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Una gubernatura que parece que nadie quiere ganar

Martes, 07 de Febrero 2017 - 17:30

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Guillermo Vázquez Handall

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Las designaciones de Josefina Vázquez Mota y Alfredo del Mazo para ser candidatos a la gubernatura del Estado de México por los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, respectivamente, dejan la impresión que ninguna de estas dos fuerzas políticas están enfrentando la competencia con sus mejores armas.

No sólo porque en ambos casos las postulaciones son imposiciones cupulares, lo que infiere el riesgo -sobre todo en el bando blanquiazul-, de que los grupos de poder que conforman su estructura no participen decididamente a favor de sus candidatos.

Los panistas previamente le habían exigido a su líder nacional, Ricardo Anaya, que el nominado tendría que ser una figura local, con trabajo previo en la entidad, y Vázquez Mota es una perfecta desconocida para el panismo mexiquense, independientemente de que en términos de contacto con la sociedad, simple y llanamente no cuenta con los atributos para una adecuada aceptación.

Pero esta debilidad no es necesariamente el argumento de mayor preocupación para muchos panistas, sino más bien el hecho de que hace apenas unos meses se hiciera pública la información respectiva a los novecientos millones de pesos que la fundación de Vázquez Mota recibiera del gobierno federal.

Por un lado, revivir este episodio es un lastre publicitario, que además de poner en tela de juicio su honorabilidad, desnuda una relación de cercanía con el régimen al que pretende arrebatarle el poder.

Incluso, es argumento teórico para inferir que, como sucedió en la campaña presidencial pasada, Vázquez Mota tenga un pacto con el gobierno para hacer una campaña solamente presencial.

Es decir, como parte de un arreglo, su participación no implique realmente una situación de competencia para beneficiar al PRI, elemento que no puede descartarse si recordamos que eso fue lo que hizo en el 2012.

Sin dejar de lado que, al fracasar la negociación para establecer la alianza electoral con el PRD, Acción Nacional literalmente dejó ir un número de puntos porcentuales que hubieran podido marcar una diferencia definitiva a su favor.

Además se infiere que todos los alcaldes perredistas en funciones pueden formar una coalición de facto con el priismo, toda vez que para ellos la votación de gobernador no les representa mayor interés.

Las elecciones de presidentes municipales serán hasta el año próximo de forma concurrente con el proceso federal en el que se elegirán diputados federales, parámetro para la conservación del registro de su partido.

Desde este punto de vista, estratégicamente, para los alcaldes de la llamada franja roja mexiquense las prioridades son su propia reelección o en todo caso la conservación de los municipios a través de miembros de sus grupos.

De la misma forma, aprovechar los comicios para impulsar a sus nominados al congreso federal, que significa una aportación fundamental para el tema del registro.

Por otro lado, en el caso del PRI, la por demás sorpresiva postulación de Alfredo del Mazo supone un exceso de confianza, precisamente inducida por que no habrá coalición entre el PAN y el PRD.

Contradictoriamente, el gobernador Eruviel Ávila fue uno de los principales operadores para romper esa alianza, factor que finalmente abrió la oportunidad para colocar a Del Mazo como candidato, aunque seguramente Eruviel Ávila hoy debe estar arrepentido de ello, ya que no es ningún secreto que el jefe del Ejecutivo mexiquense no quería a Del Mazo, a quien ahora por interés compartido tendrá que apoyar.

Del Mazo no sólo no era el mejor posicionado de los aspirantes priistas, sino que su pretensión ya había generado fuertes rechazos de parte de los principales grupos en la entidad.

A Del Mazo se le señala por su falta de contacto social, por una imagen relacionada con el privilegio, la herencia de un apellido y la relación personal fraterna con el presidente de la República.

Aunque no se puede dejar de reconocer que el priismo mexiquense es el mejor de todo el país, y que con todo y que Del Mazo es producto de una imposición, lo que está en juego es demasiado y de hecho trasciende de lo local.

Por ello es de esperarse que el priismo afrontara esta campaña y la competencia en gran unidad, incluso con la suma de los activos de todos los demás aspirantes, principalmente Ana Lilia Herrera y Carlos Iriarte.

A diferencia de ocasiones anteriores, tanto el PRI como el PAN, tendrán que sufrir las consecuencias de un voto de castigo que ambos comparten casi por igual, lo que abre una ventana extraordinaria de oportunidad para la abanderada de Morena, Delfina Gómez, quien tendrá a su lado a lo largo de todo el proceso a Andrés Manuel López Obrador.

López Obrador fungirá realmente como candidato y para él esta elección es parte de su campaña al 2018, y más que un experimento se trata de un escenario de fortalecimiento para el antecedente.

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Número 12 - noviembre 2017
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