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Para el PAN y el PRI todo gira en torno de López Obrador

Fecha: 
Martes, 13 de Diciembre 2016 - 15:00

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Guillermo Vázquez Handall

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Equivocada, al menos así se percibe la estrategia de panistas y priistas, de cara a la competencia por la sucesión presidencial, porque ellos mismos dan la impresión de que todo gira en torno a Andrés Manuel López Obrador.

Cuando apenas están en el previo de la etapa para elegir a sus candidatos, incluso antes de enfrentar la contienda, su agenda se circunscribe a la influencia de lo que haga y diga el tabasqueño.

La batalla mediática que sostienen, fundamentalmente en el tema de la corrupción, favorece el discurso del abanderado de Morena, que hasta ahora es el único de todos los aspirantes que con toda certeza será candidato.

Inmersos en luchas intestinas sin lograr ponerse de acuerdo no sólo en términos de a quien postular, sino además exponiendo todos sus vicios internos, López Obrador aguarda.

No se trata de una espera pasiva en tanto llega el tiempo de la cita electoral: Andrés Manuel está aprovechando la errática tendencia priísta y panista para desarrollar la imagen que a su consideración le será más benéfica.

López Obrador ha cambiado radicalmente su discurso, lo ha moderado e incluso le ha dado un giro conciliador. La intención evidente es diferenciarse pero más importante aún, para contrastar y contrarrestar los ataques en su contra.

Se trata de una suerte de blindaje ante la posibilidad de que se repita una alianza de facto entre Acción Nacional y el Revolucionario Institucional, para evitar su ascensión al poder.

Pero como eso es precisamente lo que ambos partidos están demostrando, la labor de López Obrador se facilita y eso le ha brindado una magnífica oportunidad para presentarse ya no como una víctima, sino como una solución: dejar de ser un peligro para México para erigirse en la alterativa que encarna una combinación opuesta a todo lo que representan el PAN y el PRI, una tercera vía factible de explorar.

Es evidente que en ninguna de las dos cúpulas partidistas con sedes en las colonias Tabacalera y del Valle se analizan los contextos, como la situación económica nacional y sus perspectivas, pero sobre todo el fenómeno de la victoria de Trump en Estados Unidos.

En la mesa de discusión y planificación, estos elementos y otros tantos más, no están teniendo la consideración debida y adecuada, lo que persiste es una tendencia irracional hacia el enfrentamiento.

Sin embargo, ese es el terreno predilecto de López Obrador, lo que hace muy difícil suponer que en las circunstancias actuales, ninguna de ambas fuerzas, ni siquiera unidas, le puedan sacar ventaja en el ámbito que más y mejor domina.

De hecho hoy en la realidad los mejores aliados de López Obrador son el PAN y el PRI, porque en esta coyuntura sometida a una combinación de agresión y desesperación, hace que ya no trasciendan sus postulados negativos.

López Obrador no tiene en este momento necesidad alguna de insistir en su ideario, por imposible que sea de cumplir, por su alto grado populista, anacrónico e inviable.

Fueron sus propios rivales quienes eliminaron del debate estos preceptos que deberían ser fundamentales para el análisis, para llevar la discusión a un ambiente en el cual las acusaciones en su contra no le generan mayor perjuicio.

Ochoa Reza lo menciona todos los días, retándolo a un debate que no sucederá jamás y el cual seguramente perdería, precisamente por la disparidad de los asuntos que cada cual plantea.

En términos llanos la publicidad institucional del PRI está dedicada completamente a su acérrimo contendiente, eso en vez de privilegiar sus propios atributos, lo que consigue es exponenciarlo.

En el PAN, independientemente de la animadversión que priva entre los tres aspirantes presidenciales, la preocupación principal es cuál de ellos podría enfrentar a López Obrador.

Tal es así, que la plataforma de la precampaña del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, está orientada en esa dirección, más allá del escenario mediático, su argumento es que ni Margarita Zavala, ni Ricardo Anaya tienen los recursos, la experiencia y capacidad para un combate de esa magnitud.

Desde este punto de vista, resulta incuestionable que los dos partidos tendrían que despedir a sus actuales publicistas, a sus asesores de marketing, pero sobre todo a sus estrategas políticos.

No se trata de pretender ignorar la presencia de López Obrador, sus posibilidades electorales y mucho menos su capacidad camaleónica tanto de adaptación como de articulación, pero no por ello el objetivo tiene que ser que la ruta hasta la elección gire en torno suyo, ese es un error tan grave como sepulcral, porque esa dinámica lo posiciona por encima de cualquier competencia o ataque.

Circunscribe todo el proceso alrededor de un solo individuo, y si eso es contraproducente ahora, sólo habrá que imaginar el efecto que eso tendría ya en la campaña electoral.

La Revista

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Número 2 - Enero 2017
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