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aniversario de muerte

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Misma ambición, mismo final

Hoy 17 de julio, se conmemora el 91 aniversario de la muerte de Álvaro Obregón, el cacique sediento de poder que se atrevió a traicionar el principio revolucionario de la no reelección.

Menos de un año antes, había mandado asesinar a su cuñado y compadre Francisco Serrano, por atreverse a lanzar una candidatura contraria a sus planes de permanencia en el poder.

A Obregón poco le importó que Serrano fuera su concuño y su compadre, además de deberle la vida. La gratitud y la lealtad no eran de sus virtudes.

Obregón mandó matar al General Serrano en compañía de 13 de sus amigos que fueron ultimados en el poblado de Huitzilac donde hasta la fecha pueden verse los cruces plantadas en el lugar para recordar aquellos hechos.

Si se va a Cuernavaca por la carretera federal (la libre), y se detiene uno en el sitio donde están los 14 cruces, a 50 metros a la derecha pueden verse los vestigios del viejo camino nacional en el que Serrano y sus acompañantes fueron interceptados por el General Claudio Fox, y llevados al sitio donde hoy están los cruces, para ser asesinados.

Beschreibung: Bildergebnis für las cruces de huitzilac

Se sabe que los cadáveres fueron llevados al Castillo de Chapultepec, donde residía Plutarco Elías Calles que se encontraba en compañía de Obregón y que, al ver el cadáver de su compadre y concuño, en una expresión de humor negro y crueldad, le dijo:

“Bueno Panchito, no dirás que no te di tu cuelga...” (1)

Mañana, 18 de julio, se conmemora la muerte de Benito Juárez, ocurrida en El Palacio Nacional en 1872.

Al momento de morir, Juárez con motivo de sus ambiciones desmedidas, se había alienado de muchos de sus antiguos seguidores como Guillermo Prieto, Lerdo de Tejada, Porfírio Díaz y Jesús González Ortega.

Ya he dicho aquí, que el Doctor Vicente Riva Palacio (amigo de mi padre), en una ocasión, estando en su consultorio, le mostró una daga de hoja serpenteante, que según él, había sido el arma con la que los compañeros de la sociedad secreta a la que pertenecía el oaxaqueño, lo ayudaron a bien morir ante su posible recuperación de la angina de pecho que padecía, porque su mejoría  habría significado su permanencia indefinida en la presidencia.

Juárez y Obregón no son los únicos presidentes que se han dejado acariciar por el canto de las sirenas con el deseo de seguir mandando hasta la muerte.

Aunque la versión oficial sobre el asesinato en la Bombilla fue la de un asesino solitario (me suena, me suena), en la autopsia practicada al ilustre fallecido, se encontraron 21 orificios de entrada con al menos 4 diferentes calibres de proyectil.

Hasta ahí permitieron “las sirenas” que navegara el también asesino de Carranza y traidor a México que, para obtener el reconocimiento oficial por Estados Unidos, firmó los infames tratados de Bucareli que han sido un freno y un lastre para México hasta la fecha.

No deja de ser curioso que Óbregon haya muerto un día antes que Juárez, y que ambos hayan buscado perpetuarse eternamente como dueños de vidas y haciendas, amos indiscutibles de México.

Otra ironía es que el famoso Hemiciclo a Juárez haya sido mandado construir por Porfírio Díaz, que en su momento se levantó contra su paisano acuñando el lema de “Sufragio efectivo, no reelección” que tiempo después plagió Francisco I. Madero para levantarse en armas contra el anciano general oaxaqueño, en 1910.

Dado el misterio que rodeaba a Juárez como miembro de una sociedad secreta que le ha hecho muchísimo daño a México, es difícil constatar si en verdad fue asesinado con aquella daga; en todo caso, la muerte de la que nadie escapa, le bajó los humos y le frustró los planes aquel 18 de julio de 1872.

En cuanto a Obregón, embriagado con las mieles del poder de la presidencia, su gran error fue no tomar en cuenta al frío y calculador Plutarco que en el hablar era parco.

Dicen las malas lenguas que en aquellos tiempos, cuando alguien preguntaba ¿quién mató a Obregón?, le respondían:

¡Cállese!

Parece ser que después de Obregón, Miguel Alemán llegó a considerar la posibilidad de reelegirse en 1952, pero viendo los finales de Juárez y de Obregón, prefirió encargarse del Consejo Nacional de Turismo y vivir una larga vida.

Desde antes de 1994, corría el rumor de que Salinas de Gortari había acariciado la posibilidad de incluir la reelección en sus exitosas reformas constitucionales, pero a la mera hora prefirió no emular a Benito ni a Álvaro, y optó supuestamente por mover los hilos de los títeres que lo sucedieron.

El 17 y el 18 de julio están unidos en esta efeméride, aunque medien 56 años entre ambas, de la misma  manera que el asesinato del General  Francisco Serrano tuvo lugar un 2 de octubre, 41 años antes de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas.

Hoy los mexicanos estamos presenciando maniobras legislativas destinadas a jugar a la ruleta rusa con el aparentemente inofensivo principio de la no reelección.

Hay quienes piensan que la prórroga de mandato al estilo Baja California, no constituye reelección y en consecuencia no implica los peligros corridos por Obregón y Juárez.

Pierden de vista que la esencia del principio de no reelección, es evitar que haya nuevos dictadores que impongan su voluntad eternamente sobre el pueblo mexicano.

En México es más fácil escaparse del SAT que de Huitzilopochtli, el dios azteca guardián de la democracia y de la no reelección.

Quien quiera que intente lograr lo que Juárez y Obregón no pudieron conseguir, seducido por la misma ambición, está condenado de antemano a encontrar el mismo fin.

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  1.  Cuelga. Se acostumbraba llamar así al regalo que se daba a una persona con motivo de su cumpleaños o de su santo.

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chavezmontesmessnerjulio@yahoo.com

Stahrngen am Bodensee

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