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El Brexit y el Acuerdo de Retirada

El pasado 31 de enero del 2020, a medianoche, hora central europea, el Reino Unido dejó de pertenecer a la Unión Europea. El Brexit es el término para referirse a la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). Brexit deriva de las palabras inglesas Britain (Gran Bretaña) y exit (salida).

La salida del Reino Unido de la Unión Europea tuvo un camino laborioso después de que el 23 de junio del 2016, los ciudadanos del Reino Unido votaron a favor de abandonar la UE. 

De acuerdo a información oficial, el 29 de marzo del 2017, el Reino Unido notificó oficialmente al Consejo Europeo su intención de abandonar la Unión Europea. Se abrió entonces un plazo de dos años para que la Unión Europea y Reino Unido negociaran un acuerdo que regulará su retirada y futura relación, con el objeto de lograr una salida ordenada. El pasado 14 de noviembre del 2018, los negociadores británicos y de la parte europea anunciaron que habían llegado a un arreglo sobre el texto del Acuerdo de Retirada y sobre el esquema de la Declaración Política. El Consejo Europeo que se reunió el 25 de noviembre del 2018 refrendó el Acuerdo de Retirada. Las negociaciones habían concluido a nivel técnico.

Posteriormente, tanto el 15 de enero como el 12 de marzo del 2019, el Parlamento británico votó en contra del Acuerdo de Retirada. Por ello, en el Consejo Europeo de 21 de marzo del 2019, se aprobó una prórroga hasta el 22 de mayo del 2019 a condición de que la Cámara de los Comunes aprobase el Acuerdo de Retirada la semana siguiente a la de la celebración del citado Consejo. Para el caso en el que la Cámara de los Comunes no aprobase el Acuerdo de Retirada en dicha semana, el Consejo Europeo aprobó una prórroga hasta el 12 de abril del 2019. 

Sin embargo, después de la votación en contra del Acuerdo de Retirada realizada por el Parlamento británico el 29 de marzo del 2019, se celebró un Consejo Europeo Extraordinario el 10 de abril del 2019 en el que se acordó una prórroga hasta el 31 de octubre del 2019. 

Tras una nueva prórroga acordada el 28 de octubre del 2019, se estableció la fecha de la salida del Reino Unido de la Unión Europea para el 31 de enero del 2020. Algo que acaba de ocurrir. 

El Reino Unido dejó de ser Estado miembro de la UE y tiene la consideración de tercer país. En base al Acuerdo de Retirada, la legislación de la Unión Europea, incluida la libre circulación de personas y trabajadores, seguirá siendo de aplicación en el Reino Unido hasta el final del periodo transitorio. 

El periodo transitorio se inició el día después de la fecha del Brexit y acabará el 31 de diciembre del 2020. Durante este período, el Reino Unido seguirá aplicando la legislación de la UE, pero dejará de estar representado en las instituciones de la Unión Europea. 

Este periodo podrá prorrogarse una vez por un tiempo máximo de uno o dos años, si ambas partes lo acuerdan antes del 1 de julio del 2020.

Durante el periodo transitorio, los derechos de los ciudadanos de la Unión Europea en el Reino Unido permanecerán inalterados y las negociaciones sobre la futura relación comercial entre la Unión Europea y el Reino Unido comenzarán en cualquier momento. 

 

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Miércoles, 05 de Febrero 2020 - 12:45
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Miércoles, 05 de Febrero 2020 - 15:00
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Jueves, 06 de Febrero 2020 - 04:00
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Lecciones del Brexit para México

Cuando me preguntan sobre el Brexit y todo lo que está pasando en Reino Unido a raíz de esto, las preguntas que más frecuentemente me hacen es ¿ Por qué Reino Unido no puede cancelar el Brexit si ya se sabe que es una mala decisión? y ¿Qué podemos aprender los mexicanos de lo que está pasando?

Si bien es de sabios cambiar de opinión hay razones fuertes dentro del contexto que hacen que esta opción sea poco viable. Además de que en México no debemos perder de vista este asunto que, aunque está pasando a miles de kilómetros de aquí, es importante para nosotros  porque el Brexit es una decisión que se tomo por un método que vendría equivaliendo a una consulta popular, que fue la herramienta bajo la cual se tomó la decisión del nuevo aeropuerto, y que de acuerdo a lo dicho por nuestro nuevo presidente, será una herramienta constante dentro su gobierno. 

Ahora bien. Es cierto que nuevos datos han revelado que el Brexit va tener consecuencias costosas y que incluso el resultado del referéndum pudo haber estado influenciado por Rusia. Sin embargo, un segundo referéndum, sería poco viable por la simple razón de que polarizaría a la población más de lo que ya lo está y erosionaría de una manera significativa la confianza en la democracia británica. Porque el mensaje que se estaría enviando, a todos aquellos que votaron, sería el de que su decisión no es lo suficientemente buena y que está debe revisarse para que pueda satisfacer a los deseos de la élite y la verdad no creo que a muchos les guste. Por lo que se puede decir que el mayor problema con el Brexit no ha sido el Brexit en sí, sino, la manera en la que fue decidido. Haciendo que una simple mayoría tomara una decisión tan seria que marcara de una manera profunda el futuro del país.

Finalmente, otro aspecto que no debe de ser olvidado es que la interdependencia económica entre las dos Irlandas y el hecho de que una quede dentro y otra fuera de la Unión ha arruinado el sueño dorado de los euroescépticos, ha dejado a May en calidad de muerto viviente, y han aumentado las posibilidades de que el Reino Unido tenga una salida drástica de la Unión Europea al no llegar a algún acuerdo.

Debido a la situación de las dos Irlandas y de los problemas que emanarían de instalar una frontera dura entre ambas el borrador del acuerdo propone mantener al conjunto del Reino Unido en una unión aduanera con la Unión Europea, y además a Irlanda del Norte regida por las regulaciones del mercado único europeo, mientras no se encuentre una mejor solución. Creando un gran descontento, sobretodo con los norirlandeses, y haciendo que May pierda gran parte de su capital político al posponer la fecha de su votación, hasta el 14 de enero, en busca de un mejor acuerdo. Puesto que recientemente ha sobrevivido a una moción de desconfianza dentro de su propio partido, que ahora también, ha sido retomada por la oposición con miras a hacerla extensiva a todo el parlamento.

El panorama no pinta alentador para el Reino Unido y lo que si bien, nadie escarmienta en cabeza ajena, no debemos perder de vista los mexicanos es que las decisiones importantes no deben ser tomadas a la ligera y que la aun en estos tiempos cibernéticos la economía rige. Por lo que la interdependencia hace difícil la separación.

El último en salir apague la luz.

Fecha: 
Martes, 18 de Diciembre 2018 - 16:45
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Martes, 18 de Diciembre 2018 - 19:00
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Miércoles, 19 de Diciembre 2018 - 08:00
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La Unión Europea: crisis y juego de tronos

Morelia, 3 de junio 2015.- Aparentemente, la memoria histórica de los analistas que gritan de horror ante la “caja de Pandora” abierta por el referendo británico sobre su posible salida de la Unión Europea, es corta o inexistente. En la realidad la construcción europea es una lista de enfrentamientos, rupturas y crisis, un poco a la semejanza de las crónicas de los Siete Reinos de Westeros. De cada una de ellas, de este continuo juego de tronos, ha surgido una negociación, seguida de un consenso y, por regla, de una extensión de las competencias comunitarias y del fortalecimiento de las instituciones comunitarias.

Si la Gran Bretaña y Grecia protagonizan, hoy, el miedo al eje hegemónico Berlín-París (este último visto como una alianza bajo el modelo Cersei Lannister y Robert Baratheon), en su tiempo este miedo fue asumido por Holanda y Bélgica. Si hoy Cameron (una débil imagen de Stannis Baratheon) presenta una lista de modificaciones a los Tratados vigentes para mantener el Reino Unido en la Unión, y Tsipras nuevas condiciones para el rescate griego, en otro momento, otros países como Francia, Polonia e Irlanda (“Iron Islands”) votaron, los primeros contra el Tratado Constitucional y la tercera contra el Tratado de Lisboa. Más allá del referendo, lo que está en tela de juicio son las insuficiencias democráticas de la UE. Este es el problema a atacar para avanzar para una Unión con mayor fuerza y nuevas áreas de integración.

Es evidente que la relación entre el Reino Unido y la UE, o entre el actual ejecutivo griego y Bruselas, son casos paradigmáticos de las insuficiencias del sistema “democrático” al interior de las instituciones comunitarias. Así, no es de sorprender que desde las elecciones griegas, con el tsunami del Syriza y más aún desde las recientes elecciones en el Reino Unido se hable, cada vez más, de ruptura y crisis. Ruptura de la zona euro (que funciona en el modelo opaco de Braavos) con la posibilidad del “Grexit” (salida de la Grecia) y  con el referendo británico sobre el “Brexit” (salida de los británicos), consagrado en el programa político del nuevo ejecutivo de Cameron y elemento central del discurso de la Reina ante el Parlamento. Pero también son un síntoma de un “juego de Tronos” interno, cuyo desenlace estamos por ver.

Así, me permito observar, que si bien los términos de “Grexit” y de “Brexit” hacen unos titulares espectaculares y que parecen tener el mismo tipo de ventajas tanto para la Grecia como para el Reino Unido, en la realidad son dos procesos diversos, con alcances diferentes.

Si bien podríamos argumentar que económicamente el “Grexit” hace sentido para Grecia (equivalente en nuestra metáfora del “Juego de Tronos”, al territorio de Pentos, con los habitantes esclavizados, bajo las cláusulas del rescate impuesto por la Troika), políticamente tanto el “Grexit” como el “Brexit” serían un desastre para Grecia y el Reino Unido. En el caso de este último reducirían su influencia internacional a un nivel cercano al peso-pluma en el boxeo). Además, para el Reino Unido, pertenecer a Europa es rentable, según los resultados de los informes internos elaborados sobre el “equilibrio de competencias” en el mercado único, la política fiscal, la política exterior y de defensa, la seguridad alimentaria y el bienestar animal, la sanidad y el desarrollo. En general, los informes enfatizan lo difícil y costoso que sería para Gran Bretaña despojarse de lo que le aporta la interdependencia.

Sin embargo, también aportan bastantes ejemplos en los que la UE necesita aplicar reformas o en los que deberían aplicarse las normas nacionales en lugar de las europeas.

Es bien verdad que (y esta característica fue más visible desde la crisis del euro) Europa muestra claramente las insuficiencias de un sistema democrático apoyado fundamentalmente sobre arreglos jurídicos-institucionales, que suele ignorar otros aspectos sociales y estructurales más profundos. Entre otros, la ausencia de un intenso y compartido sentimiento de identidad que facilite el desarrollo de la solidaridad entre Estados o una autentica esfera pública paneuropea. Las carencias derivadas de la falta de medios de comunicación no mediados por el filtro nacional, o el escaso rendimiento representativo de los partidos y asociaciones en el ámbito europeo constituyen también obstáculos evidentes. La expresión clave para reflejar esta situación es la de “déficit democrático”. Y, este “déficit democrático, ha alejado a los ciudadanos comunitarios de Bruselas y ayudado a renacer el sentimiento y los partidos euroescépticos, en la falta de líderes nacionales fuertes e innovadores del tipo Daenerys Targaryen (si bien la primera ministra de Dinamarca tiene el físico, no posee ni el carisma, ni la fuerza de Daenerys).

De frente a esta situación, los euroidealistas, como yo (el equivalente comunitario de los “Night Watchers” liderados por Jon Snow) tenemos una respuesta lógica para resolver este problema: más democracia. Por eso, si bien me repugna la liviandad con que los “tories” de Cameron usan la amenaza de desmembramiento de la UE para chantajear a los otros 27 países, también, en su opuesto, celebro que se hagan referendos nacionales, que se usen las herramientas comunitarias de participación directa (por ejemplo el GovFaces, una plataforma con la dinámica y estructura de RED Social para comunicación directa entre los ciudadanos y sus representantes ) y se organicen consultas ciudadanas a la escala de la UE.

Frente a la actual situación de crisis, tipo “winter is coming” introducida por la posibilidad del “Brexit” caben dos opciones: o bien proseguir en la democratización de las instituciones europeas, de forma que las que son representativas de la Unión cobren más fuerza que las que representan intereses nacionales; o bien concentrar los esfuerzos sobre el Estado-nación europeizando su misma política interna.

Esta última propuesta asume como hecho evidente la imposibilidad de trasladar hoy los presupuestos de la democracia nacional al ámbito europeo, y aboga por la necesidad de introducir más profundamente las cuestiones europeas en la política interna de cada país miembro. Ello conduciría a una mayor participación de los ciudadanos en los temas que luego serán objeto de negociación en el ámbito superior. Pero también permitiría incorporar a la discusión pública la realidad de la interdependencia internacional y las posibilidades de la solución negociada cooperativa.

El objetivo aquí es incorporar a los otros; no se trata ya de que las élites políticas (el equivalente a las grandes familias dinásticas de los Siete Reinos) recojan una determinada voluntad popular y traten de imponerla después en el proceso negociador, sino de que esa voluntad nacional se conforme ya desde la anticipación de los intereses de los otros. A este propósito, habría que recordar que a pesar de las continuas rupturas, crisIs, negociaciones y renegociaciones, la UE es (ha sido) un club atractivo al cual es necesario pedir admisión. A diferencia de otras formas de organización política, la pertenencia a la Comunidad Europea y, ahora a la Unión, es y siempre ha sido voluntaria, pero una prueba del interés que recaba la Unión son las sucesivas ampliaciones: Reino Unido, Irlanda y Dinamarca en 1973; Grecia en 1981; España y Portugal (La Península Ibérica es sin duda, Dorne) en 1986; Austria, Finlandia y Suecia en 1995 y continuando. En resumen, de la Europa de los seis se ha pasado a la Europa de los doce, después de los quince y ahora de los veinte y ocho.

Sin embargo, una Europa a 28 es una Europa a diversas velocidades. Este es otro de los factores que aleja al ciudadano comunitario de la participación política en los ejercicios democráticos europeos. Dos síntomas de este alejamiento: la abstención altísima en las elecciones y la caída de la confianza de los ciudadanos en la UE.   

Aunque un sondeo reciente de Pew muestra un ligero incremento de las opiniones favorables sobre la UE, también revela que dos tercios de sus ciudadanos creen que no se tienen en cuenta sus voces y que la UE no comprende sus necesidades. Y, sin embargo, de acuerdo con el Tratado de Lisboa, la nueva legislatura del  Parlamento Europeo, recién electa en mayo del 2014,  tiene más poderes que nunca. Es precisamente, lo que necesitamos de hacer: profundizar la Unión, dando más poder a la Eurocámara, reforzar el espacio europeo de libertad, seguridad y uniformizar los diversos sistemas jurídicos.

 

Referencias que pueden interesar al lector

Alang, Navneet. “On Game of Thrones, The Walking Dead, and the Joys of Brutal Escapism.” Hazlitt 28 Mar. 2013.

Duvall, Tim. “The New Feudalism: Globalization, the Market, and the Great Chain of Consumption.” New Political Science 25.1 (2003): 81-97.Game Of Thrones. Writ.

George R.R. Martin, David Benioff, D.B. Weiss et al. Perf. Lena Headey, Maisie Williams, Emilia Clarke et al. HBO, 2011-.

Stubbs, David. “No Myth: Why Game Of Thrones Is An Allegory For Our Times.” The Quietus 4 Jun. 2013.

Fecha: 
Jueves, 04 de Junio 2015 - 17:00
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