reformas constitucionales, expidiendo nuevas leyes y reformando otras con el fin de transparentar lo procesos y gastos gubernamentales y combatir más eficazmente los actos corruptos de funcionarios y particulares.

Mucho se ha escrito sobre la corrupción, sus causas y la manera de combatirla y es obvio que para combatirla eficazmente hay que atacar las causas que la originan.

Hace poco, mientras navegaba en Internet, me encontré un artículo escrito por Augusto López-Claros, el director de Indicadores Globales y Análisis del Banco Mundial, intitulado “Seis estrategias para combatir la corrupción”, las cuales espero estén siendo tomadas en cuenta por los legisladores y funcionarios que actualmente están definiendo las leyes para promover la transparencia y atacar la corrupción.

Las seis estrategias de López-Claros son:

1. Pagarle bien a los servidores públicos. “El que los funcionarios sean debidamente compensados o muy mal pagados claramente afectará motivación e incentivos. Si los salarios del sector público son demasiado bajos, los empleados pueden encontrarse bajo presión para complementar sus ingresos de una manera no oficial”.

2. Crear transparencia y apertura en el gasto gubernamental. “Mientras más abierto y transparente sea el proceso del gasto público, menores oportunidades habrá para la malversación y abuso. También se ve la diferencia en los países donde los ciudadanos son capaces de examinar las actividades del gobierno y debatir los méritos de las distintas políticas públicas. En este sentido, la libertad de prensa y los niveles de alfabetización también influirán de manera importante sobre el contexto de las reformas. Si un país tiene una sociedad civil activa, una cultura de participación puede ser un ingrediente importante para apoyar las diversas estrategias destinadas a reducir la corrupción”.

3. Eliminar los procesos burocráticos. Para la académica e investigadora Susan Rose-Ackerman, “el enfoque más obvio es el de sencillamente eliminar las leyes y programas que generan corrupción’”.

4. Reemplazar subsidios regresivos y distorsionantes con transferencias de dinero en efectivo hacia destinatarios específicos. “Los subsidios son otro ejemplo de cómo las políticas gubernamentales puedes distorsionar los incentivos y crear oportunidades para la corrupción… los subsidios generan contrabando, escasez y mercados negros”.

5. Establecer convenciones internacionales. “En vista de que en una economía globalizada la corrupción tiene cada vez más dimensiones transfronterizas, el marco legal internacional para e control de la corrupción en un elemento clave entre las opciones disponibles para los gobiernos”.

6. Adoptar tecnología inteligente. “Tal como las distorsiones inducidas por gobierno ofrecen muchas oportunidades para la corrupción, el contacto directo y frecuente entre los funcionarios del gobierno y los ciudadanos puede generar las oportunidades para la realización de transacciones ilícitas. Una forma de enfrentar este problema es mediante la utilización de tecnologías disponibles que alientan una relación independiente entre funcionarios y la sociedad civil; en este sentido el Internet ha demostrado ser una herramienta eficaz para reducir la corrupción”.

El artículo de López-Claros puede leerse en: blogs.worldbank.org/futuredevelopment/six-strategies-fight-corruption

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Lunes, 09 de Marzo 2015 - 12:00
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No les importa que sea nuestro dinero

Los organismos gubernamentales encargados de recaudar impuestos, derechos, contribuciones y tarifas no escatiman esfuerzos para cobrarnos hasta el último centavo de lo que la ley señala que debemos pagar por diversos conceptos. No toleran atrasos ni aceptan que el monto pagado sea menor al que han determinado. Cuando aprueban que un adeudo se pague a plazos, la tasas de interés que cobran sobre los saldos insolutos son superiores a las de los mismos bancos comerciales. Tienen el poder de intervenir cuentas bancarias y embargar bienes de quien por una razón u otra no haya cumplido con sus obligaciones.

En resumen: cuando se trata de sacarnos una parte importante del dinero que hemos ganado por nuestro trabajo, los funcionarios a cargo de esos organismos demuestran un profesionalismo inaudito, un afán poco visto para cumplir a pie juntillas con las leyes.

Sin embargo, cuando se trata de gastar nuestro dinero - el que han obtenido de los impuestos, derechos, contribuciones y tarifas que pagamos-, la mayoría de los organismos gubernamentales y sus funcionarios demuestran irresponsabilidad y falta de profesionalismo, por decir lo menos.

Lo que afirmo en el párrafo anterior se comprueba al analizar el Informe General de la Cuenta Pública 2013 dado a conocer la semana pasada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

Para empezar, es importante notar que el informe analiza la Cuenta Pública 2013, es decir la del año antepasado, porque nuestra clase política, en especial los integrantes del Poder Legislativo, no han actualizado las leyes con el fin de que la ASF pueda auditar en cualquier momento a cualquier dependencia pública, así como el SAT puede hacerlo con cualquier contribuyente físico o moral. Por eso, será hasta febrero del año 2016 cuando tengamos la oportunidad de saber que tan bien o mal gastó el gobierno nuestro dinero durante 2014.

Entre las muchos anomalías detectadas por la ASF destacan los siguientes:

22,993 millones de pesos no fueron ejercidos, devengados o reintegrados a la Tesorería de la Federación (TESOFE) a la fecha de cierre de las auditorías.

18,190 millones de pesos se gastaron sin que exista la documentación comprobatoria de las erogaciones.

10,946 millones de pesos se transfirieron a cuentas bancarias distintas a las autorizadas.

8,032 millones de pesos se derogaron en obras, acciones y conceptos que no corresponden con los fines de los fondos y programas.

4,331 millones de pesos se usaron para pagar remuneraciones indebidas o injustificadas al personal.

2,667 millones de pesos no fueron entregados por las Secretarías de Finanzas de los estados a los entes ejecutores.

Solo por estos seis conceptos estamos hablando de 67,159 millones de pesos que, o no se erogaron como debería haberse hecho o fueron mal utilizados por diversos burócratas a lo largo y ancho del país.

Las ASF elabora un Índice de Desempeño de la Gestión del Gasto

Federalizado por Entidad Federativa. En lo que a la Cuenta Pública 2013 se refiere, el gobierno que mejor gestiono el gasto federalizado fue Querétaro. El que peor lo hizo fue Michoacán. Los 5 mejores fueron Querétaro, Campeche, Durango, Yucatán y San Luis Potosí. Los 5 peores fueron Michoacán, Jalisco, Veracruz, Hidalgo y Guanajuato.

El Informe General de la Cuenta Pública 2013 nos permite ver qué tanto les importa o no nuestro dinero a quienes supuestamente deben invertirlo y gastarlo de la mejor manera posible. Puede verse en www.asf.gob.mx/Publication/169_Informe_cuenta_publica

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Lunes, 23 de Febrero 2015 - 12:00
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