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Temixco: inicia el año con el maniqueísmo de siempre

Mal inicia la semana para quien matan en lunes, dicen por ahí, y mal las cosas empiezan en el año para Morelos. En efecto, el asesinato de la alcaldesa electa de Temixco, la perredista Gisela Mota, subraya varios fenómenos a los que no se ha querido dar carta de plena existencia. El primero, es la situación de inseguridad que se vive en el corredor Guerrero-Morelos, que hace mucho rebasó a las autoridades locales, sean municipales o estatales. Ni Héctor Astudillo ni Graco Ramírez parecen asumir la situación y se dedican a responder con lugares comunes ante los hechos sangrientos que suceden cotidianamente. Las autoridades federales también están rebasadas, pero de diferente manera. Los gobiernos locales no parecen saber qué pasa, tampoco parecen poder contra el crimen organizado que está enquistado en esferas de poder. Además, da la impresión de que no quieren sumarse a una lucha a la que temen. No saben, no pueden, no quieren.

En cambio, el gobierno federal sí sabe y sí quiere, pero no puede. Son tantos los asuntos en los que los policías federales y las fuerzas armadas están involucrados que no se dan abasto. Ahora no sólo se dedican a mantener la seguridad y combatir el crimen, además de ayudar a la población en casos de emergencia, sino que custodian a los maestros que tratan de cumplir con la evaluación. Son muchos pequeños incendios (algunos no tan pequeños) y los guardianes del orden no son tantos. Han estado más de ocho años en las calles, han muerto muchos de sus elementos, ¿cuánto tiempo más se puede mantener este esquema?

Por lo pronto, el gobernador Ramírez ha dado su explicación de lo que sucedió tras la muerte de la presidenta municipal de Temixco: se trató de un intento de frenar el mando único. Por esa razón, ayer en la tarde decretó que todos los municipios de la entidad estarán regidos por ese mando. Mientras, algunos personajes como Javier Sicilia reprochan al gobernador lo imposible: que le brinde protección a los presidentes municipales, a todos ellos. Los medios y las autoridades explican que la zona está bajo control del grupo delictivo de Los Rojos, quienes se oponen a que las autoridades tomen el control.

Esta narrativa en términos de buenos y malos niega algo esencial: no hay manera de que las bandas criminales subsistan si no es a través de una vasta red en donde están involucrados funcionarios y población civil, quienes obtienen ganancias a cambio de proteger los intereses de dichos criminales. Los personajes críticos debían también encaminar sus palabras para exigir que todas las personas involucradas paguen por sus delitos. Estos delincuentes pasan por ciudadanos honorables y en realidad son cómplices de los peores crímenes en la historia reciente de nuestro país. 

Fecha: 
Lunes, 04 de Enero 2016 - 17:00
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Respuesta inmediata

Con unos 625,000 habitantes, Baltimore es la mayor ciudad del estado de Maryland y la vigesimosexta más grande de Estados Unidos. Su área metropolitana es la vigésima más grande de ese país y en ella viven unas 2,770,000 personas.

Después de llegar a su máxima población -949,708- en 1950, la ciudad sufrió una constante pérdida de habitantes durante 63 años hasta que en 2013 registró un pequeño aumento poblacional sobre 2012. Hoy una ciudad orientada hacia los servicios y casi el 25 de los empleos son en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

De acuerdo al Censo de Población 2010, 64 % de su población es negra, 30 % blanca, 4 % latina, 2 % asiática y menos del 1 % amerindia.

Esta es la ciudad que explotó el lunes pasado cuando se volvieron violentas las protestas en contra de la muerte de Freddie Gray, un hombre negro de 25 años de edad que perdió la vida el 19 de abril, una semana después de ser arrestado por la policía de la ciudad.

La violencia ya se veía venir. El sábado 25 hubo enfrentamientos entre manifestantes y la policía que dejaron a 15 policías heridos. Ayer, después del funeral de Gray las protestas se convirtieron en actos de saqueo y destrucción de comercios y vehículos particulares, comerciales y policiacos. Al terminar el día había 200 personas arrestadas y 15 policías heridos.

La policía local resultó rebasada por los acontecimientos y la alcaldesa de la ciudad, la demócrata Stephanie Rawlings-Blake ordenó un toque de queda y el gobernador republicano de Maryland, Larry Hogan, declaró el estado de emergencia. El toque de queda se inició ayer y prohíbe que las personas salgan de sus casas después de las 10 de la noche y antes de las cinco de la mañana, excepto por razones de trabajo o urgencias médicas. El estado de emergencia contempla enviar hasta 5,000 soldados de la Guardia Nacional a la ciudad para ayudar a restablecer el orden y evitar nuevos disturbios.

Me llamó mucho la atención la celeridad con que las autoridades actuaron en Baltimore. Tal vez porque nunca en México he visto decisiones similares por parte de nuestras autoridades federales, estatales y municipales en aquellas ciudades dominadas por la violencia.

Durante años he sugerido que se decreten toques de queda en Tijuana, Juárez, Culiacán, Reynosa, Nuevo Laredo y otras ciudades en donde la población ha sido víctima de la delincuencia. Nunca se me ha hecho caso. Tal vez porque los presidentes municipales, gobernadores y presidentes de la República en turno han creído que al hacerlo serán más impopulares o porque han temido que al decretarlo estarán aceptando la gravedad de la situación que enfrentan. Es decir, se han estado haciendo tontos creyéndonos tontos.

El Departamento de Estado de Estados Unidos actualizó ayer su alerta de viaje a los ciudadanos de ese país que visiten México e incluyó por primera vez a ocho municipios del Estado de México que registran altos niveles de delincuencia e inseguridad por la presencia de la delincuencia organizada. Son Coacalco, Ecatepec, Nezahualcóyotl, La Paz, Valle de Chalco Solidaridad, Chalco, Ixtapaluca y Tlatlaya. El gobierno de Estados Unidos recomienda no visitarlos si no es estrictamente necesario.

Tal vez sería bueno que se declararan toques de queda en estos ocho municipios, aunque dudo que eso suceda.

Mientras que en Baltimore hubo una respuesta inmediata ante el desorden, en las ciudades mexicanas no pasa nada. Pareciera que nuestro gobernantes piensan más en su deteriorada imagen y en el bienestar de los delincuentes que en la seguridad de los pobladores pacíficos e indefensos.

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Fecha: 
Miércoles, 29 de Abril 2015 - 12:00
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