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Cartas a Tora X

Viernes, 28 de Octubre 2016 - 16:00

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         Ya sé qué son esas especies de conchas que uso para dormir. Es que nunca había visto desnuda a una hembra de la especie humana. Por fin, el otro día vi a una. No es que anduviera yo de fisgón, sino que la del 17 tenía abierta la ventana mientras se desvestía; yo pasaba en ese momento y me detuve a mirar, porque siempre es bueno conocer a la gente con quien uno vive. Las conchas son una prenda de vestir que se llama “brassiere” (es una palabra francesa, que suena a misterioso, a prohibido, a pecaminoso; antes los hombres no los conocían, porque las mujeres los escondían y sólo hablaban de ellos en términos velados; ahora, los anuncian hasta en revistas infantiles; les han quitado lo picaresco y los han convertido en algo así como cacerolas. Lástima). Bueno, pues vi desnuda a esa señora (nada más de la cintura para arriba; para abajo, todavía me falta). Vieras qué interesante. Entonces comprendí por qué algunas de esas conchas tienen varillas y otras están acojinadas o llenas de cintas y sedas; todo tiene su función.

Lo curioso es que en ese momento me di cuenta de que la gatita rubia también tiene ese tipo de glándulas. No iguales, porque si lo fueran también ella tendría que usar brassiere, y no es el caso. Ya sé que tienen la misma función que en la mujer, pero son muy diferentes. No sé cómo tardé tanto tiempo en darme cuenta; pero te prometo que de ahora en adelante me voy a fijar muy bien en todas las hembras.

No pongas esa cara, que no estoy diciendo nada inconveniente. Sólo estoy diciendo que me voy a fijar en las características sexuales secundarias. Fíjate que dice secundarias, subrayado, para que no andes imaginando cosas. Es un detalle de la construcción física de las hembras en este planeta. Y no de todas. Para tu tranquilidad, te diré que las cucarachas y las lombrices no las tienen. Estas cosas que te estoy diciendo son observaciones… científicas, estrictamente científicas. Porque la anatomía es una ciencia. Y muy respetable. Hubieras venido conmigo, y no tendría que estarte contando estas cosas, que me resultan un poco embarazosas. Pero a lo hecho, pecho. No es doble sentido. Es un dicho muy popular, exento de toda connotación sexual o picaresca.

Y paso a otra cosa. Ya están arreglando los lavaderos. Los vecinos están muertos de curiosidad, porque los trabajadores pusieron tablas y hasta un techo, para que no puedan ver hacia adentro. El otro día, la vieja del 21 se arrastró por debajo de las tablas; pero le echaron un balde de agua, y lo único que vio fue la cubeta. Se oyen martillazos y sierras; trajeron mucho material, y ya pusieron guardias para que nadie se robe nada. Sólo espero que no les pidan otras cuotas; porque a este portero nunca le alcanza el dinero. El es el único que entra a ver cómo va la obra; y sale con una sonrisota que cada día enoja más a los vecinos. Anteayer el del 33, que es muy bruto, propuso que se metieran todos en montón, que no iban a poder detenerlos; pero la señora del 2, siempre tan propia, dijo que mejor no le busquen tres pies al gato (¿Tu entiendes eso? Yo no. Jamás he visto un gato con tres patas, ni siquiera uno cojo).

Tuvimos otro problema. Se cayó un escalón en la primera escalera, porque hay mucho tránsito de vecinos y lo aflojaron (sobre todo, los pesos pesados del 18). Lo substituyeron por un banquito, pero a las horas pico es imposible pasar. Y empiezan los gritos: “¡Se me hace tarde para el trabajo!”, “¡Se le enfría el café a mi marido!”, “Mi suegra me está llamando”, “¡Ya se escapó Firulais!”. Luego vienen los pleitos, y la del 8 siempre se descuenta a la del 7 (Se tienen hartas ganas); llega el señor del 7 y se suena al del 8; luego vienen los hijos,se apedrean todos y tiene que salir el portero a imponer la paz. Pero como siempre le sorrajan algún ladrillazo, los citó a todos el domingo y les dijo que de ahora en adelante los edificios de la derecha son para ir hacia el fondo; y los de la izquierda, para ir a la calle. Todos protestaron, porque van a tener que caminar más, y ya van a llegar cansados al trabajo. Pero el portero se mostró inflexible, y dijo que a quien no obedezca le va a poner una multa.

El primer día multó a cinco. El siguiente, a ocho. Y dice que si siguen así, les aumentará las multas hasta que aprendan (¿Qué van a aprender?, me pregunto. La verdad, a veces no los entiendo).

Bueno, mi vida. Me voy a seguir con mis investigaciones. Te mantendré al tanto.

Te quiere,

                  Cocatú

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Número 18 - mayo 2018
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