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Nuevo Amanecer: Las nuevas prioridades de Telefónica y su plan de acción

El pasado 27 de noviembre del 2019, José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica, anunció el inicio de una nueva época para Telefónica. En la carta que Álvarez-Pallete dirige a los grupos de interés de la compañía habla de la nueva Telefónica que se ha diseñado para continuar a la altura del desafío que los nuevos tiempos plantean.

De acuerdo con su página oficial, Telefónica es uno de los principales proveedores de servicios de telecomunicaciones del mundo. Opera en 14 países y tiene presencia en 24. Cuenta con alrededor de 120.138 empleados.

El importe neto de la sus ingresos es de 48.693 millones de euros y a octubre de 2019, tiene más de 346,6 millones de accesos totales.

El Consejo de Administración de Telefónica, el pasado 27 de noviembre del 2019, ha aprobado un plan de acción para acelerar la transformación de la compañía. Este plan de acción gira alrededor de tres ejes:

  • El primero implica priorizar los mercados donde Telefónica puede ser relevante y crecer con un modelo sostenible a largo plazo.
  • El segundo, impulsar las oportunidades de mayor potencial de crecimiento, apalancando a la vez el valor de las infraestructuras.
  • Y el tercero, incrementar la agilidad y mejorar la eficiencia de la compañía.

En línea con este plan de acción, en el Consejo de Administración de Telefónica se han aprobado cinco decisiones:

1. Dar prioridad a los mercados de España, Reino Unido, Alemania y Brasil, como mercados clave en los que Telefónica pueda aportar un valor diferencial a sus clientes y crecer de forma sostenible.

Hay que recordar que, en la actualidad, España, Brasil, Alemania y Reino Unido constituyen sus principales mercados.

2. Spin-off operativo de los negocios en Hispanoamérica.

Spin-off es un término anglosajón que se podría definir como escindir. En este caso escindir operativamente. Enconomipedia la define como el proceso por el que surge una empresa desde otra entidad ya existente. Con el paso del tiempo, esa misma compañía que se formó se escinde de esta última.

Brasil es prioritario, pero los mercados de Hispanoamérica, entre ellos México, no lo son. Así que se pone en revisión el portafolio de activos en Hispanoamérica con el doble objetivo de modular su exposición a la región, al tiempo que se crean las condiciones para maximizar su valor.

3. Lanzamiento de Telefónica Tech, para impulsar el crecimiento en áreas de mayor potencial enfocándose en ciberseguridad, el internet de las cosas, big data y cloud.

4. Creación de Telefónica Infra, para manejar el valor de los activos y desarrollar modelos alternativos de despliegue de infraestructuras que aceleren el crecimiento.

5. Y, por último, generar un modelo operativo que gane agilidad, acelere la ejecución y aumente al máximo las sinergias entre todas las unidades de Telefónica.

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Fecha: 
Miércoles, 11 de Diciembre 2019 - 11:00
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Miércoles, 11 de Diciembre 2019 - 13:15
Fecha C: 
Jueves, 12 de Diciembre 2019 - 02:15
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Índice de inteligencia artificial de las grandes ciudades

En recientes ocasiones hemos hablado del cambio que se avecina por la irrupción exponencial y masiva de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje profundo y el big data. Estas y otras tecnologías -blockchain, realidad virtual y aumentada- van a provocar de nuevo un cambio en la forma en que nos relacionamos y trabajamos.

La IA va a ser punta de lanza de los cambios, pues pronto logrará ¨pensar¨ mejor que el ser humano, usando menos tiempo y acrecentando las capacidades de raciocinio humanas. Ello ya está impactando todas las áreas, y pronto lo hará en las ciudades, espacio privilegiado elegido para vivir por el ser humano.

Pasaremos del concepto de ciudades inteligentes, que usan de manera extensiva las diferentes tecnologías, a ciudades dominadas por la IA, donde los cerebros de las computadoras usarán, interpretarán y aplicarán de forma automatizada y continua los datos para resolver los retos y los desafíos de las ciudades, principalmente de las más grandes del orbe.

Hay que recordar que actualmente 55% de la población en el mundo vive en ciudades, y esta cifra seguirá creciendo hasta llegar en el 2050 a 68%, de acuerdo a las proyecciones de Naciones Unidas.

Para medir cómo están asumiendo este reto las grandes ciudades globales, el Foro Oliver Wyman ha desarrollado un Índice de aplicación de la IA por las ciudades globales. Este índice considera cuatro subíndices:

  • Visión, prioridades y mentalidad. Mide la capacidad de las grandes ciudades de comprender el cambio tecnológico que viene y la existencia de planes para atender los retos y desafíos.
  • Activación. Considera la capacidad de las ciudades para tener planes prospectivos y modelos de gobernanza para enfrentar con éxito las disrupciones que se acercan.
  • Base de activos. Identifica los activos de la ciudad para enfrentar los retos y desafíos, entre ellos la base de talento disponible, la fuerza laboral capacitada, las capacidades educativas y de innovación, y la atracción de empresas innovadoras e infraestructura.
  • Trayectoria y desarrollo. Aquí se considera la trayectoria de los últimos años de las ciudades en cuanto a la existencia de planes para avanzar en la dirección correcta y sus capacidades para coordinar su ejecución y los activos disponibles de cara al futuro.

De acuerdo al Índice de aplicación de la IA por las ciudades globales, considerando a las urbes de más de 10 millones de habitantes, las cinco ciudades más preparadas son: Londres (75.6), Nueva York (72.7), París (71), Los Ángeles (65.2) y Beijing (64.3). La Ciudad de México (37.9) se encuentra en la posición 20.

Los principales hallazgos del índice, por demás preocupantes, son: 

  • Ninguna ciudad está lista para los retos y desafíos que se avecinan. Es urgente que los líderes de las ciudades comprendan los cambios que vienen e impactarán a la próxima generación. Hay calificaciones inconsistentes de las ciudades globales a nivel de subíndices.
  • El tamaño sirve, pero el enfoque hace la diferencia. Las grandes ciudades agrupan activos muy valiosos, pero son insuficiente de cara al futuro. El enfoque que se asuma para enfrentar el cambio y la existencia de buenos gobiernos pesará más en el resultado final.
  • Los gobiernos deben ser realistas. La consultora Oliver Wyman se dio a la tarea de revisar planes, programas y documentos de planeación de las ciudades para concluir que no abordan suficientemente los temas de la IA y sus impactos, y que muchos son superficiales, sin considerar o ignorando los riesgos. Una encuesta global de Oliver Wyman a 10,000 personas reveló que los habitantes de las ciudades tienen una visión más equilibrada: son optimistas sobre el impacto de las nuevas tecnologías en su ciudad, aunque también entienden los desafíos futuros. Aproximadamente 45% de los encuestados, por ejemplo, anticipan la pérdida de trabajo debido a la IA o la automatización¨ (https://www.oliverwymanforum.com/city-readiness/global-cities-ai-readiness-index-2019/index-summary.html, https://www.oliverwymanforum.com/city-readiness/global-cities-ai-readiness-index-2019/methodology.html).

Los cambios disruptivos por venir en los próximos años serán determinantes para el futuro de los pobladores de las ciudades, porque en esos espacios se desarrolla la nueva lucha por la competitividad. Desafortunadamente éstos, y otros temas de futuro, están muy lejanos de la agenda pública de las ciudades en México. Ello podrá determinar negativamente el futuro de la próxima generación, y parece que nuestros líderes no lo entienden o simplemente no les interesa.

 

Contacto: www.marcopaz.mx, alfil3000@gmail.com, Twitter @marcopazpellat, www.facebook.com/MarcoPazMX, www.ForoCuatro.tv y www.ruizhealytimes.com.

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Miércoles, 09 de Octubre 2019 - 09:35
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Miércoles, 09 de Octubre 2019 - 11:50
Fecha C: 
Jueves, 10 de Octubre 2019 - 00:50
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El Mito de la Intimidad en la Red

Morelia, 29 de abril 2015.- La Intimidad no existe en Internet, o mejor nuestra expectativa de ejercicio de un derecho a la Intimidad en la red es un nado muerto . Las nuevas estructuras de interacción de las sociedades contemporáneas han aumentado la capacidad de las personas para conectarse y colaborar con terceros más allá de su ubicación física inmediata. También han aumentado las posibilidades de ruptura de la seguridad de nuestros datos personales y de violaciones a nuestro derecho a la intimidad en Internet. En particular, las redes sociales, nos han colocado en el centro de  una “casa de cristal” abierta a todos los “voyeurs” globales. Somos “visibles” en todo momento, pero , y, en esta paradoja reside el peligro para nuestras libertades y derechos, raramente podemos ver o  controlar a quién nos vigila.

Estos cambios son a menudo considerados, tal como lo propuso Castells , como un cambio en la democratización de las relaciones sociales y políticas de los espacios territoriales relativamente cerradas de los estados-nación para abrir, las relaciones en red que atraviesan el globo entero y, transforman lo universal en una “aldea global”. 

Otros, como Morozov , apuntan  para la emergencia de contornos de un nuevo espacio- hiperconectado, transfronterizo , cibervigilado, difuso- con nuevas formas de represión  individual y colectiva, cuya columna vertebral es Internet, y que potencian las capacidades de los estados totalitarios, de los regímenes autocráticos para  avanzar para estructuras orwellianas. Sea como sea, estamos entrando en la Telepolis[i], de que habla Javier Echeverría.

Esta interpretación en “blanco y negro” sin embargo, oculta una imagen mucho más ambivalente. Es verdad que muchas redes basadas en la comunicación en Internet son relativamente abiertas, a pesar de los diversos niveles de la censura estatal y la creciente prominencia de paywalls para acceso a los contenidos. Pero, en su opuesto, muchas de las redes globales y transnacionales, que van desde agencias gubernamentales, grupos empresariales multinacionales, proveedores de servicios en red a las organizaciones cibercriminales,son tan cerradas y jerárquicas como los estados territoriales, si no más.

A esto, hay que sumar, que las redes funcionales o redes de información nuevas, a menudo crean nuevos límites, y nuevos tipos de discriminación, nuevas periferias, en que la participación depende del nivel educativo, de las credenciales sociales, del acceso a la tecnología y del control más amplio de los recursos materiales y culturales.

En consecuencia, la opacidad de las redes funcionales y las brechas digitales, anudadas a las estructuras securitarias de los estados en la era de la seguridad global, han dejado al individuo en una posición potencialmente débil en que el ejercicio de sus derechos fundamentales puede estar en recesión. El nivel que presenta los riesgos más evidentes para el ejercicio efectivo de derechos y libertades  en la S.I.C. es el de la conjunción de la  masificación de datos con las posibilidades de geolocalización y de producción de biopolíticas de seguridad por los estados.

En este medioambiente securitario, nuestra última barrera de defensa del derecho a la intimidad y a la protección de datos en la red- la constitucionalización del principio de autodeterminación informática- se derrumba frente al carácter difuso de la soberanía en la sociedad de la información y al problema de la definición de las jurisdicciones y de los órganos de tutela de nuestros derechos fundamentales en Internet que son deficitarios para contrarrestar las posibilidades tecnológicas del cibertotalitarismo.. Es altura, por lo tanto, de pensar en un encuadramiento normativo y en órganos de tutela supranacionales.

El cambio de paradigma en este campo es urgente. Hemos entrado, por un lado,  en una era de masificación de la recolección y almacenamiento de datos, conocida por los expertos como “Big Data” [ii]o sea en la revolución de los datos masivos . Por otro lado, en la era del cloud computing, en que toda la información se encuentra en manos de servidores controlados por proveedores multinacionales,  ubicados físicamente en territorios que salen fuera del control jurisdiccional de nuestros tribunales. Es un universo (universos) en que el individuo está sumergido en un océano de información y, a su vez, es la fuente primera de datos.

Datos ya no son analizados (ni pensados) como algo estático cuya utilidad deja de existir cuando la función para la cual fueron recabados, almacenados y tratados se realiza. Tal como lo afirman Mayer-Schönbergen y Cukier[iii]: “Los datos se convirtieron en una materia prima [...]. Los datos pueden reutilizarse inteligentemente para convertirse en un manantial de innovación y servicios nuevos. Los datos pueden revelar secretos a quienes tengan la humildad, el deseo y las herramientas de escuchar”.

En esta nueva etapa tecnológica, los algoritmos de búsqueda permiten acceder y agregar datos personales dispersos que de esta manera facilitan- a buscadores, gobiernos, agencias de inteligencia, empresas-  un perfil de la persona afectada, cosa difícilmente realizable sin ellas, al menos no sin abonar unos costes muy elevados.

También permiten poder conocer las actividades realizadas al navegar por Internet, saber si se visita una página u otra o si se compra determinado producto, o cuáles son nuestras preferencias políticas y nuestro círculo de relaciones sociales, laborales y familiares. Todo eso sin que la persona afectada tenga conocimiento de ello y sin dejar, prácticamente, ningún rastro o huella de esta vigilancia continua.

En este contexto , el individuo no puede realizar ningún control sobre esos datos ni sobre el uso primario o derivado que de ellos se realiza.Para contrarrestar los riesgos inherentes  a esta ausencia de control sobre las esferas de la intimidad y de la privacidad en la red, deben establecerse algunos nuevos principios generales[iv] si se desea que los ciber-ciudadanos  estén mejor protegidos y tengan un control funcional sobre su entorno .

O sea, tenemos que ir más allá del ejercicio de los derechos ARCO y del acotado ámbito de tutela del IFAI y, construir una nueva panoplia de instrumentos de control de nuestra información y de defensa jurídica de nuestros datos personales que pasa por la implementación de nuevos principios  y de nuevas reglas.

Ahora bien, en la era del Big Data y de la NSA, ese control “funcional” no es posible sin el ejercicio del derecho al olvido (tipificado en base a los criterios jurisprudenciales del Tribunal de Justicia de la Unión Europea[v]) y, de  la aplicación del principio de encriptación y anonimato reversible .

Por un lado, ejerciendo el “derecho al olvido”, el individuo debe tener  la posibilidad de  defender  su derecho “funcional” a la protección de datos en Internet contra la capacidad tecnológica de procesamiento de datos mediante un motor de búsqueda. Si, tal  puede tener implicaciones de privacidad más importantes para un individuo, también podríamos argumentar que la eliminación de los datos de un motor de búsqueda en lugar de una página web también toma en cuenta la necesidad de proteger la libertad de expresión , ya que impide el acceso fácil a los datos para un mayor número de individuos, pero no elimina la información del soporte original .

Por otro lado, el derecho del  ciber ciudadano al anonimato debe ser establecido en oposición a intereses mayores de Estado, el cual podría imponer restricciones si fuesen necesarias “para proteger la seguridad nacional, defensa, seguridad pública, [y para] la prevención, investigación, detección y persecución de delitos”, siempre y cuando para tal exista un fundamento normativo reforzado por un mandato judicial.

Lograr un equilibrio entre la monitorización legítima de delitos y el derecho a una la Protección funcional  de Datos personales no es solamente aconsejable o deseable. En la actual encrucijada, es la diferencia entre vivir en un mundo a la “1984” o mantener y fortalecer las libertades y derechos individuales propias de las sociedades democráticas.

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[ii]    “Big Data” es una expresión anglosajona que hace referencia a los sistemas que manipulan enormes cantidades de datos. Podría traducirse al castellano como “datificación masiva”, pero la mayoría de los autores usa el término inglés.

[iii]  MAYER-SCHÖNBERGEN y CUKIER, Big data: A revolution that will transform how we live, work, and think. Houghton Mifflin Harcourt, 2013.

[iv]  Office of the Australian Information Commissioner (OAIC) , Guide to information security, consultado en : http://www.oaic.gov.au/images/documents/privacy/privacy-guides/informati...

[v]   DA CUNHA LOPES, T. : Análisis de los criterios jurisprudenciales del Tribunal de Justicia de la UE en el asunto C-131/12 [. Revista Internacional de Ciencias Jurídicas  (RICJ). 21 de mayo 2014,  Consultado en : http://revistainternacionalcienciasjuridicas.org/article/las-nuevas-fron...., 2014

Fecha: 
Miércoles, 29 de Abril 2015 - 19:00
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