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Deuda Buena y Deuda Mala

Miércoles, 05 de Octubre 2016 - 15:00

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Ángelo Tirado Pazos

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La deuda soberana de México de acuerdo a varios analistas financieros se estima podrá estar sobre el 50.2% en proporción al PIB nacional. Habrá que hacerse la pregunta: ¿hasta dónde es conveniente apalancar la economía de un país con un exceso de fuentes de deuda?

De acuerdo a la práctica y experiencia económica de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) tomar deuda puede ser positivo si convergen el crecimiento económico y las tasas accesibles. La deuda soberana en términos puristas debería ser usada para desarrollar infraestructura o para crear nuevas fuentes de trabajo. Este mismo ciclo de invertir socialmente creará de acuerdo a la teoría los pagos necesarios que permitirán una correcta administración de los compromisos de deuda.

Podemos inferir que se trata de deuda BUENA cuando impacta en la oferta de más empleos y en mejores salarios. Si todos tienen un buen empleo y una buena calidad de vida se crea un entorno de crecimiento; endeudarse creciendo no es un asunto relevante. Deuda Soberana de Japón con un 245% o EUA con un 108% (Alemania, Francia y Reino Unido, todos ellos, países representantes de la economía europea, presentan unas cifras de deuda pública sobre el PIB del 80,4%, 92,7% y 93,6%, respectivamente).

¿Qué pasa si faltan empleos y no hay crecimiento económico?

Endeudarse en un entorno adverso como el que vive México no es una política económica razonable y deseable. México en el sexenio de Felipe Calderón recibió la deuda soberana por debajo del 30% del PIB para llevarla a unos cercanos 35% al final de su periodo. Con el efecto inercial de los intereses prácticamente Peña Nieto la recibió en 37.7% y por ese mismo efecto ahora se acerca al 50.2% para los próximos meses.

Si seguimos aquella afirmación que la deuda BUENA es aquella que se toma durante el crecimiento y la cual fomenta la infraestructura y el empleo, podemos derivar que deuda MALA o TOXICA es precisamente hacer lo contrario: Tomar deuda en desaceleración y sin la creación de los empleos formales y la infraestructura social, escenario que pudiera confirmarse durante el 2017 para México.

¿De dónde vienen las necesidades urgentes de deuda para México?

La principal fuente es la misma deuda que requiere administrarse y renegociarse luego en segundo plano México requiere de financiar algunas paraestatales, sus pasivos laborales y algunos problemas operativos como el pago de proveedores, entre ellos PEMEX, CFE o IMSS-ISSTE. Aún el mismo gobierno FEDERAL y ESTATAL requiere “patear” (pagos) de deuda, nomás para ilustrar un caso. Serán unos 1500 millones de dólares de compromisos de pago para PEMEX para el 2017 y 5000 millones en los próximos 4 años en tan solo esta empresa.  

En una mala jugada del destino gran parte de la deuda se sigue asociando a soportar los dispendios y aumentos desenfrenados de nóminas. Esta alegría de fiesta romana y gusto por la deuda para el gasto corriente ha sido heredada desde los tiempos de FOX QUESADA desde ahí puede  rastrearse en la historia reciente la ineficiencia generalizada de las instituciones y los estados.

El punto es que aún tenemos funcionarios de abolengo acostumbrados a ese dispendio y a que el recurso debe estar ahí pase lo que pase; por lo visto no se cultivaron en la eficiencia y la sobriedad social que el país necesita. Para muestra un botón, el INE con su edificio de 1200 millones de pesos (sus propias torres gemelas) y la terquedad del sindicato de PEMEX  que a pesar de ingresar la mitad de ventas su empresa no quiere dejar de contratar empleos no necesarios.

PEMEX es además el dolor de cabeza más fuerte y un ejemplo de sus excesos es que tan solo en este año le ha costado al gobierno 20 mil millones de dólares para sacarlo de su quiebra técnica.

La solución sin embargo de PEMEX no está en rediseñarlo; sino en aprovechar sus fortalezas y es algo que el mismo sindicato podría realizar: Desde ayer ya se debía estar pensando en crear una empresa externa propiedad del sindicato de PEMEX que se ponga al menos con una marca propia a vender gasolinas y a generar energía en todo el país y que se administre como una sociedad productiva con sus propios recursos y no los de todos los mexicanos.

Esta escisión es fundamental para la continuidad de PEMEX y para mejorar las causas de endeudamiento y la calificación del país. Esta paraestatal es una carga aún si el precio del petróleo volviera a niveles superiores de 70 USD por barril. Al país no le sirve una empresa llena de grasa burocrática sindical que además no tiene pensamiento social, se sirve para sí misma y sobre todo se le ha olvidado como hacer grandeza para México.

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Número 11 - octubre 2017
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