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Rumbo al Óscar: Hasta el último hombre, el cine bélico y la mejor película

Viernes, 10 de Febrero 2017 - 16:30

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Luis Felipe Jurado

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El cine de guerra, aunque no nació en EE.UU., es el género que mejor refleja la cara real de Norteamérica, debido a que es la venta y desarrollo de armas una parte importante de su economía. Sus políticas, ya sea de Republicanos o Demócratas, siempre han sido intervencionistas y colonizadoras (desde su fundación), así que no es de extrañar que muchas de sus mejores obras se basen en las batallas heroicas, en sus victorias y a veces en sus derrotas. Y en este sentido, la ceremonia del premio de la Academia, desde su primera entrega, se encargó de distinguir este tipo de cintas. Alas (Wings, 1927, William A. Wellman), ubicada en la Primera Guerra Mundial, obtiene el primer galardón a la mejor película en toda la historia. Después, Sin novedad en el frente (All Quiet on the Western Front, 1930, Lewis Milestone) y Adiós a las armas (A Farewell to Arms, 1932, Frank Borzage) se coronan en la misma categoría. Hasta este momento se hacían melodramas que a veces incluían historias de amor y pensamientos antibélicos, pero a partir de la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial en 1941, cambiará drásticamente la forma de pensar de la comunidad hollywoodense y se realizarán trabajos que hablan del heroísmo y la valentía del soldado, para generar el apoyo del pueblo. Sin embargo, aunque habrán nominadas en esta categoría, no será hasta 1954 que se premiará nuevamente un filme bélico. De aquí a la eternidad (From Here to Eternity, 1953, Fred Zinnemann), una muy buena historia de amor enmarcada durante el ataque a la bahía de Pearl Harbor que daría pié a la entrada del ejército estadounidense a la segunda guerra, reiniciaría el reinado de estas producciones, legado continuado por El puente sobre el río Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1957), Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962), ambas de David Lean, y Patton (1970, Franklin J. Schaffner). En el año en que se premia la biografía del polémico militar norteamericano, se nominará también M.A.S.H. (1970, Robert Altman y Fred Williamson), una alegoría a lo absurdo de las guerras que no ha perdido su valor hoy en día. La guerra de Vietnam, que es considerada a la fecha la más estéril e inútil guerra que hayan vivido los norteamericanos, dará pie a varias cintas que serán nominadas a lo largo de los años, pero se premiará a la extraordinaria Pelotón (Platoon, 1986, Oliver Stone), primera de una trilogía sobre el conflicto vietnamita del director. A partir de este punto, las cintas premiadas tendrán por común el hablar de lo salvaje e inhumano de estos eventos. Las siguientes en levantarse con la distinción serán La lista de Schindler (Schindler's List, 1993, Steven Spielberg) y Zona de miedo (The Hurt Locker, 2010, Kathryn Bigelow). En los últimos veinte años se ha nominado por lo menos uno de estos filmes, quizá por el hecho que el último gran episodio de la historia norteamericana fueron los incidentes del 9/11. Por eso no extraña la inclusión este año de la nueva producción del inefable Mel Gibson.

Polémico y (literalmente) bipolar, Gibson es quizá el mayor director clásico vivo que queda en la industria gabacha. Su ópera prima, El hombre sin rostro (The Man Without a Face, 1993) recibió la aclamación de la crítica, pero a partir de su segundo trabajo, Corazón valiente (Braveheart, 1995) se ganará no sólo a los críticos, sino al público y la Academia, encumbrándose como el mejor director y su producto como la mejor película del año. Si en su primera obra demostró su capacidad para dirigir actores, en la segunda enseñó que era capaz de llevar a cabo un ejercicio de estilo impecable y que tiene un sentido descomunal de la épica. Su controvertido y más personal ejercicio, La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004) causó controversia; se le acusó de misógina, retrógrada, violenta, morbosa y antisemita, pero curiosamente, el único comentario que no recibió fue el de que fuera una mala película. Apocalypto (2006), pues… bueno. Es una película de Mel Gibson. El director ha sido considerado persona non grata en Hollywood debido a su cuestionada vida, pero si algo se le respeta es la coherencia de sus discursos y su tremenda habilidad para hacer espectáculos fílmicos. Y la nominación de Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016) podría significar el “perdón” de la comunidad. Nadie creía que lograría ya no colarse en los premios, sino simplemente que pudiera realizarse por la mala fama del director y actor. Si bien es su regreso triunfal, es también un ajuste de cuentas con su pasado y una demostración de su valía como realizador.

La obra, que cuenta la historia real de Desmond Doss, un cristiano que se enlista en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial para salvar vidas, parecía más que pensada para que la filmara el norteamericano-australiano, ya que quizá ningún director en la actualidad sería capaz de generar un proyecto así, aunque en realidad, quien lo levantó fue la comunidad Adventista del Séptimo Día, congregación a la que pertenecía Doss. Y seamos francos, aunque La la land es una gran cinta, la de Gibson es la mejor entre las nominadas. Quizá pueda ganar, por lo espectacular, porque la Academia sabe quién es “Mad Mel” o porque a pesar de ser propaganda cristiana es la única cinta en competencia que en verdad defiende los valores humanísticos que deberíamos tener. Y vaya, si yo que soy ateo tengo que reconocerlo, veo difícil que no es lo que hayan observado los académicos. Aunque quizá también sus fortalezas sean las que hagan que no se escuche su nombre cuando digan “And the Oscar goes to…”. Muchos no le perdonan al director sus deslices antisemitas y también, la verán como una revista de “La atalaya” pero con vestido de lujo. Otros verán en La la land el vehículo evasivo necesario para olvidarse de los problemas que se avecinan en tierra de gringos. La premien o no, sin duda, es una gran producción, de uno de los mejores directores de cine de la historia, aunque le pese a la comunidad judía, a la academia y a Steven Spielberg.

 

Para mi hermano Jorge, mi mejor crítico y amigo.

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Número 7 - Junio 2017
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