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alondra

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Oceanía… choque de trenes

El 4 de mayo pasado ocurrió un choque entre dos trenes en el metro de la ciudad de México, específicamente en la estación Oceanía de la Línea 5. Pasaron casi 40 años desde que ocurrió un accidente en ese sistema de transporte –lo cual habla bien de su nivel de seguridad-, sin embargo, este accidente parece destapar una nueva cloaca acerca de lo mal que se hacen las cosas en nuestro país sin importar poner en riesgo a los usuarios y sin buscar soluciones a fondo. Me explico.

El primer accidente ocurrió en octubre de 1975 en la estación Viaducto de la Línea 2, y según se dice, fue fraguado como un alcance menor para forzar al gobierno de la ciudad para comprar un sistema de seguridad automatizado pero el plan se salió de control, terminando en un choque entre dos trenes en el que hubo 31 muertos y más de 70 heridos, lo que obligó –mediante orden presidencial- a una rápida y mal hecha investigación en la que se fueron por lo más simple: culparon al chofer del tren que alcanzó y lo condenaron a doce años de prisión. En este caso pasa algo similar.

El choque se dio en plena estación Oceanía, donde se encontraba aun un tren detenido porque al tratar de avanzar el conductor detuvo la marcha al ver una lámina en las vías, la cual reportó al centro de control para que cortaran la energía y retirarla sin obtener respuesta. A la estación Oceanía (que está a nivel de calle) se dirigió un tren desde la estación Terminal aérea (que es subterránea), la lluvia caía a plomo y de acuerdo con el conductor de este tren, avanzaba a ciegas porque su limpiador de cabina ¡no funcionaba!  ¿Cómo es que sacan a rodar un tren sin limpiador en días de lluvia plena? El caso es que antes de llegar a Oceanía el tren desciende en pendiente por el Boulevard Puerto Aéreo desde el Cerro del Peñón. De acuerdo con el chofer, al ver al tren en la estación aplicó el freno de emergencia, pero tampoco funcionó plenamente –lo que se afirma también se había reportado-, lo que aunado a la cantidad de agua que caía del cielo, propició que el tren se deslizara hasta la estación y chocara con el otro tren. Afortunadamente el chofer se lanzó al andén antes del choque y a pesar de lo aparatoso de las consecuencias físicas del encontronazo, no hubo muertos, solo 12 heridos que fueron atendidos con premura.

La investigación posterior se dio con prontitud y dejó en claro una serie de contradicciones que inquietan, por decir lo menos. La versión oficial dice que la culpa es del chofer que alcanzó –como en el accidente del ´75- y del encargado de monitorear los trenes en el centro de control, además de que la pendiente previa a la estación Oceanía tiene demasiada inclinación y debe ser corregida –la pendiente existe desde que se inauguró la línea hace casi 34 años y nunca se vio como un problema-, además de señalar que la comunicación con el centro de control funcionaba normalmente. Pero la versión de los choferes involucrados y otros trabajadores es que ese día se les informó que la comunicación con el centro de control estaba fallando, que el tren que alcanzó era reconstruido con partes de diferentes modelos de tren, que había presentado ya varias fallas reportadas –incluyendo de frenos- y que aun así estaba trabajando transportando usuarios. Además se evidenció que el Director del Metro del DF, Joel Ortega, no sabía ni siquiera cuantos años tiene la Línea 5. Ahora el sindicato exige la renuncia de Ortega y el retiro de servicio de los trenes que presentan fallas.

Como se puede ver, la versión oficial genera dudas, ya que las razones no oficiales son más creíbles. Si la pendiente es tan peligrosa, ¿por qué nunca antes generó algún problema para los trenes? Si la comunicación con el centro de control era buena, ¿por qué ambos conductores señalan que no era así? Si el tren estaba en buenas condiciones, ¿por qué medios como el periódico El Universal hablan de fallas constantes reportadas en las bitácoras de las semanas previas? ¿Es cierto que a pesar de que ya había llovido muy fuerte por demasiados días permitieron circular a un tren con el limpiador descompuesto? Difícil encontrar la verdad, ya que se sabe de los constantes piques entre el sindicato y los directivos del metro.

El asunto más importante es la duda que se ha sembrado y que definitivamente tiene campo fértil para florecer: ¿Qué tan seguros son los trenes que transportan a millones de capitalinos en el Metro de la Ciudad de México? ¿Hasta qué punto el STC ha preferido utilizar trenes con fallas medianas y menores a verse superado aún más por la demanda de pasajeros? ¿Cuál es el riesgo real de viajar en el metro capitalino? Está por verse el final de este asunto, no creo que pare en la mera versión oficial, aunque también es probable que pasadas unas semanas el mexicanísimo olvido le dé carpetazo al asunto, por lo menos hasta que se presente otra situación similar, en cuyo caso se repetirán muchos argumentos y muchas quejas que igualmente repetirán destino.

Otro vistazo.

No se necesita ser especialista, solamente tener un mínimo de sentido común. Si alguien demanda desde EUA o donde sea que x persona que encontró en Facebook es su hijo robado hace diez años, lo menos que se puede pedir son pruebas, empezando por la más simple y tan popular en estos días: una prueba de ADN ¡Pero no! En este país alguien dice que x persona es su hija, le notifican a un juez –o en este caso, jueza-, y sin más nada – o quién $abe-, ella manda que la adolescente sea capturada y entregado a quien lo identifica como su hija sin mayor averiguación. ¡Y en esas manos estamos! Obvio, nadie ha sido responsabilizado de la metida de pata, es más, se reanudó el proceso ¡teniendo a cargo a la misma juez que cometió las pifias! Esto colabora a nuestra poca honrosa posición en el ranking de los países con mayor impunidad, donde somos el segundo lugar de acuerdo con un estudio de la Universidad de las Américas de Puebla. Penoso. El país de no pasa nada.

Fecha: 
Lunes, 18 de Mayo 2015 - 16:30
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La visión de hoy: ¿Y cuando la trata no es trata?

Los últimos años nuestras autoridades han puesto especial atención en el delicado asunto de la trata de blancas y es algo muy loable. No debe permitirse el secuestro o la retención contra su voluntad de personas que son obligadas a ejercer el sexo servicio de manera indiscriminada e insalubre, lo que además no les deja ninguna ganancia, ya que todo el dinero se va a su captor. Un problema tan antiguo como la propia profesión del sexo por dinero, pero ¿qué pasa cuando el sexo servicio se ejerce por necesidad y voluntad propia? Me explico.

Ciertamente en el mundo de la prostitución hay muchas aristas, la más común de ellas narrada anteriormente, pero esto no exenta que hay muchísimas mujeres y hombres que se dedican a vender su cuerpo y sus caricias por elección, porque es lo que prefieren hacer, porque eso les deja más dinero que un trabajo de oficina o de obrero y son muy libres de hacerlo o al menos deberían serlo. ¡Pero no! En este país en el que las generalidades abundan, se mete a todos en el mismo costal y es entonces cuando se afecta a terceros sin deberla ni temerla.

Nuestros legisladores, siempre tan interesados en limpiar a la sociedad de toda inmoralidad cuando les conviene, hacen leyes para cerrar antros, tabledances, bares y demás sitios donde se ejerce la profesión más antigua del mundo, que porque hay sobornos, droga, trata de blancas, venta de licores adulterados y demás situaciones que además son innegables, pero ahí empiezan los problemas. Cuando se trata de hacer un ataque real a toda esa problemática no se puede estar en contra, pero cuando esto es solo una mascarada por quedar bien, por ganar votos en época de elecciones o mejorar su imagen pensando en su futuro, ahí la cosa no va, porque terminas afectando a mucha gente.

En su afán de atacar la trata de blancas las autoridades se van parejo sobre todos los negocios y todas las personas, no solo contra quienes son sospechosos de delito, y dejan sin trabajo a los meseros, los taxistas, valet parking, gente de seguridad, bármanes y demás personas que viven de ese ambiente sórdido de lujuria y pecado, pero además detienen a las mujeres que están ahí trabajando, ya sea bailando o vendiéndose a los parroquianos; y no solo les quitan su fuente de ingreso, sino que las detienen y las encierran hasta el pago de una multa, sea en dinero o en especie. Repito si se trata de personas víctima de trata, qué bien, pero en muchos casos se trata de personas que salen a hacer un trabajo y que se quedan sin él por días o semanas. Por si eso fuera poco, cierran los locales, pero pasada la época electoral o llegando a un nuevo acuerdo con las autoridades, los lugares vuelven a abrir. Entonces, ¿cuál fue el chiste?

Finalmente, ¿por qué una persona no puede ejercer libremente el sexo servicio? No todas las personas que lo hacen tienen un lenón o “padrote” ni están ahí bajo amenazas, lo hacen por decisión y no es una actividad fácil, todo lo contrario, están en un ambiente incómodo y de alto riesgo y a ellas nadie se ha molestado en medianamente protegerlas por más que lo han solicitado por décadas, así que lo menos que deberían hacer las autoridades es no cargarles más la mano. Que no haya trata, sí, que no haya delitos, sí, que no estén cerca de lugares familiares, sí, pero que dejen que la gente se gane el sustento como mejor les parezca.

No se vale que como siempre, se legislen y aplique una ley general sobre 20 asuntos que son casos específicos. Debe de haber un criterio y la conciencia de que la venta del sexo ya es una industria pequeña o grande, depende donde se ejerza, pero que inevitablemente no va a desaparecer mientras haya demanda y en estos tiempos que el sexo ya no es tabú ¡no les cuento! Así que ni son todos los que están, dejemos que cada quien se gane el pan con el sudor de su frente… y del resto de su cuerpo si es lo que quieren hacer. ¿No creen?

Otro vistazo.

No se necesita ser especialista, solamente tener un mínimo de sentido común. Si alguien demanda desde EUA o donde sea que x persona que encontró en Facebook es su hijo robado hace diez años, lo menos que se puede pedir son pruebas, empezando por la más simple y tan popular en estos días: una prueba de ADN ¡Pero no! En este país alguien dice que x persona es su hijo, le notifican a un juez –o en este caso, jueza-, y sin más nada – o quién $abe-, ella manda que la adolescente sea capturada y entregado a quien lo identifica como su hijo sin mayor averiguación. ¡Y en esas manos estamos! Obvio, nadie ha sido responsabilizado de la pifia. Esto colabora a nuestra poca honrosa posición en el ranking de los países con mayor impunidad, donde somos el segundo lugar de acuerdo con un estudio de la Universidad de las Américas de Puebla. Penoso.

 

Fecha: 
Viernes, 08 de Mayo 2015 - 17:00
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