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Justicia salomónica

Lunes, 18 de Julio 2016 - 19:00

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José Enrique Gómez Álvarez

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La justicia salomónica según una versión podría entenderse como una división forzada de un bien a pesar de que el otro no tiene la justicia de su lado: una solución tajante que no deja satisfecho a nadie pero acaba con el problema.  Así, por decirlo de modo extremo, si reclamo mi perro a otro y se decide “salomónicamente”, al cortarlo a la mitad, cada uno recibiría su parte. También en asuntos más serios, como un automóvil: si alguno decide disputar, por ejemplo el pago del mismo, podría pedir que para entregar el coche pues la deuda se la reduzca a la mitad.  Así la justicia salomónica estrictamente no es justicia.

Al revisar el texto del libro de los Reyes (3, 25-27), que en realidad es sólo una estrategia para realizar justicia, el rey Salomón busca descubrir la verdad, poniendo en el límite a una de las partes que reclama la maternidad del niño:

… y el rey ordenó: "Partan en dos al niño vivo, y entreguen una mitad a una y otra mitad a la otra".
Entonces la mujer cuyo hijo vivía se dirigió al rey, porque se le conmovieron las entrañas por su hijo, y exclamó: "¡Por favor, señor mío! ¡Denle a ella el niño vivo, no lo maten!". La otra, en cambio, decía: "¡No será ni para mí ni para ti! ¡Que lo dividan!"
Pero el rey tomó la palabra y dijo: "Entréguenle el niño vivo a la primera mujer, no lo maten: ¡ella es su madre!"

Naturalmente se podrían haber planteado otros escenarios: él que ambas mujeres buscasen la pérdida. Así, la madre original podría haber preferido al niño muerto antes que entregada a la otra.  Este problema se le conoce como el dilema del prisionero[1]: A veces sucede que alguien prefiere no cooperar con el otro aún a costa de su propio perjuicio. También a veces, si ambos cooperan pueden ganar algo y perder algo.  O también es posible  que ambos se traicionen aunque todos pierdan.  Pues bien, el juicio de Salomón es una especie de estrategia de cooperación: si se presiona adecuadamente se puede obtener la verdad considerando que las personas renuncien a su propio beneficio. Sin embargo, hay que reconocer que por supuesto siempre existe la posibilidad de una actitud de “destrucción mutuamente asegurada” como sucedía en la Guerra Fría con el armamentismo: Parece racional estar armados aunque en realidad si se ejecuta el ataque todos perdemos. Es decir, parece racional pero lleva a la irracionalidad. También la competencia capitalista sucede esto: yo compito aunque ambos perdamos, con tal de eliminarte del mercado.

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Número 10 - septiembre 2017
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