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La compleja disputa electoral en Coahuila

Martes, 25 de Octubre 2016 - 17:00

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Guillermo Vázquez Handall

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Aunque la atención que recae en la sucesión gubernamental del Estado de México parece ocupar todos los espacios de análisis político, no se puede perder de vista lo que sucede en Coahuila: en el estado gobernado dos sexenios consecutivos por los hermanos Humberto y Rubén Moreira, respectivamente, se estima que el PRI lleva la delantera en el previo de la competencia, que se celebrará el año próximo.

Sin embargo, la definición de las candidaturas tanto del Revolucionario Institucional como de Acción Nacional podría variar esa percepción para establecer un escenario electoral complejo y disputado.

Las dirigencias nacionales de las dos principales fuerzas políticas nacionales están ya inmersas en el proceso de auscultación y selección de sus eventuales abanderados y como parte de esta dinámica, una de las estrategias fundamentales se relaciona con la imagen personal y los antecedentes de los posibles candidatos, privilegiando esencialmente que ésta sea, lo más transparente posible.

Más allá de la influencia de los grupos, el factor que hoy se discute tiene mucho más que ver con postular personajes con capacidad de triunfo, por encima de los intereses de los poderes locales, lo que rompe con la inercia tradicional y supone la posibilidad de que la determinación final se oriente por figuras a las cuales no se les pueda señalar por actos de corrupción.

Este argumento está modificando los procedimientos -al menos en el PRI-, lo que provoca tener que voltear la mirada hacia elementos que, si bien no estaban considerados originalmente de acuerdo con el planteamiento inicial, son alternativas que cumplen con el requisito más importante.

Bajo esta premisa, sin duda, se plantea la inclusión del diputado federal, el popular ex alcalde priista de Saltillo, Jericó Abramo, como una de las cartas fuertes de ese partido para mantener el gobierno de la entidad.

El antídoto contra Sabines

A pesar del rechazo de la sociedad chiapaneca hacia el ex gobernador Juan Sabines, debido a los saldos de su sombría administración, este pretende a toda costa imponer a uno de sus discípulos en el gobierno para erigirse como el cacique, que controle nuevamente los destinos de la entidad.

Sabines ha diseñado un plan mediante el cual sus dos principales pupilos, puedan acceder por separado a las candidaturas de diferentes fuerzas políticas para tener al menos diferentes opciones.

Impulsa a Roberto Albores, por el Revolucionario Institucional, y a Zoe Robledo, por el PRD; en este caso, además, considerando una eventual alianza con Acción Nacional.

Ambos senadores de la República le deben: si no toda su carrera política, si al menos gran parte de ella, la más importante sin duda. El nivel de complicidad que los une con el otrora mandatario estatal los convierte en peones de un tablero de ajedrez en el cual el que coloca y mueve las piezas es evidentemente su mentor.

No se trata de apoyar una aspiración individual genuina, lo que Sabines intenta es volver a ser gobernador a través de uno de ellos, un esquema en el que quien resultara favorecido sirviera ciegamente a sus intereses.

Ni siquiera estamos hablando de un trabajo en equipo, de la conformación de un grupo político, sino de sumisión absoluta, un escenario donde claramente sólo existe un jefe, un titiritero que manipula los hilos y todos los demás fungen como sus oficiosos empleados, sus marionetas.

Como herramienta de esta estrategia, Sabines echa mano de la gran cantidad de recursos que posee, como se rumora por ejemplo, para ser una de las principales fuentes de financiamiento de la precampaña de la aspirante presidencial panista, Margarita Zavala de Calderón.

Lo que es innegable, es que Sabines ya le causó demasiado daño a Chiapas, que su ambición se debe a la codicia, a ese ánimo de poseer, a un apetito incontrolable y materialista de poder.

Sin embargo y a pesar de la perversidad que anima este proyecto, Sabines tendrá que enfrentar dos posiciones radicalmente opuestas a este propósito, ambas igual de enérgicas, pero una de ellas determinante.

La primera de ellas, la propia clase política chiapaneca, en cuya circunstancia que más allá de sus militancias y simpatías, de sus diferencias actuales, todas las corrientes que la integran, podrán coincidir sin mayor discusión al respecto.

Concordar para la creación de un frente común, a través del cual, se restrinjan las posibilidades de lo que a todas luces representa el peligro de la instauración de una dictadura, el más grave riesgo para la autonomía y democracia de la entidad.

Pero más importante aún, la decisión de la sociedad en su conjunto, porque quien más ha sufrido a consecuencia del legado de la segunda versión del sabinismo, es la propia comunidad, en todos y cada uno de sus sectores.

La Revista

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Número 4 - Marzo 2017
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