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Un Encuentro Bohemio

Miércoles, 08 de Febrero 2017 - 16:30

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Sergio Ávila

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Cierta noche, en un agradable bar de ambiente marinero, encontrábanse dos amigos platicando sobre variados temas, anécdotas, chascarrillos y problemas propios de nuestro puerto. Uno de ellos, a quien llamaremos Roberto, declinando su mirada le hizo saber a Ricardo que una bella joven y él acababan de de separarse, y que a partir del cruel desenlace ya no podía tener paz en su alma.

Ricardo le escuchaba atento, sorbiendo con lentitud el ambarino contenido, tratando de captar al máximo la esencia de las sentimentales expresiones que su amigo le confiara. Y agregó: “No lloraré, mi amigo Ricardo, porque mi fuente lagrimal se secó en mi juventud, hoy estoy aprendiendo a llorar, pero hacia adentro, hacia el alma”.

Ricardo le entregó al robusto barman su botella vacía, intercambiándosela por una llena “cruelmente fría”, y levantándose de su banquillo le recitó a Roberto, palabras más, palabras menos, los siguientes versos: “Tampoco quiero que abandones a tu estúpido marido, pues mal que bien el siempre te ha mantenido. / Y si te llevara a vivir conmigo, ¿de qué serviría?, pues la sociedad con buenos ojos jamás nos vería, / y te preguntarán las lenguas ofensivas, sobre todo las de tus amigas: / ¿Acaso ese señor es tu marido? Y tendrás que responderles: Este señor a quien no vieron antes, no es mi marido, él es… ¡mi amante!”.

¡Salud! Dijeron ambos, produciéndose un musical tintineo al entrechocar las botellas… y siguieron departiendo. Al rato la platica se centró en las mujeres jóvenes, y Roberto expresó unos versos del señorón Jaime Sabines: “La única manera de adquirir juventud, es precisamente, durmiendo con la juventud…” Y continuó; mira Ricardo, en este momento en verdad que estoy valorando lo que expresó un conocido trovador: “La fruta y la hembra, ni muy verde ni muy madura…” Y añadió un comentario personal: ¿Quien lo dude que robe fruta verde, y le dará fiebre? pero de amar, ¡un mal tan difícil de curar!

Después Ricardo le dijo a Roberto: “De todo lo que me contaste acerca de los pesares que te ocasionó esa chica, con tus mismas palabras te voy a componer un poema”, e improvisando recitó los primeros versos, donde Roberto agregó algunos detalles y, éste siguió el dictado de su amigo Ricardo, escribiendo sobre un par de servilletas de papel. En grata convivencia las horas se fueron alejando, al igual que la luna y las esperanzas de volver con su Dulcinea ese triste amante.

De esta manera tan espontánea nació un lacerante poema, mismo que puede corregirse o aumentarse, pero eso lo desnaturalizaría, por ello lo transcribiré de manera íntegra, como íntegra es la amistad que se brindan ambos señores, a quienes agradezco su confianza por concederme hacer público un extracto de la amena velada que aquella ocasión sostuvieron, y que por razones obvias he cambiado los nombres, aunque no los hechos. Bien, el poema creado la noche de ese encuentro bohemio es el siguiente:

ROMANCE IMPOSIBLE

 

Yo, ese tan fácil de olvidar,

tan fácil de dejar,

perdido en la distancia.

Comprendo y justifico tu actitud,

tratando valorar tu actual juventud.

 

Yo soy el prototipo del amante, aunque

ninguna pasión despierto en ti,

y sufro cada vez que pretendes alejarte

tú de mí; mas vete cuanto antes.

 

Chiquita, ¿Cuándo he de morir?

Ya he muerto el día que me dejaste;

pero gracias por la juventud que me inyectaste.

 

Gocé bellas noches de luna frente al mar,

porque  eliz me hiciste al saciar mi sed de amar.

Nunca olvidaré tus besos y tus tiernos cantos,

ni  tus caprichos, ni tus regaños, ni otros encantos.

 

Yo sé que lo nuestro ya no podrá ser,

pues existe una razón, pero aún así

vivirás por siempre en mi corazón.

La Revista

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Número 5 - Abril 2017
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