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aeropuerto de texcoco

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Un balance a tiempo

Tal vez el dinamismo de las cosas que ocurren en el entorno económico merece interpretación en ese desenvolvimiento que aturde, las más de las veces confunde; los hechos se suceden de una manera repentina y sorpresiva. La agilidad de los mercados y la eficiencia en la que se desenvuelven, descuentan toda acción futura en tiempo presente. Si ya sucedía décadas atrás, la tecnología da cuenta ahora de la transmisión de información al grado de concebirse el tiempo real en la mediación de las finanzas del orbe.

México se ha alejado de todo precepto de mediación internacional en el signado de política económica; también, se ha alejado de prescripciones del orden internacional. Los organismos financieros internacionales preservan regulaciones y recomendaciones que el mundo moderno ha atesorado por considerar guía singular derivada de la observancia del conglomerado universal y experiencias y fracasos de modelos económicos diversos.

El presidente que ocupa la tercera transición de esta era del despertar democrático de la nación, sencillamente vive en un ostracismo capturado por una ideología que no conforma lineamientos progresistas, que no contempla horizontes de plazo en las actividades primarias y salientes de las naciones en boga y ejemplo. Tenemos, los mexicanos, un presidente que no viaja, que no alterna con naciones que creen en sus economías y que comparten sus especialidades y sus ventajas comparativas, mismas que enseñan al mundo.

La posición financiera de cualquier entidad económica reduce a un simple estado estático una perspectiva que detiene, por así enunciar, su actividad y su proceder en el tiempo transcurrido desde cualquier semblanza pasada. No resulta por demás situar la marcha de una nación en esa retrospectiva que ayuda a asimilar lo ganado y lo errado por igual:

Cualquier balance iniciaría con las prerrogativas de circulante y disponibilidad; de ese modo, podríamos dar cuenta del renglón de caja que tendría como saldo inicial 500,000 millones de pesos, el ahorro pregonado al inicio de esta transición de gobierno; se anunció como un vehículo de ahorro por el simple arribo de una administración que eliminaría la corrupción que representaba esa cantidad, estimada con carácter definitorio e incontestable. Al término de un ejercicio, el saldo se estimaría vigente, 500,000 millones de pesos en un solo año, así fue anunciado.

En segundo término, en nuestro balance vendrían otros activos, inversiones y activos fijos. En el primer rubro, tendríamos que contabilizar lo invertido en el movimiento de tierra en Santa Lucía, que hasta ahora sería el único movimiento orientado a la construcción de un aeropuerto alterno. La disposición de estudios y proyectos en otras actividades serían sujetas a amortización y de ellas no conocemos contenido alguno, de modo que quedarían fuera y estarían sujetas a salvedad en un dictamen de auditor externo.

En cuanto a activos fijos, el aeropuerto de Texcoco ya estaría en los registros de la nación como una propiedad y registros públicos correspondientes, de modo que trastocar su pertenencia constituiría un delito denominado despojo. Interrumpir su desenvolvimiento y conclusión caería en el terreno de la justicia federal, de modo que para efectos de balance sigue siendo un activo de la nación y de sus nacionales; sus depreciaciones y otros efectos pertenecen a la circunscripción de las autoridades fiscales.

Veamos el lado del pasivo: encontraremos una asunción de deuda, que en términos de finanzas se llamaría subordinación de deuda. La subordinación aplica cuando la exigencia de las obligaciones no puede ser cubierta. En este caso, la emisión de deuda, de carácter privado, no presentaba ninguna manifestación de posible insolvencia, de modo que la asunción no se justificaría bajo ningún esquema de finanzas.

La descarga del activo no puede realizarse por tratarse de una interrupción de tratados internacionales y nacionales ligados a un proyecto de repercusión internacional, de modo que continúa formando parte del acervo de una nación dueña de un activo que operaba bajo circunstancias y prerrogativas de construcción amparadas por normas internacionales. El cargo y el abono de esta operación no puede realizarse y trastoca todo principio contable.

Unas líneas más abajo revisamos el capital. Encontramos una parte accionaria en favor de empresas e instituciones privadas que capitalizaron lo que en algunas naciones hubiera correspondido al gobierno, por tratarse de infraestructura en tierra de una nación que guardaría toda prerrogativa de operación del activo en cuestión. En otras palabras, encontramos el garante de una operación aeroportuaria en manos privadas, para el beneficio de una nación-estado.

Nuevamente tenemos problemas con la revisión del estado financiero; el retiro de la parte accionaria no puede ser trasladado como si se tratare de una permuta de bienes. La asunción de deuda no justificada no puede ser tratada como una traslación de un dominio no contemplado en la legislación. La razón es muy simple, los accionistas no fueron consultados en la redención de sus acciones, por tanto, la operación es invalidada de origen.

Encontramos una contradicción que nos obliga a regresar a los activos, en este caso, los intangibles: revisamos concesiones y trámites de valía internacional ante agencias calificadas y organismos con alta especialización en espacio aéreo, capacidad aeronáutica, y estudios con grado de especialización, que consideramos intransferibles. Se consideran propiedad intelectual y de otras prerrogativas de leyes globales.

Finalmente encontramos pasivos de contingencia. Los accesos a fondos de emergencia no ameritan su abuso en tanto se estimen las medidas tomadas como provocación interna, significando esto, que la tercera transición pudo haber evitado toda esta premura de recursos al haber seguido las estipulaciones de contratos amparados en el orden internacional y bajo las normas aceptadas en la consecución de activos y proyectos sanos en marcha y acordes con lineamientos internacionales.

Si las autoridades de esta transición en turno hicieran este recorrido de balance, tendrían que dar marcha atrás a proyectos inoperantes. En esa marcha recuperaríamos el año perdido en experimentaciones costosas y en proyectos intrascendentes. Esa marcha atrás se constituiría en la piedra angular del crecimiento económico.

Fecha: 
Lunes, 04 de Noviembre 2019 - 10:40
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Fecha B: 
Lunes, 04 de Noviembre 2019 - 12:55
Fecha C: 
Martes, 05 de Noviembre 2019 - 01:55
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Análisis y recomendaciones

Nada novedoso en el mundo de los números, las revisiones periódicas. Toda entidad, lucre o no está sujeta a revisión de cuando en cuando, si existe manejo de recursos en su entorno. En un ambiente formal le llamamos auditoría y confiamos en elementos de juicio externos a la entidad en cuestión. La auditoría externa la realiza un contador público independiente y de su independencia de criterio surge la confiabilidad en los estados financieros que dictamina y sobre los que emite una opinión. Toda entidad económica que acude a este precepto naturalmente responde en forma responsable ante autoridades, instituciones crediticias, agrupaciones, bolsa de valores en su caso y sociedad en general.

Todo análisis acompaña recomendaciones, finalmente la simple acepción de revisión confiada a un experto, en la rama que sea, está inmersa en forma implícita en razonamientos derivados de estudio y experiencia. Las recomendaciones son para mejora siempre, son producto del análisis y observación del ojo experto. Por ello surgieron las profesiones, por ello también existen especialistas, por ello existen concentraciones de estudios de grado en maestría y doctorado.

Las instituciones gubernamentales no son ajenas a esta circunstancia; como toda entidad que maneja el hombre, son falibles y más allá de su falibilidad, son perfectibles. En muchos casos, tal vez la auditoría externa no aplique en su estructura de supervisión; se ha creado una Auditoría Superior de la Federación como auxiliar en los menesteres de calificación.

Desde los años de creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, conocido como Banco Mundial, en Bretton Woods, New Jersey, 1944, para ser exactos, las naciones del mundo progresista, en las que nunca contaríamos a Cuba y Venezuela, y a otro par de naciones de nuestra región, han seguido las recomendaciones de estos organismos financieros internacionales, toda vez que la ruta de respeto de generaciones es bien ganada.

No existe hasta ahora, una sola nación que intencionalmente haya señalado a estas instituciones como cobijo doctrinal de algún movimiento adverso al progreso, adverso a la marcha del crecimiento económico y finalmente adverso a las políticas de protección del contrato social. Un solo hombre, en una soledad que los especialistas contemplan como reto al orden establecido por décadas, descalifica una y otra vez las aseveraciones y planteamientos de organismos financieros internacionales, de especialistas calificados, el presidente de México en turno.

Las calificadoras han merecido su turno de descalificación, una analogía a la inversa porque precisamente su función es esa: calificar. Lo de otros datos ha trascendido en el anecdotario popular, pero el tema de fondo sigue sin solución. Más allá de la interpretación ligera de un personaje pintoresco, las repercusiones ya lastiman en forma seria el entorno económico y las perspectivas de corrección no llegan.

El equipo del presidente no aporta en las soluciones de mediano y largo plazos. El rescate de Pemex no reúne bases de confiabilidad para el exterior. La terminología que se emplea no es la acertada, será una empresa endeudada pero es una entidad en operación, por tanto no requiere ser rescatada. Lo que requiere son planes de largo plazo y no los tiene. La refinería de Dos Bocas es una aberración y el mensaje del exterior ha sido claro. Pemex tiene perspectivas alentadoras en otras áreas.

Se enumeran proyectos de infraestructura y desde luego el sector privado estimula esta empresa, pero la debilidad del planteamiento recuerda lo que todavía no despega del proyecto de Santa Lucía: después de un año no existen planes confiables de inversión y la nula transparencia del pronunciamiento de instituciones internacionales, naturalmente opaca su desenlace, a pesar del triunfalismo expuesto en una ceremonia como las que acostumbra esta transición, sin ningún plan concreto.

El Fondo Monetario Internacional se pronunció recientemente. En su informe analiza por principio de cuentas, el crecimiento del país. Lo reduce a una expectativa de .2 % en este 2019 y la cifra para 2020 no resulta alentadora. Parecería un juego perverso esto de reducir mes con mes la tasa de crecimiento o nulo crecimiento en su caso, de la economía mexicana. Desafortunadamente no lo es, lo ratifican nuestras propias instituciones, empezando por el Instituto Central, el Banco de México.

El superávit primario, la disciplina fiscal y las proporciones que intencionalmente se regulan al Producto Interno Bruto, no son de desprecio. Al menos sienta algunas bases de confianza de la inversión por el férreo control de variables, labor del Banco de México. Pero no lo es todo, falta el elemento que catapulta el equilibrio de la confianza en un país con rezago estructural: el gasto público.

Los organismos financieros internacionales y calificadoras por igual sancionan, si se permite la expresión porque redunda en créditos más costosos, en emisiones que requieren mayor retorno y finalmente en el servicio de la deuda, que esta transición ya castigó con la simple adopción de deuda que no teníamos, la del aeropuerto de Texcoco. Esta transición creó esa deuda que, sumada al costo de oportunidad de no continuar con una obra perfectamente sana y en marcha, representará un incremento de alrededor de 400,000 millones de pesos que ningún mexicano debía hace once meses.

La primera falta a la palabra del presidente radica en la deuda; no contratar es en su imaginaria no endeudar. Por otro lado, asumir la deuda de particulares en Texcoco no cuenta porque fue asumida y no contratada. Una falsedad proclamada con trazos de redención nacionalista. Destacaríamos la asumida y grabada ante Gustavo de Hoyos, nuestro representante empresarial en donde el presidente ya electo prometió nunca cancelar Texcoco. Otros capítulos en educación y salud también lo exhiben.

Una cosa son condiciones cambiantes y otra muy distinta es la política económica de una nación. La economía debe estar centrada en objetivos de plazo, en redenciones del capital y en retornos contemplados desde la óptica de técnicas modernas, como el valor actual. De esta transición no se conoce un solo proyecto con bases confiables. Si los organismos financieros internacionales tienen algo que decir, un jefe de Estado ya estaría en la puerta de esas instituciones para recibir de primera mano las recomendaciones pertinentes. No estamos en esa tesitura y por tanto carecemos de lo que ya sabemos, de rumbo económico.

 

 

 

 

Fecha: 
Lunes, 21 de Octubre 2019 - 11:45
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Fecha B: 
Lunes, 21 de Octubre 2019 - 14:00
Fecha C: 
Martes, 22 de Octubre 2019 - 03:00
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El costo del capital, a revisión

El Banco de México decidió en días pasados reducir su tasa de referencia en un cuarto de punto, o 25 puntos base, para situarla en 8%. La reducción era esperada por analistas y mercados, adelantando las circunstancias de septiembre para atender regulaciones de política monetaria en el último trimestre del año, concediendo de este modo, la posibilidad de un recorte adicional en este mismo año.

En teoría una baja en la tasa de interés es un aliento para la economía doméstica, incentivando el uso y expansión del crédito ante una reducción en el costo del dinero. Las empresas reúnen una mezcla de capital y fondeos de plazo y de esa mezcla combinan los costos para obtener un costo promedio. De ese costo promedio se obtiene lo que conocemos como Costo del Capital.

El costo del capital se reduce en la medida en la que las fuentes de financiamiento de plazo sean mayores al capital accionario; el pago de dividendos a accionistas es mayor al pago por la cobertura de intereses derivado de la deuda, expresado como un retorno. Al bajar la tasa de referencia del Instituto Central como emisor fundamental de la economía, el crédito se expande y en esa expansión se incluyen planes de capitalización e inversión en planta y equipo. Los proyectos de inversión descuentan con esta tasa los plazos de recuperación del proyecto de inversión, de modo que se convierte en la tasa de referencia para la empresa o institución para aceptar proyectos con un retorno superior al costo en referencia.

Otro aspecto relevante de la tasa de referencia es sin duda el poder de captación de capitales que buscan retornos superiores a otros mercados; los instrumentos de corto plazo resultan atractivos para inversionistas institucionales y excedentes de tesorería. El diferencial de México comparado con mercados de dinero de países industrializados es de consideración y por tanto se considera como un mercado emergente y con tradición de seguridad.

El aspecto de confianza es crucial en esta materia. La deuda soberana de nuestro país es de trascendencia y respeto. Por primera vez vivimos matices de desconfianza en cuestiones de largo plazo. En este entorno, hablamos de capital fijo que en nuestros renglones de captación reciben la denominación de inversión extranjera directa. El régimen actual carece de rumbo económico y enfrentamos un clima de incertidumbre en cuanto a la protección y amparo del capital.

No puede negarse la capacidad instalada y la capacidad de maniobra de capitales del exterior en nuestra nación; desde las automotrices hasta los bancos, han radicado capitales de cuantía y hasta ahora, las reglas y la ley han concedido espacios vitales para todos. Desafortunadamente, las señales desde la concentración de poder de un partido dominante y la voluntad sometida por la imposición y visión de un solo hombre, el presidente, dejan en terreno de indefensión cancelaciones importantes que naturalmente el mundo califica y observa.

La contradicción entre una economía que se encuentra abierta desde 1994 y la visión de autosuficiencia en renglones que debieron continuar por la senda de la participación activa del capital del exterior, especialmente en el sector energético, han provocado alertas desde el punto de vista del riesgo. A un riesgo mayor, corresponde una exigencia de retorno mayor y el sector ya enfrenta costos que se traducen en un servicio de la deuda no programado desde la concepción de presupuesto. Dislocar un presupuesto no es un asunto menor, sobre todo el creado sin ninguna base de credibilidad financiera. No olvidemos que los pasivos derivados de la cancelación del aeropuerto de Texcoco no existían.

En la medida en que PEMEX pierde calificación, México, como nación, absorbe esa baja de calificación para toda su actividad económica. La irresponsabilidad de esta transición trasciende todos los terrenos de convivencia, social, política y económica. La ausencia de representatividad en foros internacionales ya alerta en cuanto a disposiciones y actos de gobierno; no ventilar asuntos que competen al concierto de naciones, siembra en el terreno de la incertidumbre. México se ausenta de toda convivencia provechosa.

Los temores de este gobierno en turno son fundados, porque sus ideas y ocurrencias contravienen las reglas más elementales de visión económica. Compartir absurdos en la escena internacional no es la ruta que México ha seguido en generaciones de visión de Estado. El descrédito anunciado en mesas en donde se discuten metas progresistas dejaría en ridículo las cortedades de un presidente apocado y escudado en la retórica de otras épocas, las de la cerrazón y la circunscripción a un mundo de acecho que ha diluido sus afanes expansionistas en participación de reglas más justas de mercado.

El costo del capital ya no es medida de actualidad y de preocupación en un gobierno que remienda los vacíos de planeación de sus finanzas; los ejemplos de retención de recursos y de subejercicio del presupuesto abundan. Todos sin excepción han lastimado a la población, todos sin excepción dan una supuesta cuenta o enmienda para cubrir los aciertos del pasado, el que sea, el heredado en forma inmediata o lejano. La consigna es la devastación de privilegios para adoptar los de la dádiva, los de relación cautiva. La única meta, la electoral, al costo que sea, por encima de toda premisa económica, por encima del crecimiento y las opiniones de expertos en la materia que sea. El presidente desecha el conocimiento, anula al hombre de estudios, descalifica la competencia, confunde las miras externas con invasión de metas nacionalistas, trastoca el acervo de nación y coloca un repaso de historia en episodios que la memoria ya retiene, para no repetir sucesos sepultos e intrascendentes.

Las bases de la economía no hacen eco de pronunciamientos vanos y sin sentido; la función económica no es interpretativa ni crea ilusiones, no está sujeta a la suposición anímica de un gobernante, la economía carece de humor, la economía es pragmática y regulatoria. Cuando las decisiones económicas carecen de razón y de asiento fundamentado en la experiencia, la economía sanciona, se torna implacable, se contrae y expulsa desde dentro las malas decisiones. Ya lo hace ahora, deja de crecer para aleccionar y orientar, para provocar la rectificación, para enviar un mensaje claro: la ruta escogida es incierta y equivocada, los costos anuncian un panorama que sanciona desde dentro y desde fuera por igual.

El costo del capital merece revisión. Cada mexicano paga. Los errores se acumulan.

Fecha: 
Lunes, 19 de Agosto 2019 - 13:00
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Fecha B: 
Lunes, 19 de Agosto 2019 - 15:15
Fecha C: 
Martes, 20 de Agosto 2019 - 04:15
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Inversión 2019

La iniciativa privada del país anuncia planes de inversión por un monto superior a treinta mil millones de dólares, un aliento a la economía sin duda. Un tanto más de inversión extranjera directa y se encuentra ruta de recuperación de los meses perdidos en materia de crecimiento económico. Este anuncio obliga al compromiso del gobierno y se espera reciprocidad; vendrá en un aumento en la inversión pública, hasta ahora detenida por los programas de ahorro para dispendiar en la dádiva del síntoma popular de esta transición.

La tercera transición ha dado cuenta de los errores de política pública adoptados y en seis meses la catastrófica resultante aflora en descontento social; el pacto se ha violentado una y otra vez; el desamparo en innumerables actividades del sector público clama por restitución y protección por igual. Los errores de política interior han repercutido en severas restricciones de crédito y costos de servicio de la deuda por las calificadoras de inversión.

Uno de los yerros torales de esta administración provocó un alud de inmigrantes ante la política de puertas abiertas anunciada al inicio del régimen. La reacción no se hizo esperar y la Casa Blanca anunció medidas arancelarias y ominosas. El régimen corrige. Ahora se presenta la oportunidad de renunciar a las obras tan criticadas y mencionadas por todas las vías posibles de la reflexión, de la cordura y más allá de cualquier intangible de razonamiento, la pérdida anticipada para la nación. Naturalmente conforman esta vorágine programada de recursos Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya.

La oportunidad brinda a todas las partes la cancelación sin el temor a la falla dentro del régimen para justificar el dar marcha atrás a la consulta ilegal que amparó Santa Lucía. Devolver el aeropuerto de Texcoco, porque sería una devolución, ante el evidente despojo de un activo de la nación incautado por un capricho absurdo sería el primer voto de confianza para la inversión, tanto nacional como extranjera. La oportunidad la brinda el poder judicial y acatarla desde la presidencia constituiría la salida más digna a un error con estatura colosal y dimensiones en el mundo entero. Se ha anunciado su posible inundación. Ya no cabe mayor atropello en este tema, recurrente sin duda, perseguido sin tregua hasta que se vaya esta transición, con la sombra de la soberbia por encima de la razón si no corrige.

Dos Bocas y el Tren Maya se encuentran en circunstancias similares. Todos los frentes económicos han atacado el origen y posibles consecuencias de estos dos proyectos. La pérdida para la nación ya se descontó en los mercados de capitales y las obras todavía no inician. Los costos para el país y para nuestra petrolera ya están en el remate de bonos y en la nula aceptación de las calificadoras que han hecho un llamado de urgencia para corregir el rumbo de políticas erróneas. Los recursos destinados a Pemex para resarcir sus compromisos de corto plazo no absorben todavía los plazos traicioneros de la redención futura de su papel. La vía de la producción de crudo es la única vía, la inversión que le encargan a un ente debilitado y desamparado en la ingeniería y en la modernidad de refinación, siembra un panorama desolador y los plazos de los expertos no lo sitúan operando antes de cinco años, anticipando herencia funesta de este régimen.

El Tren Maya también inunda el terreno de la obsesión; la destrucción de ambientes inigualables en el planeta será un freno contumaz para su consecución. Parece que enfrentamos la obsecuente necedad de un régimen imperado por voluntad de un solo hombre, sin olvidar que el reto lo lanzó el presidente mismo: pienso revelar, dijo, los nombres de quienes han acudido a las instancias de justicia para intervenir Santa Lucía con 147 demandas de amparo. Tal vez el presidente ignora que todas las organizaciones que han promovido las demandas de amparo son públicas y han hecho de su labor una diseminación de razones y de justicia para conocimiento de la sociedad. El medio ambiente, la traición al mismo, ya castiga los tres proyectos; el refuerzo del fracaso financiero se ha convertido en eso, en destacarlo como fracaso anticipado. Las normas del medio ambiente y las de aceptación universal sobre todo las que rigen la aeronáutica mundial, no puede alterarlas ningún capricho pasajero, esto es, de un gobierno en turno.

Los más de treinta mil millones de dólares no se reúnen como un sorteo sin fundamento; la lección a los planes de gobierno siembra un sistema pari passu para que los riesgos del empresariado mexicano absorban la confianza que debe emanar del sistema de gobierno. Las reglas pueden no ser escritas ni estar sujetas a convenios, el simple mensaje es claro y claridad es precisamente lo que no tiene esta transición. Así como asimiló la amenaza de Trump, haya sido real o no, el empresariado mexicano adelanta su voluntad y defensa de los intereses de la nación antes que las circunstancias que pudieran rodear el espectro del retiro de capitales, una amenaza nunca conceptuada en la escena de comunicación con las instancias de gobierno. Esto naturalmente no aleja la invitación a recapacitar para abandonar las obras de capricho y que caben en la imaginaria de un solo hombre e incorporar la marcha de la cautela que exigen las bondades de la inversión.

La mano del sector privado está tendida; al presidente le gusta utilizar esta retórica y estos juegos de palabras. Insta al uso de eufemismos. Después de seis meses aunados a los cinco de margen de maniobra que se le concedió, a la suma de once meses los eufemismos y los símbolos del populismo se agotaron, como también rindieron las culpas de administraciones pasadas; el choque frontal con la realidad ya le acerca datos precisos de su derrota. No necesitamos esperar al día uno de julio, una más de sus compras de tiempo, estrategia ya conocida y fallida para revertir el juicio de expertos y los números que no mienten en la escena de la inversión. De sorpresas y anuncios y pronunciamientos falaces ya hemos tenido suficiente.

Fecha: 
Lunes, 17 de Junio 2019 - 13:15
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Fecha B: 
Lunes, 17 de Junio 2019 - 15:30
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Martes, 18 de Junio 2019 - 04:30