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El estatuto filosófico de la música

Fecha: 
Lunes, 12 de Septiembre 2016 - 15:00

Autor

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José Enrique Gómez Álvarez

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El título, intencionalmente, ha quedado ambiguo. La filosofía, en sí misma, puede abordar cualquier realidad del mundo. Por “realidad del mundo” me refiero no sólo a “lo externo” a nosotros, sino también a las realidades mentales, cómo podrían ser los pensamientos, seres de la imaginación u otras entidades que técnicamente se les conoce como “entes de razón”.

 

Así, el conocimiento, el lenguaje, el movimiento, los números, y todo lo que de algún modo hemos identificado como entes, entran en el campo de la filosofía. Así se puede hacer filosofía de la mente, filosofía del conocimiento, etc.

En el caso peculiar de la música, pues sí, también puede hacerse filosofía de ella. Surgen muchas preguntas cuando tratamos de delimitar qué es la música en última instancia. Hay que recordar que las preguntas filosóficas buscan cuestionar la raíz (de ahí es “radical”) de las cosas. El “hecho” de que haya música es más que claro, pero cuándo queremos delimitarla, empiezan los problemas.

Podemos hacernos algunas preguntas metafísicas[1] de la música. La más importante quizás sea: ¿Dónde se encuentra? Es claro que en nuestras mentes, pero cuando la registramos en una partitura, ¿realmente está ahí? Si un intérprete toca la pieza en el piano, por ejemplo, “reprodujo” la música. ¿Es eso así? O quizás deberíamos considerar que en realidad no hay tal pieza, sino infinitas piezas con un parecido de familia. En ese sentido decimos que cada interpretación es única. Pero, en serio, cuando Haendel, por mencionar cualquier autor, componía música, ¿pensaba que en realidad era imposible recrearla, más que como él la imaginó o diseñó?

Además, surge otro problema: nuestro código musical escrito, ¿realmente muestra la música o en realidad, la limita y condiciona a ser de ese modo?

Este tipo de preguntas son ontológicas en cuanto se plantean el ser de la música. El “¿dónde está?” hace alusión, por supuesto no como tal, a un lugar, sino qué tipo de realidad tiene: es un ente de razón, pero ¿nada más? La música en la antigüedad se le consideró un reflejo (en serio) del universo. Ahora nos puede parecer fantasioso. Pero plantea un problema análogo a otros entes de razón, como las leyes lógicas y las matemáticas: ¿qué tipo de entidades son que se vuelven necesarias, pero no están como tal fuera de nuestra mente? O, si lo están, ¿de qué modo?

En otras notas comentaremos otros problemas filosóficos de la música.


[1] Por “metafísica” no se hace alusión a doctrinas esotéricas o pseudoreligiosas. Por metafísica se hace alusión a lo que Aristóteles denominó “filosofía primera o la ciencia del ente en cuanto ente”.

La Revista

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Número 3 - Febrero 2017
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