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ataques a iglesias catolicas

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Leer entre las flamas de Notre-Dame

Hay mucho que se puede leer entre las flamas de Notre-Dame. El incendio no sólo se llevo entre sus llamaradas a una hazaña arquitectónica y un símbolo religioso construido en el Siglo XIII, sino que también ocurre en un momento en donde el odio se esparce por Francia y por el mundo.

Vivimos en tiempos en donde el racismo, el nacionalismo, y el resentimiento provocado por abusos han bajado el clima de tolerancia mundial a un mínimo histórico. El anticatolicismo, el choque de culturas que se da entre occidente y oriente, y el choque de clases, entrarían dentro de esa corriente e invitan a reflexionar sobre el hecho de que el incendio, haya sido accidental o no, sucedió en Semana Santa y en Francia.

El catolicismo se encuentra atravesando uno de sus tiempos más difíciles a nivel mundial. Su número de fieles ha decrecido por su incapacidad de adaptarse a los tiempos modernos, por la controversia sobre el abuso de niños, y recientemente por la instauración del patriarcado que este representa para grupos feministas. Por lo que no es de extrañar que el ataque en contra del catolicismo y sus símbolos haya ido en aumento en Europa y en el mundo.

En Francia, de acuerdo a información proporcionada por el sitio alemán de noticias PI-News, hay un promedio de dos ataques a iglesias católicas por día y esto ha ido empeorando. Tan sólo el año pasado 1,063 iglesias o símbolos de la cristiandad fueron atacados en este país. Representando un incremento del 17% con respecto a 2017, en donde se registraron 878 ataques.

El mes pasado la iglesia de St. Sulpice en París fue incendiada de manera intencional después de una misa dominical. En febrero la catedral de Saint- Alain en Lavaur fue escenario de un acto de vandalismo en donde el paño del altar fue incendiado y cruces y estatuas de santos fueron hechas añicos.

Por otro lado, en el mismo mes en Nimes, cerca de la frontera con España, vándalos saquearon el altar de la iglesia de Notre-Dame des Enfants, mancharon una cruz con excremento humano, y tiraron las hostias a la basura. Algo similar sucedió también en la iglesia de Notre Dame en Dijon. En donde las hostias fueron sacadas del tabernáculo y aplastadas en el piso.

El fenómeno parece reproducirse por toda Europa. En Alemania se han registrado 4 casos similares a los descritos durante el mes de marzo. Mientras que el Observatorio de Intolerancia y Discriminación en Contra de los Cristianos en Europa ha reportado un incremento general del 25% en ataques a iglesias católicas y símbolos de la cristiandad, en los primeros dos meses de este año, en comparación con el mismo periodo del año pasado.

Mientras que el reporte del Observatorio relaciona el incremento de estos casos en Francia con la expansión de grupos anarquistas y grupos feministas que relacionan al cristianismo con el patriarcado. El reporte del sitio alemán, PI News, lo relaciona directamente en ambos casos con el aumento de la población musulmana en ambos países. Poniendo como ejemplo al pueblo de Düllmen en Alemania y haciendo alusión al reporte del Observatorio de la Cristianofobia que expone que los ataques de islamistas radicales hacia católicos en Francia aumentaron 38% del 2015 al 2016, pasando de 273 a 376 ataques respectivamente, y que la mayoría ocurriendo durante Navidad en iglesias y otros lugares sagrados.

Finalmente, una analogía que no se debe dejar pasar es que esto ocurre cuando Francia ha visto meses de enojo público por el aumento de los precios del combustible. Los “chalecos amarillos” reabrieron el histórico capítulo de la lucha de clases en ese país al aglutinar el enfado generalizado por las dificultades que viven obreros, empleados, campesinos, o trabajadores independientes ante los aumentos constantes de impuestos y el descenso de su poder adquisitivo desde hace ya años.

Cualquiera que haya sido la causa de este incendio no ha logrado que las llamas guarden silencio. El fuego invita a reflexionar sobre el odio que carcome al mundo, sobre una fe que al parecer ha extraviado la moral, y sobre culturas que se disputan “la verdad de la vida”, en un país en donde la defensa por lo laico ha rosado la línea de la intolerancia, en donde el ser islamita ha reemplazado al ser francés por aquel que no ha sido asimilado, y en donde, también, la ira ha conseguido volverse amarilla.

Ejemplo duro y trágico que invita a la reflexión del mundo en que vivimos. Mientras las llamas se devoran a uno de los principales símbolos de la nación y del catolicismo galo, y se derrumba su aguja central.

¿Será que necesita una reconstrucción?

El último en salir apague la luz.

 

Facebook: Stephanie Henaro

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Martes, 16 de Abril 2019 - 12:40
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